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¡Caminemos con esperanza!
Un
nuevo milenio se abre ante la Iglesia
como un océano inmenso
en el cual hay que aventurarse,
contando con la ayuda de Cristo...
Nuestra
andadura,
al principio de este nuevo siglo,
debe hacerse más rápida
al recorrer los senderos del mundo...
Nos acompaña en este camino
la Santísima Virgen,
aurora luminosa y guía segura
de nuestro camino.
(Cf. NMI, 58).
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