CAPITULO II:



















 

B. IGLESIA DIOCESANA

CURIA DIOCESANA

75. La Diócesis de San Luis Potosí se ha venido enriqueciendo, después del Concilio Vaticano II, con un buen número de Secretarías Diocesanas. Esto ha dotado a la Iglesia local de una mayor capacidad de respuesta a las necesidades pastorales. Pero es voz común entre los párrocos las siguientes observaciones: Cada Secretaría hace muchas actividades por su cuenta, pero no hay un plan unificador. No se ha visto un apoyo de conjunto al Plan Diocesano de Pastoral. Aspiran a que haya una mayor articulación entre los Organos de Gobierno y las Secretarías, con respecto a la actividad de base de las parroquias. Hasta el momento sienten el contacto demasiado burocrático, sólo a través de circulares. Además, desde hace tiempo hay algunas aspiraciones respecto a los integrantes de la Curia: Que su nombramiento sea a tiempo completo; que tengan previa experiencia pastoral y que sean vínculo de comunión con el presbiterio.

76. Se desea para el actual Plan de Pastoral un sólido y estable equipo que dé continuidad a lo ya elaborado por todos. Para algunos integrantes de este equipo se pide tiempo completo, sobre todo para el Vicario Episcopal de Pastoral. Se desea que la responsabilidad no recaiga sobre una sola persona, sino sobre un equipo. Y que este equipo esté atento para que algunas experiencias pastorales significativas se compartan en decanatos y parroquias.

DECANATOS

77. Los decanatos fueron los primeros lugares donde se estudiaron los documentos de Vaticano II. Dieron inmediatamente una nueva fisonomía a la Iglesia potosina: trabajo en equipo, sentido de solidaridad, ayuda mutua, espacio para concretar planes pastorales, lugares para intercambiar experiencias y sobre todo, una nueva mentalidad pastoral.

78. Los decanatos florecieron cuando hubo un verdadero trabajo en común. Se incorporaron los laicos a las reuniones, lo cual les dio una gran riqueza pastoral. Las Asambleas zonales aterrizaron el Plan Diocesano de Pastoral en las realidades locales. Muchos decanatos procuraron hacer una búsqueda en común relacionada con las opciones del Plan. También surgieron varias "Escuelas de Teología" decanales.

79. Actualmente se percibe en muchos decanatos un ambiente de estancamiento y rutina. El espíritu de creatividad pastoral ha descendido y no hay búsqueda de nuevos caminos. Hay preocupante ausentismo de sacerdotes y laicos, las religiosas prácticamente no participan. Sobre todo los laicos se quejan de no ser muy tomados en cuenta. No falta algún decanato donde ya no se involucra de manera sistemática a los laicos. Se anhela que el decanato vuelva a ser un lugar de impulso pastoral: foco de creatividad, lugar para compartir experiencias, espacio para aplicaciones concretas de las líneas del Plan de Pastoral. También se desea que se vuelvan a resucitar las Asambleas zonales. Todos coinciden en que la figura del Decano es clave. Piden que sea una persona con sentido de equipo, que escuche a los demás y los tome en cuenta, que tenga inquietudes pastorales y que se interese por hacer vida el Plan de Pastoral, tanto en el decanato como en las parroquias que lo integran. Se pide tomar en cuenta la opinión de los Decanos a la hora de realizar los cambios de sacerdotes; sobre todo cuando hay de por medio proyectos parroquiales que requieren de una seria continuidad.

PARROQUIA

80. Los proyectos globales de parroquia han ido desapareciendo, como es el caso de "Nueva Imagen de Parroquia" y el otro proyecto de "Parroquia Comunidad de Comunidades", se ha ido debilitando. La queja unánime es que el párroco que llega, no asume ni continúa las líneas pastorales que llevaba el anterior. Se sugiere que, al ser cambiado el párroco, no solamente entregue el inventario de bienes, sino también el proyecto de pastoral parroquial. En contraparte, no pocas parroquias lograron ubicarse dentro de las Prioridades del Plan Diocesano de Pastoral, las cuales les sirvieron un tiempo de eje unificador. Actualmente se está a la expectativa. Varias voces piden urgentemente la constitución de los Consejos Parroquiales de Pastoral los cuales, además de realizar su papel de ayuda eficaz en la pastoral parroquial, pueden ser muy útiles en períodos de transición. Se sugiere incluso el Consejo de economía.

