C.
ACERCAMIENTOS BASADOS SOBRE LA TRADICION
Aunque
se diferencia del método histórico-crítico
por una mayor atención a la unidad interna de los textos
estudiados, los métodos literarios que acabamos de presentar
permanecen insuficientes para la interpretación de la
Biblia, porque consideran cada escrito aisladamente. Pero la
Biblia no se presenta como una suma de textos desprovistos de
relaciones entre ellos, sino como un conjunto de testimonios
de una misma gran tradición. Para corresponder plenamente
al objeto de su estudio, la exégesis bíblica debe
tener en cuenta este hecho. Tal es la perspectiva adoptada por
varios acercamientos que se desarrollan actualmente.
1. Acercamiento canónico
Constando
que el método histórico-crítico experimenta
a veces dificultades para alcanzar, en sus conclusiones, el
nivel teológico, el acercamiento canónico, nacido
en los Estados Unidos hace unos veinte años, procura
conducir a buen término una tarea teológica de
interpretación, partiendo del cuadro explícito
de la fe: la Biblia en su conjunto.
Para
hacerlo interpreta cada texto bíblico a la luz del canon
de las Escrituras, es decir, de la Biblia en cuanto recibida
como norma de fe por una comunidad de creyentes. Procura situar
cada texto en el interior del único designio divino,
con la finalidad de llegar a una actualización de la
Escritura para nuestro tiempo. No pretende sustituir al método
histórico- crítico, sino que desea completarlo.
Se
han propuesto dos puntos de vista diferentes: Brevard S. Childs
centra su interés sobre la forma canónica final
del texto (libro o colección), forma aceptada por la
comunidad como autoritativa para expresar su fe y dirigir su
vida.
Más
que sobre la forma final y estabilizada del texto, James A.
Sanders pone su atención en el "proceso canónico"
o desarrollo progresivo de las Escrituras, a las cuales la comunidad
creyente ha reconocido una autoridad normativa. El estudio crítico
de este proceso examina cómo las antiguas tradiciones
han sido utilizadas en nuevos contextos, antes de constituir
un todo a la vez estable y adaptable, coherente y unificante
de datos diversos, del cual la comunidad de fe extrae su identidad.
En el curso de este proceso se han puesto en acción procedimientos
hermenéuticos, y ellos continúan actuando después
de la fijación del canon. Frecuentemente son de género
midrásico, que sirven para actualizar el texto bíblico.
Favorecen una constante interacción entre la comunidad
y sus escrituras, recurriendo a una interpretación que
procura hacer contemporánea la tradición.
El
acercamiento canónico reacciona con razón contra
la valorización exagerada de lo que se supone ser original
y primitivo, como si ello fuera lo único auténtico.
La escritura inspirada es ciertamente la Escritura tal como
la Iglesia la ha reconocido como regla de fe. A propósito
de esto se puede insistir, sea sobre la forma final en la cual
se encuentra actualmente cada uno de los libros, sea sobre el
conjunto que
ellos constituyen como canon. Un libro no es bíblico
sino a la luz de todo el canon.
La
comunidad creyente es efectivamente el contexto adecuado para
la interpretación de los textos canónicos. La
fe y el Espíritu Santo enriquecen su exégesis.
La autoridad eclesial, que se ejerce al servicio de la comunidad,
debe vigilar para que la interpretación sea siempre fiel
a la gran tradición que ha producido a los textos (Cfr
Dei Verbum, 10).
El
acercamiento canónico debe enfrentar más de un
problema, sobre todo cuando procura definir el "proceso
canónico". ¿A partir de cuándo se
puede decir que un texto es canónico? Parece admisible
decirlo desde que la comunidad atribuye a un texto una autoridad
normativa, aún antes de la fijación definitiva
de ese texto. Se puede hablar de una hermenéutica "canónica"
mientras la repetición de las tradiciones, que se efectúa
teniendo en cuenta los aspectos nuevos de la situación
(religiosa, cultural, teológica), mantenga la identidad
del mensaje. Pero se presenta una cuestión: ¿el
proceso de interpretación que ha conducido a la formación
del canon debe ser reconocido como regla de interpretación
de la Escritura hasta nuestros días?
