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ENTRE
EL AYER Y HOY DE NUESTRA VIDA DIOCESANA.
139.
En el pasado reciente, nuestra Iglesia Potosina dibujó
el proyecto de historia salvífica que nos proponíamos
realizar bajo el lema: "La Iglesia que queremos ser"
(cf. PDP 88-92). "Hoy, valoramos, con inmensa gratitud lo
-antiguo- que está en la memoria de esta Arquidiócesis,
y nos abrimos a lo -nuevo-, a lo que el Señor quiere pedirnos
en el umbral del tercer milenio" (Disc. de Apertura de la
XIII Asamblea Diocesana, Sr. Arz. Luis Morales R.). "En la
historia de la Iglesia, lo -viejo- y lo -nuevo- están siempre
profundamente relacionados entre sí. Lo -nuevo- brota de
lo -viejo- y lo -viejo- encuentra en lo -nuevo- una expresión
más plena" (TMA 18).
140.
Hoy nos estamos asomando a las "luces y sombras" de
una evangelización que tiene unos límites bien definidos
entre el ya remoto ocaso del siglo XVI cuando la Iglesia contribuyó
a la "formación del mensaje y a la cultura potosina"
y el amanecer del tercer milenio donde se está generando
una nueva cultura. (cf. SD 252-254; CELAM 2000, 62.63).
141.
No podríamos entender el actual momento que vivimos, sin
el evento eclesial más importante del siglo XX: el Concilio
Vaticano II, "que constituye un acontecimiento providencial,
gracias al cual la Iglesia ha iniciado la preparación próxima
del Jubileo del segundo milenio (...). Un concilio centrado en
el misterio de Cristo y de su Iglesia, y al mismo tiempo abierto
al mundo" (TMA 18).
142.
Medellín y Puebla iluminaron ricamente nuestro anterior
PDP; ahora desde la óptica Cristocéntrica de IA
se nos presenta como don y tarea delinear el rostro de nuestra
Iglesia local.
143.
Dios entró en el tiempo dándonos a Jesucristo su
Hijo y a través de El nos dio gracia y salvación
(cf. Jn 1,17b).
En
nuestra Iglesia Potosina ha llegado el momento de reconocer el
signo de los tiempos; para este fin nos parece bien asumir en
esta Iglesia de San Luis Potosí lo que el Espíritu
dice: ¡Iglesia Potosina Conviértete! ¡Sé
comunitaria! ¡Sé servidora! ¡Sé misionera!
¡Sé solidaria! ¡Incultúrate!
Estos
rasgos son indicadores de un encuentro con Cristo vivo y marcan
el rostro de nuestra Iglesia que escucha a Jesucristo, lo vive,
lo celebra y lo anuncia.

IGLESIA
CONVERTIDA
ILUMINACIÓN
DOCTRINAL PASTORAL
144.
La conversión es un don de Dios. Es fruto de un encuentro
con la persona de Jesucristo vivo (cf. Mc 1,15). Es dejarse guiar
por el Espíritu Santo. Es Dios que nos invita a volver
nuestro corazón a El. Significa cambio de mentalidad y
vida que se manifiesta en una fe con proyección social.
Es un proceso diario de entrega al seguimiento de Cristo que nos
capacita para vivir en libertad (cf. Gal 5,1). Es prolongar el
amor de Cristo en la historia principalmente a los pobres, enfermos
e indigentes (cf. IA 30; Lc 14,13.21). María es animadora
de esta conversión (cf. Jn 2, 1-12).
145.
"La conversión es un don que implica necesariamente
un proceso personal de reencuentro y reconciliación con
Dios, de reincorporación a la comunidad y de compromiso
social, que lleva a la búsqueda del perdón a través
del arrepentimiento sincero, el propósito de enmienda,
el rechazo del mal y del desorden y orienta al rescate de los
valores perdidos" (Carta Pastoral CEM 120). Entre ellos:
- Respeto a la vida - Conciencia política y social - La
pérdida de nuestras tradiciones - El cuidado del medio
ambiente, etc.
146.
La conversión personal tiene dimensiones eclesiales que
interpelan a todos los miembros de la Iglesia a una creciente
"identificación con el estilo personal de Jesucristo,
que nos lleva a la sencillez, a la pobreza, a la cercanía,
a la carencia de ventajas, para que, como El, sin colocar nuestra
confianza en los medios humanos, saquemos, de la fuerza del Espíritu,
y de la Palabra, toda la eficacia del Evangelio, permaneciendo
primariamente abiertos a aquellos que están sumamente lejanos
y excluidos" (Carta Pastoral CEM 123).
147.
La conversión es real, cuando la acción evangelizadora
alcanza y transforma con la fuerza del Evangelio:
-
los criterios de juicio, - los valores determinantes, - los centros
de interés, - las líneas de pensamiento, - las fuentes
de inspiración, - los modelos de la humanidad - las estructuras
sociales. (cf. EN 29.39)
148.
Los objetivos básicos de la evangelización son dos:
la conversión y la liberación. La conversión
se refiere a la respuesta que debe suscitar la acción evangelizadora
en la persona. La Liberación expresa la transformación
que esta respuesta ha operado en su vida. La liberación
cristiana es la misma liberación humana llevada a su plenitud
por el don gratuito de Dios que se acoge por la fe.
149.
Sin personas convertidas, la Iglesia tiene el peligro de perder
su capacidad de ser signo de la salvación de Dios en el
mundo.
RETOS
PASTORALES
150.
Los desafíos pastorales son: a) Estar en contacto permanente
con la Palabra de Dios a través de la lectura orante (lectio
divina). Formar animadores que la impulsen en la vivencia comunitaria,
siempre en el espíritu de la tradición de la Iglesia.
Es urgente en nuestra Iglesia Potosina una predicación
efectiva, es decir, una predicación que permita a la gente
ponerse en contacto con la Palabra de Dios como Buena Nueva para
sus vidas; de tal manera que las Escrituras y su interpretación
se vuelvan vivas y profundamente eficaces, porque a su luz podemos
interpretar nuestra situación y abrir nuevos caminos de
esperanza, pues debe ser la predicación fruto de: estudio,
meditación, reflexión oración, etc. (cf.
