CAPITULO IV:
CAMINA EN EL TERCER MILENIO COMO:
IGLESIA CONVERTIDA, COMUNITARIA, MINISTERIAL, MISIONERA, SOLIDARIA E INCULTURADA
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ENTRE EL AYER Y HOY DE NUESTRA VIDA DIOCESANA.

139. En el pasado reciente, nuestra Iglesia Potosina dibujó el proyecto de historia salvífica que nos proponíamos realizar bajo el lema: "La Iglesia que queremos ser" (cf. PDP 88-92). "Hoy, valoramos, con inmensa gratitud lo -antiguo- que está en la memoria de esta Arquidiócesis, y nos abrimos a lo -nuevo-, a lo que el Señor quiere pedirnos en el umbral del tercer milenio" (Disc. de Apertura de la XIII Asamblea Diocesana, Sr. Arz. Luis Morales R.). "En la historia de la Iglesia, lo -viejo- y lo -nuevo- están siempre profundamente relacionados entre sí. Lo -nuevo- brota de lo -viejo- y lo -viejo- encuentra en lo -nuevo- una expresión más plena" (TMA 18).

140. Hoy nos estamos asomando a las "luces y sombras" de una evangelización que tiene unos límites bien definidos entre el ya remoto ocaso del siglo XVI cuando la Iglesia contribuyó a la "formación del mensaje y a la cultura potosina" y el amanecer del tercer milenio donde se está generando una nueva cultura. (cf. SD 252-254; CELAM 2000, 62.63).

141. No podríamos entender el actual momento que vivimos, sin el evento eclesial más importante del siglo XX: el Concilio Vaticano II, "que constituye un acontecimiento providencial, gracias al cual la Iglesia ha iniciado la preparación próxima del Jubileo del segundo milenio (...). Un concilio centrado en el misterio de Cristo y de su Iglesia, y al mismo tiempo abierto al mundo" (TMA 18).

142. Medellín y Puebla iluminaron ricamente nuestro anterior PDP; ahora desde la óptica Cristocéntrica de IA se nos presenta como don y tarea delinear el rostro de nuestra Iglesia local.

143. Dios entró en el tiempo dándonos a Jesucristo su Hijo y a través de El nos dio gracia y salvación (cf. Jn 1,17b).

En nuestra Iglesia Potosina ha llegado el momento de reconocer el signo de los tiempos; para este fin nos parece bien asumir en esta Iglesia de San Luis Potosí lo que el Espíritu dice: ¡Iglesia Potosina Conviértete! ¡Sé comunitaria! ¡Sé servidora! ¡Sé misionera! ¡Sé solidaria! ¡Incultúrate!

Estos rasgos son indicadores de un encuentro con Cristo vivo y marcan el rostro de nuestra Iglesia que escucha a Jesucristo, lo vive, lo celebra y lo anuncia.

IGLESIA CONVERTIDA

ILUMINACIÓN DOCTRINAL PASTORAL

144. La conversión es un don de Dios. Es fruto de un encuentro con la persona de Jesucristo vivo (cf. Mc 1,15). Es dejarse guiar por el Espíritu Santo. Es Dios que nos invita a volver nuestro corazón a El. Significa cambio de mentalidad y vida que se manifiesta en una fe con proyección social. Es un proceso diario de entrega al seguimiento de Cristo que nos capacita para vivir en libertad (cf. Gal 5,1). Es prolongar el amor de Cristo en la historia principalmente a los pobres, enfermos e indigentes (cf. IA 30; Lc 14,13.21). María es animadora de esta conversión (cf. Jn 2, 1-12).

145. "La conversión es un don que implica necesariamente un proceso personal de reencuentro y reconciliación con Dios, de reincorporación a la comunidad y de compromiso social, que lleva a la búsqueda del perdón a través del arrepentimiento sincero, el propósito de enmienda, el rechazo del mal y del desorden y orienta al rescate de los valores perdidos" (Carta Pastoral CEM 120). Entre ellos: - Respeto a la vida - Conciencia política y social - La pérdida de nuestras tradiciones - El cuidado del medio ambiente, etc.

146. La conversión personal tiene dimensiones eclesiales que interpelan a todos los miembros de la Iglesia a una creciente "identificación con el estilo personal de Jesucristo, que nos lleva a la sencillez, a la pobreza, a la cercanía, a la carencia de ventajas, para que, como El, sin colocar nuestra confianza en los medios humanos, saquemos, de la fuerza del Espíritu, y de la Palabra, toda la eficacia del Evangelio, permaneciendo primariamente abiertos a aquellos que están sumamente lejanos y excluidos" (Carta Pastoral CEM 123).

147. La conversión es real, cuando la acción evangelizadora alcanza y transforma con la fuerza del Evangelio:

- los criterios de juicio, - los valores determinantes, - los centros de interés, - las líneas de pensamiento, - las fuentes de inspiración, - los modelos de la humanidad - las estructuras sociales. (cf. EN 29.39)

148. Los objetivos básicos de la evangelización son dos: la conversión y la liberación. La conversión se refiere a la respuesta que debe suscitar la acción evangelizadora en la persona. La Liberación expresa la transformación que esta respuesta ha operado en su vida. La liberación cristiana es la misma liberación humana llevada a su plenitud por el don gratuito de Dios que se acoge por la fe.

149. Sin personas convertidas, la Iglesia tiene el peligro de perder su capacidad de ser signo de la salvación de Dios en el mundo.

RETOS PASTORALES

150. Los desafíos pastorales son: a) Estar en contacto permanente con la Palabra de Dios a través de la lectura orante (lectio divina). Formar animadores que la impulsen en la vivencia comunitaria, siempre en el espíritu de la tradición de la Iglesia. Es urgente en nuestra Iglesia Potosina una predicación efectiva, es decir, una predicación que permita a la gente ponerse en contacto con la Palabra de Dios como Buena Nueva para sus vidas; de tal manera que las Escrituras y su interpretación se vuelvan vivas y profundamente eficaces, porque a su luz podemos interpretar nuestra situación y abrir nuevos caminos de esperanza, pues debe ser la predicación fruto de: estudio, meditación, reflexión oración, etc. (cf. Cristología 135; Cap. II, 82).

b) Esforzarse en la conversión comunitaria a través de la vivencia de la caridad, la oración y la renovación permanente de grupos y movimientos en la Parroquia y en la Diócesis.

c) Que por amor a Cristo, Obispos, Sacerdotes y Agentes Laicos se desprendan de sus bienes, se esfuercen por insertarse en el medio en donde se encuentran para impulsar su transformación; inviertan todos los recursos necesarios para la evangelización, vivan la corrección fraterna y el diálogo; y hagan de la Parroquia un espacio de encuentro.