Por
otra parte, las relaciones complejas entre el canon judío
de las Escrituras y el canon cristiano suscitan numerosos problemas
de interpretación. La Iglesia cristiana ha recibido como
" Antiguo Testamento los escritos que tenían autoridad
en la comunidad judío-helenística, pero algunos
de ellos están ausentes de la Biblia hebrea, o se presentan
bajo una forma diferente. El corpus es pues diferente. Por ello,
la interpretación canónica no puede ser idéntica,
porque cada texto debe ser leído en relación con
el conjunto del corpus.
Pero,
sobre todo, la Iglesia lee el Antiguo Testamento a la luz del
acontecimiento pascual -la muerte y resurrección de Jesucristo-,
que aporta una radical novedad y da, con una soberana autoridad,
un sentido decisivo y definitivo a las Escrituras (Cfr Dei Verbum,
4). Esta nueva determinación de sentido forma parte integrante
de la fe cristiana. Ella no puede, sin embargo, quitar toda
consistencia a la interpretación canónica anterior,
la que ha precedido la pascua cristiana, porque es necesario
respetar cada etapa de la historia de salvación. Vaciar
el Antiguo Testamento de su sustancia sería privar al
Nuevo Testamento de su enraizamiento en la historia.
2. El recurso a las tradiciones judías de interpretación
El
Antiguo Testamento ha tomado su forma final en el judaísmo
de los últimos cuatro o cinco siglos que han precedido
la era cristiana. Este judaísmo ha sido también
el medio de origen del Nuevo Testamento y de la Iglesia naciente.
Numerosos estudios de historia judía antigua y especialmente
las investigaciones suscitadas por los descubrimientos de Qumrân
han puesto de relieve la complejidad del mundo judío,
en la tierra de Israel y en la diáspora, durante todo
este período.
Es
en este mundo donde comenzó la interpretación
de la Escritura. Uno de los más antiguos testimonios
de la interpretación judía de la Biblia es la
traducción griega de los Setenta. Los Targumim arameos
constituyen otro testimonio del mismo esfuerzo, que se ha proseguido
hasta nuestros días, acumulando una prodigiosa cantidad
de procedimientos técnicos para la conservación
del texto del Antiguo Testamento y para la explicación
del sentido de los textos bíblicos.
Desde siempre, los mejores exegetas cristianos, a partir de
Orígenes y san Jerónimo, han procurado sacar provecho
de la erudición bíblica judía, para una
mejor comprensión de la Escritura. Numerosos exegetas
modernos siguen este ejemplo.
Las
tradiciones judías antiguas permiten, en particular,
conocer mejor los Setenta, la Biblia judía que se convirtió
seguidamente en la primera parte de la Biblia cristiana durante
al menos los primeros cuatro siglos de la Iglesia, y en Oriente
hasta nuestros días. La literatura judía extracanónica,
llamada apócrifa o intertestamentaria, abundante y diversificada,
es una fuente importante para la interpretación del Nuevo
Testamento. Los variados procedimientos de exégesis practicados
por el judaísmo de diferentes tendencias se encuentran
en el mismo Antiguo Testamento, por ejemplo en las Crónicas
en relación a los libros de los Reyes, y en el Nuevo
Testamento, por ejemplo en ciertos razonamientos escriturísticos
de san Pablo. La diversidad de las formas (parábolas,
alegorías, antologías y colecciones, relecturas,
pesher, relaciones entre textos distintos, salmos e himnos,
visiones, revelaciones y sueños, composiciones sapienciales)
es común al Antiguo y al Nuevo Testamento así
como a la literatura de todos los medios judíos antes
y después del tiempo de Jesús. Los Targumim y
los Midrasim representan la homilética y la interpretación
bíblica de amplios sectores del judaísmo de los
primeros siglos.
Numerosos
exegetas del Antiguo Testamento buscan iluminación, además,
en los comentadores, gramático s y lexicógrafos
judíos medievales y más recientes para comprender
pasajes oscuros o palabras raras y únicas. Más
frecuentemente que antes, aparecen hoy referencias a obras judías
en la discusión exegética.