Cristología 135; Cap. II, 82).
b)
Esforzarse en la conversión comunitaria a través
de la vivencia de la caridad, la oración y la renovación
permanente de grupos y movimientos en la Parroquia y en la Diócesis.
c)
Que por amor a Cristo, Obispos, Sacerdotes y Agentes Laicos se
desprendan de sus bienes, se esfuercen por insertarse en el medio
en donde se encuentran para impulsar su transformación;
inviertan todos los recursos necesarios para la evangelización,
vivan la corrección fraterna y el diálogo; y hagan
de la Parroquia un espacio de encuentro.
d)
Vivir el amor preferencial por el pobre y compartir experiencias
que sobre ésto se tenga.
e)
En la política tomar en cuenta los valores cristianos:
- concientizar a los cristianos para que actúen en la política
como parte de su compromiso bautismal. - llenar el quehacer político
de los valores del Evangelio (honradez, justicia, coherencia,
etc. cf. Cap. II, 20). - Que no se automarginen los sacerdotes
y religiosas (os) del ámbito político no partidista;
ya que aún con su estado de vida, no dejan de ser ciudadanos
(cf. Carta Pastoral CEM 71.361).
f)
Ser signo de la misericordia del Padre en el ejercicio del ministerio
sacerdotal.
g)
Revisar las relaciones humanas en la familia, los ambientes sociales,
las instituciones civiles y los grupos de Iglesia, donde exista
injusticia.
h)
Promover la actitud fraterna entre todos los miembros del pueblo
de Dios.
i)
Asimilar y proyectar, en acciones pastorales concretas, el Análisis
de la realidad social y eclesial presentado en este plan de pastoral.

IGLESIA
COMUNITARIA
ILUMINACIÓN
DOCTRINAL PASTORAL
151.
"Ante un mundo roto y deseoso de unidad es necesario proclamar
con gozo y fe firme que Dios es comunión, Padre, Hijo y
Espíritu Santo, unidad en la distinción, el cual
llama a todos los hombres a que participen de la misma comunión
trinitaria. Es necesario proclamar que esta comunión es
el proyecto magnífico de Dios (Padre); que Jesucristo,
que se ha hecho hombre, es el punto central de la misma comunión,
y que el Espíritu Santo trabaja constantemente para crear
la comunión y restaurarla cuando se hubiera roto. Es necesario
proclamar que la Iglesia es signo e instrumento de la comunión
querida por Dios iniciada en el tiempo y dirigida a su perfección
en la plenitud del Reino" (IA 33).
Para
hacer vida lo que fluye de esta relación trinitaria se
requiere contemplar este misterio tanto en la oración como
en la acción pastoral.
152.
"Toda la riqueza de este misterio de la Iglesia una, santa,
católica y apostólica -expresión de la comunión
trinitaria en la historia-, se hace presente en la Iglesia Particular
o Diócesis; por tanto, el misterio de la comunión
se vive en la iglesia Particular. El que, como católicos,
comprendamos y vivamos cada vez más el misterio de la Iglesia
universal, en y a través de la comunión y participación
con la Iglesia particular, deberá ser una labor prioritaria
de los agentes de pastoral" (Carta Pastoral CEM 133).
153.
La Iglesia es la comunidad de los bautizados, pues el efecto fundamental
del bautismo es incorporar al hombre a la comunidad de la Iglesia
(cf. 1Cor 12,13; Gal 3,27).
154.
La Iglesia es la comunidad de los que libre y concientemente reproducen
en su vida lo que fue la vida de Jesús el Mesías;
la comunidad de los hombres y las mujeres a quienes guía
y lleva el Espíritu, y que han asumido como destino en
la vida sufrir y morir por los demás, es decir, la Iglesia
es la comunidad de los que viven para los demás; es, así
mismo, la comunidad de los que se han revestido de Cristo (cf.
Gal 3, 27 ).
155.
Todo sacramento debe ser comprendido desde la sacramentalidad
de la Iglesia. Si la Iglesia es esencialmente unidad, una comunidad
de creyentes, todo sacramento tiene una dimensión comunitaria
y su celebración ha de significar una experiencia comunitaria,
aunque no necesariamente deba haber numerosas personas, siempre
será la Eucaristía un "sacrificio público"
(cf. SC 7). La unidad y comunión de la Iglesia, Pueblo
de Dios, la realiza el Espíritu Santo (cf. CCE 1097).
156.
La familia es imagen de Dios que "en su misterio más
íntimo no es una soledad, sino una familia. Es una alianza
de personas a las que se llega por vocación amorosa del
Padre que invita a los esposos a una íntima comunidad de
vida y de amor (GS 48), cuyo modelo es el amor de Cristo a su
Iglesia. La pareja santificada por el sacramento del matrimonio
es un testimonio de presencia pascual del Señor" (DP
582-583).
157.
El matrimonio y la familia son como una Iglesia en pequeño,
Iglesia doméstica (cf. LG 11). Se cuentan entre los bienes
más valiosos de la humanidad. Son la célula fundamental
de la comunidad humana, "el bienestar de la persona y de
la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligado
a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar" (GS
47).
158.
Los cónyuges poseen dentro de la comunidad cristiana un
carisma que les es propio, una vocación y una misión
singular: ser testigos en el mundo del amor de Dios y transmitir
y educar a sus hijos en la fe (cf. LG 11; FC 19).
159.
Los religiosos, que por el bautismo habían sido ya consagrados
a Dios, se consagran más estrechamente al servicio divino
comprometiéndose a seguir más de cerca a Jesucristo.
Su vida consagrada ayuda a recordar a los demás cristianos,
que viven su vocación en el mundo y en el ejercicio de
las tareas temporales, su último destino, Jesucristo: pobre,
obediente y casto.
160.
"La Parroquia, a pesar de todas las dificultades que presenta
la vida moderna, es un lugar privilegiado en que los fieles pueden
tener una experiencia concreta de la Iglesia" (Carta Pastoral
CEM 175; cf. IA 41).
161.
"Es preciso comprender la Parroquia como la expresión
concreta de la comunión que viven las personas que creen
y esperan en Cristo, y el templo debe conservar su valor central
y simbólico de casa común de la Asamblea cristiana;
pero es necesario redescubrir su sentido misionero a nivel intraeclesial,
como una de las mayores exigencias pastorales de la Iglesia en
México, propiciando espacios y lugares accesibles de oración,
meditación de la Palabra, encuentro y servicio fraterno.
Sin esta red solidaria se seguirá acrecentando entre los
fieles el vacío que suelen llenar grupos religiosos proselitistas"
(Carta Pastoral CEM 172; cf. SD 58; DP 644).
162.
Todo esto implica revisar las Parroquias de nuestra Diócesis
para que sean espacios y lugares:
-
de apertura a todos. - de anuncio y denuncia evangélica.
- de celebración sacramental de todo el don de la vida
y de la historia. - de testimonio de fraternidad cristiana, -
promotores de la diversidad de carismas, servicios y ministerios.
- de escucha y discernimiento. - integrados al Plan Diocesano
de Pastoral y a toda realidad de la vida eclesial.
El
plan pastoral Parroquial debe reflejar, al mismo tiempo, la concretización
del plan Diocesano y la respuesta a las exigencias propias de
la comunidad (cf. Carta Pastoral CEM 176.177).
RETOS
PASTORALES
163.
