VIII. CONCLUSION

 

Asistencia a los padres

145. Existen diversos modos de ayudar y apoyar a los padres en el ejercicio del derecho-deber fundamental de educar a los propios hijos en el amor. Dicha asistencia no significa nunca privar a los padres ni disminuirles su propio derecho-deber formativo, que permanece "original y primario", "insustituible e inalienable".172 Por esto, el papel de quienes ayudan a los padres es siempre a) subsidiario, puesto que la misión formativa de la comunidad familiar es siempre preferible, y b) subordinado, es decir, sujeto a la guía atenta y al control de los padres. Todos han de observar el orden justo de cooperación y colaboración entre los padres y quienes pueden ayudarles en su tarea. Es evidente que tal ayuda debe ser proporcionada principalmente a los padres y no a los hijos.

146. Quienes son llamados a ayudar a los padres en la educación al amor de sus hijos, han de estar dispuestos y preparados a enseñar en conformidad con la auténtica doctrina moral de la Iglesia Católica. Además, deben ser personas maduras, de buena reputación moral, fieles al propio estado cristiano de vida, casados o célibes, laicos, religiosos o sacerdotes. No sólo deben estar preparados en la materia de formación moral y sexual, sino ser sensibles a los derechos y al papel de los padres y de la familia, así como a las necesidades y los problemas de los niños y jóvenes.173 Así pues, a la luz de los principios y del contenido de esta guía, se deben situar "en el mismo espíritu que anima a los padres";174 y, si los padres se creen preparados para impartir adecuadamente la educación sexual, no están obligados a aceptar dicha asistencia.

Fuentes válidas para la educación en el amor

147. El Pontificio Consejo para la Familia es consciente de la gran necesidad de material válido y específicamente preparado para los padres, de acuerdo con los principios ilustrados en la presente guía. Los padres dotados de la debida competencia y convencidos de estos principios, han de empeñarse en la preparación de tal material. Ofrecerán así la propia experiencia y sabiduría para ayudar a otros en la educación de sus hijos a la castidad. Los padres acogerán la ayuda y la vigilancia de la autoridad eclesiástica competente para promover el material adecuado y eliminar o corregir, lo que no está en consonancia con los principios antes ilustrados acerca la doctrina, los tiempos oportunos, el contenido y los métodos de dicha educación.175 Tales principios se aplican también a los medios modernos de comunicación social. Especialmente, este Pontificio Consejo confía en la obra de sensibilización y de apoyo a los padres por parte de las Conferencias Episcopales, para que sepan reclamar, donde sea necesario, frente los programas del Estado en este campo, el derecho y los ámbitos propios de la familia y los padres.

Solidaridad con los padres

148. En el cumplimiento de su ministerio de amor hacia los propios hijos, los padres deberían gozar del apoyo y la cooperación de los demás miembros de la Iglesia. Los derechos de los padres han de ser reconocidos, tutelados y mantenidos no sólo para asegurar la sólida formación de los niños y de los jóvenes, sino para garantizar el justo orden de cooperación y colaboración entre los padres y quienes pueden ayudarles en su tarea. Igualmente en las parroquias y otras formas de apostolado, el clero y los religiosos han de sostener y estimular a los padres en el esfuerzo por formar a los propios hijos. A su vez, los padres deben recordar que la familia no es la única o exclusiva comunidad formativa. Han de cultivar una relación cordial y activa con las personas que pueden ayudarles, sin olvidar nunca que sus propios derechos son inalienables.

Esperanza y confianza

149. Frente a los grandes retos para la castidad cristiana, los dones de naturaleza y gracia otorgados a los padres constituyen las bases más sólidas sobre las que la Iglesia forma a sus propios hijos. Gran parte de la formación en familia es indirecta, encarnada en un clima de amabilidad y ternura, que surge de la presencia y del ejemplo de los padres cuando su amor es puro y generoso. Si se tiene confianza en los padres para esta tarea de educación en el amor, se sentirán estimulados a superar los retos y problemas de nuestro tiempo con la fuerza de su amor.