81. Hay párrocos que tratan de trabajar de modo organizado y con proyectos bien definidos. Crece en ellos el interés misionero por llegar a las personas y comunidades alejadas. Ha crecido la conciencia por escuchar al laicado y por incorporarlo a los planes de pastoral. Pero también hay la queja de no pocos laicos acerca de sus párrocos; ven a algunos burocratizados e instalados. Además, cuando no se secundan los planes de pastoral, generalmente hacen recaer la responsabilidad principal en la falta de interés por parte de ellos. Afirman que, cuando un párroco se cierra a la búsqueda de iniciativas pastorales, es difícil que alguien pueda provocar su apertura.

82. El pueblo cristiano se queja mucho de las homilías mal preparadas. Homilías así, no llegan a despertar ni el interés ni la motivación de la asamblea. Todos coinciden en que la homilía es uno de los más importantes instrumentos con que cuenta el sacerdote para trasmitir la Buena Nueva. Piden, por lo tanto, que proceda de una fuerte experiencia de fe del celebrante. Que tenga como centro la misma palabra de Dios. Que ilumine claramente las situaciones sociales de la asamblea. Que tenga un lenguaje motivador. Que reflejen las lecturas bíblicas y que sean breves.

83. En cuanto a otro aspecto importante de la vida parroquial, se constata que, en general, se ha ido perdiendo el interés por la "Iglesia de los pobres", es decir por una Iglesia que dé signos de pobreza y que se preocupe por promover y defender a los pobres. Los laicos más críticos reclaman una postura más definida a favor de la justicia, de la igualdad y de la solidaridad. Reclaman una Iglesia más profética.

84. La penetración de las sectas es cada vez mayor y más preocupante, sobre todo en ambientes populares. A la gente sencilla la atraen con una atención muy personal y cultos emotivos. Hay el reconocimiento general que gran parte de la culpa la tiene la Iglesia porque hay mucha ignorancia religiosa. Además, una buena parte de los laicos, se queja de que hay bastantes áreas desatendidas (colonias, rancherías alejadas, etc.), que son campo fértil para la acción de las sectas. Esta desatención se atribuye por igual a sacerdotes, agentes laicos y vida religiosa. Recomiendan una evangelización más personal a través de visitas casa por casa.

RELIGIOSIDAD POPULAR

85. La religiosidad popular sigue siendo muy fuerte en los núcleos tradicionales y sigue alimentando la fe de la gente sencilla. A juicio de los pastoralistas, posee elementos cristianos muy sólidos como son las diferentes devociones: a la Eucaristía, a las celebraciones de Navidad, a la Santa Cruz, a la Virgen María, y a los difuntos, entre otros. Además tiene valores que hay que reconocer como positivamente evangélicos: solidaridad, hospitalidad, espíritu de sacrificio, gusto por la oración, gran respeto a lo sagrado. Todo esto sigue constituyendo una base inapreciable para la evangelización.

86. Hay también aspectos negativos como el fuerte providencialismo (a veces fatalismo), el intenso sentido del "comercialismo" con Dios (te doy, pero tu también me das), la falta de compromiso en su fe, la noción incompleta de la Pascua, quedándose únicamente en la Cruz, etc. Además, pierde cada vez más poder de convocación entre los jóvenes y entre algunas capas urbanas. Se constata que no se ha estado valorando suficientemente el potencial evangelizador de la religiosidad popular. A este respecto se pueden constatar tres actitudes: la primera es de franco menosprecio hacia este tipo de piedad popular, a causa de sus limitaciones y desviaciones (afortunadamente es la actitud minoritaria). La segunda actitud consiste en aceptar indiscriminadamente cualquier manifestación de religiosidad popular; esto vuelve muy populares a los pastores y les rinde buenos "beneficios". La tercera actitud es un arduo camino de discernimiento y de purificación de las manifestaciones de piedad popular, con el fin de llegar a evangelizarlas. Se juzga que hay pocas iniciativas en este tercer sentido. El primer paso que se pide es el conocer la cultura popular, ya que está en el sustrato de la religiosidad popular. Sin evangelización, la religiosidad popular corre el riesgo de quedar en puro devocionalismo e incluso llegar a la superstición.

