B. SENTIDOS
DE LA ESCRITURA INSPIRADA
El aporte moderno de las
hermenéuticas filosóficas y los desarrollos recientes
del estudio científico de la literatura, permiten a la exégesis
bíblica profundizar la comprensión de su tarea, cuya
complejidad se ha vuelto más evidente. La exégesis antigua,
que evidentemente no podía tomar en consideración las
exigencias científicas modernas, atribuía a todo texto
de la Escritura diferentes niveles de sentido. La distinción
más corriente se establecía entre el sentido literal
y el sentido espiritual. La exégesis medieval distinguía
en el sentido espiritual tres aspectos diferentes, que se relacionan,
respectivamente, a la verdad revelada, a la conducta que se debía
mantener, y al cumplimiento final. De allí el célebre
dístico de Agustín de Dinamarca (siglo XIII):
"Littera gesta docet,
quid credas allegoria, moralis quid agas, quid speres anagogia".
En reacción contra
esta multiplicidad de sentidos, la exégesis histórico-crítica
ha adoptado, más o menos abiertamente, la tesis de la unidad
de sentido, según la cual un texto no puede tener simultáneamente
diferentes significados. Todo el esfuerzo de la exégesis histórico-crítica
se dirige a definir "el" sentido de talo cual texto bíblico
en las circunstancias de su producción.
Pero esta tesis choca ahora
con las conclusiones de las ciencias del lenguaje y de las hermenéuticas
filosóficas que afirman la polisemia de los textos escritos.
El problema no es simple
y no se presenta del mismo modo en todos los géneros de texto:
relatos históricos parábolas, oráculos, leyes,
proverbios, oraciones, himnos, etc. Se pueden dar, sin embargo, algunos
principios generales, teniendo en cuenta la diversidad de opiniones.
1. Sentido literal
Es no solamente legítimo,
sino indispensable, procurar definir el sentido preciso de los textos
tal y como han sido producidos por sus autores, sentido llamado "literal".
Ya santo Tomás de Aquino afirmaba su importancia fundamental
(S. Th., 1, q. 1, a. 10 ad 1).
El sentido literal no se
debe confundir con el sentido "literalista" al cual se adhieren
los fundamentalistas. No basta traducir un texto palabra por palabra
para obtener su sentido literal. Es necesario comprenderlo según
las convenciones literarias de su tiempo. Cuando un texto es metafórico,
su sentido literal no es el que resulta inmediatamente de una comprensión
palabra por palabra (por ejemplo: "Tened ceñida la cintura"
, Lc 12,35) sino el que corresponde al empleo metafórico de
los términos ("Tened una actitud de disponibilidad").
Cuando se trata de un relato, el sentido literal no comporta necesariamente
la afirmación de que los hechos narrados se han producido efectivamente,
ya que un relato puede no pertenecer al género histórico,
sino ser una obra de imaginación.
El sentido literal de la
Escritura es aquel que ha sido expresado directamente por los autores
humanos inspirados. Siendo el fruto de la inspiración, este
sentido es también querido por Dios, autor principal. Se le
puede discernir gracias a un análisis preciso del texto, situado
en su contexto literario e histórico. La tarea principal del
exegeta es llevar a buen término este análisis, utilizando
todas las posibilidades de investigación literaria e histórica,
para definir el sentido literal de los textos bíblicos con
la mayor exactitud posible (Cfr Divino afflante Spiritu, Enchiridion
Biblicum, 550). Con este fin, el estudio de los géneros literarios
antiguos es particularmente necesario (ibíd., 560).
El sentido literal de un
texto, ¿es único? En general sí, pero no se trata
de un principio absoluto, y esto por dos razones por una parte, un
autor humano puede querer referirse al mismo tiempo a varios niveles
de realidad. El caso es corriente en poesía. La inspiración
bíblica no desdeña esta posibilidad de la psicología
y del lenguaje humano. El IV evangelio ofrece numerosos ejemplos de
esta situación por otra parte, aun cuando una expresión
humana parece no tener más que un significado, la inspiración
divina puede guiar la expresión de modo de producir una ambivalencia.
Tal es el caso de la palabra de Caifás en Jn 11,50. Ella expresa
a la vez un cálculo político inmoral y una revelación
divina, Estos dos aspectos pertenecen, uno y otro, al sentido literal,
ya que ambos son puestos en evidencia por el contexto. Este caso es
significativo, aunque sea extremo, y pone en guardia contra una concepción
demasiado estrecha del sentido literal de los textos inspirados.