150. El Pontificio Consejo para la Familia exhorta por tanto a los padres para que, convencidos del apoyo de Dios, tengan confianza en sus derechos y en sus deberes en orden a la educación de sus hijos, y la lleven a cabo con sabiduría y responsabilidad. En este noble deber, los padres han de poner siempre su confianza en Dios a través de la invocación al Espíritu Santo, el dulce Paráclito, dador de todos los bienes. Pidan la potente intercesión y protección de María Inmaculada, Virgen Madre del amor hermoso y modelo de la pureza fiel. Invoquen a San José, su esposo justo y casto, siguiendo su ejemplo de fidelidad y pureza de corazón.176 Apóyense los padres constantemente en el amor que ofrecen a sus hijos, un amor que " elimina todo temor ", que " todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta " (1 Cor 13, 7). Dicho amor tiende y ha de ser orientado a la eternidad, hacia la eterna felicidad prometida por nuestro Señor Jesucristo a quienes le siguen: " Bienaventurados los puros de corazón, porque verán a Dios " (Mt 5, 8).

Ciudad del Vaticano, 8 diciembre 1995.

Alfonso Cardenal López Trujillo
Presidente del Pontificio Consejo para la Familia

+ S. E. Mons. Elio Sgreccia
Secretario

 

Notas:

