B.
NUEVOS METODOS DE ANALISIS LITERARIO
Ningún
método científico para el estudio de la Biblia
está en condiciones de corresponder a toda la riqueza
de los textos bíblicos. Cualquiera que sea su validez,
el método histórico- crítico no puede bastar.
Deja forzosamente en la sombra numerosos aspectos de los escritos
que estudia. No es de admirarse, pues, si actualmente se proponen
otros métodos y acercamientos para profundizar tal o
cual aspecto digno de atención.
En
este apartado B, presentaremos algunos métodos de análisis
literario que se han desarrollado recientemente. En los apartados
siguientes (C, D, E), examinaremos brevemente diferentes acercamientos,
algunos de los cuales tienen relación con el estudio
de la tradición, otros con las "ciencias humanas",
otros con situaciones contemporáneas particulares. Consideraremos
finalmente (F) la lectura fundamentalista de la Biblia, que
rechaza todo esfuerzo metódico de interpretación.
Aprovechando
los progresos realizados en nuestro tiempo por los estudios
lingüísticos y literarios, la exégesis bíblica
utiliza cada vez más métodos nuevos de análisis
literario, en particular el análisis retórico,
el análisis narrativo y el análisis semiótico.
1. Análisis retórico
En
realidad, el análisis retórico no es en sí
mismo un método nuevo. Nuevo es, sin embargo, por una
parte, su, uso sistemático para la interpretación
de la Biblia, y por otra, el nacimiento y el desarrollo de una
"nueva retórica".
La
retórica es el arte de componer un discurso persuasivo.
Puesto que todos los textos bíblicos son en algún
grado textos persuasivos, un cierto conocimiento de la retórica
forma parte del instrumentario normal del exegeta. El análisis
retórico, debe ser conducido de modo crítico,
ya que la exégesis científica es una tarea que
se somete necesariamente a las exigencias del espíritu
crítico.
Muchos
estudios bíblicos recientes han acordado una gran atención
a la presencia de la retórica en la Escritura. Se pueden
distinguir tres acercamientos diferentes: el primero se apoya
sobre la retórica clásica greco-latina; el segundo
se preocupa de los procedimientos semíticos de composición;
el tercero se inspira en las investigaciones modernas llamadas
"nueva retórica".
Toda
situación de discurso comporta la presencia de tres elementos:
el orador (o autor), el discurso (o texto), y el auditorio (o
destinatario). La retórica clásica distingue,
en consecuencia, tres factores de persuasión que contribuyen
a la cualidad de un discurso: la autoridad del orador, la argumentación
del discurso y las emociones que suscita en el auditorio. La
diversidad de situaciones y de auditorios influye grandemente
sobre el modo de hablar. La retórica clásica,
desde Aristóteles, admite la distinción de tres
géneros de elocuencia: el género judicial (delante
de los tribunales), el deliberativo (en las asambleas políticas),
y el demostrativo (en las celebraciones).
Constatando
la enorme influencia de la retórica en la cultura helenística,
un número creciente de exegetas utiliza los rasgos de
la retórica clásica para analizar mejor ciertos
aspectos de los escritos bíblicos, sobre todo del Nuevo
Testamento.
Otros
concentran su atención sobre los rasgos específicos
de la tradición literaria bíblica. Enraizada en
la cultura semítica, ésta manifiesta un gusto
pronunciado por las composiciones simétricas, gracias
a las cuales se establecen relaciones entre los diferentes elementos
del texto. El estudio de múltiples formas de paralelismo
y de otros procedimientos semíticos de composición
debería permitir discernir mejor la estructura literaria
de los textos y llegar así a una mejor comprensión
de su mensaje.
Desde
un punto de vista más general, la "nueva retórica"
quiere ser algo más que un inventario de figuras de estilo,
de artificios oratorios y de tipos de discurso. Ella investiga
por qué tal uso específico del lenguaje es eficaz
y llega a comunicar una convicción. Quiere ser "realista",
rehusando limitarse al simple análisis formal. Otorga
a la situación del debate la debida atención.
Estudia el estilo y la composición como medios de ejercitar
una acción sobre el auditorio. Con esta finalidad, aprovecha
los aportes recientes de disciplinas como la lingüística,
la semiótica; la antropología y la
sociología.