Conviene en particular
estar atento al aspecto dinámico de muchos textos. El sentido
de los salmos reales, por ejemplo, no debería estar limitado
estrechamente a las circunstancias históricas de su producción.
Hablando del rey, el salmista evoca a la vez una institución
concreta, y una visión ideal de la realeza, conforme al designio
de Dios, de modo que su texto sobrepasa la institución monárquica
tal como se había manifestado en la historia.
La exégesis histórico-crítica ha tenido demasiado
frecuentemente la tendencia a limitar el sentido de los textos, relacionándolos
exclusivamente con circunstancias históricas precisas. Ella
debería, más bien, procurar precisar la dirección
de pensamiento expresada por el texto; dirección que, en lugar
de invitar al exegeta a detener el sentido, le sugiere, al contrario,
percibir las extensiones más o menos
previsibles.
Una corriente de hermenéutica
moderna ha subrayado la diferencia de situación que afecta
a la palabra humana puesta por escrito. Un texto escrito tiene la
capacidad de ser situado en nuevas circunstancias, que lo iluminan
de modo diferente, añadiendo a su sentido determinaciones nuevas.
Esta capacidad del texto escrito es especialmente efectiva en el caso
de los textos bíblicos, reconocidos como palabra de Dios. En
efecto, lo que ha llevado a la comunidad creyente a conservarlos,
es la convicción de que ellos continúan siendo portadores
de luz y de vida para las generaciones venideras. El sentido literal
está, desde el comienzo, abierto a desarrollos ulteriores,
que se producen gracias a "relecturas" en contextos nuevos.
De aquí no se sigue
que se pueda atribuir a un texto bíblico cualquier sentido,
interpretándolo de modo subjetivo.
Es necesario, por el contrario,
rechazar, como no auténtica, toda interpretación heterogénea
al sentido expresado por los autores humanos en su texto escrito.
Admitir sentidos heterogéneos equivaldría a cortar el
mensaje bíblico de su
raíz, que es la palabra de Dios comunicada históricamente,
y abrir la puerta a un subjetivismo incontrolable.
2. Sentido espiritual
Conviene, sin embargo,
no tomar "heterogéneo" en un sentido estrecho, contrario
a toda posibilidad de perfeccionamiento superior. El acontecimiento
pascual la muerte y resurrección de Jesús, ha establecido
un contexto histórico radicalmente nuevo, que ilumina de modo
nuevo los textos antiguos y les hace sufrir una mutación de
sentido. En particular, algunos textos que, en las circunstancias
antiguas, debían ser considerados como hipérboles (por
ejemplo, el oráculo donde Dios, hablando de un descendiente
de David, prometía afirmar "para siempre" su trono,
2Sam 7,12-13; 1Crón 17,11,14), deben ser tomados ahora a la
letra, porque "el Cristo, habiendo resucitado de los muertos,
no muere más" (Rm 6,9). Los exegetas que tienen una noción
estrecha, "historicista", del sentido literal, considerarán
que hay aquí heterogeneidad. Los que están abiertos
al aspecto dinámico de los textos, reconocerán una continuidad
profunda, al mismo tiempo que un pasaje a un nivel diferente: el Cristo
reina para siempre, pero no sobre el trono terrestre de David (Cfr
también Sal 2,7-8; 110,1.4).
En estos casos se habla
a veces de "sentido espiritual". Como regla general, se
puede definir el sentido espiritual comprendido según la fe
cristiana, como el sentido expresado por los textos bíblicos,
cuando se los lee bajo la influencia del Espíritu Santo en
el contexto del misterio pascual de Cristo y de la vida nueva que
proviene de él. Este contexto existe efectivamente. El Nuevo
Testamento reconoce en él el cumplimiento de las Escrituras.
Es, pues, normal releer las Escrituras a la luz de este nuevo contexto,
que es el de la vida en el Espíritu.
De la definición
dada se pueden deducir varias precisiones útiles sobre las
relaciones entre sentido espiritual y sentido literal.
Contrariamente a una opinión
corriente, no hay una necesaria distinción entre ambos. Cuando
un texto bíblico se refiere directamente al misterio pascual
de Cristo o a la vida nueva que resulta de él, su sentido literal
es un sentido espiritual. Este es el caso habitual en el Nuevo Testamento.
Por eso es el Antiguo Testamento la parte de la Biblia a propósito
de la cual la exégesis cristiana habla más frecuentemente
de sentido espiritual. Pero ya en el Antiguo Testamento los textos
tienen, en numerosos casos, un sentido religioso y espiritual como
sentido literal. La fe cristiana reconoce en estos textos una relación
anticipada con la vida nueva traída por Cristo.