d) Vivir el amor preferencial por el pobre y compartir experiencias que sobre ésto se tenga.

e) En la política tomar en cuenta los valores cristianos: - concientizar a los cristianos para que actúen en la política como parte de su compromiso bautismal. - llenar el quehacer político de los valores del Evangelio (honradez, justicia, coherencia, etc. cf. Cap. II, 20). - Que no se automarginen los sacerdotes y religiosas (os) del ámbito político no partidista; ya que aún con su estado de vida, no dejan de ser ciudadanos (cf. Carta Pastoral CEM 71.361).

f) Ser signo de la misericordia del Padre en el ejercicio del ministerio sacerdotal.

g) Revisar las relaciones humanas en la familia, los ambientes sociales, las instituciones civiles y los grupos de Iglesia, donde exista injusticia.

h) Promover la actitud fraterna entre todos los miembros del pueblo de Dios.

i) Asimilar y proyectar, en acciones pastorales concretas, el Análisis de la realidad social y eclesial presentado en este plan de pastoral.

IGLESIA COMUNITARIA

ILUMINACIÓN DOCTRINAL PASTORAL

151. "Ante un mundo roto y deseoso de unidad es necesario proclamar con gozo y fe firme que Dios es comunión, Padre, Hijo y Espíritu Santo, unidad en la distinción, el cual llama a todos los hombres a que participen de la misma comunión trinitaria. Es necesario proclamar que esta comunión es el proyecto magnífico de Dios (Padre); que Jesucristo, que se ha hecho hombre, es el punto central de la misma comunión, y que el Espíritu Santo trabaja constantemente para crear la comunión y restaurarla cuando se hubiera roto. Es necesario proclamar que la Iglesia es signo e instrumento de la comunión querida por Dios iniciada en el tiempo y dirigida a su perfección en la plenitud del Reino" (IA 33).

Para hacer vida lo que fluye de esta relación trinitaria se requiere contemplar este misterio tanto en la oración como en la acción pastoral.

152. "Toda la riqueza de este misterio de la Iglesia una, santa, católica y apostólica -expresión de la comunión trinitaria en la historia-, se hace presente en la Iglesia Particular o Diócesis; por tanto, el misterio de la comunión se vive en la iglesia Particular. El que, como católicos, comprendamos y vivamos cada vez más el misterio de la Iglesia universal, en y a través de la comunión y participación con la Iglesia particular, deberá ser una labor prioritaria de los agentes de pastoral" (Carta Pastoral CEM 133).

153. La Iglesia es la comunidad de los bautizados, pues el efecto fundamental del bautismo es incorporar al hombre a la comunidad de la Iglesia (cf. 1Cor 12,13; Gal 3,27).

154. La Iglesia es la comunidad de los que libre y concientemente reproducen en su vida lo que fue la vida de Jesús el Mesías; la comunidad de los hombres y las mujeres a quienes guía y lleva el Espíritu, y que han asumido como destino en la vida sufrir y morir por los demás, es decir, la Iglesia es la comunidad de los que viven para los demás; es, así mismo, la comunidad de los que se han revestido de Cristo (cf. Gal 3, 27 ).

155. Todo sacramento debe ser comprendido desde la sacramentalidad de la Iglesia. Si la Iglesia es esencialmente unidad, una comunidad de creyentes, todo sacramento tiene una dimensión comunitaria y su celebración ha de significar una experiencia comunitaria, aunque no necesariamente deba haber numerosas personas, siempre será la Eucaristía un "sacrificio público" (cf. SC 7). La unidad y comunión de la Iglesia, Pueblo de Dios, la realiza el Espíritu Santo (cf. CCE 1097).

156. La familia es imagen de Dios que "en su misterio más íntimo no es una soledad, sino una familia. Es una alianza de personas a las que se llega por vocación amorosa del Padre que invita a los esposos a una íntima comunidad de vida y de amor (GS 48), cuyo modelo es el amor de Cristo a su Iglesia. La pareja santificada por el sacramento del matrimonio es un testimonio de presencia pascual del Señor" (DP 582-583).

157. El matrimonio y la familia son como una Iglesia en pequeño, Iglesia doméstica (cf. LG 11). Se cuentan entre los bienes más valiosos de la humanidad. Son la célula fundamental de la comunidad humana, "el bienestar de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligado a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar" (GS 47).

158. Los cónyuges poseen dentro de la comunidad cristiana un carisma que les es propio, una vocación y una misión singular: ser testigos en el mundo del amor de Dios y transmitir y educar a sus hijos en la fe (cf. LG 11; FC 19).

159. Los religiosos, que por el bautismo habían sido ya consagrados a Dios, se consagran más estrechamente al servicio divino comprometiéndose a seguir más de cerca a Jesucristo. Su vida consagrada ayuda a recordar a los demás cristianos, que viven su vocación en el mundo y en el ejercicio de las tareas temporales, su último destino, Jesucristo: pobre, obediente y casto.

160. "La Parroquia, a pesar de todas las dificultades que presenta la vida moderna, es un lugar privilegiado en que los fieles pueden tener una experiencia concreta de la Iglesia" (Carta Pastoral CEM 175; cf. IA 41).

161. "Es preciso comprender la Parroquia como la expresión concreta de la comunión que viven las personas que creen y esperan en Cristo, y el templo debe conservar su valor central y simbólico de casa común de la Asamblea cristiana; pero es necesario redescubrir su sentido misionero a nivel intraeclesial, como una de las mayores exigencias pastorales de la Iglesia en México, propiciando espacios y lugares accesibles de oración, meditación de la Palabra, encuentro y servicio fraterno. Sin esta red solidaria se seguirá acrecentando entre los fieles el vacío que suelen llenar grupos religiosos proselitistas" (Carta Pastoral CEM 172; cf. SD 58; DP 644).

162. Todo esto implica revisar las Parroquias de nuestra Diócesis para que sean espacios y lugares:

- de apertura a todos. - de anuncio y denuncia evangélica. - de celebración sacramental de todo el don de la vida y de la historia. - de testimonio de fraternidad cristiana, - promotores de la diversidad de carismas, servicios y ministerios. - de escucha y discernimiento. - integrados al Plan Diocesano de Pastoral y a toda realidad de la vida eclesial.

El plan pastoral Parroquial debe reflejar, al mismo tiempo, la concretización del plan Diocesano y la respuesta a las exigencias propias de la comunidad (cf. Carta Pastoral CEM 176.177).