LA FIGURA DEL SACERDOTE

87. La figura del sacerdote ha ido perdiendo su aspecto lejano e inaccesible dentro del pueblo cristiano, de manera que lo ven más cercano a ellos y menos autoritario. Por lo menos entre las capas populares conserva su prestigio y goza de gran respeto. Los laicos más críticos exigen mucho del sacerdote ya que, según su opinión, están faltando en muchos de ellos aspectos importante: espiritualidad más profunda, actualización teológica y pastoral, interés y atención a los planes de pastoral, más capacidad de diálogo, sentido de acogida, amabilidad y disponibilidad para atender a las personas, también ser más cuidadosos en su presentación y lenguaje. Desean que el sacerdote sea un hombre de oración, en diálogo permanente con los demás sacerdotes y con su Obispo, en contacto continuo con su pueblo, que sepa escuchar y compartir responsabilidades.

88. La mayoría del presbiterio potosino es joven y por lo mismo cuenta con una gran potencialidad. Tienen las virtudes de los jóvenes: facilidad para acercarse a la gente, sobre todo a los demás jóvenes, interés por estar actualizados en los acontecimientos eclesiales y sociales, etc. Cuentan con la ventaja de una formación permanente que los mantiene al día. Pero también la cultura imperante los toca y los contamina con una falta de espíritu de búsqueda pastoral y con una tendencia conformista a establecerse y a buscar comodidades materiales. Hay quien opina que cuando llegan a una parroquia demasiado estructurada, no se les da el campo suficiente para su creatividad.

LA VIDA RELIGIOSA

89. La vida religiosa tiene una fuerte potencialidad en la Iglesia Potosina, por su número que es muy elevado y por su acción que es significativa. Por ejemplo, sostienen la educación católica en buen número de escuelas (No faltan las quejas sobre las cuotas caras; aunque se explica que son inevitables si se quiere una educación de calidad. Se vuelve elitista este tipo de educación). Hay una gran abnegación en la vida religiosa femenina, sobre todo las que se dedican al apostolado en la base. Se puede decir, en general, que los carismas de la vida religiosa enriquecen a la Diócesis.

90. Por otra parte se afirma con razón que, en general, las congregaciones religiosas están desarticuladas en San Luis. La opinión que prevalece es que faltan organismos adecuados para esta articulación. Se pide que el organismo adecuado sea no la persona de un Vicario, sino una Vicaría de Religiosos donde estén presentes religiosos y religiosas de diferentes edades y mentalidades. Hay también una especie de automarginación de los religiosos y religiosas con respecto a la vida diocesana. Un ejemplo claro fue la ausencia de muchos religiosos y religiosas en la importante Asamblea Diocesana que inició este Plan. Hay congregaciones que sistemáticamente están ausentes de todas las reuniones diocesanas. Se desea un mayor acercamiento entre la parroquia y la vida religiosa. Se piensa que sería fecunda una mayor presencia, en la pastoral parroquial, de los carismas propios de las congregaciones religiosas que están en el territorio; y también una mayor apertura de parte de los sacerdotes.

ORGANISMOS LAICALES

91. Es notable el debilitamiento de las asociaciones tradicionales de piedad, las cuales se quedan con muy pocos miembros y con personas de avanzada edad, sobre todo mujeres. Los organismos que son propiamente de apostolado logran mantenerse con vitalidad y su acción se ha ido volcando cada vez más en las parroquias.

92. Prosigue el fuerte crecimiento de los Movimientos de tipo carismático. Es cierto que hay que distinguir entre varias agrupaciones. Una parte está coordinada por la Arquidiócesis, mientras que otra no. Hay también grupos que trabajan de manera independiente y que se reúnen en domicilios particulares. La actividad de algunos grupos, a juicio de los pastores, es ambivalente. Al lado de indudables aspectos positivos, otros son considerados por lo menos confusos. Espiritualidad sin compromiso social o acción paralela a la parroquia. Algunos cuantos grupos independientes han derivado hacia las sectas. Hay voces que reclaman más apertura de parte de la parroquia y más atención y seguimiento de parte de los párrocos.

93. Por otro lado se ha ido reforzando el compromiso y participación de los agentes laicos libres, allegados a las parroquias. Su acción es muy variada en la vida parroquial. Para ellos se pide una mayor formación. Se prevé que, al abordar el aspecto de la "Iglesia Misionera", se promuevan las misiones populares parroquiales. De antemano se está pidiendo algún organismo que promueva una fuerte espiritualidad misionera laical y que impulse los diversos carismas laicales.

94. Al hablar de los laicos, solemos referirnos a los que pertenecen a algún organismo de Iglesia o que tienen alguna actividad intraeclesial. Es preocupante la gran cantidad de fieles laicos que sólo asisten a misa los domingos, y son muchos más los que, solamente habiendo recibido los sacramentos de iniciación cristiana, no son conscientes de su dignidad de bautizados y de sus consecuencias. Por otro lado, entre los pastores no hay una insistencia en que el primer lugar de compromiso para todos los laicos es el de las realidades temporales, a las que están llamados a ordenar según la voluntad de Dios. Faltan espacios y programas para despertar esa conciencia de la identidad laical. De allí se deriva, entre otras causas, la gran falta de compromiso social que existe.