Cuando hay distinción,
el sentido espiritual no puede jamás estar privado de relación
con el sentido literal. Este continúa siendo la base indispensable.
De otro modo, no podría hablar de "cumplimiento"
de la Escritura. Para que haya "cumplimiento", es esencial
una relación de continuidad y de conformidad. Pero es necesario
también que haya un pasaje a un nivel superior de realidad.
El sentido espiritual no
se debe confundir con las interpretaciones subjetivas dictadas por
la imaginación o la especulación intelectual. Aquel
proviene de la relación del texto con datos reales que no le
son extraños: el acontecimiento pascual y su inagotable fecundidad,
que constituyen el punto más alto de la intervención
divina en la historia de Israel, para beneficio de la humanidad entera.
La lectura espiritual,
hecha en comunidad o individualmente, no descubre un sentido espiritual
auténtico si no se mantiene en esta perspectiva. Hay entonces
una relación de tres niveles de realidad: el texto bíblico,
el misterio pascual y las circunstancias presentes de vida en el Espíritu.
Persuadidos de que el misterio
de Cristo da la clave de interpretación de todas las Escrituras,
los exegetas antiguos se esforzaban por encontrar un sentido espiritual
en los menores detalles de los textos bíblicos -por ejemplo,
en cada prescripción de las leyes rituales- sirviéndose
de método rabínicos o inspirándose en el alegorismo
helenístico. La exégesis moderna no puede considerar
este tipo de intento como interpretación válida, no
obstante cuál haya podido ser en el pasado su utilidad pastoral
(Divino afflante Spirit Enchiridion Biblicum, 553).
Uno de los aspectos posibles
del sentido espiritual es tipológico, del cual se dice habitualmente
que pertenece, a la Escritura misma, sino a las realidades expresadas
por la Escritura: Adán es figura de Cristo (Cfr Rm 5,14), el
diluvio figura del bautismo (1 Pe 3,20-21), etc. De hecho, la relación
tipológica está basada ordinariamente sobre el modo
cómo la Escritura describe la realidad antigua (por ejemplo
la voz de Abel: Gén 4,10; Heb 11,4; 12,24), Y no simplemente
sobre esta realidad. En consecuencia, se trata propiamente, en tal
caso, de un sentido de la Escritura.
2. Sentido pleno
La categoría relativamente
reciente de "sentido pleno" (sensus plenior) suscita discusiones.
El sentido pleno se define como un sentido profundo del texto, querido
por Dios, pero no claramente expresado por el autor humano. Se descubre
la existencia de este sentido en un texto bíblico, cuando se
lo estudia a la luz de otros textos bíblicos que lo utilizan,
o en su relación con el desarrollo interno de la
revelación.
Se trata, pues, del significado
que un autor bíblico atribuye a un texto bíblico anterior,
cuando lo vuelve a emplear en un contexto que le confiere un sentido
literal nuevo; o bien de un significado, que una tradición
doctrinal auténtica o una definición conciliar, da a
un texto de la Biblia. Por ejemplo, el contexto de Mt 1,23 da un sentido
pleno al oráculo de Is 7,14 sobre la almah que concebirá,
utilizando la traducción de los Setenta (parthenos): "La
virgen concebirá".
La doctrina patrística y conciliar sobre la Trinidad expresa
el sentido pleno de la enseñanza del Nuevo Testamento sobre
Dios, Padre, Hijo y Espíritu. La definición de pecado
original del Concilio de Trento proporciona el sentido pleno de la
enseñanza de Pablo en Rm 5,12-21 a propósito de las
consecuencias del pecado de Adán para la humanidad. Pero cuando
falta un control de esta naturaleza, por un texto bíblico explícito
o por una tradición doctrinal auténtica, el recurso
a un pretendido sentido pleno podría conducir a interpretaciones
desprovistas de toda validez.
En definitiva, se puede
considerar el "sentido pleno" como otro modo de designar
el sentido espiritual de un texto bíblico, en el caso en que
el sentido espiritual se distingue del sentido literal. Su fundamento
es que el Espíritu Santo, autor principal de la Biblia, puede
guiar al autor humano en la elección de sus expresiones de
tal modo que ellas expresen una verdad de la cual él no percibe
toda su profundidad. Esta es más completamente revelada en
el curso del tiempo; por una parte, gracias a realizaciones divinas
ulteriores que, manifiestan mejor el alcance de los textos; y por
otra, gracias a la inserción de los textos en el canon de las
Escrituras. Así se constituye un nuevo contexto, que revela
potencialidades de sentido que el contexto primitivo dejaba en la
oscuridad.