RETOS PASTORALES

163. Los desafíos pastorales son: a) Mantener el interés por el Plan Diocesano, para que sea de conjunto, orgánico, participativo y que llegue a todos los miembros de la Iglesia (cf. Cap. II, 76.77).

b) Que los Decanatos alienten el espíritu de creatividad pastoral, integren a todos los sectores de la Iglesia e impulsen el trabajo en equipo para una mejor realización del Plan Pastoral (cf. Cap. II, 79). Por ejemplo: fomentar a través de ellos la ayuda mutua entre las parroquias y proporcionarse entre sí los servicios pastorales, sacramentales y económicos.

c) Valorar los sacramentos de iniciación (Bautismo, Confirmación y Primera Comunión) y educar con una catequesis adecuada para que sean acontecimientos que inserten en la comunidad eclesial; revisar la pastoral de estos sacramentos con criterios comunes a toda la Diócesis. Impulsar el catecumenado de adultos.

d) Crear equipos de animación con espíritu de servicio y acompañamiento (cf. Cap. II, 91).

e) Que las Parroquias apoyen espiritual y económicamente a sus Agentes de pastoral (catequistas, ministros de la Eucaristía, pastoral de enfermos, etc. ).

f) Atender y comprometer a los movimientos y grupos apostólicos que existan en una Parroquia en sus trabajos pastorales (cf. Cap. II, 79).

g) Que en los criterios pastorales para el cambio de los sacerdotes, se tomen en cuenta: la continuidad del Plan de Trabajo Pastoral y las características donde se desarrolle su ministerio (cf. Cap. II, 79).

h) Es urgente seguir profundizando en el don de la familia como primera comunidad humana y cristiana (cf. Carta Pastoral CEM 178; Cap. II, 45-51). Interesar y capacitar agentes de la Arquidiócesis en los problemas de familias en situaciones difíciles e irregulares (cf. FC 85ss).

i) Dar prioridad a una pastoral de la vida comunitaria fortaleciendo las comunidades eclesiales de base, las comunidades de vida consagrada, el Seminario, los movimientos apostólicos y las Parroquias como "comunidad de comunidades" que favorezcan verdaderas relaciones humanas (cf. Carta Pastoral CEM 179; Cap. II, 17).

j) Promover que los consejos pastorales: parroquiales y diocesanos, sean lugares de encuentro, de comunión y de participación plural y efectiva, donde la voz de la Jerarquía no sea impositiva (cf. Cap. II, 80).

k) Aprovechar todos los medios con que cuenta la Diócesis incluyendo los económicos, para impulsar la acción Evangelizadora de la Iglesia Comunión.

l) Fomentar y formar una mentalidad ecuménica que sepa discernir el fenómeno de las sectas y nuevos movimientos religiosos (cf. Cap. II, 84) y dé razón de su esperanza (cf. 1 Pe 3,15).

m) Revisar los métodos pastorales empleados, de modo que nuestra Iglesia particular ofrezca a los fieles una atención religiosa más personalizada, y aprovechar las posibilidades evangelizadoras que ofrece una religiosidad popular purificada, a fin de hacer más viva la fe en Jesucristo de todos los católicos (cf. Cap. II, 85.86).

n) Que se busquen caminos de relación pastoral entre la Diócesis, las parroquias y centros educativos (cf. Cap. II, 72.74).

o) Es necesario que el seminario forme con una propuesta cristiana integral y una sólida preparación intelectual, afectiva y comunitaria (cf. Carta Pastoral CEM 114; Cap. II, 95-97).

p) Urge que la organización básica indispensable en toda comunidad Parroquial sea su Consejo Pastoral donde estén representados todos sus agentes y sectores.

q) Que la Iglesia sea para los adolescentes y jóvenes un lugar de formación, espiritualidad y expresión cristiana mediante grupos de apoyo, que los ayuden a solucionar los problemas propios de su edad.

IGLESIA MINISTERIAL

ILUMINACION DOCTRINAL PASTORAL

164. "El Hijo del Hombre no vino para que lo sirvieran, sino para servir y dar su vida como rescate de una muchedumbre" (cf. Mc 10,45).

165. Quien guía a la Iglesia es el Espíritu Santo que a todos nos concede dones; los dones en las personas se vuelven ministerios para servir a la comunidad (cf. GS 11). "Uno mismo es el Espíritu que distribuye sus diversos dones para el bien de la Iglesia según sus riquezas y la diversidad de los ministerios" (cf. 1Cor 12,1-11).

166. "Elemento esencial de la Iglesia como comunión y como sacramento es su dimensión jerárquica. En la Iglesia existen diversos ministerios con unidad de misión. A los apóstoles y a sus sucesores Cristo les confirió la función de enseñar, santificar y gobernar en su propio nombre y con su autoridad" (Carta Pastoral CEM 129).

167. El ministerio apostólico es signo y servidor de la relación entre Cristo y la Iglesia, situándose frente al Pueblo de Dios, sin dejar de formar parte de él; lo que quiere decir que los ministros ordenados hacen presente a Cristo cabeza en el seno de la comunidad, manifestando así la dependencia que esta tiene respecto a su Señor, con el fin de que todos sus miembros lleguen a realizar su vocación bautismal (cf. LG 18; CCE 1548-1549).

168. La condición eclesial de los laicos se encuentra radicalmente definida por su novedad cristiana y caracterizada por su índole secular (cf. ChF 17.42; AG 21; Carta Pastoral CEM 270).

169. Algunos laicos están llamados a ejercer su vocación intraeclesial, (cf. IA 44), contribuyendo a construir la comunidad de la Iglesia desempeñando los ministerios que la comunidad requiera y siempre enviados por el Obispo). "Los fieles laicos cumplen su vocación cristiana principalmente en las tareas seculares. Su colaboración en el ámbito intraeclesial, si bien es relevante, no debe suprimir aquello que constituye su misión propia y específica dentro de la sociedad y de la Iglesia" (Carta Pastoral CEM 270; Cap. II, 94).

170. Hay que evitar sin embargo, una posible confusión de los ministros no ordenados con las actividades propias del sacramento del Orden, a fin de distinguir bien el sacerdocio común de los fieles del sacerdocio ministerial (cf. IA 44; CELAM 2000, 120).

171. La fe no puede darse por supuesta, es la base de la misión eclesial, debe explicitarse. Este es el objetivo principal de la catequesis; ésta es una dimensión esencial de la nueva Evangelización (cf. IA 69). Llevar a la persona a vivir a Cristo, tener conciencia cristiana, celebrar la liturgia y practicar la caridad.

172. "La catequesis es un proceso de formación en la fe, la esperanza y la caridad que informa la mente y toca el corazón, llevando a la persona a abrazar a Cristo de modo pleno y completo. Introduce más plenamente al creyente en la experiencia de la vida cristiana que incluye la celebración del misterio de la redención y el servicio cristiano a los otros" (IA 69).

