224.
Ambos caminos ofrecen la certeza de una pista de aterrizaje para
el Plan de Pastoral. Ofrecen los modos concretos y las actitudes
de fe para la puesta en práctica del proyecto pastoral.
Son el puente necesario que une la rica reflexión sobre
el encuentro con Cristo vivo y el modo de ser Iglesia potosina
con la realidad compleja y cambiante que hay que transformar desde
los criterios del Evangelio. Son el medio indispensable que ayuda
a la acción pastoral para que incida eficazmente en la
realidad social y eclesial.
225.
Estos caminos llevan a descubrir anualmente las líneas
de acción que se traducen en programas, los cuales están
en permanente referencia a todo el Plan de Pastoral, con sus objetivos,
metas y actividades. Al mismo tiempo, ofrecen las motivaciones
más hondas del compromiso evangelizador, es decir, aquella
espiritualidad nueva y englobante que lo penetra todo, lo impregna
todo y ayuda a mantener la obediencia, la perseverancia y la gozosa
fidelidad al mandato misionero del Señor de la Iglesia.
LA
DISCIPLINA DE LA PROGRAMACION PASTORAL
226.
El Plan Diocesano de Pastoral para que sea operante y no se quede
en el plano de la pura reflexión, debe necesariamente concretizarse,
cada año, en nuevas líneas de acción de acuerdo
a las situaciones cambiantes de la realidad social y eclesial
y a los nuevos desafíos, para que su puesta en práctica,
en cada comunidad eclesial, lleve eficazmente al encuentro con
Cristo vivo y ayude a realizar los rasgos de una Iglesia: convertida,
comunidad, ministerial, misionera, solidaria, inculturada.
227.
En toda planeación pastoral, las líneas anuales
de acción se traducen en programas y en prácticas
de evaluación. Programar y evaluar es un ejercicio arduo
pero indispensable que mantiene vivo al Plan Diocesano de Pastoral.
228.
Será necesario, pues, que en todos los niveles, espacios
y ambientes eclesiales, sin excepción, se elaboren programas
viables y realistas para llevar a acabo esas líneas anuales
de acción pastoral. De esa manera se pongan en práctica
estos dos sabios principios de toda planeación: se programa
por objetivos y se evalúa por resultados; lo que no se
evalúa no se mejora.
229.
Ya en concreto, hay que decir que los programas son aquel conjunto
orgánico de actividades, ordenadas de acuerdo a metas,
que es necesario realizar para alcanzar un objetivo específico.
Los programas son también instrumentos para ordenar y racionalizar
el trabajo, dando una secuencia lógica a las actividades
tendientes a alcanzar los objetivos específicos en base
a la utilización adecuada de recursos. El esquema metodológico,
para elaborar un programa, nunca es rígido sino necesariamente
flexible, según sea la realidad a la cual quiera responder.
230.
Conviene recordar que las metas de trabajo son como objetivos
intermedios, es decir, etapas en que se divide el objetivo específico
del programa para que llegue a ser operativo. Son concretas y
mensurables. Las actividades, por otro lado, nacen de cada una
de las metas y establecen una secuencia lógica entre ellas.
Cada actividad tiene un responsable, un tiempo determinado en
que se realiza, un lugar donde se desarrolla y unos recursos para
su funcionamiento. Todo esto ayuda a alcanzar aquellos frutos
tangibles que también se exigen en el proceso evangelizador.
231.
Al llegar aquí, vale la pena recordar aquellas palabras,
siempre actuales y vigentes, de la Iglesia en América Latina:
"La acción pastoral planificada es la respuesta específica,
consciente e intencional, a las necesidades de la evangelización.
Deberá realizarse en un proceso de participación
en todos los niveles de las comunidades y personas interesadas,
educándolas en la metodología de análisis
de la realidad, para la reflexión sobre dicha realidad
a partir del Evangelio; la opción por los objetivos y los
medios más aptos y su uso más racional para la acción
evangelizadora" (DP 1307).
