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RELACIONES CON LAS OTRAS DISCIPLINAS TEOLOGICAS
Siendo ella misma una disciplina teológica, " fides
quaerens intellectum", la exégesis mantiene relaciones
estrechas y complejas con las otras disciplinas teológicas.
Por una parte, la teología sistemática tiene un
influjo sobre la precomprensión, con la cual los exegetas
abordan los textos bíblicos. Pero por otra, la exégesis
proporciona a las otras disciplinas teológicas datos
que son fundamentales para éstas. Relaciones de diálogo
se establecen, pues, entre la exégesis y las otras disciplinas
teológicas, en el mutuo respeto de su especificidad.
1. Teología y precomprensión de los textos
bíblicos
Cuando los exegetas
abordan los textos bíblicos, necesariamente tienen una
precomprensión. En el caso de la exégesis católica,
se trata de una precomprensión basada sobre certezas
de fe: la Biblia es un texto inspirado por Dios y confiado a
la Iglesia para suscitar la fe y guiar la vida cristiana. Estas
certezas de fe no llegan sino elaboradas en la comunidad eclesial
por la reflexión teológica. Los exegetas están,
pues, orientados en su investigación por la reflexión
dogmática sobre la inspiración de la Escritura
y sobre la función de ésta en la vida eclesial.
Pero, recíprocamente,
el trabajo de los exegetas sobre los textos inspirados les proporciona
una experiencia que los teólogos deben tener en cuenta
para esclarecer la teología de la inspiración
y de la interpretación eclesial de la más viva
y más precisa del carácter histórico de
la inspiración bíblica. Muestra que el proceso
ha ocurrido en el curso de la historia de Israel y de la Iglesia
primitiva sino también porque se ha realizado por la
mediación de personas humanas marcadas cada una por su
época y que, bajo la guía del Espíritu,
han jugado un papel activo en la vida del pueblo de Dios.
Por lo demás,
la afirmación teológica de la relación
estrecha entre Escritura inspirada y Tradición de la
Iglesia, es confirmada y precisada gracias al desarrollo de
los estudios exegéticos, que lleva a los exegetas a otorgar
una creciente atención al influjo sobre los textos del
medio vital en el cual se han formado ("Sitz im Leben").
2. Exégesis y teología dogmática
Sin ser el único
locus theologicus, la Sagrada Escritura constituye la base privilegiada
de los estudios teológicos. Para interpretar la Escritura
con exactitud científica y precisión, los teólogos
tienen necesidad del trabajo de los exegetas. Por su parte,
los exegetas deben orientar sus investigaciones de tal modo
que "el estudio de la Sagrada Escritura" pueda efectivamente
ser como fiel alma de la teología" (Dei Verbum,
24). Con esta finalidad, es necesario que concedan una particular
atención al contenido religioso de los escritos bíblicos.
Los exegetas pueden
ayuda a los teólogos a evitar dos extremos: por una parte
el dualismo, que separa completamente una verdad doctrinal de
su expresión lingüística, considerada como
no importante; y por otra el fundamentalismo, que confundiendo
lo humano y lo divino, considera como verdad revelada aun los
aspectos contingentes de las expresiones humanas.
Para evitar ambos
extremos, es necesario distinguir sin separar, y aceptar una
tensión persistente. La palabra de Dios se expresa en
las obras de autores humanos. Pensamiento y palabra son al mismo
tiempo de Dios y del hombre, de modo que todo en la Biblia viene
a la vez de Dios y del autor inspirado. No se sigue de ello,
sin embargo, que Dios haya dado un valor absoluto al condicionamiento
histórico de su
mensaje. Este es susceptible de ser interpretado y actualizado,
es decir, de ser separado, al menos parcialmente, de su condicionamiento
histórico pasado para ser trasplantado al condicionamiento
histórico presente. El exegeta establece las bases de
esta operación, que el teólogo continúa,
tomando en consideración los otros loci theologici que
contribuyen al desarrollo del dogma.
2. Exégesis y teología moral
Análogas observaciones
se pueden hacer sobre la relación entre exégesis
y teología moral. A los relatos que se refieren a la
historia de salvación, la Biblia une estrechamente múltiples
instrucciones sobre la conducta que se debe observar: mandamientos,
prohibiciones, prescripciones jurídicas, exhortaciones
e invectivas proféticas, consejos sapienciales. Una de
las tareas de la exégesis consiste en precisar el alcance
de este abundante material y en preparar así el trabajo
de los moralistas.
Esta tarea no es
simple, ya que con frecuencia los textos bíblicos no
se preocupan de distinguir los preceptos morales universales
de las prescripciones de pureza ritual o de reglas jurídicas
particulares. Todo se encuentra junto. Por otra parte, la Biblia
refleja una evolución moral considerable, que encuentra
su perfeccionamiento en el Nuevo Testamento. No basta, pues,
que una cierta posición en materia de moral esté
testimoniada en el Antiguo Testamento (por ejemplo, la práctica
de la esclavitud o del divorcio, o la de exterminación
en caso de guerra), para que esta posición continúe
siendo válida. Se debe efectuar un discernimiento, que
tenga en cuenta el necesario progreso de la conciencia moral.
