CAPITULO V:
POR LOS CAMINOS DE LA DISCIPLINA DE LA PROGRAMACION PASTORAL Y UNA NUEVA ESPIRITUALIDAD ENGLOBANTE



















 
224. Ambos caminos ofrecen la certeza de una pista de aterrizaje para el Plan de Pastoral. Ofrecen los modos concretos y las actitudes de fe para la puesta en práctica del proyecto pastoral. Son el puente necesario que une la rica reflexión sobre el encuentro con Cristo vivo y el modo de ser Iglesia potosina con la realidad compleja y cambiante que hay que transformar desde los criterios del Evangelio. Son el medio indispensable que ayuda a la acción pastoral para que incida eficazmente en la realidad social y eclesial.

225. Estos caminos llevan a descubrir anualmente las líneas de acción que se traducen en programas, los cuales están en permanente referencia a todo el Plan de Pastoral, con sus objetivos, metas y actividades. Al mismo tiempo, ofrecen las motivaciones más hondas del compromiso evangelizador, es decir, aquella espiritualidad nueva y englobante que lo penetra todo, lo impregna todo y ayuda a mantener la obediencia, la perseverancia y la gozosa fidelidad al mandato misionero del Señor de la Iglesia.

LA DISCIPLINA DE LA PROGRAMACION PASTORAL

226. El Plan Diocesano de Pastoral para que sea operante y no se quede en el plano de la pura reflexión, debe necesariamente concretizarse, cada año, en nuevas líneas de acción de acuerdo a las situaciones cambiantes de la realidad social y eclesial y a los nuevos desafíos, para que su puesta en práctica, en cada comunidad eclesial, lleve eficazmente al encuentro con Cristo vivo y ayude a realizar los rasgos de una Iglesia: convertida, comunidad, ministerial, misionera, solidaria, inculturada.

227. En toda planeación pastoral, las líneas anuales de acción se traducen en programas y en prácticas de evaluación. Programar y evaluar es un ejercicio arduo pero indispensable que mantiene vivo al Plan Diocesano de Pastoral.

228. Será necesario, pues, que en todos los niveles, espacios y ambientes eclesiales, sin excepción, se elaboren programas viables y realistas para llevar a acabo esas líneas anuales de acción pastoral. De esa manera se pongan en práctica estos dos sabios principios de toda planeación: se programa por objetivos y se evalúa por resultados; lo que no se evalúa no se mejora.

229. Ya en concreto, hay que decir que los programas son aquel conjunto orgánico de actividades, ordenadas de acuerdo a metas, que es necesario realizar para alcanzar un objetivo específico. Los programas son también instrumentos para ordenar y racionalizar el trabajo, dando una secuencia lógica a las actividades tendientes a alcanzar los objetivos específicos en base a la utilización adecuada de recursos. El esquema metodológico, para elaborar un programa, nunca es rígido sino necesariamente flexible, según sea la realidad a la cual quiera responder.

230. Conviene recordar que las metas de trabajo son como objetivos intermedios, es decir, etapas en que se divide el objetivo específico del programa para que llegue a ser operativo. Son concretas y mensurables. Las actividades, por otro lado, nacen de cada una de las metas y establecen una secuencia lógica entre ellas. Cada actividad tiene un responsable, un tiempo determinado en que se realiza, un lugar donde se desarrolla y unos recursos para su funcionamiento. Todo esto ayuda a alcanzar aquellos frutos tangibles que también se exigen en el proceso evangelizador.

231. Al llegar aquí, vale la pena recordar aquellas palabras, siempre actuales y vigentes, de la Iglesia en América Latina: "La acción pastoral planificada es la respuesta específica, consciente e intencional, a las necesidades de la evangelización. Deberá realizarse en un proceso de participación en todos los niveles de las comunidades y personas interesadas, educándolas en la metodología de análisis de la realidad, para la reflexión sobre dicha realidad a partir del Evangelio; la opción por los objetivos y los medios más aptos y su uso más racional para la acción evangelizadora" (DP 1307).

UNA ESPIRITUALIDAD NUEVA ENGLOBANTE

232. La roca sobre la que se apoya un proyecto o plan de pastoral, que tiene múltiples exigencias e implicaciones evangelizadoras, es una espiritualidad que brota de la experiencia misma del encuentro con Jesucristo y se inspira en las palabras del apóstol Juan: "Lo que hemos visto y oído, eso les anunciamos" (1Jn 1, 3).