Los desafíos pastorales son: a) Mantener el interés
por el Plan Diocesano, para que sea de conjunto, orgánico,
participativo y que llegue a todos los miembros de la Iglesia
(cf. Cap. II, 76.77).
b)
Que los Decanatos alienten el espíritu de creatividad pastoral,
integren a todos los sectores de la Iglesia e impulsen el trabajo
en equipo para una mejor realización del Plan Pastoral
(cf. Cap. II, 79). Por ejemplo: fomentar a través de ellos
la ayuda mutua entre las parroquias y proporcionarse entre sí
los servicios pastorales, sacramentales y económicos.
c)
Valorar los sacramentos de iniciación (Bautismo, Confirmación
y Primera Comunión) y educar con una catequesis adecuada
para que sean acontecimientos que inserten en la comunidad eclesial;
revisar la pastoral de estos sacramentos con criterios comunes
a toda la Diócesis. Impulsar el catecumenado de adultos.
d)
Crear equipos de animación con espíritu de servicio
y acompañamiento (cf. Cap. II, 91).
e)
Que las Parroquias apoyen espiritual y económicamente a
sus Agentes de pastoral (catequistas, ministros de la Eucaristía,
pastoral de enfermos, etc. ).
f)
Atender y comprometer a los movimientos y grupos apostólicos
que existan en una Parroquia en sus trabajos pastorales (cf. Cap.
II, 79).
g)
Que en los criterios pastorales para el cambio de los sacerdotes,
se tomen en cuenta: la continuidad del Plan de Trabajo Pastoral
y las características donde se desarrolle su ministerio
(cf. Cap. II, 79).
h)
Es urgente seguir profundizando en el don de la familia como primera
comunidad humana y cristiana (cf. Carta Pastoral CEM 178; Cap.
II, 45-51). Interesar y capacitar agentes de la Arquidiócesis
en los problemas de familias en situaciones difíciles e
irregulares (cf. FC 85ss).
i)
Dar prioridad a una pastoral de la vida comunitaria fortaleciendo
las comunidades eclesiales de base, las comunidades de vida consagrada,
el Seminario, los movimientos apostólicos y las Parroquias
como "comunidad de comunidades" que favorezcan verdaderas
relaciones humanas (cf. Carta Pastoral CEM 179; Cap. II, 17).
j)
Promover que los consejos pastorales: parroquiales y diocesanos,
sean lugares de encuentro, de comunión y de participación
plural y efectiva, donde la voz de la Jerarquía no sea
impositiva (cf. Cap. II, 80).
k)
Aprovechar todos los medios con que cuenta la Diócesis
incluyendo los económicos, para impulsar la acción
Evangelizadora de la Iglesia Comunión.
l)
Fomentar y formar una mentalidad ecuménica que sepa discernir
el fenómeno de las sectas y nuevos movimientos religiosos
(cf. Cap. II, 84) y dé razón de su esperanza (cf.
1 Pe 3,15).
m)
Revisar los métodos pastorales empleados, de modo que nuestra
Iglesia particular ofrezca a los fieles una atención religiosa
más personalizada, y aprovechar las posibilidades evangelizadoras
que ofrece una religiosidad popular purificada, a fin de hacer
más viva la fe en Jesucristo de todos los católicos
(cf. Cap. II, 85.86).
n)
Que se busquen caminos de relación pastoral entre la Diócesis,
las parroquias y centros educativos (cf. Cap. II, 72.74).
o)
Es necesario que el seminario forme con una propuesta cristiana
integral y una sólida preparación intelectual, afectiva
y comunitaria (cf. Carta Pastoral CEM 114; Cap. II, 95-97).
p)
Urge que la organización básica indispensable en
toda comunidad Parroquial sea su Consejo Pastoral donde estén
representados todos sus agentes y sectores.
q)
Que la Iglesia sea para los adolescentes y jóvenes un lugar
de formación, espiritualidad y expresión cristiana
mediante grupos de apoyo, que los ayuden a solucionar los problemas
propios de su edad.

IGLESIA
MINISTERIAL
ILUMINACION
DOCTRINAL PASTORAL
164.
"El Hijo del Hombre no vino para que lo sirvieran, sino para
servir y dar su vida como rescate de una muchedumbre" (cf.
Mc 10,45).
165.
Quien guía a la Iglesia es el Espíritu Santo que
a todos nos concede dones; los dones en las personas se vuelven
ministerios para servir a la comunidad (cf. GS 11). "Uno
mismo es el Espíritu que distribuye sus diversos dones
para el bien de la Iglesia según sus riquezas y la diversidad
de los ministerios" (cf. 1Cor 12,1-11).
166.
"Elemento esencial de la Iglesia como comunión y como
sacramento es su dimensión jerárquica. En la Iglesia
existen diversos ministerios con unidad de misión. A los
apóstoles y a sus sucesores Cristo les confirió
la función de enseñar, santificar y gobernar en
su propio nombre y con su autoridad" (Carta Pastoral CEM
129).
167.
El ministerio apostólico es signo y servidor de la relación
entre Cristo y la Iglesia, situándose frente al Pueblo
de Dios, sin dejar de formar parte de él; lo que quiere
decir que los ministros ordenados hacen presente a Cristo cabeza
en el seno de la comunidad, manifestando así la dependencia
que esta tiene respecto a su Señor, con el fin de que todos
sus miembros lleguen a realizar su vocación bautismal (cf.
LG 18; CCE 1548-1549).
168.
La condición eclesial de los laicos se encuentra radicalmente
definida por su novedad cristiana y caracterizada por su índole
secular (cf. ChF 17.42; AG 21; Carta Pastoral CEM 270).
169.
Algunos laicos están llamados a ejercer su vocación
intraeclesial, (cf. IA 44), contribuyendo a construir la comunidad
de la Iglesia desempeñando los ministerios que la comunidad
requiera y siempre enviados por el Obispo). "Los fieles laicos
cumplen su vocación cristiana principalmente en las tareas
seculares. Su colaboración en el ámbito intraeclesial,
si bien es relevante, no debe suprimir aquello que constituye
su misión propia y específica dentro de la sociedad
y de la Iglesia" (Carta Pastoral CEM 270; Cap. II, 94).
170.
Hay que evitar sin embargo, una posible confusión de los
ministros no ordenados con las actividades propias del sacramento
del Orden, a fin de distinguir bien el sacerdocio común
de los fieles del sacerdocio ministerial (cf. IA 44; CELAM 2000,
120).
171.
La fe no puede darse por supuesta, es la base de la misión
eclesial, debe explicitarse. Este es el objetivo principal de
la catequesis; ésta es una dimensión esencial de
la nueva Evangelización (cf. IA 69). Llevar a la persona
a vivir a Cristo, tener conciencia cristiana, celebrar la liturgia
y practicar la caridad.
172.
"La catequesis es un proceso de formación en la fe,
la esperanza y la caridad que informa la mente y toca el corazón,
llevando a la persona a abrazar a Cristo de modo pleno y completo.
Introduce más plenamente al creyente en la experiencia
de la vida cristiana que incluye la celebración del misterio
de la redención y el servicio cristiano a los otros"
(IA 69).
173.
