C.
LA TAREA DEL EXEGETA
La tarea de los exegetas católicos comporta varios aspectos.
Es una tarea de Iglesia, que consiste en estudiar y explicar
la Sagrada Escritura para poner sus riquezas a la disposición
de pastores y fieles. Pero es al mismo tiempo una tarea científica,
que pone al exegeta católico en relación con investigación
científica. Esta tarea comprende a la vez el trabajo
de investigación y el de enseñanza. Uno y otro
desembocan habitualmente en publicaciones.
1. Orientaciones principales
Aplicándose
a su tarea, los exegetas católicos deben considerar seriamente
el carácter histórico de la revelación
bíblica, ya que ambos Testamentos expresan en palabras
humanas, que llevan la marca de su tiempo, la revelación
histórica que Dios ha hecho, por diferentes medios, de
sí mismo y de su designio de salvación. En consecuencia,
los exegetas deben servirse de método histórico-crítico,
sin atribuirle, sin embargo, la exclusividad. Todos los métodos
pertinentes de interpretación de los textos están
capacitados para contribuir a la exégesis de la Biblia.
En su trabajo, los
exegetas católicos no deben jamás olvidar que
ellos interpretan la palabra de Dios. Su tarea común
no está terminada cuando han distinguido fuentes, definido
las formas o explicado los procedimientos literarios, sino solamente
cuando han iluminado el sentido del texto bíblico como
actual palabra de Dios. Para alcanzar esta finalidad, deben
tomar en consideración las diversas perspectivas hermenéuticas
que ayudan a percibir la actualidad del mensaje bíblico
y le permiten responder a las necesidades de los lectores modernos
de las Escrituras.
Los exegetas tienen
que explicar también el alcance cristológico,
canónico y eclesial de los escritos bíblicos.
El alcance cristológico
de los textos bíblicos no es siempre evidente; se debe
sacar a la luz cada vez que es posible. Aunque Cristo haya establecido
la Nueva Alianza en su sangre, los libros de la primera Alianza
no han perdido su valor. Asumidos en la proclamación
del evangelio, adquieren y manifiestan su plena significación
en el "misterio de Cristo" (Ef 3, 4), del cual aclaran
los múltiples aspectos, al mismo tiempo que son iluminados
por él. Estos libros, en efecto, preparan al pueblo de
Dios a su venida (Cfr Dei Verbum, 14-16).
Aunque cada libro
de la Biblia haya sido escrito con una finalidad diferente y
tenga su significado específico todos son portadores
de un sentido ulterior cuando se vuelven parte del conjunto
canónico. La tarea de los exegetas incluye, pues, la
explicación de la afirmación agustiniana: "Novum
Testamentum in Vetere latet, et in Novo Vetus patet" (Cfr
san Agustín, Quest. in Hept., 2, 73, CSEL 28,III,3, p.
141).
Los exegetas deben
también explicar la relación que existe entre
la Biblia y la Iglesia. La Biblia ha llegado a la existencia
en las comunidades creyentes. Ella expresa la fe de Israel;
luego, las de las primeras comunidades cristianas. Unida a la
tradición viva, que la precede, la acompaña y
la nutre (Cfr Dei Verbum, 21) es el medio privilegiado del cual
Dios se sirve para guiar, aún hoy, la construcción
y el crecimiento de la Iglesia, en cuanto pueblo de Dios. Inseparable
de la dimensión eclesial es la apertura ecuménica.
Puesto que la Biblia
expresa la salvación ofrecida por Dios a todos los hombres,
la tarea de los exegetas católicos comporta una dimensión
universal, que requiere una atención a las otras religiones
y a las expectativas del mundo actual.
2. Investigación
La tarea exegética
es demasiado vasta como para poder ser realizada adecuadamente
por un solo individuo. Se impone una división del trabajo,
especialmente para la investigación, que requiere especialistas
en diferentes dominios. Los posibles inconvenientes de la especialización
se evitarán gracias a esfuerzos interdisciplinares.
Es muy importante,
para el bien de toda la Iglesia y para su influencia en el mundo
moderno, que un número suficiente de personas bien formadas
estén consagradas a la investigación de diferentes
sectores de la ciencia exegética. Preocupados por las
necesidades más inmediatas del ministerio, los obispos
y superiores religiosos están tentados, frecuentemente,
de no tomar suficientemente en serio la responsabilidad que
les toca de proveer a esta necesidad fundamental. Una carencia
en esta materia expone a la Iglesia a graves inconvenientes,
ya que los pastores y los fieles corren el riesgo de quedar
a merced de una ciencia exegética extraña a la
Iglesia, y privada de relaciones con la vida de fe. Declarando
que "el estudio de la Sagrada Escritura" debe ser
como el "alma de al teología" (Dei Verbum,
24), el Concilio Vaticano II ha mostrado toda la importancia
de la investigación exegética. Al mismo tiempo
ha recordado implícitamente a los exegetas católicos
que sus investigaciones tienen una relación esencial
con la teología, de lo cual deben mostrarse conscientes.