233. El Plan Diocesano que está para provocar lo nuevo, según el Evangelio, exige una nueva espiritualidad. La espiritualidad es ser "guiados por el Espíritu Santo hacia un nuevo estilo de vida"; es el resultado del encuentro del Espíritu Divino con el Pueblo de Dios. Un pueblo preciso, con sus aspiraciones, su cultura, sus opciones evangélicas, pastorales, misioneras; es la gracia del Señor que se despliega en la Iglesia y en el hombre, en su existencia concreta.

234. La espiritualidad consiste en las motivaciones arraigadas, vivas, explícitas. Motivaciones que responden a "los por qué" fundamentales de las opciones individuales y eclesiales, de los esfuerzos, de las exigencias, de la misma razón de ser de la Iglesia y de su tarea evangelizadora. Para la Iglesia las motivaciones son esenciales. Jesucristo, su Evangelio, el Reino de Dios, la salvación de todos los hombres, son su motivación global e imprescindible. Es la motivación que el Espíritu Santo infunde en la Iglesia.

235. "Ecclesia in America" dice: "Por espiritualidad, que es la meta a la que conduce la conversión, se entiende no una parte de la vida sino la vida toda guiada por el Espíritu Santo. Entre los elementos de espiritualidad, que todo cristiano tiene que hacer suyos, sobresale la oración. Ésta lo conducirá poco a poco a adquirir una mirada contemplativa de la realidad, que le permitirá reconocer a Dios siempre y en todas las cosas; contemplarlo en todas las personas; buscar su voluntad en los acontecimientos" (IA 29).

236. La espiritualidad es la savia de la pastoral, cualquiera que sea el modo de realizarla. Espiritualidad y servicio pastoral están profundamente unidos: todo servicio pastoral brota de una espiritualidad y toda espiritualidad se expresa en un servicio a los demás. "Nadie puede ser profeta si primero no es testigo del Dios vivo".

237. En el contexto social y eclesial de la Iglesia Potosina, una espiritualidad nueva, a tono con toda la reflexión anterior, exige al menos cinco rasgos para que fecunde e impulse la realización del Plan de Pastoral:

238. 1º.- Una espiritualidad cristocéntrica. El centro de toda la fe cristiana es la persona de Jesucristo. Ser cristiano es ser seguidor de Jesús. El seguimiento de Jesús, entregado a la evangelización, es el primer valor de un Plan de Pastoral. Puebla dice: "Como el Padre es el protagonista principal, Jesús busca seguir sus pasos y sus ritmos. Su preocupación de cada instante, es sintonizar fiel y rigurosamente con el querer del Padre" (DP 277). Una espiritualidad cristocéntrica, es explicada por "Ecclesia in America" como encuentro transformante con Jesucristo vivo: "El encuentro con el Señor, si es auténtico, llevará consigo la renovación eclesial" (IA 7).

239. El encuentro con Cristo vivo nos lleva a aceptar su amor primero, optar por Él, adherirse libremente a su persona y proyecto, que es el anuncio y la realización del Reino de Dios; es seguirle, vivir como Él vivió, aceptar sus criterios, abrazar su suerte, participar de su propósito que es el plan del Padre. (cf. IA 68).

240. 2º.- Una espiritualidad bíblica. Se trata de la necesidad ineludible, de una familiaridad cada vez más grande, de todos los fieles potosinos, con la Sagrada Escritura, leída y rezada en la soledad, en todos los grupos y en las comunidades, en todos los momentos eclesiales y evangelizadores. Que se reavive aquella experiencia del fuego en el corazón que tuvieron los dos discípulos en el camino de Emaús, mientras Jesús les explicaba las Escrituras. La "lectura orante" y creyente, hecha a la luz del Espíritu, o "lectura santa" de la Biblia, le dará fecundidad, fervor y entusiasmo a la Arquidiócesis.

241. Cuando se hace la lectura orante de las Escrituras Santas, se vive la parábola del sembrador y se contempla al Señor en el momento de sembrar su Palabra. Ella debe caer en tierra buena, en un corazón purificado, en un corazón de discípulo dócil a las cosas de Dios, capaz de meditar y conservar en su interior las palabras, como lo hacía la Madre del Señor (cf. Lc 2,19. 51).

242. 3º.- Una espiritualidad eucarística. Jesús encomendó a sus Apóstoles en la noche de la Cena: "Haced esto en conmemoración mía". San Pablo nos dice que la comida eucarística es para la edificación de la Iglesia: "El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan" (1Cor 10,17). Así pues, un fruto de la Eucaristía es el de una unión más profunda con toda la comunidad que vive la vida de Cristo, es decir, con toda la Iglesia, y con cada uno de sus miembros. Más que nunca, un mundo acuciado por el hambre, tiene necesidad de saber que el único pan que puede saciarlo es el pan que da vida nueva y que estimula el apetito por una vida nueva, la vida de Dios en nosotros.

