| LECTIO DIVINA |
INTRODUCCION
AL ESTUDIO DE LOS EVANGELIOS
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EVANGELIO
SEGUN Pbro. Darío Martín Torres Sánchez Cada Evangelio tiene una punta afilada, cada uno de ellos contiene una bella noticia, una noticia que no puede parar de ser divulgada, esa buena noticia, que hace al evangelio ser lo que es, consiste en proclamar a Jesucristo muerto y resucitado para salvación de los hombres. No obstante, a pesar de que los cuatro evangelios contiene la misma buena noticia, cada uno de ellos nos presenta un aspecto fascinante de la persona de Jesús, cada uno de los evangelistas, tanto por su temperamento personal como por la comunidad creyente a la que pertenecen, plasman la buena noticia con un plan particular, distinto de los demás en muchos aspectos. Al leer los cuatro evangelios podemos hacer una clasificación: tres de ellos, a pesar de sus diferencias, gozan de un parecido particular, comparten, hasta cierto punto, estructura y contenido; ellos son Mateo, Marcos y Lucas, los llamados evangelios sinópticos, precisamente por sus semejanzas. El cuarto evangelio forma parte de una tradición distinta. Así, aunque cada uno de los evangelios son tan ricos y particulares, que se diferencían entre sí como son distintas una persona de otra, los tres primeros se enmarcan en la misma tradición, hay relación entre ellos: Marcos fue primero y sirvió a Mateo y a Lucas para que, ellos, basándose en el contenido y la estructura de Marcos, escribieran su evangelio y lo "completaran" con otras fuentes, por eso son tan parecidos a pesar de sus grandes diferencias. Juan se enmarca en una tradición distinta, no se relaciona de modo evidente en contenido, estilo, vocabulario o estructura con los tres primeros evangelios. Podríamos decir: "Juan nació y creció" en otra parte, desconectado, hasta cierto punto, del mundo de los tres primeros, su ambiente de origen es distinto. El autor de este evangelio nos da a conocer la finalidad de su escrito (Jn 20,30-31). A San Juan le interesó, sobretodo, lo que Jesús hizo y dijo en Jerusalén, mientras que a los sinópticos les interesó más el ministerio en Galilea. San Juan "deja fuera" las parábolas pero recoge largos discursos y diálogos. El número de milagros que nos presenta es muy restringido, a los cuales él llama signos u obras, mientras que para los sinópticos son actos de fuerza o de poder, no incluye expulsión de demonios. El misterio de la Pascua del Señor aparece de modo muy relevante, puesto que, en un evangelio de 21 capítulos, en el capítulo 12 ya terminó el ministerio público de Jesús y se dedicará el resto para relatarnos el paso de Jesús de este mundo al Padre. El plan del evangelio es como sigue:
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