Se requiere una catequesis más kerigmática y más
orgánica en la presentación de los contenidos de
la fe (cf. IA 69), pues por la catequesis la iglesia edifica a
la Iglesia, siendo un proceso permanente que abarca todas la edades
y situaciones de la persona (cf. PDP 254), pero de una manera
privilegiada en la infancia y en el seno familiar donde la influencia,
principalmente por el testimonio de vida, de los padres, se asientan
sólidamente los valores y principios que regirán
toda la vida (cf. CIC 774 § 2) y que nutridos por el encuentro
con Cristo van a redundar en la promoción del bien común
en una sociedad justa.
174.
La generosidad y disponibilidad de los catequistas será
siempre alentada y apoyada por una adecuada formación.
175.
Los cambios profundos no se dan con personas sin formación.
Formar personas y su capacidad para dar lo mejor de sí
mismas, desarrollando al máximo sus talentos, sus carismas,
sus cualidades, es tarea pastoral de nuestra Iglesia de San Luis
Potosí (cf. CELAM 2000, 115, 116 y 117; Cap. II, 93).
176.
Reconocer las legítimas aspiraciones de las mujeres a participar
en la vida eclesial, cultural, social, política y económica.
Sin estas aportaciones se perderían algunas riquezas que
sólo "el genio femenino" puede aportar a la vida
de la Iglesia y de la sociedad (cf. IA 45; CELAM 2000, 122; Cap.
II, 52.53.54).
177.
Valorar el ser y la misión de la mujer consagrada en la
Iglesia y reconocer lo que ellas han aportado a la Evangelización
de México (cf. IA 43; Cap. II, 89).
178.
En María de Nazaret y en el trato que Jesucristo da a la
mujer se revalúa la dignidad de toda mujer (cf. Gal 4,4).
RETOS
PASTORALES
179.
Los desafíos pastorales son: a) Impulsar la educación
integral de la persona en su ser y su capacidad de servir (cf.
Cap. II, 14).
b)
Que las estructuras Diocesanas, Curia (Obispo, Vicarios, Cancillería)
y Secretarías Pastorales den respuesta con visión
pastoral y cercanía evangélica al proceso del Plan
Diocesano (cf. Cap. II, 75).
c)
Lograr que el Consejo Presbiteral, el Consejo Pastoral, el Consejo
de Laicos y el Consejo Parroquial sean un verdadero instrumento
de comunión.
d)
La Pastoral Diocesana requiere un Vicario de Pastoral que sea
una persona que conozca la realidad, que sea pastor, que anime
dentro de los decanatos, las parroquias, demás instituciones
pastorales y que se forme junto con él un equipo que impulse
y facilite la pastoral diocesana (cf. Cap. II, 76).
e)
Brindar una formación permanente a los Ministros Ordenados
y Agentes no ordenados. Es preciso la actualización permanente
del Presbítero en su acción pastoral a través
de estas cuatro mediaciones: la Palabra, la Comunión o
Koinonía, el Servicio o Diaconía y la Liturgia.
-
Es necesario "procurar una formación integral desde
el seminario que disponga para la formación permanente
del sacerdote" (SD 84).
f)
Ejercer los ministerios como servicio y no como "cargo"
o "título".
g)
Revisar el ministerio del diaconado permanente: sus programas
de formación, su función y su campo de trabajo.
h)
Promover más a fondo en toda la Diócesis la ministerialidad
laical, a partir de las necesidades que se presenten e impulsar
la corresponsabilidad en todos los miembros de la Iglesia.
i)
Tomar en cuenta la diversidad de dones y carismas de los laicos
para los diversos ministerios e invitar a Ordenes y Congregaciones
Religiosas a los mismos.
j)
Valorar la catequesis como ministerio y fortalecer los programas
específicos de formación.
k)
Orientar recursos materiales hacia donde exista mayor necesidad
de evangelización, capacitar a los agentes de pastoral
para que realicen sus tareas apostólicas con seguridad,
eficacia y calidad. Se requiere crear centros cualificados de
formación pastoral.
l)
Para un adecuado discernimiento pastoral es preciso que se tengan
evaluaciones periódicas en los diversos niveles de la acción
pastoral (cf. Cap. II, 76).
m)
Promover el ministerio del acompañamiento en la fe, a través
de visitas familiares, especialmente ante el desafío de
las sectas y para la búsqueda de los alejados (cf. Cap.
II, 84).
n)
Crear espacios de presencia de la mujer en orden a promover y
defender su dignidad (cf. Cap. II, 53.57).
o)
Purificar el rol que se ha dado a la mujer en la Iglesia para
que sea Agente de decisión en la pastoral y en la vida
sociocultural (cf. Cap. II, 55.57).
p)
Orar por las distintas vocaciones y promover una Pastoral vocacional
en la que cada bautizado descubra su misión en la Iglesia.
Hacer conscientes a los padres de familia sobre el valor de la
vocación sacerdotal y religiosa (cf. Cap. II, 73).
q)
Buscar que en la pastoral de la Parroquia encuentren su lugar
los discapacitados (Síndrome Down, autismo, etc,).
r)
Que la acción pastoral de las Ordenes, Congregaciones Religiosas
y Servidores de vida apostólica se inserte en la acción
pastoral de la Diócesis y que ésta los integre,
reconozca y valore respetando sus carismas y estilos.

IGLESIA
MISIONERA
ILUMINACIÓN
DOCTRINAL PASTORAL
180.
La Iglesia de todos los tiempos ha tenido como misión primordial
llevar a todos los hombres y mujeres al encuentro vital con Jesucristo.
La Iglesia vive de la presencia permanente y misteriosa de su
Señor Resucitado y tiene como centro de su misión
"llevar a todos los hombres al encuentro con Jesucristo".
La presencia del resucitado en la Iglesia hace posible nuestro
encuentro con El, gracias a la acción invisible de su Espíritu
vivificante. Este encuentro se realiza en la fe recibida y vivida
en la Iglesia cuerpo místico de Cristo (cf. IA 68). Esta
es la misión que, como Iglesia Potosina, queremos renovar
al comienzo de un nuevo milenio en la fe, como uno de los principales
frutos del gran Jubileo de la Encarnación del Señor.
Con renovado ardor queremos anunciar que ¡Cristo está
vivo! (cf. CELAM 2000, 142).
181.
La razón de la permanencia de la Iglesia en el mundo es
continuar la misión de Cristo en todos los pueblos. No
tiene otra razón de ser, para eso vive toda ella, existe
sólo para eso: "ANUNCIAR EL REINO DE DIOS e instaurarlo
en todos los pueblos y construir en toda la tierra el germen del
Reino" (cf. EN 22).
182.
Quien ha conocido la alegría del encuentro con Cristo no
puede mantenerla encerrada dentro de sí, sino que debe
irradiarla (Juan Pablo II, Domund 2000).
183.