1. Cf. Juan Pablo II, Exhortación apostólica Familiaris consortio, 22 de noviembre de 1981, AAS 74 (1982), pág. 105, n. 21. 2. Ibid., n. 33. 3. Catecismo de la Iglesia Católica, 11 de octubre de 1992, n. 2337, Librería Editrice Vaticana. 4. Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, n. 11; cf. Decreto sobre el apostolado de los seglares Apostolicam actuositatem, n. 11. 5. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 16; cf. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, n. 49. 6. Juan Pablo Ii, Carta a las familias Gratissiman sane, 2 de febrero de 1994, AAS 86 (1994), pág. 917, n. 20. 7. Ibid, n. 16. 8. San Clemente Romano, Epistula ad Corintios, 61, 1-2, Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1900. 9. Familiaris consortio, n. 11. 10. Cf. Juan Pablo II, Carta apostólica Mulieris dignitatem, 15 de agosto de 1988, AAS 80 (1988), pág. 1667 y 1693, nn. 7 y . 11. Juan Pablo II, Exhortación apostólica Christifideles laici, 30 de diciembre de 1988, AAS 81 (1989) pág. 456, n. 34. 12. Gaudium et spes, n. 22. 13. Carta a las familias, Gratissiman sane, n. 14. 14. Ibid. 15. Congregación para la Educación Católica, Orientaciones educativas sobre el amor humano, 1 de noviembre de 1983, Librería Editrice Vaticana, n. 4. 16. Juan Pablo II, Audiencia general, 16 de enero de 1980, L'Osservatore Romano, ed. española, 20 de enero de 1980, n. 1, pág. 3. 17. Orientaciones educativas sobre el amor humano, n. 6. . Carta a las familias Gratissiman sane, n. 13. 19. Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitae, 25 de marzo de 1995, Librería Editrice Vaticana, n. 92. 20. Juan Pablo II, Audiencia general, 9 de enero de 1980, L'Osservatore Romano, ed. española, 13 de enero de 1980, n. 2, pág. 3. 21. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2349. 22. Familiaris consortio, n. 11. 23. Orientaciones educativas sobre el amor humano, n. 5. 24. Familiaris consortio, 11. 25. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2360. 26. Familiaris consortio, n. 14. 27. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2337. 28. Ibid., n. 2339. 29. Cf. Juan Pablo II, Discurso a los participantes en el Seminario sobre "La procreación responsable", promovido por la Universidad del Sagrado Corazón y por el Instituo Juan Pablo II, 17 de septiembre de 1983, Insegnamenti di Giovanni Paolo II, vol. VI, 2, pág. 564. 30. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2349. 31. Ver n. 54. . Cf. Pablo VI, Carta Encíclica Humanae vitae, 25 de julio de 1968, AAS 60 (1968), pág. 485 y 486, nn. 8 y 9. 33. No hacerlo es siempre un engaño, como observa San Juan de Avila: algunos son así ofuscados que "creen que si el corazón los mueve a cualquier obra, la deben hacer aunque sea contraria a los mandamientos de Dios; dicen amarlo tanto que, aun infringiendo sus mandatos no pierden su amor. Olvidan de esta manera que el Hijo de Dios predicó con la propia boca exactamente el contrario: el que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama (Jn 14:21): si alguno me ama, guardará mi Palabra (Jn 14:23). Y, el que no me ama no guarda mis palabras. Hace así entender con claridad que quien no observa sus palabras no tiene ni su amistad ni su amor. Como dice San Agustín: ‘ninguno puede amar el rey, si aborrece sus mandamientos'": Audi filia. C. 50. 34. Juan Pablo II, Audiencia general, 14 de noviembre de 1984, L'Osservatore Romano, ed. española, de noviembre de 1984, n. 2, pág. 3. 35. Cf. Evangelium vitae, n. 97. 36. Cf. Familiaris consortio, nn. 36-37. 37. Concilio Vaticano II, Declaración sobre la educación cristiana Gravissimum educationis, n. 3. 38. Carta a las familias Gratissimam sane, n. 16. 39. Ibid. 40. Ibid., n. 13. 41. Cf. Familiaris consortio, n. 66. 42. Ibid. 43. Ibid. 44. Lumen gentium, n. 11. 45. Juan Pablo II, Discurso a la XVI Asamblea General de la C.E.I., 15 de mayo de 1979, L'Osservatore Romano, ed. it., 17 de mayo de 1979, pág. 2. 46. Lumen gentium, n. 11. 47. Humanae vitae, n. 8. 48. Carta a las familias Gratissimam sane, n. 7. 49. Gaudium et spes, n. 24. 50. Carta a las familias Gratissimam sane, n. 8. 51. Cf. Humanae vitae, n. 9. 52. Carta a las familiasGratissimam sane, n. 8. 53. Rituale Romanum, Ordo celebrandi matrimonium, n. 60. 54. Familiaris consortio, n. 20 citando Mt 19:6. 55. Carta a las familias Gratissimam sane, n. 12; cf. Humanae vitae, n. 12.; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2366. 56. Tertuliano, Ad uxorem, II, VIII, 6-8: CCL 1, 393-393; cf. Familiaris consortio, n. 13. 57. Familiaris consortio, n. 16. 58. Juan Pablo II Discurso a los participantes al Convenio sobre "Familias al servicio de la vida", promovido por la Comisión Episcopal de la C.E.I., 28 de abril de 1990, Insegnamenti di Giovanni Paolo II, vol. XIII, 1, pp. 1055-1056. 59. Familiaris consortio, n. 37. 60. Concilio Vaticano II, Decreto sobre la adecuada renovación de la vida religiosa Perfectae caritatis, n. 24. 