UNA
ESPIRITUALIDAD NUEVA ENGLOBANTE
232.
La roca sobre la que se apoya un proyecto o plan de pastoral,
que tiene múltiples exigencias e implicaciones evangelizadoras,
es una espiritualidad que brota de la experiencia misma del encuentro
con Jesucristo y se inspira en las palabras del apóstol
Juan: "Lo que hemos visto y oído, eso les anunciamos"
(1Jn 1, 3).
233.
El Plan Diocesano que está para provocar lo nuevo, según
el Evangelio, exige una nueva espiritualidad. La espiritualidad
es ser "guiados por el Espíritu Santo hacia un nuevo
estilo de vida"; es el resultado del encuentro del Espíritu
Divino con el Pueblo de Dios. Un pueblo preciso, con sus aspiraciones,
su cultura, sus opciones evangélicas, pastorales, misioneras;
es la gracia del Señor que se despliega en la Iglesia y
en el hombre, en su existencia concreta.
234.
La espiritualidad consiste en las motivaciones arraigadas, vivas,
explícitas. Motivaciones que responden a "los por
qué" fundamentales de las opciones individuales y
eclesiales, de los esfuerzos, de las exigencias, de la misma razón
de ser de la Iglesia y de su tarea evangelizadora. Para la Iglesia
las motivaciones son esenciales. Jesucristo, su Evangelio, el
Reino de Dios, la salvación de todos los hombres, son su
motivación global e imprescindible. Es la motivación
que el Espíritu Santo infunde en la Iglesia.
235.
"Ecclesia in America" dice: "Por espiritualidad,
que es la meta a la que conduce la conversión, se entiende
no una parte de la vida sino la vida toda guiada por el Espíritu
Santo. Entre los elementos de espiritualidad, que todo cristiano
tiene que hacer suyos, sobresale la oración. Ésta
lo conducirá poco a poco a adquirir una mirada contemplativa
de la realidad, que le permitirá reconocer a Dios siempre
y en todas las cosas; contemplarlo en todas las personas; buscar
su voluntad en los acontecimientos" (IA 29).
236.
La espiritualidad es la savia de la pastoral, cualquiera que sea
el modo de realizarla. Espiritualidad y servicio pastoral están
profundamente unidos: todo servicio pastoral brota de una espiritualidad
y toda espiritualidad se expresa en un servicio a los demás.
"Nadie puede ser profeta si primero no es testigo del Dios
vivo".
237.
En el contexto social y eclesial de la Iglesia Potosina, una espiritualidad
nueva, a tono con toda la reflexión anterior, exige al
menos cinco rasgos para que fecunde e impulse la realización
del Plan de Pastoral:
238.
1º.- Una espiritualidad cristocéntrica. El centro
de toda la fe cristiana es la persona de Jesucristo. Ser cristiano
es ser seguidor de Jesús. El seguimiento de Jesús,
entregado a la evangelización, es el primer valor de un
Plan de Pastoral. Puebla dice: "Como el Padre es el protagonista
principal, Jesús busca seguir sus pasos y sus ritmos. Su
preocupación de cada instante, es sintonizar fiel y rigurosamente
con el querer del Padre" (DP 277). Una espiritualidad cristocéntrica,
es explicada por "Ecclesia in America" como encuentro
transformante con Jesucristo vivo: "El encuentro con el Señor,
si es auténtico, llevará consigo la renovación
eclesial" (IA 7).
239.
El encuentro con Cristo vivo nos lleva a aceptar su amor primero,
optar por Él, adherirse libremente a su persona y proyecto,
que es el anuncio y la realización del Reino de Dios; es
seguirle, vivir como Él vivió, aceptar sus criterios,
abrazar su suerte, participar de su propósito que es el
plan del Padre. (cf. IA 68).
240.