La Evangelización se hace más urgente respecto a
aquellos que, viviendo en esta porción de nuestro estado
de San Luis Potosí, aún no conocen la persona de
Jesús. Lamentablemente "su nombre", "su
enseñanza", "su vida" y "su Reino"
son desconocidos en gran parte de la humanidad y en muchos ambientes
de nuestro continente (cf. EN 22; SD 33; CELAM 2000, 143). Ello
obliga a la Iglesia universal; y en particular a la Iglesia en
San Luis Potosí, a permanecer abierta a la misión
"ad gentes". Nuestro Plan Pastoral no puede limitarse
a vitalizar la fe de los creyentes rutinarios sino que ha de buscar
también anunciar a Cristo en los ambientes donde es desconocido
(cf. IA 74).
184.
"La misión prolonga el encuentro, autentifica la conversión,
incrementa la comunión y hace efectiva la solidaridad con
todos los hombres" (Carta Pastoral CEM 183).
185.
La urgencia de la misión "ad gentes", "atañe
a todos los cristianos, a todas las diócesis y parroquias,
a las instituciones y asociaciones eclesiales" (Juan Pablo
II, Domund 2000).
186.
Como miembros de esta Iglesia Diocesana, estamos ligados a la
responsabilidad misionera de nuestro Obispo, quien tiene "la
solicitud de todas las Iglesias en comunión y bajo la autoridad
del Sumo Pontífice" (cf. ChD 5-6).
187.
"El don de la fe es compromiso evangelizador y misionero,
porque la fe se fortalece dándola" (Carta Pastoral
CEM 186). "A la luz del Concilio Ecuménico Vaticano
II, la dimensión misionera de la Iglesia se ha unido estrechamente
a la del diálogo evangelizador. Superada una visión
de la evangelización como mero adoctrinamiento, el diálogo
se convierte en el medio más adecuado para hacer presente
el Evangelio con actitudes, palabras y signos de encuentro"
(Carta Pastoral CEM 187).
188.
La comunicación de la Buena Noticia se realiza no solo
mediante explicaciones y conocimientos teóricos, sino especialmente
por el testimonio de vida transformada por Cristo. El testimonio
cristiano es el medio fundamental para proclamar el Evangelio.
Sin él, puede haber "propaganda religiosa", pero
no verdadera evangelización.
189.
En la situación que viven nuestros pueblos, los frutos
del Espíritu, que constituyen el núcleo de nuestro
testimonio, implica que tanto la Jerarquía como el laicado
y los religiosos y religiosas vivamos en una continua autocrítica,
a la luz del Evangelio, a nivel personal, grupal y comunitario
para despojarnos de toda actitud que no sea evangélica
y que desfigure el rostro de Cristo (cf. DP 72; EN 15).
190.
La Iglesia ve en la juventud un signo de sí misma (cf.
Medellín Documento Juventud 12) y confía en que
tendrá fuerza para no ceder a las seducciones de las filosofías
del egoísmo y del placer (Vaticano II Mensaje a los jóvenes
2-5) y que no se dejará manipular por la civilización
del consumo, de los instintos, de las drogas, del sexualismo (cf.
DP 117). Ante ésto nuestra Iglesia se propone dar una formación
integral en la que se desarrolle una sexualidad bien orientada.
RETOS
PASTORALES
191.
Los desafíos pastorales son: a) Que todos los bautizados
mujeres y hombres, a semejanza de Jesucristo el enviado del Padre,
anunciemos y hagamos presente el Reino de Dios en medio de la
humanidad.
b)
Salir en busca de los grupos humanos más alejados y necesitados,
para sembrar la semilla de la Buena Nueva, Palabra de vida, no
solo en el sentido religioso cultual sino promoviendo un verdadero
encuentro con Cristo vivo, que dé sentido a la vida de
cada hombre y mujer e impregne de tal forma sus ambientes que
los jóvenes y las familias sean destinatarios y agentes
de la misión (cf. Cap. II, 1-7. 25.84).
c)
"La formación de todo el personal misionero, es una
prioridad pastoral; representa, por decirlo así, una 'inversión
en personas', ya que sólo evangelizadores y formadores
a la altura de su cometido pueden contribuir de modo eficaz a
edificar la Iglesia" (Juan Pablo II Domund 2000).
d)
Fortalecer, espiritual y pastoralmente, la vocación de
misioneros laicos que den verdadero acompañamiento, en
nuestros barrios y rancherías, a personas y comunidades
alejadas, según las etapas de la vida (cf. Cap. II, 84).
e)
Crear un Instituto Misionero Diocesano donde se formen misioneros
que vayan a las comunidades "no como quienes saben"
sino como hermanos que conozcan las costumbres y tradiciones de
los pueblos a donde son enviados, conozcan sus raíces y
dialoguen con las personas (Cap. II, 93). Sería de desear
que cada parroquia esté representada en este Instituto.
f)
Impulsar la evangelización tanto en el campo como en la
ciudad; y contar con un equipo misionero para apoyar la propia
Diócesis (cf. Cap. II, 93).
g)
Debemos valorar el papel de las monjas de las Ordenes de vida
contemplativa, ya que su carisma es un apoyo vital en la acción
misionera de la Iglesia Potosina.
h)
Promover la responsabilidad misionera de la Parroquia como lugar
privilegiado donde los fieles pueden tener una experiencia concreta
de Iglesia (cf. IA 41; DP 653; Cap. II, 94).
i)
A ejemplo de los primeros evangelizadores (como Tata Vasco): los
misioneros se esfuercen en vivir el amor preferencial por los
pobres y se capaciten para promoverlos de una manera integral,
incluso enseñándoles diferentes talleres y artesanías
para una vida más llevadera (cf. Cap. II, 83).
j)
Crear un fondo económico que sustente o ayude a los misioneros,
sobre todo a los enviados a otros pueblos y a los misioneros laicos
de tiempo completo y se busque su salud física procurándoles
un seguro médico.
k)
Que el Plan Pastoral llegue especialmente a los jóvenes
que van a recoger la antorcha de manos de sus mayores y a vivir
en la sociedad de mañana, para que construyan con entusiasmo
el Reino de Dios en nuestra Iglesia (cf. Cap. II, 73).
l)
Proveer a los misioneros locales de tiempo completo con formación
y recursos materiales necesarios para su tarea evangelizadora.
m)
Revisar qué elementos son necesarios para propiciar una
recta distribución de agentes y medios de apostolado.
n)
Fomentar una conciencia misionera en los movimientos y grupos
de espiritualidad ya existentes en nuestra Iglesia Diocesana (cf.
Cap. II, 92).
o)
Ante la necesidad de llegar a los ambientes intelectuales y de
responsabilidad pública, sentimos la urgencia de detectar
y preparar agentes idóneos para estos sectores de la sociedad.
p)
Buscar nuevos métodos para el uso de los medios de difusión
masiva (cf. Cap. II, 34-44).
q)
Promover la alfabetización de adultos, hombres y mujeres;
ya que, la evangelización debe ser integral (Juan Pablo
II, mensaje Cuaresmal).

IGLESIA
SOLIDARIA
ILUMINACIÓN
DOCTRINAL PASTORAL
192.