61. Concilio Vaticano II, Decreto sobre la formación sacerdotal Optatam totius, n. 2. 62. Concilio Vaticano II, Decreto sobre el ministerio y la vida de los presbíteros Presbyterorum ordinis, n. 11. 63. Cf. Familiaris consortio, n. 16. 64. Carta a las familias Gratissimam sane, n. 16. 65. Familiaris consortio, n. 38. 66. Familiaris consortio, n. 36. 67. Cf. Gravissimum educationis, n. 3. 68. Carta de los Derechos de la Familia presentada por la Santa Sede, 22 de octubre de 1983, art. 5. 69. Familiaris consortio, n. 37; ver Carta de los Derechos de la Familia, art. 70. Familiaris consortio, n. 37. 71. Otro problema delicado y complejo desde el punto de vista de la educación de los hijos, que no es posible tratar adecuadamente en este documento, es el relacionado con la transmisión del SIDA a través del uso de la droga y por vía sexual. Las Iglesias locales están comprometidas en múltiples obras asistenciales de apoyo a quienes padecen esta enfermedad y de prevención. En relación particularmente a la prevención del SIDA se debe promover el valor de una sexualidad ordenada y orientada hacia la familia, y es necesario corregir el pendamiento tan difundido por las campañas de información basadas en el "sexo seguro" y la difusión de los medios de protección (preservativo). Tal planteamiento, en sí mismo contrario a la moral, resulta también falaz y termina por incrementar la promiscuidad y las relaciones libres con una falsa idea de seguridad. Estudios objetivos y científicamente rigurosos han demostrado el alto porcentaje de fallo de dichos medios. 72. Familiaris consortio, n. 37. 73. Cf. Gaudium et spes, n. 52. 74. Cf. Familiaris consortio, nn. 39, 51-54. 75. Juan Pablo II, Carta Encíclica Centesimus annus, 1 de mayo de 1991, AAS 83 (1991), pág. 855, n. 49. 76. Cf. Familiaris consortio, nn. , 63-64. 77. Ibid., n. 37. 78. Santo Tomás de Aquino. Summa theologiae, I-II, q. 106, a. 1. 79. Ibid., II-II, q. 153, a. 3. 80. Orientaciones educativas sobre el amor humano, n. 35. 81. Cf. Familiaris consortio, n. 76.; también Orientaciones educativas sobre el amor humano, n. 68; cf. Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, Pornografía y violencia en las comunicaciones sociales: una respuesta pastoral, 7 de mayo de 1989, L'Osservatore Romano, ed. española, 4 de junio de 1989, n. 7, pág. . 82. Juan Pablo II, Discurso a los participantes en el Encuentro promovido por el Pontificio Consejo para la Familia y el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales sobre "Los derechos de la familia y los medios de comunicación social", 4 de junio de 1993, L'Osservatore Romano, ed. española, 11 de junio de 1993, nn. 3,4, pág. 73. 84. Ibid. 85. Familiaris consortio, n. 76. 86. Cf. Mulieris dignitatem, nn. -19. 87. Cf. Familiaris consortio, n. 25. 88. Ibid., n. 37; cf. también nn. 47-48. 89. Carta a las familias Gratissiman sane, n. 16. 90. Juan Pablo II, Homilía en el Capitol Mall, Washington DC, Estados Unidos, 7 de octubre de 1979, L'Osservatore Romano, 8-9 de octubre de 1979. Anexo, pág. LXXVII. 91. Cf. Familiaris consortio, nn. 59-61; Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración sobre algunas cuestiones de ética sexual, Persona humana, 29 de diciembre de 1975, Librería Editrice Vaticana, n. 12. 92. Familiaris consortio, n. 59. 93. Cf. Ibid., n. 60. 94. Orientaciones educativas sobre el amor humano, n. 48. 95. Cf. Carta de los derechos de la familia, art. 5c. 96. Orientaciones educativas sobre el amor humano, n. 69. 97. Familiaris consortio, n. 37. 98. Cf. Ibid. 99. Cf. Orientaciones educativas sobre el amor humano, n. 58. 100. Cf. Familiaris consortio, n. 16. 101. San Juan Crisóstomo, Homiliae in Matthaeum, 81, 5: PG 58, 737. 102. Persona humana, n. 12. 103. Cf. Ibid., n. 9.; Orientaciones educativas sobre el amor humano, n. 99. 104. Gaudium et spes, n. 24. 105. San Juan Crisóstomo, Homiliae in Matthaeum, 7,7: PG 57, 80-81. 106. Familiaris consortio, n. 37. 107. Juan Pablo II, Exhortación apostólica Catechesi tradendae, 16 de octubre de 1979, AAS 71 (1979), pág. 1309, n. 38. 108. En diversas culturas dicho comportamiento positivo está bien radicado y la pubertad es celebrada con "ritos de transición" o formas de inicación en la vida adulta. Los católicos, bajo la guía atenta de la Iglesia, pueden asumir lo que hay de bueno y verdadero en estas costumbres, purificándolas de todo cuanto sea inadecuado o inmoral. 109. Cf. Mulieris dignitatem, nn. 17 ss. 110. Familiaris consortio, n. 28; cf. también Gaudium et spes, n. 50. 111. Gaudium et spes, n. 49. 112. Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2052 ss. 113. Gaudium et spes, n. 16. 114. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1777. 115. Ibid., n. 1778. 116. Santa Teresa, Poesías, 5-9; San Juan de la Cruz, Poesías, 10. 117. Orientaciones educativas sobre el amor humano, n. 90. 