La
riqueza de la erudición judía puesta al servicio
de la Biblia, desde sus orígenes en la antigüedad
hasta nuestros días, es una ayuda permanente de primer
orden para la exégesis de ambos Testamentos, a condición,
sin embargo, de emplearla correctamente. El judaísmo
antiguo era muy diversificado. La forma farisea, que ha prevalecido
después en el rabinismo, no era la única. Los
textos judíos antiguos se escalonan a lo largo de varios
siglos. Es importante, pues, situarlos cronológicamente
antes de proceder a comparaciones. Sobre todo, el cuadro de
conjunto de las comunidades judías y cristianas es fundamentalmente
diferente: deI Iado judío, según formas muy variadas,
se trata de una religión que define un pueblo y una práctica
de vida a partir de un escrito revelado y de una tradición
oral, mientras que del lado cristiano, es la fe en el Señor
Jesús, muerto, resucitado y vivo para siempre, Mesías
e Hijo de Dios, la que reúne una comunidad. Estos dos
puntos de partida crean, para la interpretación de las
Escrituras, dos contextos, que a pesar de muchos contactos y
semejanzas, son radicalmente diferentes.
3. La historia de los efectos del texto
Este
acercamiento reposa sobre dos principios: a) un texto no se
convierte en una obra literaria si no hay lectores que le dan
vida, apropiándose de él; b) esta apropiación
del texto, que puede efectuarse de modo individual o comunitario
y toma forma en diferentes dominios (literario, artístico,
teológico, ascético y místico), contribuye
a hacer comprender mejor el texto mismo.
Sin
ser completamente desconocido en la antigüedad, este acercamiento
se ha desarrollado, en los estudios literarios, entre 1960 y
1970, cuando la crítica se interesó en las relaciones
entre el texto y sus lectores. La exégesis bíblica
no podría sino sacar beneficio de esta investigación,
tanto más que la hermenéutica filosófica
afirma, por su parte, la necesaria distancia entre la obra y
su autor, así como entre la obra y sus lectores. En esta
perspectiva, se comenzó a introducir en el trabajo de
interpretación la historia del efecto provocado por un
libro o por un pasaje de la escritura ("Winkungsgeschichte").
Se trata de medir la evolución de la interpretación
en el curso del tiempo en función de las preocupaciones
de los lectores, y de evaluar la importancia del papel de la
tradición para aclarar el sentido de los textos bíblicos.
La
confrontación del texto con sus lectores suscita una
dinámica, porque el texto ejerce un influjo y provoca
reacciones, su llamada es escuchada por los lectores individualmente
o en grupos. El lector no es, por lo demás, un sujeto
aislado. Pertenece a un espacio social y se sitúa en
una tradición. Viene al texto con sus preguntas, opera
una selección, propone una interpretación y finalmente,
puede crear otra obra o tomar iniciativas que se inspiran directamente
de su lectura de la Escritura.
Los
ejemplos de tal acercamiento son ya numerosos. La historia de
la lectura del Cantar de los cantares ofrece un excelente testimonio.
Nos muestra cómo este libro ha sido recibido en la época
de los Padres de la Iglesia, en el ambiente monástico
latino de la Edad Media, y todavía en un místico
como san Juan de la Cruz. Permite así descubrir mejor
todas las dimensiones de sentido de este escrito. Del mismo
modo, en el Nuevo Testamento, es posible y útil aclarar
el sentido de una perícopa (por ejemplo la del joven
rico en Mt 19,16-26) mostrando su fecundidad en la historia
de la Iglesia.
Pero
la historia testimonia también la existencia de corrientes
de interpretación tendenciosas y falsas, de efectos nefastos,
que impulsan, por ejemplo, al antisemitismo o a otras discriminaciones
raciales, o crean ilusiones milenaristas. Es claro, por tanto,
que este acercamiento no puede ser una disciplina autónoma.
Un discernimiento es necesario. Se debe evitar el privilegiar
tal o cual momento de la historia de los efectos de un texto
para hacer de él la única regla de su interpretación.

