CAPITULO
III
INSPIRACION
DIVINA DE LA SAGRADA
ESCRITURA Y SU INTERPRETACION
Se establece el hecho
de la inspiración y de la verdad de la Sagrada Escritura
11. Las verdades reveladas
por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura,
se consignaron por inspiración del Espíritu Santo. la
santa Madre Iglesia, según la fe apostólica, tiene por
santos y canónicos los libros enteros del Antiguo y Nuevo Testamento
con todas sus partes, porque, escritos bajo la inspiración
del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor y como tales se
le han entregado a la misma Iglesia. Pero en la redacción de
los libros sagrados, Dios eligió a hombres, que utilizó
usando de sus propias facultades y medios, de forma que obrando El
en ellos y por ellos, escribieron, como verdaderos autores, todo y
sólo lo que El quería.
Pues, como todo lo que los autores inspirados o hagiógrafos
afirman, debe tenerse como afirmado por el Espíritu Santo,
hay que confesar que los libros de la Escritura enseñan firmemente,
con fidelidad y sin error, la verdad que Dios quiso consignar en las
sagradas letras que nuestra salvación. Así, pues, "toda
la Escritura es divinamente inspirada y útil para enseñar,
para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin
de que el hombre de Dios sea perfecto y equipado para toda obra buena"
(2 Tim., 3,16-17).
Cómo hay que interpretar la Sagrada Escritura
12. Habiendo, pues, hablando
dios en la Sagrada Escritura por hombres y a la manera humana, para
que el intérprete de la Sagrada Escritura comprenda lo que
El quiso comunicarnos, debe investigar con atención lo que
pretendieron expresar realmente los hagiógrafos y plugo a Dios
manifestar con las palabras de ellos.
Para descubrir la intención de los hagiógrafos, entre
otras cosas hay que atender a "los géneros literarios".
Puesto que la verdad se propone y se expresa de maneras diversas en
los textos de diverso género: histórico, profético,
poético o en otros géneros literarios. Conviene, además,
que el intérprete investigue el sentido que intentó
expresar y expresó el hagiógrafo en cada circunstancia
según la condición de su tiempo y de su cultura, según
los géneros literarios usados en su época. Pues para
entender rectamente lo que el autor sagrado quiso afirmar en sus escritos,
hay que atender cuidadosamente tanto a las formas nativas usadas de
pensar, de hablar o de narrar vigentes en los tiempos del hagiógrafo,
como a las que en aquella época solían usarse en el
trato mutuo de los hombres.
Y como la Sagrada Escritura
hay que leerla e interpretarla con el mismo Espíritu con que
se escribió para sacar el sentido exacto de los textos sagrados,
hay que atender no menos diligentemente al contenido y a la unidad
de toda la Sagrada Escritura, teniendo en cuanta la Tradición
viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe. Es deber de
los exegetas trabajar según estas reglas para entender y exponer
totalmente el sentido de la Sagrada Escritura, para que, como en un
estudio previo, vaya madurando el juicio de la Iglesia. Por que todo
lo que se refiere a la interpretación de la Sagrada Escritura,
está sometido en última instancia a la Iglesia, que
tiene el mandato y el ministerio divino de conservar y de interpretar
la palabra de Dios.
Condescendencia de Dios
13. En la Sagrada Escritura,
pues, se manifiesta, salva siempre la verdad y la santidad de Dios,
la admirable "condescendencia" de la sabiduría eterna,
"para que conozcamos la inefable benignidad de Dios, y de cuánta
adaptación de palabra ha uso teniendo providencia y cuidado
de nuestra naturaleza". Porque las palabras de Dios expresadas
con lenguas humanas se han hecho semejantes al habla humana, como
en otro tiempo el Verbo del Padre Eterno, tomada la carne de la debilidad
humana, se hizo semejante a los hombres.