"En verdad les digo que cuanto hicieron a uno de estos hermanos
míos más pequeños, a mí me lo hicieron"
(Mt 25,40.45; cf. GS 43). "La conciencia de la comunión
con Jesucristo y con los hermanos que es, a su vez, fruto de la
conversión, lleva a servir al prójimo en todas sus
necesidades, tanto materiales como espirituales, para que en cada
hombre resplandezca el rostro de Cristo" (IA 52).
193.
Es el encuentro vital con Jesucristo quien nos introduce en el
misterio de su propia solidaridad con la humanidad, ya que al
encarnarse el Hijo de Dios, "siendo rico se hizo pobre, para
enriquecernos con su pobreza" (cf. 2 Cor 8,9). Esta Iglesia
solidaria funda su actividad en la condescendencia que ha tenido
el Padre con nosotros al enviarnos a su propio Hijo para que tengamos
vida, y vida en abundancia (cf. Jn 10,10). Su mejor expresión
se encuentra en la parábola del Buen Samaritano que responde
magistralmente a la pregunta sobre el prójimo. ¡Es
el mismo Dios quien se ha hecho prójimo de la humanidad
para que todos nosotros descubramos el camino de la compasión!
"Si así nos ha amado Dios... ¡Anda y haz tú
otro tanto!" (cf. 1 Jn 4,10; Lc 10,25-37; CELAM 2000, 115).
El mismo Cristo, Hijo de Dios, Buen Samaritano, se hace solidario
al cargar sobre sí las miserias humanas en la cruz.
194.
"Ecclesia in America afirma que toda la Iglesia está
llamada a promover, a partir del Evangelio, la construcción
de una 'cultura globalizada de la solidaridad' que haga presente,
con el pensamiento y el testimonio de la vida, el amor de Cristo"
(Carta Pastoral CEM 209).
195.
Es tiempo de profundizar en la virtud de la caridad como el principio
dinamizador de todo el ser y quehacer de la Iglesia. Es precisamente
la virtud de la caridad, lo que hace que la comunidad eclesial
comparta sus bienes y busque que nadie pase necesidad (cf. Hch
2,42ss; 4,32ss; Carta Pastoral CEM 215).
196.
La Iglesia aspira a colaborar en la gestación de una sociedad
que en todo sea favorable al hombre y a la mujer. Por eso se interesa
por su vida integral, que incluye la salud, la educación,
la paz, su derecho a dar culto a Dios con plena libertad. Se interesa
por los derechos humanos, la defensa de la vida, la promoción
de la mujer, etc. (cf. SD 164.165); y asimismo por la asistencia
hacia los marginados que muestran diversos "rostros de Cristo"
(cf. DP 31-39; SD 178-179; Cap. II, 2-6).
197.
Debemos recordar siempre que el fundamento sobre el que se basan
todos los derechos humanos es la dignidad de la persona. En efecto,
la mayor obra divina, el hombre y la mujer, son imagen y semejanza
de Dios (cf. Gn 1.26; IA 57; Cap. II, 51).
198.
El Evangelio nos muestra cómo Jesucristo subrayó
la centralidad de la persona humana en el orden natural (cf. Lc
12, 22-29), en el orden social y en el orden religioso, incluso
respecto a la Ley (cf. Mc 2,27). De la dignidad del hombre nacen
los derechos humanos y las obligaciones. Por esta razón
todo atropello a la dignidad del hombre es atropello al mismo
Dios de quien es imagen (cf. SD 164-165; IA 57).
199.
Queremos en San Luis Potosí una Iglesia movida por el amor
y la misericordia, que a ejemplo de Jesucristo, no considere ajenos
los gozos y menos aún las tristezas de la gente de este
tiempo. Su prioridad en el amor se dirige hacia los pobres y excluidos,
en particular a desplazados y migrantes, buscando nuevas formas
de presencia en el mundo del dolor que incluye a los enfermos
y ancianos, a los discapacitados, a los hermanos afectados por
el SIDA, y a todos y a cada uno de los que padecen cualquier forma
de desvalidez (Cap. II, 2-6).
200.
La solidaridad, pues, no es un elemento extraño o añadido
a la dinámica de la vida cristiana. "Para el cristiano,
la solidaridad es el ejercicio de la caridad que lo santifica,
lo dignifica y lo hace participar activamente en la construcción
de la comunidad" (cf. Carta Pastoral CEM 224.225).
201.
La nueva evangelización sólo será eficaz
cuando el mundo pueda percibir a la Iglesia como una realidad
social.
202.
Una vida democrática sana, cuyo verdadero protagonista
sea la sociedad, tiene que contar con una amplia red de asociaciones
por medio de las cuales los ciudadanos hagan valer en el conjunto
de la vida pública sus propios puntos de vista, y defiendan
sus legítimos intereses materiales o espirituales (cf.
OA 4).
203.
El cristiano está llamado a comprometerse en la construcción
de una sociedad más justa y humana en las áreas
donde vive:
-
antropológico cultural - sociopolítico - religioso
- socioeconómico - ecológico
204.
La celebración litúrgica, y especialmente la Eucaristía,
es cumbre y fuente de la vida eclesial, al mismo tiempo que nos
ofrece una íntima experiencia del encuentro con Cristo
y con los hermanos, nos debe impulsar a formas de ejercicio solidario
y a una acción decidida a favor de la justicia. La liturgia,
como dice el Documento de Puebla 918, "es fuerza en el peregrinar,
a fin de llevar a cabo, mediante el compromiso transformador de
la vida, la realización plena del Reino, según el
Plan de Dios" (cf. DP 923).
205.
La Iglesia, familia de los que siguen a Jesús, participan
de su Espíritu y se reconocen hijos del mismo Padre, se
interesa por la situación de cada uno de sus miembros.
No puede quedar indiferente ante el pecado de uno de sus componentes
que necesariamente afecta a la comunidad entera. Los asuntos de
la familia, que repercuten en toda ella, no pueden ser solucionados
individualmente. Por eso la reconciliación no es nunca
un asunto privado, sino comunitario, eclesial.
RETOS
PASTORALES
206.