Aplicada
a la Biblia, la "nueva retórica quiere penetrar
en el corazón del lenguaje de la revelación en
cuanto lenguaje .religioso persuasivo y medir su impacto en
el contexto social de la comunicación.
Porque
aportan un enriquecimiento al estudio crítico de los
textos, los análisis retóricos merecen mucha estima,
sobre todo sus recientes profundizaciones. Ellos reparan una
negligencia que ha durado largo tiempo, y permiten descubrir
o ponen más en claro perspectivas originales.
La
nueva retórica tiene razón de llamar la atención
sobre la capacidad persuasiva y convincente del lenguaje. La
Biblia no es simplemente un enunciado de verdades. Es un mensaje
dotado de una función de comunicación en un cierto
contexto, un mensaje que comporta un dinamismo de argumentación
y una estrategia retórica.
Los
análisis retóricos tienen, sin embargo, sus límites.
Cuando se contentan con ser descriptivos, sus resultados no
tienen frecuentemente más que un interés estilístico.
Fundamentalmente sincrónicos, no pueden pretender constituir
un método independiente que se bastaría a sí
mismo. Su aplicación a los textos bíblicos suscita
más de una cuestión: ¿pertenecían
los autores de estos textos a los medios más cultivados?
¿Hasta qué punto han seguido las reglas de la
retórica para componer sus escritos? ¿Qué
retórica es más pertinente para el análisis
de tal escrito determinado: la greco- latina o la semítica?
¿No se corre el peligro de atribuir a ciertos, textos
bíblicos una estructura retórica demasiado "elaborada?
Estas preguntas -y otras- no deben disuadir de emplear este
género de análisis. Ellas invitan solamente a
no recurrir a él sin discernimiento.
2. Análisis narrativo
La
exégesis narrativa propone un método de comprensión
y de comunicación del mensaje bíblico que corresponde
a las formas de relato y de testimonio, modalidades fundamentales
de la comunicación entre personas humanas, características
también de la Sagrada Escritura. El Antiguo Testamento,
en efecto, presenta una .historia de salvación cuyo relato
eficaz se convierte en sustancia de la profesión de fe,
de la liturgia y de la catequesis (Cfr Sal 78,3-4; Ex 12,24-27;
Dt 6,20-25; 26,5-11). Por su parte, la proclamación del
kerigma cristiano comprende la secuencia narrativa de la vida,
de la muerte y de la resurrección de Jesucristo, acontecimientos
de los cuales los evangelios nos ofrecen el relato detallado.
La catequesis se presenta también bajo forma narrativa
(Cfr ICor 11,23-25).
A
propósito del acercamiento narrativo, conviene distinguir
método de análisis, y reflexión teológica.
Actualmente
se proponen numerosos métodos de análisis; Algunos
parten del estudio de modelos narrativos antiguos. Otros se
apoyan sobre talo cual "narratología" actual,
que puede tener puntos comunes con la semiótica. Particularmente
atento a los elementos del texto que conciernen a la intriga,
a los personajes y al punto de vista tomado por el narrador,
el análisis narrativo estudia el modo cómo se
cuenta una historia para implicar al lector en el "mundo
del relato" y en su sistema de valores.
Varios
métodos introducen una distinción entre "autor
real" y "autor implícito", "lector
real" y "lector implícito". El "autor
real" es la persona que ha compuesto el relato. "Autor
implícito" designa la imagen de autor (con su cultura,
su temperamento, sus, tendencias, su fe, etc.) que el texto
engendra progresivamente en el curso de la lectura. Se llama
lector real toda persona que tiene acceso al texto, desde los
primeros destinatarios que lo han leído o escuchado leer
hasta los lectores o auditores de hoy. Por "lector implícito"
se entiende aquél que el texto presupone y produce, que
es capaz de efectuar las operaciones mentales y afectivas requeridas
para entrar en el mundo del relato, y de responder del modo
pretendido por el autor real a través del autor implícito.
Un
texto sigue ejerciendo su influencia en la medida en que los
lectores reales (por ejemplo, nosotros mismos, al final del
siglo XX) pueden identificarse con el lector implícito.
