IV.
INTERPRETACION DE LA BIBLIA EN LA VIDA DE LA IGLESIA
Aunque la interpretación de la Biblia sea tarea particular
de los exegetas, no les pertenece, sin embargo, como monopolio,
ya que comporta, en la Iglesia, aspectos que van más
allá del análisis científico de los textos.
La Iglesia, en efecto, no considera la Biblia simplemente como
un conjunto de documentos históricos concernientes a
sus orígenes. Ella la acoge como palabra de Dios que
dirige a ella y al mundo entero, en el tiempo presente.
Esta convicción
de fe tiene como consecuencia la práctica de la actualización
y la inculturación del mensaje bíblico, así
como los diversos modos de utilización de los textos
inspirados, en la liturgia, la "Lectio divina", el
ministerio pastoral, y el movimiento ecuménico.
A. ACTUALIZACION
Ya en la Biblia misma -como hemos notado en el capítulo
anterior- se puede constatar la práctica de la actualización:
textos más antiguos son releídos a la luz de circunstancias
nuevas y aplicados a la situación presente del pueblo
de Dios. Basada sobre estas mismas convicciones, la actualización
continúa siendo practicada necesariamente en las comunidades
creyentes.
1. Principios
Los principios que
fundan la práctica de la actualización son los
siguientes:
La actualización
es posible, porque la plenitud de sentido del texto bíblico
le otorga valor para todas las épocas y culturas (Cfr
ls 40, 8; 66,18-21; Mt 28,19-20). El mensaje bíblico
puede a la vez relativizar y fecundar los sistemas de valores
y las normas de comportamiento de cada generación.
La actualización
es necesaria porque aunque el mensaje de la Biblia tenga un
valor duradero, sus textos han sido elaborados en función
de circunstancias pasadas y en un lenguaje condicionado por
diversas épocas. Para manifestar el alcance que ellos
tienen para los hombres y las mujeres de hoy, es necesario aplicar
su mensaje a las circunstancias presentes y expresarlo en un
lenguaje adaptado a la época actual. Esto presupone un
esfuerzo hermenéutico que tiende a discernir a través
del condicionamiento histórico los puntos esenciales
del mensaje.
La actualización
debe tener constantemente en cuenta las relaciones complejas
que existen en la Biblia cristiana entre el Nuevo Testamento
y el Antiguo, ya que el Nuevo Testamento, se presenta a la vez
como cumplimiento y superación del Antiguo. La actualización
se efectúa en conformidad con la unidad dinámica!
así constituida.
La actualización
se realiza gracias al dinamismo de la tradición viviente
de la comunidad de fe. Esta se sitúa explícitamente
en la prolongación de las comunidades donde la escritura
ha nacido, ha sido conservada y trasmitida. En la actualización,
la tradición cumple un doble papel: procura, por una
parte, una protección contra las interpretaciones aberrantes
y asegura, por otra, la trasmisión del dinamismo original.
Actualización
no significa, pues, manipulación de los textos. No se
trata de proyectar sobre los textos bíblicos opiniones
o ideologías nuevas, sino de buscar sinceramente la luz
que contienen para el tiempo presente. El texto de la Biblia
tiene autoridad en todo tiempo sobre la Iglesia cristiana; y
aunque hayan pasado siglos desde el momento de su composición,
conserva su papel de guía privilegiado que no se puede
manipular. El magisterio de la Iglesia "no está
por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, no enseñando
sino lo que fue trasmitido; por mandato de Dios, con la asistencia
del Espíritu Santo, la escucha con amor, la conserva
santamente y la explica fielmente" (Dei Verbum, 10).
2. Métodos
Partiendo de estos
principios, se pueden utilizar diversos métodos de actualización.
La actualización,
practicada ya en la Biblia misma, se ha continuado luego en
la tradición judía por medio de procedimientos
que se pueden observar en los Targumim y Midrasim: búsqueda
de pasajes paralelos (gezerah shawah), modificación en
la lectura del texto ('al tiqrey), adaptación de un segundo
sentido (tartey mishmá), etc.