173. Se requiere una catequesis más kerigmática y más orgánica en la presentación de los contenidos de la fe (cf. IA 69), pues por la catequesis la iglesia edifica a la Iglesia, siendo un proceso permanente que abarca todas la edades y situaciones de la persona (cf. PDP 254), pero de una manera privilegiada en la infancia y en el seno familiar donde la influencia, principalmente por el testimonio de vida, de los padres, se asientan sólidamente los valores y principios que regirán toda la vida (cf. CIC 774 § 2) y que nutridos por el encuentro con Cristo van a redundar en la promoción del bien común en una sociedad justa.

174. La generosidad y disponibilidad de los catequistas será siempre alentada y apoyada por una adecuada formación.

175. Los cambios profundos no se dan con personas sin formación. Formar personas y su capacidad para dar lo mejor de sí mismas, desarrollando al máximo sus talentos, sus carismas, sus cualidades, es tarea pastoral de nuestra Iglesia de San Luis Potosí (cf. CELAM 2000, 115, 116 y 117; Cap. II, 93).

176. Reconocer las legítimas aspiraciones de las mujeres a participar en la vida eclesial, cultural, social, política y económica. Sin estas aportaciones se perderían algunas riquezas que sólo "el genio femenino" puede aportar a la vida de la Iglesia y de la sociedad (cf. IA 45; CELAM 2000, 122; Cap. II, 52.53.54).

177. Valorar el ser y la misión de la mujer consagrada en la Iglesia y reconocer lo que ellas han aportado a la Evangelización de México (cf. IA 43; Cap. II, 89).

178. En María de Nazaret y en el trato que Jesucristo da a la mujer se revalúa la dignidad de toda mujer (cf. Gal 4,4).

RETOS PASTORALES

179. Los desafíos pastorales son: a) Impulsar la educación integral de la persona en su ser y su capacidad de servir (cf. Cap. II, 14).

b) Que las estructuras Diocesanas, Curia (Obispo, Vicarios, Cancillería) y Secretarías Pastorales den respuesta con visión pastoral y cercanía evangélica al proceso del Plan Diocesano (cf. Cap. II, 75).

c) Lograr que el Consejo Presbiteral, el Consejo Pastoral, el Consejo de Laicos y el Consejo Parroquial sean un verdadero instrumento de comunión.

d) La Pastoral Diocesana requiere un Vicario de Pastoral que sea una persona que conozca la realidad, que sea pastor, que anime dentro de los decanatos, las parroquias, demás instituciones pastorales y que se forme junto con él un equipo que impulse y facilite la pastoral diocesana (cf. Cap. II, 76).

e) Brindar una formación permanente a los Ministros Ordenados y Agentes no ordenados. Es preciso la actualización permanente del Presbítero en su acción pastoral a través de estas cuatro mediaciones: la Palabra, la Comunión o Koinonía, el Servicio o Diaconía y la Liturgia.

- Es necesario "procurar una formación integral desde el seminario que disponga para la formación permanente del sacerdote" (SD 84).

f) Ejercer los ministerios como servicio y no como "cargo" o "título".

g) Revisar el ministerio del diaconado permanente: sus programas de formación, su función y su campo de trabajo.

h) Promover más a fondo en toda la Diócesis la ministerialidad laical, a partir de las necesidades que se presenten e impulsar la corresponsabilidad en todos los miembros de la Iglesia.

i) Tomar en cuenta la diversidad de dones y carismas de los laicos para los diversos ministerios e invitar a Ordenes y Congregaciones Religiosas a los mismos.

j) Valorar la catequesis como ministerio y fortalecer los programas específicos de formación.

k) Orientar recursos materiales hacia donde exista mayor necesidad de evangelización, capacitar a los agentes de pastoral para que realicen sus tareas apostólicas con seguridad, eficacia y calidad. Se requiere crear centros cualificados de formación pastoral.

l) Para un adecuado discernimiento pastoral es preciso que se tengan evaluaciones periódicas en los diversos niveles de la acción pastoral (cf. Cap. II, 76).

m) Promover el ministerio del acompañamiento en la fe, a través de visitas familiares, especialmente ante el desafío de las sectas y para la búsqueda de los alejados (cf. Cap. II, 84).

n) Crear espacios de presencia de la mujer en orden a promover y defender su dignidad (cf. Cap. II, 53.57).

o) Purificar el rol que se ha dado a la mujer en la Iglesia para que sea Agente de decisión en la pastoral y en la vida sociocultural (cf. Cap. II, 55.57).

p) Orar por las distintas vocaciones y promover una Pastoral vocacional en la que cada bautizado descubra su misión en la Iglesia. Hacer conscientes a los padres de familia sobre el valor de la vocación sacerdotal y religiosa (cf. Cap. II, 73).

q) Buscar que en la pastoral de la Parroquia encuentren su lugar los discapacitados (Síndrome Down, autismo, etc,).

r) Que la acción pastoral de las Ordenes, Congregaciones Religiosas y Servidores de vida apostólica se inserte en la acción pastoral de la Diócesis y que ésta los integre, reconozca y valore respetando sus carismas y estilos.

 

IGLESIA MISIONERA

ILUMINACIÓN DOCTRINAL PASTORAL

180. La Iglesia de todos los tiempos ha tenido como misión primordial llevar a todos los hombres y mujeres al encuentro vital con Jesucristo. La Iglesia vive de la presencia permanente y misteriosa de su Señor Resucitado y tiene como centro de su misión "llevar a todos los hombres al encuentro con Jesucristo". La presencia del resucitado en la Iglesia hace posible nuestro encuentro con El, gracias a la acción invisible de su Espíritu vivificante. Este encuentro se realiza en la fe recibida y vivida en la Iglesia cuerpo místico de Cristo (cf. IA 68). Esta es la misión que, como Iglesia Potosina, queremos renovar al comienzo de un nuevo milenio en la fe, como uno de los principales frutos del gran Jubileo de la Encarnación del Señor. Con renovado ardor queremos anunciar que ¡Cristo está vivo! (cf. CELAM 2000, 142).

181. La razón de la permanencia de la Iglesia en el mundo es continuar la misión de Cristo en todos los pueblos. No tiene otra razón de ser, para eso vive toda ella, existe sólo para eso: "ANUNCIAR EL REINO DE DIOS e instaurarlo en todos los pueblos y construir en toda la tierra el germen del Reino" (cf. EN 22).

182. Quien ha conocido la alegría del encuentro con Cristo no puede mantenerla encerrada dentro de sí, sino que debe irradiarla (Juan Pablo II, Domund 2000).