Una de las tareas mayores de la exégesis es facilitar
esta identificación.
Con
el análisis narrativo se relaciona una manera nueva de
apreciar el alcance de los textos. Mientras el método
histórico-crítico considera más bien el
texto como una "ventanal", que permite entregarse
a observaciones sobre tal o cual época (no solamente
sobre los hechos narrados, sino también sobre la situación
de la comunidad para la cual han sido narrados), el análisis
narrativo subraya que el texto funciona igualmente como un "espejo",
en el sentido de, presentar una cierta imagen de mundo -el "mundo
del relato"-, que ejerce su influjo sobre los modos de
ver del lector y lo lleva a adoptar ciertos valores más
bien que otros.
A
este género de estudio, típicamente literario,
se asocia la reflexión teológica, que considera
las consecuencias que comporta, para la adhesión a la
fe, la naturaleza del relato -y por tanto el testimonio- de
la Sagrada Escritura, y deduce de allí una hermenéutica
práctica y pastoral. Se reacciona así contra la
reducción del texto inspirado a una serie de tesis teológicas,
frecuentemente formuladas según categorías y lenguaje
no escriturísticos. Se pide a la exégesis narrativa
rehabilitar, en contextos históricos nuevos los modos
de comunicación y de significación propios del
relato bíblico, a fin de abrir mejor el camino a su eficacia
para la salvación. Se insiste sobre la necesidad de "narrar
la salvación" (aspecto "informativo" del
relato), y de "narrar" en vista de la salvación"
(aspecto "performativo"). El relato bíblico,
en efecto, contiene explícita o implícitamente,
según los casos, una llamada existencial dirigida al
lector.
Para
la exégesis de la Biblia, el análisis narrativo
presenta una utilidad evidente, porque corresponde a la naturaleza
narrativa de un gran número de textos bíblicos;
Puede contribuir a facilitar el paso, frecuentemente difícil,
del sentido del texto en su contexto histórico -tal como
el método histórico-crítico procura definirlo-,
al alcance del texto para el lector de hoy. Como contrapartida,
la distinción entre "autor real" y "autor
implícito" aumenta la complejidad de los problemas
de interpretación.
Cuando
se aplica a los textos de la Biblia, el análisis narrativo
no puede contentarse con aplicar modelos preestablecidos. Más
bien debe esforzarse por corresponder a su carácter específico.
Su acercamiento sincrónico a los textos exige ser completado
por estudios diacrónicos. El análisis narrativo
debe cuidarse, por otra parte, de una posible tendencia a excluir
toda elaboración doctrinal de los datos que contienen
los relatos de la Biblia. Se encontraría en tal caso
en desacuerdo con la tradición bíblica misma,
que practica este género de elaboración, y con
la tradición eclesial, que ha continuado por este camino.
Conviene notar, finalmente, que no se puede considerar la eficacia
existencial subjetiva de la palabra de Dios trasmitida narrativamente
como un criterio suficiente de la verdad de su comprensión.
3. Análisis semiótico
También
entre los métodos llamados sincrónicos, que se
concentran sobre el estudio del texto bíblico en su estadio
final, se sitúa el análisis semiótico,
que desde hace unos veinte años se ha desarrollado notablemente
en algunos ambientes. Llamado inicialmente con el término
general de "estructuralismo", este método puede
reclamar como su fundador el lingüista suizo Ferdinand
de Saussure, quien, al comienzo de este siglo, elaboró
la teoría de que toda lengua es un sistema de relaciones,
que obedece a reglas, determinadas. Muchos lingüistas y
literatos han tenido una señalada influencia en la evolución
del método. La mayor parte de los biblistas que utilizan
la semiótica para el estudio de la Biblia siguen a Algirdas
J. Greimas y la escuela de París, de la cual es el fundador.
Acercamientos o métodos análogos, fundados sobre
la lingüística moderna, se desarrollan también
en otras partes. Es el método de Greimas el que presentaremos
brevemente.
La
semiótica se apoya sobre tres principios o presupuestos
principales:
Principio
de inmanencia: cada texto forma un sistema de significación;
el análisis considera todo el texto, pero solamente el
texto. No recurre a datos "exteriores", como el autor,
los destinatarios, los acontecimientos narrados, la historia
de la redacción.
