CAPITULO
V
EL
NUEVO TESTAMENTO
Excelencia del Nuevo
Testamento
17. La palabra divina que es poder de Dios para la salvación
de todo el que cree, se presenta y manifiesta su vigor de manera especial
en los escritos del Nuevo Testamento. Pues al llegar la plenitud de
los tiempos el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros
lleno de gracia y de verdad. Cristo instauró el Reino de Dios
en la tierra, manifestó a su Padre y a Sí mismo con
obras y palabras y completó su obra con la muerte, resurrección
y gloriosa ascensión, y con la misión del Espíritu
Santo. Levantado de la tierra, atrae a todos a Sí mismo, El,
el único que tiene palabras de vida eterna. pero este misterio
no fue descubierto a otras generaciones, como es revelado ahora a
sus santos Apóstoles y Profetas en el Espíritu Santo,
para que predicaran el Evangelio, suscitaran la fe en Jesús,
Cristo y Señor, y congregaran la Iglesia. De todo lo cual los
escritos del Nuevo Testamento son un testimonio perenne y divino.
Origen apostólico
de los Evangelios
18. Nadie ignora que entre
todas las Escrituras, incluso del Nuevo Testamento, los Evangelios
ocupan, con razón, el lugar preeminente, puesto que son el
testimonio principal de la vida y doctrina del Verbo Encarnado, nuestro
Salvador.
La Iglesia siempre ha defendido
y defiende que los cuatro Evangelios tienen origen apostólico.
Pues lo que los Apóstoles predicaron por mandato de Cristo,
luego, bajo la inspiración del Espíritu Santo, ellos
y los varones apostólicos nos lo transmitieron por escrito,
fundamento de la fe, es decir, el Evangelio en cuatro redacciones,
según Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
Carácter histórico
de los Evangelios
19. La Santa Madre Iglesia
firme y constantemente ha creído y cree que los cuatro referidos
Evangelios, cuya historicidad afirma sin vacilar, comunican fielmente
lo que Jesús Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo
y enseñó realmente para la salvación de ellos,
hasta el día que fue levantado al cielo. los Apóstoles,,
ciertamente, después de la ascensión del Señor,
predicaron a sus oyentes lo que El había dicho y obrado, con
aquella crecida inteligencia de que ellos gozaban, amaestrados por
los acontecimientos gloriosos de Cristo y por la luz del Espíritu
de verdad. Los autores sagrados escribieron los cuatro Evangelios
escogiendo algunas cosas de las muchas que ya se trasmitían
de palabra o por escrito, sintetizando otras, o explicándolas
atendiendo a la condición de las Iglesias, reteniendo por fin
la forma de proclamación de manera que siempre nos comunicaban
la verdad sincera acerca de Jesús. Escribieron, pues, sacándolo
ya de su memoria o recuerdos, ya del testimonio de quienes "desde
el principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra"
para que conozcamos "la verdad" de las palabras que nos
enseñan (cf. Lc., 1,2-4).
Los restantes escritos
del Nuevo Testamento
20. El Canon del Nuevo
Testamento, además de los cuatro Evangelios, contiene también
las cartas de San Pablo y otros libros apostólicos escritos
bajo la inspiración del Espíritu Santo, con los cuales,
según la sabia disposición de Dios, se confirma todo
lo que se refiere a Cristo Señor, se declara más y más
su genuina doctrina, se manifiesta el poder salvador de la obra divina
de Cristo, y se cuentan los principios de la Iglesia y su admirable
difusión, y se anuncia su gloriosa consumación.
El Señor Jesús,
pues, estuvo con los Apóstoles como había prometido
y les envió el Espíritu Consolador, para que los introdujera
en la verdad completa (cf. Jn., 16,13).