Por su parte, los
Padres de la Iglesia se han servido de la tipología y
de la alegoría para actualizar los textos bíblicos
de un modo adaptado a la situación de los cristianos
de su tiempo.
En nuestra época,
la actualización debe tener en cuenta la evolución
de las mentalidades y el progreso de los métodos de interpretación.
La actualización
presupone una exégesis correcta del texto que determina
el sentido literal. Si la persona que actualiza no tiene ella
misma una formación exegética, debe recurrir a
buenas guías de lectura, que permiten orientar la interpretación.
Para llevar a cabo
adecuadamente la actualización, la interpretación
de la Escritura por la Escritura es el método más
seguro y más fecundo, especialmente en el caso de textos
del Antiguo Testamento que son releídos en el Antiguo
Testamento mismo (por ejemplo el maná de Ex 16 en Sab
16,20- 29) y/o en el Nuevo Testamento (Jn 6). La actualización
de un texto bíblico en la existencia cristiana no puede
hacerse correctamente sin establecer una relación con
el misterio de Cristo y la Iglesia. No sería normal,
por ejemplo, proponer a cristianos, como modelos para una lucha
de liberación, únicamente episodios del Antiguo
Testamento (Exodo, 1-2 Macabeos).
Inspirada por filosofías hermenéuticas, la operación
hermenéutica comporta luego tres etapas: 1) escuchar
la Palabra a partir de la situación presente; 2) discernir
los aspectos de la situación presente que el texto bíblico
ilumina o pone en cuestión; 3) sacar de la plenitud de
sentido del texto bíblico los elementos que pueden hacer
evolucionar la situación presente de un modo fecundo,
conforme a la voluntad salvífica de Dios en Cristo.
Gracias a la actualización,
la Biblia ilumina múltiples problemas actuales, por ejemplo:
la cuestión de los ministerios, la dimensión comunitaria
de la Iglesia, la opción preferencial por los pobres;
la teología de la liberación; la condición
de la mujer. La actualización puede también estar
atenta a los valores cada vez más reconocidos por la
conciencia moderna, como los derechos de la persona, la protección
de la vida humana, la preservación de la naturaleza,
la inspiración a la paz universal.
3. Límites
Para estar de acuerdo
con la verdad salvífica expresada en la Biblia, la actualización
debe respetar ciertos límites y abstenerse de posibles
desviaciones.
Aunque toda lectura
de la Biblia sea forzosamente selectiva, se deben eliminar las
lecturas tendenciosas, es decir, aquéllas que, en lugar
de ser dóciles al texto, no hacen sino utilizarlo con
fines estrechos (como es el caso de la actualización
hecha por sectas, por ejemplo la de los Testigos de Jehová).
La actualización
pierde toda validez si se basa sobre principios teóricos
que están en desacuerdo con las orientaciones fundamentales
del texto de la Biblia mismo; como por ejemplo, el racionalismo
opuesto a la fe o el materialismo ateo.
Es necesario proscribir
también, evidentemente, toda actualización orientada
en un sentido contrario a la justicia y a la caridad evangélicas,
como las que querrían apoyar sobre textos bíblicos
la segregación racial, el antisemitismo o el sexismo,
masculino o femenino. Una atención especial es necesaria,
según el espíritu del Concilio Vaticano II (Nostra
aetate, 4), para evitar absolutamente actualizar algunos textos
del Nuevo Testamento en un sentido que podría provocar
o reforzar actitudes desfavorables hacia los judíos.
Los acontecimientos trágicos del pasado, al contrario,
deben ayudar a recordar sin cesar que, según el Nuevo
Testamento, los judíos siguen siendo "amados"
por Dios, "ya que los dones y la llamada de Dios son sin
arrepentimiento" (Rm 11, 28-29).
Las desviaciones
serán evitadas, si la actualización parte de una
correcta interpretación del texto y se efectúa
en la corriente de la tradición viva, bajo la guía
del Magisterio eclesial.
De todas maneras,
los riesgos de desviación no pueden constituir una objeción
válida contra el cumplimiento de una tarea necesaria:
la de hacer llegar el mensaje de la Biblia a los oídos
y al corazón de nuestra generacion.