183. La Evangelización se hace más urgente respecto a aquellos que, viviendo en esta porción de nuestro estado de San Luis Potosí, aún no conocen la persona de Jesús. Lamentablemente "su nombre", "su enseñanza", "su vida" y "su Reino" son desconocidos en gran parte de la humanidad y en muchos ambientes de nuestro continente (cf. EN 22; SD 33; CELAM 2000, 143). Ello obliga a la Iglesia universal; y en particular a la Iglesia en San Luis Potosí, a permanecer abierta a la misión "ad gentes". Nuestro Plan Pastoral no puede limitarse a vitalizar la fe de los creyentes rutinarios sino que ha de buscar también anunciar a Cristo en los ambientes donde es desconocido (cf. IA 74).

184. "La misión prolonga el encuentro, autentifica la conversión, incrementa la comunión y hace efectiva la solidaridad con todos los hombres" (Carta Pastoral CEM 183).

185. La urgencia de la misión "ad gentes", "atañe a todos los cristianos, a todas las diócesis y parroquias, a las instituciones y asociaciones eclesiales" (Juan Pablo II, Domund 2000).

186. Como miembros de esta Iglesia Diocesana, estamos ligados a la responsabilidad misionera de nuestro Obispo, quien tiene "la solicitud de todas las Iglesias en comunión y bajo la autoridad del Sumo Pontífice" (cf. ChD 5-6).

187. "El don de la fe es compromiso evangelizador y misionero, porque la fe se fortalece dándola" (Carta Pastoral CEM 186). "A la luz del Concilio Ecuménico Vaticano II, la dimensión misionera de la Iglesia se ha unido estrechamente a la del diálogo evangelizador. Superada una visión de la evangelización como mero adoctrinamiento, el diálogo se convierte en el medio más adecuado para hacer presente el Evangelio con actitudes, palabras y signos de encuentro" (Carta Pastoral CEM 187).

188. La comunicación de la Buena Noticia se realiza no solo mediante explicaciones y conocimientos teóricos, sino especialmente por el testimonio de vida transformada por Cristo. El testimonio cristiano es el medio fundamental para proclamar el Evangelio. Sin él, puede haber "propaganda religiosa", pero no verdadera evangelización.

189. En la situación que viven nuestros pueblos, los frutos del Espíritu, que constituyen el núcleo de nuestro testimonio, implica que tanto la Jerarquía como el laicado y los religiosos y religiosas vivamos en una continua autocrítica, a la luz del Evangelio, a nivel personal, grupal y comunitario para despojarnos de toda actitud que no sea evangélica y que desfigure el rostro de Cristo (cf. DP 72; EN 15).

190. La Iglesia ve en la juventud un signo de sí misma (cf. Medellín Documento Juventud 12) y confía en que tendrá fuerza para no ceder a las seducciones de las filosofías del egoísmo y del placer (Vaticano II Mensaje a los jóvenes 2-5) y que no se dejará manipular por la civilización del consumo, de los instintos, de las drogas, del sexualismo (cf. DP 117). Ante ésto nuestra Iglesia se propone dar una formación integral en la que se desarrolle una sexualidad bien orientada.

RETOS PASTORALES

191. Los desafíos pastorales son: a) Que todos los bautizados mujeres y hombres, a semejanza de Jesucristo el enviado del Padre, anunciemos y hagamos presente el Reino de Dios en medio de la humanidad.

b) Salir en busca de los grupos humanos más alejados y necesitados, para sembrar la semilla de la Buena Nueva, Palabra de vida, no solo en el sentido religioso cultual sino promoviendo un verdadero encuentro con Cristo vivo, que dé sentido a la vida de cada hombre y mujer e impregne de tal forma sus ambientes que los jóvenes y las familias sean destinatarios y agentes de la misión (cf. Cap. II, 1-7. 25.84).

c) "La formación de todo el personal misionero, es una prioridad pastoral; representa, por decirlo así, una 'inversión en personas', ya que sólo evangelizadores y formadores a la altura de su cometido pueden contribuir de modo eficaz a edificar la Iglesia" (Juan Pablo II Domund 2000).

d) Fortalecer, espiritual y pastoralmente, la vocación de misioneros laicos que den verdadero acompañamiento, en nuestros barrios y rancherías, a personas y comunidades alejadas, según las etapas de la vida (cf. Cap. II, 84).

e) Crear un Instituto Misionero Diocesano donde se formen misioneros que vayan a las comunidades "no como quienes saben" sino como hermanos que conozcan las costumbres y tradiciones de los pueblos a donde son enviados, conozcan sus raíces y dialoguen con las personas (Cap. II, 93). Sería de desear que cada parroquia esté representada en este Instituto.

f) Impulsar la evangelización tanto en el campo como en la ciudad; y contar con un equipo misionero para apoyar la propia Diócesis (cf. Cap. II, 93).

g) Debemos valorar el papel de las monjas de las Ordenes de vida contemplativa, ya que su carisma es un apoyo vital en la acción misionera de la Iglesia Potosina.

h) Promover la responsabilidad misionera de la Parroquia como lugar privilegiado donde los fieles pueden tener una experiencia concreta de Iglesia (cf. IA 41; DP 653; Cap. II, 94).

i) A ejemplo de los primeros evangelizadores (como Tata Vasco): los misioneros se esfuercen en vivir el amor preferencial por los pobres y se capaciten para promoverlos de una manera integral, incluso enseñándoles diferentes talleres y artesanías para una vida más llevadera (cf. Cap. II, 83).

j) Crear un fondo económico que sustente o ayude a los misioneros, sobre todo a los enviados a otros pueblos y a los misioneros laicos de tiempo completo y se busque su salud física procurándoles un seguro médico.

k) Que el Plan Pastoral llegue especialmente a los jóvenes que van a recoger la antorcha de manos de sus mayores y a vivir en la sociedad de mañana, para que construyan con entusiasmo el Reino de Dios en nuestra Iglesia (cf. Cap. II, 73).

l) Proveer a los misioneros locales de tiempo completo con formación y recursos materiales necesarios para su tarea evangelizadora.

m) Revisar qué elementos son necesarios para propiciar una recta distribución de agentes y medios de apostolado.

n) Fomentar una conciencia misionera en los movimientos y grupos de espiritualidad ya existentes en nuestra Iglesia Diocesana (cf. Cap. II, 92).

o) Ante la necesidad de llegar a los ambientes intelectuales y de responsabilidad pública, sentimos la urgencia de detectar y preparar agentes idóneos para estos sectores de la sociedad.

p) Buscar nuevos métodos para el uso de los medios de difusión masiva (cf. Cap. II, 34-44).

q) Promover la alfabetización de adultos, hombres y mujeres; ya que, la evangelización debe ser integral (Juan Pablo II, mensaje Cuaresmal).