Los desafíos pastorales son: a) Reforzar y crear nuevas
estructuras diocesanas que hagan posible la solidaridad en la
vida de nuestra Iglesia (cf. Cap. II, 51). Crear conciencia de
solidaridad entre los miembros de la comunidad parroquial.
b)
Seguir impulsando con renovado ardor, método y expresión,
la preferencia por el pobre ante las diversas formas de marginación
social y eclesial sin caer en exclusivismos que lesionen el mensaje
salvífico (cf. Cap. II, 4.8.9.83).
c)
Impulsar el conocimiento, la promoción y el respeto por
los derechos humanos (cf. Cap. II, 17.33).
d)
La Iglesia no será solidaria sin una decidida colaboración
de los laicos. Tomando conciencia de que el varón poco
participa en ella y en ocasiones su actitud es de indiferencia
(Cap. II, 94). Por lo cual debe ser más motivado para integrarse
en la pastoral de la Iglesia.
e)
Fomentar medios para que exista una mayor relación entre
la vida consagrada y las Parroquias respectivas de tal manera
que se promueva una eficaz pastoral social (Cap. II, 90).
f)
Lograr una pastoral social diocesana reestructurada, que no se
reduzca a ayudas de emergencia, sino que tenga una proyección
concreta en los diversos ambientes y personas, por ejemplo en
el campo de la promoción humana, libertad cristiana, y
fraternidad.
g)
Promover el conocimiento de la doctrina social de la Iglesia,
y comprometerse para que los valores, de la vida y de la familia,
sean reconocidos y defendidos en el ámbito social y en
la legislación del estado (Cap. II, 51).
h)
Revisar la vida pastoral de las Parroquias para que haya un mayor
conocimiento de las personas que la integran, de sus necesidades,
de sus carencias, de sus conflictos vitales; que sientan una comprensión
compartida y cercana a sus sufrimientos y se implemente una adecuada
pastoral social (Cap. II, 81).
i)
Tener especial atención para que las mujeres sigan asumiendo
una participación activa y responsable en las decisiones
de la pastoral y no sean simple ejecutoras de lo decidido (cf.
Cap. II, 53-55. 57).
j)
Que las Escuelas Católicas con recursos económicos
suficientes muestren su solidaridad atendiendo también
a los niños y jóvenes de clases marginadas (Cap.
II, 70).
k)
Tender caminos de encuentro y solidaridad, con los hombres y mujeres
que trabajan en el campo médico sanitario, para que hagan
todo lo posible por defender las vidas que corren más peligro,
desde el momento de la concepción hasta el momento de la
muerte natural (cf. IA 63; Cap. II, 5).
l)
Afrontar los retos de organización que exige hoy una pastoral
sanitaria de conjunto (Enfermos, familiares, médicos, enfermeras,
personal administrativo, etc.).
m)
Celebrar el sacramento de la Unción como acontecimiento
de solidaridad que la Iglesia tiene con sus enfermos y ancianos.
n)
Cultivar una mentalidad solidaria con quienes están comprometidos
en el trabajo de pastoral penitenciaria o pastorales de frontera,
ejemplos: niños de la calle, pandilleros, divorciados,
madres solteras, alcohólicos, drogadictos, prostitutas,
homosexuales, lesbianas, etc. (cf. Cap. II, 25).
o)
Realizar, con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, proyectos
comunes que contribuyan al bien de todos, especialmente en la
defensa de los derechos humanos.
p)
Compartir la palabra iluminadora del Evangelio con quienes trabajan
en el campo de la investigación científica, técnica,
etc. (cf. Cap. II, 30.72.74).
q)
Buscar espacios de relación con quienes ejercen cargos
públicos, así como con aquellos que se dedican a
la enseñanza en las escuelas oficiales y universitarias,
para discernir con una conciencia rectamente cristiana los valores
propios de la juventud, fuerza de la Patria y de la Iglesia (cf.
IA 63; Cap. II, 72.74).
r)
En el factor económico la comunidad cristiana tiene que
dar su palabra profética para que se asuman compromisos
cuyos objetivos sean:
-
urgir un ordenamiento global de la economía para que esté
al servicio de todos en general, y de los pobres y marginados
en particular.
-
reducir las desigualdades que atentan contra la dignidad humana
y desvinculan al hombre de su trabajo y de sus frutos legítimos;
ya que pocos tienen mucho y muchos carecen de lo más fundamental
para subsistir.
-
superar las reducciones economistas y liberales de algunos sistemas
económicos, orientados al servicio de la acumulación
de capital, prescindiendo de la función social de éstos
y de la propiedad.
-
alterar y modificar el sistema de desequilibrios ofensivos que
padece fundamentalmente el trabajador de la industria y del campo.
-
reformar las estructuras económicas que ahogan la organización
civicopolítica del ciudadano, e imponen prioridades económicas,
sobre otras necesidades humanas.

IGLESIA
INCULTURADA
ILUMINACION
DOCTRINAL PASTORAL
207.
La cultura es todo aquello por lo que la persona humana "crece
en su ser, crece en humanidad". Es el modo como la persona
se relaciona con sus semejantes, con el mundo material y con Dios
(cf. Carta Pastoral CEM 355; Cap. II, 22).
208.
Jesucristo es la revelación y definición propia
del hombre, "quien revela el hombre al propio hombre"
(GS 22); es él mismo, la medida de toda cultura (SD 13
y 228; Cap. II, 23).
209.
La inculturación es la encarnación del Evangelio
en las diversas culturas, y, al mismo tiempo, es la inculturación
de esas culturas en la vida de la Iglesia (Cap. II, 29).
210.
El proceso de inculturación, que bien puede definirse como
el esfuerzo de la Iglesia para hacer penetrar el mensaje de Cristo
en un ambiente socio cultural determinado, llamándolo a
crecer según sus propios valores, y hacerlos compatibles
con el Evangelio, es una tarea que hemos venido llevando a cabo,
en los diferentes momentos particulares de nuestra historia diocesana
y que nos proponemos reforzar en el presente.
211.
La fe en Cristo, al mismo tiempo que trasciende la cultura, la
penetra asumiéndola, purificándola y transformándola.
La fe que se incultura y la cultura que resulta evangelizada son
dos dimensiones de una misma realidad: Cristo que a través
de la acción de sus miembros ofrece una espiritualidad
encarnada, que transforma el entorno y lo vuelve más humano
y abierto a la posibilidad de un encuentro con el Misterio de
Dios (cf. Carta Pastoral CEM 197-200).
212.
Este proceso de inculturación enfrenta grandes dificultades
para la evangelización. La expresión de esos retos
se manifiesta en "la ruptura entre el Evangelio y la cultura,
que sigue siendo, el drama de nuestro tiempo. Drama que ha provocado
una crisis cultural de proporciones insospechadas". ¡Hoy
es nuestro gran desafío! (Cap. II, 29).
213.
El mundo de la educación "es un campo privilegiado
para promover la inculturación del Evangelio. Sin embargo,
los centros educativos católicos y aquellos que, aún
no siendo confesionales, tienen una clara inspiración católica,
sólo podrán desarrollar una acción de verdadera
evangelización si en todos sus niveles, incluido el universitario,
se mantiene con nitidez su orientación católica"
(cf. IA 71; Cap. II, 70.72). Permanece inalterable que el lugar
propio de la educación está en la familia.
214.
La educación no es mera instrucción o capacitación;
es "un proceso de comunicación y asimilación
sistemática y crítica de la cultura, para la formación
integral de la persona humana" (Carta Pastoral CEM 356).
215.