Los escritos del antiguo Testamento contienen elementos "imperfectos
y caducos" (Dei Verbum, 15), que la pedagogía divina
no podía eliminar desde el comienzo. El Nuevo Testamento
mismo no es fácil de interpretar en el dominio de la
moral, porque se expresa con frecuencia en imágenes o
paradojas, o inclusive en modo provocatorio, y en él
la relación de los cristianos con la ley judía
es objeto de ásperas controversias.
Los moralistas tienen,
pues, el derecho de presentar a los: exegetas muchas cuestiones
importantes, que estimulen sus investigaciones. En más
de un caso, la respuesta podrá ser o que ningún
texto bíblico trata explícitamente el problema
presentado. Pero aun entonces el testimonio de la Biblia,
comprendido en su vigoroso dinamismo de conjunto, no puede dejar
de ayudar a definir una orientación fecunda. Sobre los
puntos más importantes, la moral del Decálogo
continúa siendo fundamental. El Antiguo Testamento contiene
ya los principios y los valores que guían un actuar plenamente
conforme a la dignidad de la persona humana creada "a la
imagen de Dios" (Gén 1,27). El Nuevo Testamento
ilumina esos principios y valores por la revelación del
amor de Dios en Cristo.
3. Puntos de vista diferentes e interacción necesaria
En su documento de
1988 sobre la interpretación; de los dogmas, la Comisión
Teológica Internacional ha recordado que, en los tiempos
modernos, se ha creado un conflicto entre la exégesis
y la teología dogmática. Después observa
los aportes positivos de la exégesis moderna a la teología
sistemática (La interpretación de los dogmas,
1988, C. 1, 2). Para mayor precisión, es útil
añadir que el conflicto ha sido provocado por la exégesis
liberal. Entre la exégesis católica y la teología
dogmática, no ha habido un conflicto generalizado, sino
solamente momentos de fuerte tensión. Es verdad, sin
embargo, que la tensión puede degenerar en conflicto,
si de una y otra parte se hacen más rígidas las
legítimas diferencias de puntos de vista, hasta transformarlas
en oposiciones irreductibles.
Los puntos de vista,
en efecto, son diferentes, y deben serIo. La tarea primera de
la exégesis es discernir con precisión los sentidos
de los textos bíblicos en su contexto propio; es decir,
primero en su contexto literario e histórico particular,
y luego en el contexto del canon de las Escrituras. Al realizar
esta tarea, el exegeta pone a la luz el sentido teológico
de los textos, cuando éstos tienen un alcance de tal
naturaleza. Es así posible una continuidad entre la exégesis
y la reflexión teológica ulterior. Pero el punto
de vista no es el mismo, porque la tarea del exegeta es fundamentalmente
histórica y descriptiva, y se limita a la interpretación
de la Biblia.
El teólogo
dogmático realiza una tarea más especulativa y
sistemática. Por esta razón, no se interesa sino
por algunos textos y aspectos de la Biblia, y por lo demás,
toma en consideración muchos otros datos que no son bíblicos
-escritos patrísticos, definiciones conciliares, otros
documentos del magisterio, liturgia-, así como sistemas
filosóficos y la situación cultural, social y
política contemporánea. Su tarea no es simplemente
interpretar la Biblia, sino intentar una comprensión
plenamente reflexionada de la fe cristiana en todas sus dimensiones,
y especialmente en su relación decisiva con la existencia
humana.
A causa de su orientación
especulativa y sistemática, la teología ha cedido
con frecuencia a la tentación de considerar la Biblia
como un depósito de dicta probantia, destinados a confirmar
las tesis doctrinales. En nuestros días, los teólogos
dogmáticos han adquirido una más viva conciencia
de la importancia del contexto literario e histórico
para la correcta interpretación de textos antiguos, y
recurren siempre más a la colaboración de los
exegetas.
Como palabra de Dios
puesta por escrito, la Biblia tiene una riqueza de significado
que no puede ser completamente captado en una teología
sistemática ni quedar prisionero de ella. Una de las
principales funciones de la Biblia es lanzar serios desafíos
a los sistemas teológicos y recordarles continuamente
la existencia de aspectos importantes de la divina revelación
y de la realidad humana, que a veces son olvidados o descuidados
por la reflexión sistemática. La renovación
de la metodología exegética puede contribuir a
esta toma de conciencia.
Recíprocamente,
la exégesis se debe dejar iluminar por la investigación
teológica. Esta la estimulará a presentar a los
textos cuestiones importantes y a descubrir mejor todo el alcance
de su fecundidad. El estudio científico de la Biblia
no puede aislarse de la investigación teológica,
ni de la experiencia espiritual y del Iglesia. La exégesis
produce sus mejores frutos, cuando se efectúa en el contexto
de la fe viva de la comunidad cristiana, orientada hacia la
salvación del mundo entero.