 

IGLESIA SOLIDARIA

ILUMINACIÓN DOCTRINAL PASTORAL

192. "En verdad les digo que cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron" (Mt 25,40.45; cf. GS 43). "La conciencia de la comunión con Jesucristo y con los hermanos que es, a su vez, fruto de la conversión, lleva a servir al prójimo en todas sus necesidades, tanto materiales como espirituales, para que en cada hombre resplandezca el rostro de Cristo" (IA 52).

193. Es el encuentro vital con Jesucristo quien nos introduce en el misterio de su propia solidaridad con la humanidad, ya que al encarnarse el Hijo de Dios, "siendo rico se hizo pobre, para enriquecernos con su pobreza" (cf. 2 Cor 8,9). Esta Iglesia solidaria funda su actividad en la condescendencia que ha tenido el Padre con nosotros al enviarnos a su propio Hijo para que tengamos vida, y vida en abundancia (cf. Jn 10,10). Su mejor expresión se encuentra en la parábola del Buen Samaritano que responde magistralmente a la pregunta sobre el prójimo. ¡Es el mismo Dios quien se ha hecho prójimo de la humanidad para que todos nosotros descubramos el camino de la compasión! "Si así nos ha amado Dios... ¡Anda y haz tú otro tanto!" (cf. 1 Jn 4,10; Lc 10,25-37; CELAM 2000, 115). El mismo Cristo, Hijo de Dios, Buen Samaritano, se hace solidario al cargar sobre sí las miserias humanas en la cruz.

194. "Ecclesia in America afirma que toda la Iglesia está llamada a promover, a partir del Evangelio, la construcción de una 'cultura globalizada de la solidaridad' que haga presente, con el pensamiento y el testimonio de la vida, el amor de Cristo" (Carta Pastoral CEM 209).

195. Es tiempo de profundizar en la virtud de la caridad como el principio dinamizador de todo el ser y quehacer de la Iglesia. Es precisamente la virtud de la caridad, lo que hace que la comunidad eclesial comparta sus bienes y busque que nadie pase necesidad (cf. Hch 2,42ss; 4,32ss; Carta Pastoral CEM 215).

196. La Iglesia aspira a colaborar en la gestación de una sociedad que en todo sea favorable al hombre y a la mujer. Por eso se interesa por su vida integral, que incluye la salud, la educación, la paz, su derecho a dar culto a Dios con plena libertad. Se interesa por los derechos humanos, la defensa de la vida, la promoción de la mujer, etc. (cf. SD 164.165); y asimismo por la asistencia hacia los marginados que muestran diversos "rostros de Cristo" (cf. DP 31-39; SD 178-179; Cap. II, 2-6).

197. Debemos recordar siempre que el fundamento sobre el que se basan todos los derechos humanos es la dignidad de la persona. En efecto, la mayor obra divina, el hombre y la mujer, son imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1.26; IA 57; Cap. II, 51).

198. El Evangelio nos muestra cómo Jesucristo subrayó la centralidad de la persona humana en el orden natural (cf. Lc 12, 22-29), en el orden social y en el orden religioso, incluso respecto a la Ley (cf. Mc 2,27). De la dignidad del hombre nacen los derechos humanos y las obligaciones. Por esta razón todo atropello a la dignidad del hombre es atropello al mismo Dios de quien es imagen (cf. SD 164-165; IA 57).

199. Queremos en San Luis Potosí una Iglesia movida por el amor y la misericordia, que a ejemplo de Jesucristo, no considere ajenos los gozos y menos aún las tristezas de la gente de este tiempo. Su prioridad en el amor se dirige hacia los pobres y excluidos, en particular a desplazados y migrantes, buscando nuevas formas de presencia en el mundo del dolor que incluye a los enfermos y ancianos, a los discapacitados, a los hermanos afectados por el SIDA, y a todos y a cada uno de los que padecen cualquier forma de desvalidez (Cap. II, 2-6).

200. La solidaridad, pues, no es un elemento extraño o añadido a la dinámica de la vida cristiana. "Para el cristiano, la solidaridad es el ejercicio de la caridad que lo santifica, lo dignifica y lo hace participar activamente en la construcción de la comunidad" (cf. Carta Pastoral CEM 224.225).

201. La nueva evangelización sólo será eficaz cuando el mundo pueda percibir a la Iglesia como una realidad social.

202. Una vida democrática sana, cuyo verdadero protagonista sea la sociedad, tiene que contar con una amplia red de asociaciones por medio de las cuales los ciudadanos hagan valer en el conjunto de la vida pública sus propios puntos de vista, y defiendan sus legítimos intereses materiales o espirituales (cf. OA 4).

203. El cristiano está llamado a comprometerse en la construcción de una sociedad más justa y humana en las áreas donde vive:

- antropológico cultural - sociopolítico - religioso - socioeconómico - ecológico

204. La celebración litúrgica, y especialmente la Eucaristía, es cumbre y fuente de la vida eclesial, al mismo tiempo que nos ofrece una íntima experiencia del encuentro con Cristo y con los hermanos, nos debe impulsar a formas de ejercicio solidario y a una acción decidida a favor de la justicia. La liturgia, como dice el Documento de Puebla 918, "es fuerza en el peregrinar, a fin de llevar a cabo, mediante el compromiso transformador de la vida, la realización plena del Reino, según el Plan de Dios" (cf. DP 923).

205. La Iglesia, familia de los que siguen a Jesús, participan de su Espíritu y se reconocen hijos del mismo Padre, se interesa por la situación de cada uno de sus miembros. No puede quedar indiferente ante el pecado de uno de sus componentes que necesariamente afecta a la comunidad entera. Los asuntos de la familia, que repercuten en toda ella, no pueden ser solucionados individualmente. Por eso la reconciliación no es nunca un asunto privado, sino comunitario, eclesial.