La educación ocupa un lugar privilegiado en el proyecto
global de la evangelización. En esta Arquidiócesis
en la que muchos centros educativos son atendidos por miembros
de los Institutos religiosos y por numerosos laicos comprometidos,
se plantea seriamente la necesidad de que allí se cultiven
con asiduo cuidado las facultades intelectuales, creativas y estéticas
para desarrollar rectamente la capacidad de juicio, la voluntad
y la afectividad, promover el sentido de los valores, favorecer
las actitudes justas y los comportamientos adecuados, introducir
el patriotismo cultural conquistado por las generaciones anteriores,
preparar para la vida profesional y fomentar el trato amistoso
entre los alumnos de diversa índole y condición
induciéndolos a comprometerse mutuamente (cf. GE 5). Todo
esto sólo se puede lograr cuando se haga una referencia
constante a Jesucristo y a su mensaje (cf. IA 71).
216.
Que el plan de formación, de cada colegio católico,
inserte la iluminación de la fe para una educación
integral de los valores, y que se fomente el compromiso apostólico
de los estudiantes para que ellos mismos lleguen a ser evangelizadores.
217.
Los contenidos del proyecto educativo deben hacer referencia constante
a Jesucristo y a su mensaje, tal como lo presenta la Iglesia en
su enseñanza dogmática y moral. Sólo así
se podrán formar dirigentes auténticamente cristianos
en los diversos campos de la actividad humana y de la sociedad,
especialmente en la política, la economía, la ciencia,
el arte, y la reflexión filosófica (cf. IA 71.72;
RM 52-54).
218.
La inculturación no es una novedad para la Iglesia. El
Evangelio se reveló desde el principio como un poderoso
fermento de transformación de las culturas. Ya en el siglo
II la Carta a Diogneto hacía observaciones sobre el estilo
de vida de los cristianos, "Ciudadanos del Reino" pero
al mismo tiempo identificados en las costumbres de su país.
219.
"En el rostro mestizo de la Virgen del Tepeyac, se resume
el gran principio de la inculturación: la íntima
transformación de los auténticos valores culturales
mediante la integración en el cristianismo y el enraizamiento
del cristianismo en las varias culturas" (Carta Pastoral
CEM 18).
220.
En María se nos revela el estilo de creyentes forjados
por el Evangelio. Ella es cooperadora activa en la obra de la
redención, testificando que la fe no anula la creatividad;
en la cercanía amorosa y confiada a Cristo, María
fue hecha protagonista de la historia "hasta llegar a ser
la nueva Eva, junto al nuevo Adán" (cf. DP 293). Nos
hace así una elocuente invitación a confiar en Jesús
en quien alcanzarán su pleno desarrollo todas nuestras
capacidades de responsabilidad y creatividad, para convertirnos
así en activos constructores de la historia.
RETOS
PASTORALES
221.
Los desafíos pastorales son: a) Estar dispuestos a los
cambios y asumir la cultura del pueblo, requisito para todo agente
de pastoral (Cap. II, 23).
b)
Motivar a las escuelas católicas para que eduquen preferentemente
a los pobres y a los marginados en la sociedad (Cap. II, 70; IA
71).
c)
Los Agentes de Pastoral se impregnen de un profundo conocimiento
de la cultura y las raíces históricas de los destinatarios
conviviendo con ellos y apreciando sus valores y costumbres (Cap.
II, 23).
d)
Defender nuestra cultura de las influencias nocivas que vienen
del extranjero y de la cultura de la muerte.
e)
Formar críticamente en el uso e influencia que tienen los
medios de comunicación social como instrumento para inculturar
el Evangelio.
f)
Alentar a los empresarios para que respalden económicamente
proyectos pastorales acordes a los contextos culturales y así
pueda inculturarse el Evangelio, evangelizando en sus propias
empresas. Tratar de conseguir financiamiento para poder sostener
un canal televisivo de cultura cristiana o por lo menos algún
espacio dentro de los ya establecidos.
g)
Estimular Agentes de Pastoral que tengan apertura e inserción
en los ambientes hasta hoy descuidados (discapacitados, jóvenes,
obreros, militares, campesinos, indígenas, migrantes, ancianos,
servidores públicos y aquellos que retornan a la Iglesia
católica), testimoniando una presencia alegre y esperanzadora
(cf. Cap. II, 5).
h)
Promover la participación cívica mediante el cumplimiento
de las obligaciones y el ejercicio de los derechos, particularmente
el voto.
i)
Favorecer una actitud profética ante el deterioro ecológico
que estamos padeciendo, proyectando la creación de un departamento
de pastoral ambiental (cf. Cap. II, 32.58).
j)
Respetar e integrar los valores de la religiosidad popular para
que se dé armonía entre la fe y la vida (cf. Cap.
II, 27.28.85.86).
k)
Hacer un esfuerzo para que la liturgia conduzca a un encuentro
vivo con Jesucristo buscando formas de participación que
la inculturen.
l)
Contribuir para que la Iglesia conozca y se inserte en la cultura
del pueblo. Animando a los agentes que existen (movimientos católicos,
escuelas parroquiales, grupos comprometidos etc.) y aprovechando
la religiosidad popular en el fomento de nuestras tradiciones.
m)
Poner al alcance de todos la Palabra de Dios y una interpretación
viva y sencilla de los documentos eclesiales. Para esto se puede
echar mano de los medios de comunicación social y de publicaciones
pastorales propias (Cap. II, 43.44).
222.
Como Iglesia Potosina sentimos que el Espíritu nos pide
hoy ser una Iglesia fiel y creativa; intrépida y mística;
que como fruto del encuentro con Jesucristo sea capaz de construir
una Iglesia inculturada que, desde la vida de la sociedad y compartiendo
sus esperanzas e inquietudes, con gozo y entusiasmo, proponga
y testimonie en su diario vivir el mensaje del Evangelio. Una
Iglesia que ofrezca un sentido a la vida, acogiendo a todos y
solidarizándose con los más necesitados (cf. CELAM
2000, 146).
223.
OBJETIVO GENERAL DE LA ARQUIDIOCESIS DE SAN LUIS POTOSI
El
Objetivo General es la síntesis de toda la reflexión
del Plan Diocesano de Pastoral, es expresión del resultado
que se quiere lograr, es el futuro deseable y posible, es el ideal
eclesial concreto que se quiere conseguir, es la utopía,
creadora y estimulante, que se propone la Arquidiócesis.
Diseña los rasgos del rostro de la Iglesia particular y
responde a la pregunta: ¿hacia dónde vamos?
PROMOVER,
EN LA IGLESIA PARTICULAR DE SAN LUIS POTOSI, UN ENCUENTRO PERSONAL
Y COMUNITARIO CON CRISTO VIVO, PARA QUE, INTERPRETANDO CON FIDELIDAD
LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS, CAMINEMOS EN EL TERCER MILENIO, MOSTRANDO
UN NUEVO ROSTRO DE IGLESIA, COMPROMETIDA EN UN RENOVADO SERVICIO
EVANGELIZADOR A TODOS, CON AMOR PREFERENCIAL A LOS POBRES Y ALEJADOS.
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