SEMINARIO DIOCESANO

95. En el equipo de formadores hay una real preocupación porque la línea doctrinal vaya respondiendo a las exigencias de los tiempos actuales. Procuran que la formación pastoral y la espiritualidad vayan acordes a esta inquietud. Los seminaristas, por su parte, desean que sus formadores lleguen a ser un verdadero "equipo" con cohesión y con criterio comunes. Desean más diálogo, más atención personal, y más presencia de sus formadores. Quieren ver que se trabaja conforme a un proyecto reflexionado y asumido por todos. Es deseo general, no solamente de parte del seminario, sino de toda la Diócesis, que haya más interés y presencia de parte de todos los sacerdotes, ya que se constata un serio alejamiento.

96. Se nota entre algunos seminaristas, que ya no proceden, como en otros tiempos, de familias bien integradas y de ambientes muy piadosos. Se nota, por ello, la falta de una sólida formación cristiana entre algunos, a la hora de ingresar al seminario. Además, como sucede entre todos los jóvenes de la actualidad, la mentalidad y la cultura imperante los envuelve con sus valores: sentido de la creatividad, búsqueda del compañerismo, deseo de una fraternidad que vaya más allá de los límites inmediatos, uso del progreso técnico al servicio de los proyectos humanos, interés por conocer y discernir los acontecimientos de la sociedad y de la Iglesia… Pero también algunos son tocados, casi inevitablemente, por los antivalores de esa misma cultura imperante: goce del momento presente, rechazo al compromiso serio y definitivo, poca disponibilidad al sacrificio.

97. En palabras de los mismos seminaristas, las consecuencias son las siguientes: En el área humana se percibe, en algunos alumnos, irresponsabilidad ante los espacios de libertad que se conceden; poca disponibilidad para vivir una vida sobria, austera y disciplinada. En el área espiritual, no captan, de parte de sus formadores, líneas definidas de espiritualidad. En el área intelectual no se ve, en muchos seminaristas, una real preocupación por crecer en ese campo; a veces se imponen la pereza y la mediocridad. En cuanto al área pastoral, hay muchos que están ilusionados por las experiencias pastorales que están llevando a cabo, y por el enriquecimiento que ha significado para ellos.

LA IGLESIA POTOSINA ANTE LOS DESAFÍOS DE LA REALIDAD SOCIAL

98. La Iglesia potosina no solamente se mira a sí misma, sino que se siente interpelada, al mismo tiempo, por la Palabra de su Señor y por los gritos de su pueblo, que claman a ella pidiendo una respuesta. a) En el aspecto económico: A la Iglesia de Dios en San Luis se le pide "encarnar en sus iniciativas pastorales la solidaridad de la Iglesia universal hacia los pobres y marginados de todo género. Su actitud debe incluir la asistencia, promoción, liberación y aceptación fraterna. La Iglesia pretende que no haya en absoluto marginados" (cf. IA 58). b) En el aspecto político: se le pide que forme a los fieles en la cultura democrática, no solamente para el momento de votar, sino para una participación permanente en la búsqueda del bien común; y esto, como una exigencia de su misma fe. c) En el aspecto cultural: Se le pide conocer y apreciar los valores de las diferentes culturas, para poder evangelizarlas. Se le urge atender gremios que quedan al margen: intelectuales, empresarios, etc. d) En cuanto a medios de comunicación, se le pide aprovechar todos los espacios posibles para su función evangelizadora y para su misión profética de anunciar y denunciar; se le pide impulsar un proyecto diocesano concreto en este campo. e) En cuanto a la familia: Se le pide una pastoral integral, que beneficie a toda la familia; que denuncie proféticamente los abusos que se cometen contra la vida; que forme incansablemente. f) Se pide valorar más la vocación propia de la mujer y sus carismas, para la acción pastoral; abrirle más campos de participación dentro de la Iglesia. g) Con respecto al medio ambiente: Se pide impulsar la formación en la conciencia ecológica; apoyar las denuncias contra la contaminación. h) En cuanto a la educación: Se le urge hacer mayor presencia entre el personal docente oficial y en la universidad, ya que están semiabandonados por la Iglesia. Igualmente impulsar la pastoral juvenil.