RETOS PASTORALES

206. Los desafíos pastorales son: a) Reforzar y crear nuevas estructuras diocesanas que hagan posible la solidaridad en la vida de nuestra Iglesia (cf. Cap. II, 51). Crear conciencia de solidaridad entre los miembros de la comunidad parroquial.

b) Seguir impulsando con renovado ardor, método y expresión, la preferencia por el pobre ante las diversas formas de marginación social y eclesial sin caer en exclusivismos que lesionen el mensaje salvífico (cf. Cap. II, 4.8.9.83).

c) Impulsar el conocimiento, la promoción y el respeto por los derechos humanos (cf. Cap. II, 17.33).

d) La Iglesia no será solidaria sin una decidida colaboración de los laicos. Tomando conciencia de que el varón poco participa en ella y en ocasiones su actitud es de indiferencia (Cap. II, 94). Por lo cual debe ser más motivado para integrarse en la pastoral de la Iglesia.

e) Fomentar medios para que exista una mayor relación entre la vida consagrada y las Parroquias respectivas de tal manera que se promueva una eficaz pastoral social (Cap. II, 90).

f) Lograr una pastoral social diocesana reestructurada, que no se reduzca a ayudas de emergencia, sino que tenga una proyección concreta en los diversos ambientes y personas, por ejemplo en el campo de la promoción humana, libertad cristiana, y fraternidad.

g) Promover el conocimiento de la doctrina social de la Iglesia, y comprometerse para que los valores, de la vida y de la familia, sean reconocidos y defendidos en el ámbito social y en la legislación del estado (Cap. II, 51).

h) Revisar la vida pastoral de las Parroquias para que haya un mayor conocimiento de las personas que la integran, de sus necesidades, de sus carencias, de sus conflictos vitales; que sientan una comprensión compartida y cercana a sus sufrimientos y se implemente una adecuada pastoral social (Cap. II, 81).

i) Tener especial atención para que las mujeres sigan asumiendo una participación activa y responsable en las decisiones de la pastoral y no sean simple ejecutoras de lo decidido (cf. Cap. II, 53-55. 57).

j) Que las Escuelas Católicas con recursos económicos suficientes muestren su solidaridad atendiendo también a los niños y jóvenes de clases marginadas (Cap. II, 70).

k) Tender caminos de encuentro y solidaridad, con los hombres y mujeres que trabajan en el campo médico sanitario, para que hagan todo lo posible por defender las vidas que corren más peligro, desde el momento de la concepción hasta el momento de la muerte natural (cf. IA 63; Cap. II, 5).

l) Afrontar los retos de organización que exige hoy una pastoral sanitaria de conjunto (Enfermos, familiares, médicos, enfermeras, personal administrativo, etc.).

m) Celebrar el sacramento de la Unción como acontecimiento de solidaridad que la Iglesia tiene con sus enfermos y ancianos.

n) Cultivar una mentalidad solidaria con quienes están comprometidos en el trabajo de pastoral penitenciaria o pastorales de frontera, ejemplos: niños de la calle, pandilleros, divorciados, madres solteras, alcohólicos, drogadictos, prostitutas, homosexuales, lesbianas, etc. (cf. Cap. II, 25).

o) Realizar, con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, proyectos comunes que contribuyan al bien de todos, especialmente en la defensa de los derechos humanos.

p) Compartir la palabra iluminadora del Evangelio con quienes trabajan en el campo de la investigación científica, técnica, etc. (cf. Cap. II, 30.72.74).

q) Buscar espacios de relación con quienes ejercen cargos públicos, así como con aquellos que se dedican a la enseñanza en las escuelas oficiales y universitarias, para discernir con una conciencia rectamente cristiana los valores propios de la juventud, fuerza de la Patria y de la Iglesia (cf. IA 63; Cap. II, 72.74).

r) En el factor económico la comunidad cristiana tiene que dar su palabra profética para que se asuman compromisos cuyos objetivos sean:

- urgir un ordenamiento global de la economía para que esté al servicio de todos en general, y de los pobres y marginados en particular.

- reducir las desigualdades que atentan contra la dignidad humana y desvinculan al hombre de su trabajo y de sus frutos legítimos; ya que pocos tienen mucho y muchos carecen de lo más fundamental para subsistir.

- superar las reducciones economistas y liberales de algunos sistemas económicos, orientados al servicio de la acumulación de capital, prescindiendo de la función social de éstos y de la propiedad.

- alterar y modificar el sistema de desequilibrios ofensivos que padece fundamentalmente el trabajador de la industria y del campo.

- reformar las estructuras económicas que ahogan la organización civicopolítica del ciudadano, e imponen prioridades económicas, sobre otras necesidades humanas.

 

IGLESIA INCULTURADA

ILUMINACION DOCTRINAL PASTORAL

207. La cultura es todo aquello por lo que la persona humana "crece en su ser, crece en humanidad". Es el modo como la persona se relaciona con sus semejantes, con el mundo material y con Dios (cf. Carta Pastoral CEM 355; Cap. II, 22).

208. Jesucristo es la revelación y definición propia del hombre, "quien revela el hombre al propio hombre" (GS 22); es él mismo, la medida de toda cultura (SD 13 y 228; Cap. II, 23).

209. La inculturación es la encarnación del Evangelio en las diversas culturas, y, al mismo tiempo, es la inculturación de esas culturas en la vida de la Iglesia (Cap. II, 29).

210. El proceso de inculturación, que bien puede definirse como el esfuerzo de la Iglesia para hacer penetrar el mensaje de Cristo en un ambiente socio cultural determinado, llamándolo a crecer según sus propios valores, y hacerlos compatibles con el Evangelio, es una tarea que hemos venido llevando a cabo, en los diferentes momentos particulares de nuestra historia diocesana y que nos proponemos reforzar en el presente.

211. La fe en Cristo, al mismo tiempo que trasciende la cultura, la penetra asumiéndola, purificándola y transformándola. La fe que se incultura y la cultura que resulta evangelizada son dos dimensiones de una misma realidad: Cristo que a través de la acción de sus miembros ofrece una espiritualidad encarnada, que transforma el entorno y lo vuelve más humano y abierto a la posibilidad de un encuentro con el Misterio de Dios (cf. Carta Pastoral CEM 197-200).

212. Este proceso de inculturación enfrenta grandes dificultades para la evangelización. La expresión de esos retos se manifiesta en "la ruptura entre el Evangelio y la cultura, que sigue siendo, el drama de nuestro tiempo. Drama que ha provocado una crisis cultural de proporciones insospechadas". ¡Hoy es nuestro gran desafío! (Cap. II, 29).

213. El mundo de la educación "es un campo privilegiado para promover la inculturación del Evangelio. Sin embargo, los centros educativos católicos y aquellos que, aún no siendo confesionales, tienen una clara inspiración católica, sólo podrán desarrollar una acción de verdadera evangelización si en todos sus niveles, incluido el universitario, se mantiene con nitidez su orientación católica" (cf. IA 71; Cap. II, 70.72). Permanece inalterable que el lugar propio de la educación está en la familia.

214. La educación no es mera instrucción o capacitación; es "un proceso de comunicación y asimilación sistemática y crítica de la cultura, para la formación integral de la persona humana" (Carta Pastoral CEM 356).

