COMO REALIZAR
LA LECTIO DIVINA

El método de la Lectio Divina, que se ha fortalecido y propagado a lo largo de la vida eclesial, está enmarcado por cuatro pasos fundametales: Lectio, Meditatio, Oratio y Contemplatio.

1- Lectio: (Lectura)

Es el momento en que leemos y releemos en espíritu de oración un texto de la Palabra de Dios lenta y atentamente, subrayando y revelando los puntos de apoyo del texto: Las acciones, los personajes, los verbos, los ambientes, los símbolos, los destinatarios, el lugar, las palabras claves.

El propósito de la lectura es de hacernos permanecer en la Palabra y de hacer permanecer la Palabra en nosotros, «Si permanecéis en mi Palabra (Jn 8, 31) y mis Palabras permanecen en vosotros (Jn 15, 7) seréis verdaderamente mis discípulos» (Jn 8, 31). En este paso podemos hacernos la pregunta: ¿Qué dice el texto en su contexto?

2- Meditatio: (Meditación)

En este segundo momento se reflexiona sobre los valores permanentes del texto, es decir rumiar lo leído hasta descubrir el mensaje que encierra para mi hoy esa palabra:

Es un diálogo entre lo que Dios me dice en su Palabra y mi vida, actualizando las Sagradas Escrituras y convirtiéndolas en una revelación para mi. En definitiva, es leer incansablemente el texto sagrado para admirarlo más y mejor, confiarlo a la memoria para no separarse más de El. La pregunta que nos podemos formular en este caso es: ¿Qué me dice eltexto en mi situación personal?.

3- Oratio: (Oración)

Lentamente el creyente se ve involucrado en los profundos sentimientos religiosos que el texto suscita o que Dios provoca en el interior. En este momento se produce en el corazón de la persona un sentimiento de permanecer con Dios, junto con Él, con tranquilidad sin otro deseo que el de escucharlo, de estar con El en silencio o de expresar la fe por medio de la súplica, la alabanza o la acción de gracias. El interrogante que nos puede abarcar en este instante puede ser: ¿Qué es lo que el texto me hace decir a Dios?.

4- Contemplatio: (Contemplación)

Es la culminación de todo el camino. La oración nos conduce poco a poco a un diálogo más íntimo con el Señor. En este encuentro profundo adquirimos una nueva visión de Dios, del hombre, del mundo y encontramos qué es lo que Dios quiere de nosotros.

La reflexión cede el paso a la adoración, al ofrecimiento de sí mismo, a la súplica de perdón. Si preparamos bien lo anterior alcanzaremos este momento. En ella podemos experimentar el consuelo de Dios, la capacidad de discernir lo que viene de Dios, la capacidad para asumir opciones evangélicas.

En este momento se produce una experiencia que inunda todo el ser y le impide el uso de sus facultades. Admiración, sorpresa de oír la voz del Maestro en todo instante, en todo lugar. No es ni éxtasis, ni experiencia extraordinaria, es, mirarla en el silencio de todo el Ser, en definitiva mirarle a El: «el más hermoso de los hijos de los hombres» (Salmo 43, 3).