243. La Eucaristía impulsa el crecimiento de la Iglesia que se construye a sí misma en la caridad. La Eucaristía tiende a desarrollar todos los aspectos y todas las actitudes del amor recíproco. "La Eucaristía es el lugar privilegiado para el encuentro con Cristo vivo. Por ello los Pastores del pueblo de Dios en América, a través de la predicación y la catequesis, deben esforzarse en dar a la celebración eucarística dominical una nueva fuerza, como fuente y culminación de la vida de la Iglesia, prenda de su comunión en el Cuerpo de Cristo e invitación a la solidaridad como expresión del mandato del Señor: 'que se amen unos a otros, como yo los he amado' (Jn 13, 34)" (IA 35). Hay que reafirmar que la "presencia real" de Jesucristo continúa después de la Misa como alimento y para ser adorado.

244. 4º.- Una espiritualidad solidaria con todos. La Eucaristía lleva necesariamente a la solidaridad. Los Obispos de México en su carta pastoral "Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos", dicen: "El encuentro con Jesucristo vivo lleva a los creyentes a una conversión del corazón que en la comunidad cristiana se manifiesta en la virtud de la solidaridad con todos. Esta solidaridad es la expresión operante de la caridad. No es un elemento extraño o añadido a la dinámica de la vida cristiana. Al ser vivificada por la gracia y el don de la fe en Cristo, se convierte en fuente de amor fraterno, de perdón y reconciliación" (nn. 223. 224). Ante un mundo roto por tantos egoísmos y discordias, la respuesta debe ser la promoción de la solidaridad y de la paz que hagan efectiva la justicia.

245. Es elocuente y cuestionante la enseñanza del Papa a este respecto. "La Iglesia en América debe encarnar en sus iniciativas pastorales la solidaridad de la Iglesia universal hacia los pobres y marginados de todo género. Su actitud debe incluir la asistencia, promoción, liberación y aceptación fraterna. La Iglesia pretende que no haya en absoluto marginados" (IA 58).

246. 5º.- Una espiritualidad de la esperanza. Hay que buscar que la alegría y la esperanza sean signos identificadores de la nueva espiritualidad. Son del todo necesarias. En medio de una realidad de pesimismos, frustraciones, miedos y desesperanzas, quienes han "visto y oído" al Verbo de Vida, quienes han sido enviados a anunciar "lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de Vida", tienen que descubrir la alegría y la esperanza como dimensiones fundamentales de la existencia cristiana. Renovada en la esperanza cristiana, la Iglesia será signo de esperanza para el mundo actual.

247. La esperanza cristiana, la Buena Nueva de Cristo para la humanidad, es esperanza de la salvación integral del hombre ya desde ahora en este mundo, y por el compromiso por la fraternidad y la justicia; una esperanza, que se inserta en la situación presente de México, en las esperanzas concretas de los potosinos y potosinas, en su aspiración al mejoramiento y bienestar de su familia y de todos en la sociedad. La esperanza cristiana exige hoy de la Iglesia y de cada uno de sus miembros el amor o la opción preferencial, tan difícil como urgente, a favor de los pobres y marginados de la sociedad. Esta esperanza impone el compromiso por la justicia, la reconciliación y la paz.

248. Habrá que decir, finalmente, que el propósito último de estos dos caminos: programación y espiritualidad, y de todo el Plan de Pastoral, es la salvación de los potosinos y potosinas y la santidad de los pastores y de los agentes de pastoral. Se trata de acrecentar la santidad en la Iglesia particular que se alcanza en el encuentro permanente y transformante con Jesucristo vivo. El Concilio Vaticano II enseña: "En la Iglesia, todos, lo mismo quienes pertenecen a la Jerarquía que los apacentados por ella, están llamados a la santidad, según aquello del Apóstol: 'Porque esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación' (1Tes 4,3)" (LG 39).

249. "La expresión y los mejores frutos de la identidad cristiana de América son sus santos. En el camino de la santidad, Jesucristo es el punto de referencia y el modelo a imitar: Él es el Santo de Dios y fue reconocido como tal. Él mismo nos enseña que el corazón de la santidad es el amor, que conduce incluso a dar la vida por los otros" (IA 15.30).

250. Por otra parte, conviene recordar lo que el Papa dice en la Encíclica "Redemptoris Missio": "No basta renovar los métodos pastorales, ni organizar y coordinar mejor las fuerzas eclesiales, ni explorar con mayor agudeza los fundamentos bíblicos y teológicos de la fe: es necesario suscitar un nuevo anhelo de santidad" (RM 90). Esto parece un eco de aquellas palabras del Papa Pablo VI: "Las técnicas de evangelización son buenas pero ni las más perfeccionadas podrían reemplazar la acción discreta del Espíritu. La preparación más refinada del evangelizador no consigue absolutamente nada sin él. (…) Sin él, los esquemas más elaborados sobre bases sociológicas o sicológicas se revelan pronto desprovistos de todo valor" (EN 75).