3. Enseñanza
La declaración
del Concilio hace comprender el papel fundamental que corresponde
a la enseñanza de la exégesis en las facultades
de teología, los seminarios y los escolasticados. Es
obvio que el nivel de estudio en tales instituciones no puede
ser uniforme. Es deseable que la enseñanza de la exégesis
sea impartida por hombres y mujeres. Tal enseñanza tendrá
una orientación más técnica en las facultades,
más directamente pastoral en los seminarios. Pero no
podrá jamás carecer de una seria
dimensión intelectual. Proceder de otro modo sería
falta de respeto hacia la palabra de Dios.
Los profesores de
exégesis deben comunicar a los estudiantes una profunda
estima por la Sagrada Escritura, mostrando cómo ella
merece un estudio atento y objetivo, que permita apreciar mejor
su valor literario, histórico, social y teológico.
No pueden contentarse con trasmitir una serie de conocimientos
que los estudiantes registran pasivamente, sino que deben introducir
a los métodos exegéticos, explicando sus operaciones
principales, para hacer a los estudiantes capaces de un juicio
personal. Dado el limitado tiempo de que se dispone, conviene
utilizar alternativamente dos modos de enseñar: por una
parte, exposiciones sintéticas, que introducen al estudio
de libros bíblicos completos y no dejan de lado ningún
sector importante del Antiguo o del Nuevo Testamento. Por otra,
análisis más profundo de algunos textos bien escogidos,
que sean al mismo tiempo una iniciación a la práctica
de la exégesis. En uno y otro caso hay que evitar ser
unilateral, es decir, no limitarse ni a un comentario espiritual
desprovisto de base histórico-crítica, ni a un
comentario histórico-crítico desprovisto del contenido
doctrinal y espiritual (Cfr Divino afflante Spiritu, EB, 551-552;
PCB, De Sacra Scriptura recta docenda EB 598). La enseñanza
debe mostrar a la vez el enraizamiento histórico de los
escritos bíblicos, su aspecto de palabra personal del
Padre celestial que se dirige con amor a sus hijos (Cfr Dei
Verbum, 21) y su papel indispensable en el ministerio pastoral
(Cfr 2Tim 3,16).
4. Publicaciones
Como fruto de la
investigación y complemento de la enseñanza, las
publicaciones tienen una función muy importante para
el progreso y la difusión de la exégesis. En nuestros
días, la publicación no se realiza solamente por
los textos impresos, sino también por otros medios mas
rápidos y potentes (radio, televisión, técnicas
electrónicas), de los cuales conviene aprender a servirse.
Las publicaciones
de alto nivel científico son el instrumento principal
de diálogo, de discusión y de cooperación
entre los investigadores. Gracias a ellas, la exégesis
católica puede mantenerse en relación con otros
ambientes de la investigación exegética, así
como con el mundo científico en general.
Hay otras publicaciones
que proporcionan grandes servicios a breve plazo, adaptándose
a diferentes categorías de lectores, desde el público
cultivado hasta los niños del catecismo, pasando por
los grupos bíblicos, los movimientos apostólicos
y las congregaciones religiosas. Los exegetas dotados para la
divulgación hacen una obra extremadamente útil
y fecunda, indispensable para asegurar a los estudios exegéticos
el influjo que deben tener. En este sector, la necesidad de
la actualización bíblica se hace sentir de modo
apremiante. Esto requiere que los exegetas tomen en consideración
las legítimas exigencias de las personas instruidas y
cultivadas de nuestro tiempo y distingan claramente, pensando
en ellas, lo que debe ser considerado como detalle secundario,
condicionado por la época, lo que se debe interpretar,
como lenguaje mítico, y lo que hay que apreciar como
sentido propio, histórico e inspirado. Los escritos bíblicos
no han sido compuestos en lenguaje moderno, ni en estilo del
siglo XX. Las formas de expresión y los géneros
literarios que utilizan en su texto hebreo, arameo o griego,
deben ser hechos inteligibles a los hombres y mujeres de hoy,
que, de otro modo, estarían tentados o a desinteresarse
de la Biblia, o a interpretarla de modo simplista, literalista
o fantasioso.
En toda la diversidad
de sus tareas, el exegeta católico no tiene otra finalidad
que el servicio de la palabra de Dios. Su ambición no
es sustituir los textos bíblicos con el resultado de
su trabajo,se trate de la reconstrucción de documentos
antiguos utilizados por los autores inspirados, o de una presentación
moderna de las últimas conclusiones de la ciencia exegética.
Su ambición es, al contrario, poner más a la luz
los textos bíblicos mismos, ayudando a apreciarlos mejor
y a comprenderlos con mayor exactitud histórica y profundidad
espiritual.