Principio
de estructura del sentido: el sentido no existe sino por la
relación y en la relación, especialmente la relación
de diferencia. El análisis de un texto consiste, pues,
en establecer el tejido de relaciones (de oposición,
de homologación...) entre
los elementos, a partir del cual se construye el sentido del
texto.
Principio
de la gramática del texto: cada texto respeta una gramática,
es decir un cierto número de reglas o estructuras; en
un conjunto de frases llamado discurso, hay diferentes niveles,
cada uno de los cuales tiene su gramática.
El
contenido global de un texto puede ser analizado en tres niveles
diferentes:
El
narrativo. Se estudian, en el relato, las transformaciones que
permiten pasar del estado inicial al estado terminal. En el
interior de un "itinerario narrativo", el análisis
procura descubrir las diversas fases, lógicamente ligadas
entre ellas, que marcan la transformación de un estado
en otro diferente. En cada una de estas fases, se precisan las
relaciones entre los "papeles" asumidos por los "actantes"
que determinan los estados y producen las transformaciones.
El
nivel discursivo. El análisis consiste en tres operaciones:
a) la identificación y clasificación de las figuras,
es decir, de los elementos de significación de un texto
(actores, tiempos y lugares);
b) el establecimiento de los itinerarios de cada figura en un
texto para determinar el modo cómo el texto la utiliza;
c) la búsqueda de los valores temáticos de las
figuras. Esta última operación consiste en determinar
"en nombre de qué cosa " (= valor) las figuras,
en un texto concreto, siguen tal itinerario.
El
nivel lógico-semántico. Es el nivel llamado profundo.
Es también el más abstracto. Supone el postulado
de que las formas lógicas y significativas subyacen a
las organizaciones narrativas y discursivas de tal discurso.
El análisis en este nivel consiste en precisar la lógica
que preside las articulaciones fundamentales de los itinerarios
narrativos y figurativos de un texto. Para lograrlo se emplea
frecuentemente un instrumento llamado el "cuadrado semiótico",
figura que utiliza las relaciones entre dos términos
"contrarios" y dos "contradictorios" (por
ejemplo: blanco y negro, blanco y no blanco, negro y no negro).
Los
teóricos del método semiótico no dejan
de aportar nuevos desarrollos. Las investigaciones actuales
se centran sobre la enunciación y sobre la intertextualidad.
El método, aplicado inicialmente a los textos narrativos
de la Escritura, que se prestan más fácilmente
a tal análisis, se utiliza cada vez más para otros
tipos de discursos bíblicos.
La
descripción de la semiótica presentada y sobre
todo el enunciado de sus presupuestos; dejan ya entrever los
aportes y los límites de este método. La semiótica
contribuye a nuestra comprensión de la Escritura, palabra
de Dios expresada en lenguaje humano, haciéndonos más
atentos a la coherencia de cada texto bíblico como un
todo, que obedece a mecanismos lingüísticos precisos.
La
semiótica no puede ser utilizada para el estudio de la
Biblia si no se distingue este método de análisis
de ciertos presupuestos desarrollados en la filosofía
estructuralista, decir, la negación de los sujetos y
de la referencia extratextual. La Biblia es una Palabra sobre
la realidad, que Dios pronunció en una historia y que
nos dirige hoy por medio de autores humanos. El acercamiento
semiótico debe estar abierto a la historia: la de los
actores de los textos, primero; la de sus autores y sus lectores,
después. Existe el grave riesgo, entre quienes utilizan
el análisis semiótico, de quedarse en un estudio
formal del contenido, y de no explicitar el mensaje de los textos.
Si
el análisis semiótico no se pierde en los arcanos
de un lenguaje complicado, sino que es enseñado en términos
simples y en sus elementos principales, puede dar a los cristianos
el gusto de estudiar el texto bíblico y de descubrir
algunas de sus dimensiones de sentido, sin poseer todos los
conocimientos históricos que se refieren a la producción
del texto y a su mundo socio-cultural.
Puede
también demostrarse útil en la pastoral misma,
por medio de una cierta apropiación de la escritura en
medios no especializados.