CONCLUSION

251. "Ecclesia in America" exhorta a entrar por el camino de la planeación pastoral como expresión de la comunión eclesial: "Corresponde al Obispo, con la cooperación de los sacerdotes, los diáconos, los consagrados y los laicos, realizar un plan de acción pastoral de conjunto, que sea orgánico y participativo, que llegue a todos los miembros de la Iglesia y suscite su conciencia misionera" (IA 36).

252. El Plan Diocesano de Pastoral es ambicioso porque los desafíos son enormes. Nos enfrentamos a la dura, espesa e insensata realidad, que no es arcilla blanda. Nos encontramos, sin embargo, consolados y reconfortados con las palabras de Jesús: "He aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,20). "Esta presencia misteriosa de Cristo en su Iglesia es la garantía de su éxito en la realización de la misión que le ha sido confiada" (IA 7).

253. Hay que poner manos a la obra. Hay que recordar que el Plan de Pastoral es un camino para la conversión pastoral; es un espacio de convergencia eclesial y es una manera de dar respuestas eficaces de fe a las desafiantes preguntas que se hacen a los evangelizadores; es una ayuda para caminar mejor y más unidos y es una resurrección ante los múltiples signos de muerte de cada día. Hay que hacer del Plan de Pastoral la buena noticia para la Arquidiócesis de San Luis Potosí, para cada parroquia y para cada comunidad de vida consagrada, para cada movimiento laical, para toda comunidad eclesial, sobre todo para la comunidad presbiteral, constituida por los Pastores del Pueblo de Dios.

254. Que la actitud fundamental hacia este proyecto pastoral sea la de hacer vida cada día el Plan de Pastoral, es decir, "meterlo en las venas"; sentirlo como llamado del Señor; hacerlo una provocación o interpelación permanente a la conversión, comunión, solidaridad y misión; hacerlo ejercicio de eclesialidad y de vivo sentido diocesano; nutrirlo de una fuerte espiritualidad; hacerlo oración; fortalecerlo con la esperanza; sentirse corresponsable de su vida o de su muerte, de sus frutos o de su esterilidad.

255. La fe de la Iglesia potosina es mariana; se nutre y está marcada del amor, devoción e imitación de la Virgen Santísima en múltiples advocaciones y templos dedicados a ella y diseminados a lo largo de todo su territorio. Por tal motivo, es necesario que, siempre y en todas partes, se invoque a la Madre de Dios y Madre de la Iglesia, para que nos lleve por el camino de la conversión al encuentro de su Hijo y de nuestros hermanos; para aprender de ella a ser dóciles oyentes de la Palabra de Dios y a estar atentos a las indicaciones del Espíritu del Señor; para ser fieles al Señor y a su Evangelio; para vivir como ella el acontecimiento de la Pascua de Cristo, en que se consuma el amor, renace la esperanza y brota la vida nueva y la nueva humanidad.

256. Que con ella, la Virgen del Apocalipsis, la Iglesia en San Luis Potosí avance hacia el "cielo nuevo" y la "tierra nueva" (cf. Ap 21,1) y diga, con una súplica confiada y llena de esperanza: "¡Ven, Señor Jesús!" (Ap 22, 20).

"Que la gracia del Señor Jesús, esté con todos" (Ap 22,21).

OBJETIVO GENERAL DE LA ARQUIDIOCESIS DE SAN LUIS POTOSI

El Objetivo General es la síntesis de toda la reflexión del Plan Diocesano de Pastoral, es expresión del resultado que se quiere lograr, es el futuro deseable y posible, es el ideal eclesial concreto que se quiere conseguir, es la utopía, creadora y estimulante, que se propone la Arquidiócesis. Diseña los rasgos del rostro de la Iglesia particular y responde a la pregunta: ¿hacia dónde vamos?

PROMOVER, EN LA IGLESIA PARTICULAR DE SAN LUIS POTOSI, UN ENCUENTRO PERSONAL Y COMUNITARIO CON CRISTO VIVO, PARA QUE, INTERPRETANDO CON FIDELIDAD LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS, CAMINEMOS EN EL TERCER MILENIO, MOSTRANDO UN NUEVO ROSTRO DE IGLESIA, COMPROMETIDA EN UN RENOVADO SERVICIO EVANGELIZADOR A TODOS, CON AMOR PREFERENCIAL A LOS POBRES Y ALEJADOS.