2º.- Una espiritualidad bíblica. Se trata de la necesidad
ineludible, de una familiaridad cada vez más grande, de
todos los fieles potosinos, con la Sagrada Escritura, leída
y rezada en la soledad, en todos los grupos y en las comunidades,
en todos los momentos eclesiales y evangelizadores. Que se reavive
aquella experiencia del fuego en el corazón que tuvieron
los dos discípulos en el camino de Emaús, mientras
Jesús les explicaba las Escrituras. La "lectura orante"
y creyente, hecha a la luz del Espíritu, o "lectura
santa" de la Biblia, le dará fecundidad, fervor y
entusiasmo a la Arquidiócesis.
241.
Cuando se hace la lectura orante de las Escrituras Santas, se
vive la parábola del sembrador y se contempla al Señor
en el momento de sembrar su Palabra. Ella debe caer en tierra
buena, en un corazón purificado, en un corazón de
discípulo dócil a las cosas de Dios, capaz de meditar
y conservar en su interior las palabras, como lo hacía
la Madre del Señor (cf. Lc 2,19. 51).
242.
3º.- Una espiritualidad eucarística. Jesús
encomendó a sus Apóstoles en la noche de la Cena:
"Haced esto en conmemoración mía". San
Pablo nos dice que la comida eucarística es para la edificación
de la Iglesia: "El pan es uno, y así nosotros, aunque
somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del
mismo pan" (1Cor 10,17). Así pues, un fruto de la
Eucaristía es el de una unión más profunda
con toda la comunidad que vive la vida de Cristo, es decir, con
toda la Iglesia, y con cada uno de sus miembros. Más que
nunca, un mundo acuciado por el hambre, tiene necesidad de saber
que el único pan que puede saciarlo es el pan que da vida
nueva y que estimula el apetito por una vida nueva, la vida de
Dios en nosotros.
243.
La Eucaristía impulsa el crecimiento de la Iglesia que
se construye a sí misma en la caridad. La Eucaristía
tiende a desarrollar todos los aspectos y todas las actitudes
del amor recíproco. "La Eucaristía es el lugar
privilegiado para el encuentro con Cristo vivo. Por ello los Pastores
del pueblo de Dios en América, a través de la predicación
y la catequesis, deben esforzarse en dar a la celebración
eucarística dominical una nueva fuerza, como fuente y culminación
de la vida de la Iglesia, prenda de su comunión en el Cuerpo
de Cristo e invitación a la solidaridad como expresión
del mandato del Señor: 'que se amen unos a otros, como
yo los he amado' (Jn 13, 34)" (IA 35). Hay que reafirmar
que la "presencia real" de Jesucristo continúa
después de la Misa como alimento y para ser adorado.
244.
4º.- Una espiritualidad solidaria con todos. La Eucaristía
lleva necesariamente a la solidaridad. Los Obispos de México
en su carta pastoral "Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad
con todos", dicen: "El encuentro con Jesucristo vivo
lleva a los creyentes a una conversión del corazón
que en la comunidad cristiana se manifiesta en la virtud de la
solidaridad con todos. Esta solidaridad es la expresión
operante de la caridad. No es un elemento extraño o añadido
a la dinámica de la vida cristiana. Al ser vivificada por
la gracia y el don de la fe en Cristo, se convierte en fuente
de amor fraterno, de perdón y reconciliación"
(nn. 223. 224). Ante un mundo roto por tantos egoísmos
y discordias, la respuesta debe ser la promoción de la
solidaridad y de la paz que hagan efectiva la justicia.
245.
Es elocuente y cuestionante la enseñanza del Papa a este
respecto. "La Iglesia en América debe encarnar en
sus iniciativas pastorales la solidaridad de la Iglesia universal
hacia los pobres y marginados de todo género. Su actitud
debe incluir la asistencia, promoción, liberación
y aceptación fraterna. La Iglesia pretende que no haya
en absoluto marginados" (IA 58).
