Toda oración es
un encuentro personal, único e irrepetible, es el encuentro
de corazón a corazón, donde cada uno penetra en el misterio
de Dios, por diversos medios.
Uno de esos medios para
el encuentro con Dios, tal vez de los principales es su Palabra Escrita,
la Biblia. Ella es el testimonio vivo de miles de años, donde
Dios siempre ha buscado al hombre, con un amor empecinado, donde Dios
se ha revelado y se ha manifestado. Algunos hombres han respondido
a esa cercanía de Dios y allí se ha producido el encuentro
transformante y transformador, como es el encuentro con Dios, testimonio
de esto son muchos como Abraham, Moisés, los profetas, María,
los apóstoles, Pablo.
Nuestra fe no es teoría,
no es conocer cosas de Dios, esto hace parte, sí, pero la fe
es algo vivencial, algo que transforma, algo que cambia vidas y actitudes.
La fe es un don, un regalo de Dios, pero al mismo tiempo es necesario
cultivarla, cuidarla, hacer que ella crezca cada vez más, hacer
que aquello que sabemos lo hagamos vida, actitudes, comportamientos.
Y es aquí donde entra nuestra propuesta, esto es lo que pretendemos
con estas Lectios Divinas que les hacemos llegar.
Sabemos que la fe es don
gratuito de Dios, pero nos ha dejado su Palabra Escrita para que nosotros
la utilicemos como trampolín para el encuentro con Él.
De ahí que la oración con la Biblia, ocupa un lugar
de relevancia de toda vida espiritual. Ella es alimento para el alma,
sustento y fortaleza para el caminar de fe.
Al final del milenio pasado
y al inicio de este el Espíritu Santo estuvo soplando, suscitando
en nuestra Iglesia, algo que hace parte de su riqueza y su herencia
tradicional, como es la Lectio Divina. Pero la novedad no está
en rezar con la Lectio Divina, que siempre se la ha utilizado. La
novedad está en que esta forma de oración que tiene
más de quince siglos de edad, hoy se la esté utilizando
cada vez más en la vida personal-espiritual de los laicos,
como que se ha difundido de tal manera que hoy por hoy, hace parte
de los medios que tienen todos los creyentes para llegar a Dios, a
Jesús por medio de su Palabra. Esto es un regalo de Dios para
todos nosotros, hacer que su Palabra sea rezada, meditada, gustada,
saboreada en esa oración gratuita como es la Lectio Divina,
donde lo que uno quiere es únicamente penetrar en esa Palabra,
gustar, vivenciar e identificarse con el pasaje, para finalmente tener
ese encuentro personal con Jesús.
Esto es transformante,
esto llena el corazón, esto da fortaleza y vida espiritual
que se manifiesta en actitudes y comportamientos nuevos. La Palabra
de Dios, conocida, rezada, gustada nos hace hombres nuevos, hombres
de Dios, hombres de fe madura que viven la novedad del Evangelio.
Las guías, son pistas
de Lectio Divina, que pretenden ser como una muleta o como un andador,
que nos ayuden a comenzar a gustar y a rezar con la Palabra de Dios.
Quieren simplemente ayudarnos a dar los primeros pasos, a saber caminar,
para que con la práctica, la constancia y la gracia de Dios,
cada uno pueda penetrar en el misterio insondable de la vida de Dios.
Dios no tiene esquemas, Él se manifiesta, a quien quiere, cuando
quiere y como quiere. A nosotros nos toca estar atentos y disponibles
para escucharlo y seguirlo. Aquí la importancia de la Lectio
Divina, que nos ayuda a ser sensibles al actuar de Dios, a saber escuchar
su voz, a distinguirlo y a saber entrar en diálogo de corazón
a corazón con él. Para este encuentro no hay recetas,
de ahí que las guías que les ofrecemos sobre los Evangelios
de la Infancia, pretenden ser simplemente un instrumento para el encuentro,
algo que ayude a ir penetrando cada vez más en el estilo y
la forma de manifestarse que tiene Dios.
Les presentamos algunas
pistas para la oración, que cada uno las debe utilizar tanto
cuanto les ayude a entrar y profundizar en la Palabra. Es necesario
tener la libertad de espíritu para dejarse guiar por el Espíritu,
de ahí utilizar aquellas partes, o preguntas que favorezcan
y ayuden al encuentro personal con el Señor.
Ojalá que la gracia
del Señor sea abundante para todos los que utilicen estas guías
y que como María, podamos guardar estas cosas en nuestro
corazón, siendo transformados por el Señor, para
ser evangelios vivientes para todos los que nos rodean.