215. La educación ocupa un lugar privilegiado en el proyecto global de la evangelización. En esta Arquidiócesis en la que muchos centros educativos son atendidos por miembros de los Institutos religiosos y por numerosos laicos comprometidos, se plantea seriamente la necesidad de que allí se cultiven con asiduo cuidado las facultades intelectuales, creativas y estéticas para desarrollar rectamente la capacidad de juicio, la voluntad y la afectividad, promover el sentido de los valores, favorecer las actitudes justas y los comportamientos adecuados, introducir el patriotismo cultural conquistado por las generaciones anteriores, preparar para la vida profesional y fomentar el trato amistoso entre los alumnos de diversa índole y condición induciéndolos a comprometerse mutuamente (cf. GE 5). Todo esto sólo se puede lograr cuando se haga una referencia constante a Jesucristo y a su mensaje (cf. IA 71).

216. Que el plan de formación, de cada colegio católico, inserte la iluminación de la fe para una educación integral de los valores, y que se fomente el compromiso apostólico de los estudiantes para que ellos mismos lleguen a ser evangelizadores.

217. Los contenidos del proyecto educativo deben hacer referencia constante a Jesucristo y a su mensaje, tal como lo presenta la Iglesia en su enseñanza dogmática y moral. Sólo así se podrán formar dirigentes auténticamente cristianos en los diversos campos de la actividad humana y de la sociedad, especialmente en la política, la economía, la ciencia, el arte, y la reflexión filosófica (cf. IA 71.72; RM 52-54).

218. La inculturación no es una novedad para la Iglesia. El Evangelio se reveló desde el principio como un poderoso fermento de transformación de las culturas. Ya en el siglo II la Carta a Diogneto hacía observaciones sobre el estilo de vida de los cristianos, "Ciudadanos del Reino" pero al mismo tiempo identificados en las costumbres de su país.

219. "En el rostro mestizo de la Virgen del Tepeyac, se resume el gran principio de la inculturación: la íntima transformación de los auténticos valores culturales mediante la integración en el cristianismo y el enraizamiento del cristianismo en las varias culturas" (Carta Pastoral CEM 18).

220. En María se nos revela el estilo de creyentes forjados por el Evangelio. Ella es cooperadora activa en la obra de la redención, testificando que la fe no anula la creatividad; en la cercanía amorosa y confiada a Cristo, María fue hecha protagonista de la historia "hasta llegar a ser la nueva Eva, junto al nuevo Adán" (cf. DP 293). Nos hace así una elocuente invitación a confiar en Jesús en quien alcanzarán su pleno desarrollo todas nuestras capacidades de responsabilidad y creatividad, para convertirnos así en activos constructores de la historia.

RETOS PASTORALES

221. Los desafíos pastorales son: a) Estar dispuestos a los cambios y asumir la cultura del pueblo, requisito para todo agente de pastoral (Cap. II, 23).

b) Motivar a las escuelas católicas para que eduquen preferentemente a los pobres y a los marginados en la sociedad (Cap. II, 70; IA 71).

c) Los Agentes de Pastoral se impregnen de un profundo conocimiento de la cultura y las raíces históricas de los destinatarios conviviendo con ellos y apreciando sus valores y costumbres (Cap. II, 23).

d) Defender nuestra cultura de las influencias nocivas que vienen del extranjero y de la cultura de la muerte.

e) Formar críticamente en el uso e influencia que tienen los medios de comunicación social como instrumento para inculturar el Evangelio.

f) Alentar a los empresarios para que respalden económicamente proyectos pastorales acordes a los contextos culturales y así pueda inculturarse el Evangelio, evangelizando en sus propias empresas. Tratar de conseguir financiamiento para poder sostener un canal televisivo de cultura cristiana o por lo menos algún espacio dentro de los ya establecidos.

g) Estimular Agentes de Pastoral que tengan apertura e inserción en los ambientes hasta hoy descuidados (discapacitados, jóvenes, obreros, militares, campesinos, indígenas, migrantes, ancianos, servidores públicos y aquellos que retornan a la Iglesia católica), testimoniando una presencia alegre y esperanzadora (cf. Cap. II, 5).

h) Promover la participación cívica mediante el cumplimiento de las obligaciones y el ejercicio de los derechos, particularmente el voto.

i) Favorecer una actitud profética ante el deterioro ecológico que estamos padeciendo, proyectando la creación de un departamento de pastoral ambiental (cf. Cap. II, 32.58).

j) Respetar e integrar los valores de la religiosidad popular para que se dé armonía entre la fe y la vida (cf. Cap. II, 27.28.85.86).

k) Hacer un esfuerzo para que la liturgia conduzca a un encuentro vivo con Jesucristo buscando formas de participación que la inculturen.

l) Contribuir para que la Iglesia conozca y se inserte en la cultura del pueblo. Animando a los agentes que existen (movimientos católicos, escuelas parroquiales, grupos comprometidos etc.) y aprovechando la religiosidad popular en el fomento de nuestras tradiciones.

m) Poner al alcance de todos la Palabra de Dios y una interpretación viva y sencilla de los documentos eclesiales. Para esto se puede echar mano de los medios de comunicación social y de publicaciones pastorales propias (Cap. II, 43.44).

222. Como Iglesia Potosina sentimos que el Espíritu nos pide hoy ser una Iglesia fiel y creativa; intrépida y mística; que como fruto del encuentro con Jesucristo sea capaz de construir una Iglesia inculturada que, desde la vida de la sociedad y compartiendo sus esperanzas e inquietudes, con gozo y entusiasmo, proponga y testimonie en su diario vivir el mensaje del Evangelio. Una Iglesia que ofrezca un sentido a la vida, acogiendo a todos y solidarizándose con los más necesitados (cf. CELAM 2000, 146).

223. OBJETIVO GENERAL DE LA ARQUIDIOCESIS DE SAN LUIS POTOSI

El Objetivo General es la síntesis de toda la reflexión del Plan Diocesano de Pastoral, es expresión del resultado que se quiere lograr, es el futuro deseable y posible, es el ideal eclesial concreto que se quiere conseguir, es la utopía, creadora y estimulante, que se propone la Arquidiócesis. Diseña los rasgos del rostro de la Iglesia particular y responde a la pregunta: ¿hacia dónde vamos?

PROMOVER, EN LA IGLESIA PARTICULAR DE SAN LUIS POTOSI, UN ENCUENTRO PERSONAL Y COMUNITARIO CON CRISTO VIVO, PARA QUE, INTERPRETANDO CON FIDELIDAD LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS, CAMINEMOS EN EL TERCER MILENIO, MOSTRANDO UN NUEVO ROSTRO DE IGLESIA, COMPROMETIDA EN UN RENOVADO SERVICIO EVANGELIZADOR A TODOS, CON AMOR PREFERENCIAL A LOS POBRES Y ALEJADOS.