246.
5º.- Una espiritualidad de la esperanza. Hay que buscar que
la alegría y la esperanza sean signos identificadores de
la nueva espiritualidad. Son del todo necesarias. En medio de
una realidad de pesimismos, frustraciones, miedos y desesperanzas,
quienes han "visto y oído" al Verbo de Vida,
quienes han sido enviados a anunciar "lo que contemplamos
y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de Vida", tienen
que descubrir la alegría y la esperanza como dimensiones
fundamentales de la existencia cristiana. Renovada en la esperanza
cristiana, la Iglesia será signo de esperanza para el mundo
actual.
247.
La esperanza cristiana, la Buena Nueva de Cristo para la humanidad,
es esperanza de la salvación integral del hombre ya desde
ahora en este mundo, y por el compromiso por la fraternidad y
la justicia; una esperanza, que se inserta en la situación
presente de México, en las esperanzas concretas de los
potosinos y potosinas, en su aspiración al mejoramiento
y bienestar de su familia y de todos en la sociedad. La esperanza
cristiana exige hoy de la Iglesia y de cada uno de sus miembros
el amor o la opción preferencial, tan difícil como
urgente, a favor de los pobres y marginados de la sociedad. Esta
esperanza impone el compromiso por la justicia, la reconciliación
y la paz.
248.
Habrá que decir, finalmente, que el propósito último
de estos dos caminos: programación y espiritualidad, y
de todo el Plan de Pastoral, es la salvación de los potosinos
y potosinas y la santidad de los pastores y de los agentes de
pastoral. Se trata de acrecentar la santidad en la Iglesia particular
que se alcanza en el encuentro permanente y transformante con
Jesucristo vivo. El Concilio Vaticano II enseña: "En
la Iglesia, todos, lo mismo quienes pertenecen a la Jerarquía
que los apacentados por ella, están llamados a la santidad,
según aquello del Apóstol: 'Porque esta es la voluntad
de Dios, vuestra santificación' (1Tes 4,3)" (LG 39).
249.
"La expresión y los mejores frutos de la identidad
cristiana de América son sus santos. En el camino de la
santidad, Jesucristo es el punto de referencia y el modelo a imitar:
Él es el Santo de Dios y fue reconocido como tal. Él
mismo nos enseña que el corazón de la santidad es
el amor, que conduce incluso a dar la vida por los otros"
(IA 15.30).
250.
Por otra parte, conviene recordar lo que el Papa dice en la Encíclica
"Redemptoris Missio": "No basta renovar los métodos
pastorales, ni organizar y coordinar mejor las fuerzas eclesiales,
ni explorar con mayor agudeza los fundamentos bíblicos
y teológicos de la fe: es necesario suscitar un nuevo anhelo
de santidad" (RM 90). Esto parece un eco de aquellas palabras
del Papa Pablo VI: "Las técnicas de evangelización
son buenas pero ni las más perfeccionadas podrían
reemplazar la acción discreta del Espíritu. La preparación
más refinada del evangelizador no consigue absolutamente
nada sin él. (
) Sin él, los esquemas más
elaborados sobre bases sociológicas o sicológicas
se revelan pronto desprovistos de todo valor" (EN 75).
CONCLUSION
251.
"Ecclesia in America" exhorta a entrar por el camino
de la planeación pastoral como expresión de la comunión
eclesial: "Corresponde al Obispo, con la cooperación
de los sacerdotes, los diáconos, los consagrados y los
laicos, realizar un plan de acción pastoral de conjunto,
que sea orgánico y participativo, que llegue a todos los
miembros de la Iglesia y suscite su conciencia misionera"
(IA 36).
252.
El Plan Diocesano de Pastoral es ambicioso porque los desafíos
son enormes. Nos enfrentamos a la dura, espesa e insensata realidad,
que no es arcilla blanda. Nos encontramos, sin embargo, consolados
y reconfortados con las palabras de Jesús: "He aquí
que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del
mundo" (Mt 28,20). "Esta presencia misteriosa de Cristo
en su Iglesia es la garantía de su éxito en la realización
de la misión que le ha sido confiada" (IA 7).
253.
Hay que poner manos a la obra. Hay que recordar que el Plan de
Pastoral es un camino para la conversión pastoral; es un
espacio de convergencia eclesial y es una manera de dar respuestas
eficaces de fe a las desafiantes preguntas que se hacen a los
evangelizadores; es una ayuda para caminar mejor y más
unidos y es una resurrección ante los múltiples
signos de muerte de cada día. Hay que hacer del Plan de
Pastoral la buena noticia para la Arquidiócesis de San
Luis Potosí, para cada parroquia y para cada comunidad
de vida consagrada, para cada movimiento laical, para toda comunidad
eclesial, sobre todo para la comunidad presbiteral, constituida
por los Pastores del Pueblo de Dios.
254.
Que la actitud fundamental hacia este proyecto pastoral sea la
de hacer vida cada día el Plan de Pastoral, es decir, "meterlo
en las venas"; sentirlo como llamado del Señor; hacerlo
una provocación o interpelación permanente a la
conversión, comunión, solidaridad y misión;
hacerlo ejercicio de eclesialidad y de vivo sentido diocesano;
nutrirlo de una fuerte espiritualidad; hacerlo oración;
fortalecerlo con la esperanza; sentirse corresponsable de su vida
o de su muerte, de sus frutos o de su esterilidad.
255.
La fe de la Iglesia potosina es mariana; se nutre y está
marcada del amor, devoción e imitación de la Virgen
Santísima en múltiples advocaciones y templos dedicados
a ella y diseminados a lo largo de todo su territorio. Por tal
motivo, es necesario que, siempre y en todas partes, se invoque
a la Madre de Dios y Madre de la Iglesia, para que nos lleve por
el camino de la conversión al encuentro de su Hijo y de
nuestros hermanos; para aprender de ella a ser dóciles
oyentes de la Palabra de Dios y a estar atentos a las indicaciones
del Espíritu del Señor; para ser fieles al Señor
y a su Evangelio; para vivir como ella el acontecimiento de la
Pascua de Cristo, en que se consuma el amor, renace la esperanza
y brota la vida nueva y la nueva humanidad.
256.
Que con ella, la Virgen del Apocalipsis, la Iglesia en San Luis
Potosí avance hacia el "cielo nuevo" y la "tierra
nueva" (cf. Ap 21,1) y diga, con una súplica confiada
y llena de esperanza: "¡Ven, Señor Jesús!"
(Ap 22, 20).
"Que
la gracia del Señor Jesús, esté con todos"
(Ap 22,21).
OBJETIVO
GENERAL DE LA ARQUIDIOCESIS DE SAN LUIS POTOSI
El
Objetivo General es la síntesis de toda la reflexión
del Plan Diocesano de Pastoral, es expresión del resultado
que se quiere lograr, es el futuro deseable y posible, es el ideal
eclesial concreto que se quiere conseguir, es la utopía,
creadora y estimulante, que se propone la Arquidiócesis.
Diseña los rasgos del rostro de la Iglesia particular y
responde a la pregunta: ¿hacia dónde vamos?
PROMOVER,
EN LA IGLESIA PARTICULAR DE SAN LUIS POTOSI, UN ENCUENTRO PERSONAL
Y COMUNITARIO CON CRISTO VIVO, PARA QUE, INTERPRETANDO CON FIDELIDAD
LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS, CAMINEMOS EN EL TERCER MILENIO, MOSTRANDO
UN NUEVO ROSTRO DE IGLESIA, COMPROMETIDA EN UN RENOVADO SERVICIO
EVANGELIZADOR A TODOS, CON AMOR PREFERENCIAL A LOS POBRES Y ALEJADOS.
|