1. Familiaris consortio, n. 53. 119. Christifideles laici, n. 58. 120. Juan Pablo II, Carta apostólica a los jóvenes del mundo. Parati semper, 31 de marzo de 1985. AAS 77 (1985), pág. N. 9. 121. Cf. Lumen gentium, cap. V. 122. Pablo VI, Motu proprio Sanctitatis clarior, 19 de marzo de 1969, AAS 61 (1969), pág. 149. 123. Ver, especialmente, el capítulo V de la Lumen gentium, nn. 39-42, que trata el tema de la llamada universal a la santidad en la Iglesia. 124. Christifideles laici, 16. 125. Cf. Tertuliano, De exhortatione castitatis, 10: CchL 2, 1029-1030; San Cipriano, De habitu virginum, 3 y 22: CSEL 3/1, 9 y 202-203; San Atanasio, De virginitate: PG 28, 252-281; San Juan Crisóstomo, De virginitate: Sch 125; Pio XII, Exhortación apostólica Menti nostrae, 23 de septiembre de 1950, AAS 42 (1950), pág. 682; Juan XXIII, Discurso a los participantes en el Primer Congreso Internacional sobre "las vocaciones a los estados de perfección en el mundo de hoy", promovido por la Sagrada Congregación para los Religiosos, 16 de diciembre de 1961: AAS 54 (1962), pág. 33; Lumen gentium, n. 42; Familiaris consortio, n. 16. 126. Juan Pablo II, Homilía en al Eucaristía de Limerick (Irlanda), 1 de octubre de 1979, L'Osservatore Romano, 1-2 de octubre de 1979, Anexo, pág. XX. 127. Carta a las familias Gratissimam sane, n. 12. 128. Además de la Gaudium et spes, nn. 47-52, la Humanae vitae y la Familiaris consortio, tienen a su disposición otros importantes documentos de la Congregación para la Doctrina de la Fe como Persona humana y la Atención pastoral a las personas homosexuales, 1 de octubre de 1986, L'Osservatore Romano, ed. española, 9 de noviembre de 1986, pp. 9-10, y de la Congregación para la Educación Católica, Orientaciones educativas sobre el amor humano, junto a la enseñanza del Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2514-2533. 129. Persona humana, n. 9. 130. Documentos de la Congregación para la Doctrina de la Fe: Persona humana y la Atención pastoral a las personas homosexuales; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2357-2359. 131. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2357. 1. Persona humana, n. 8. 133. Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2357. 134. Ibid., n. 2358. 135. Ibid., n. 2359. 136. Esto, junto al reconocimiento de la fuerza particular de la libido --según cuanto ha puesto de relieve el estudio de la psique humana--, ayuda a entender la enseñanza de la Iglesia sobre el carácter grave de todo uso desordenado del sexo: "según la tradición cristiana..., y como también lo reconoce la recta razón, el orden moral de la sexualidad comporta para la vida humana valores tan elevados, que toda violación directa de este orden es objetivamente grave" (Persona humana, n. 10). Nótese que la Iglesia enseña el carácter grave por el objeto del acto, pero no excluye la ausencia de culpa grave debida a la imperfección del querer; más aún, en el mismo número de Persona humana clarifica que en este campo es particularmente posible tal imperfección. 137. Evangelium vitae, n. 97. 138. Piénsese en los frecuentes abusos existentes en algunas discotecas también entre los jóvenes menores de 16 años. 139. Cf. Familiaris consortio, n. 66. 140. Las siguientes recomendaciones han sido formuladas: a) a la luz del derecho de toda persona de creer y ejercer la Fe Católica: cf. Concilio Vaticano II, Declaración sobre la libertad religiosa, Dignitatis humanae, nn. 1, 2, 5, 13, 14; Carta de los derechos de la familia, art. 7; b) en los términos de los derechos de la libertad y de la dignidad de la familia: cf. Preámbulo de la Carta de los derechos de la familia; Dignitatis humanae, n. 5; Familiaris consortio, nn. 26, 42, 46. 141. Cf. Gravissimum educationis, n. 3; Familiaris consortio, n. 36, Carta de los derechos de la familia, art. 5. 142. Familiaris consortio, n. 37. 143. Cf. Carta de los derechos de la familia, art. 8 a y 5 c; Código de Derecho Canónico, 25 de enero de 1983, can. 215, 223, & 2, can. 799; Carta a las familias Gratissimam sane, n. 16. 144. Se deriva esta recomendación de la Carta de los derechos de la familia, art. 5 c, d, e, porque el derecho de saber implica la supervisión y el control por parte de los padres. 145. Se deriva esta recomendación de la Carta de los derechos de la familia, art. 5 c, d, e, porque la participación de los padres facilita su supervisión y el control de la educación en el amor de sus propios hijos. 146. Se deriva esta recomendación de la Carta de los derechos de la familia, art. 5 c, d, e, porque el derecho de quitar los hijos de la formación sexual permite a los padres la libertad de ejercer el derecho de educar a sus hijos según su conciencia (art. 5 a de la Carta). 147. Cf. Carta de los derechos de la familia, art. 7. 148. Cf. Ibid., art. 4 e. 149. Se deriva esta recomendación de la Declaración Gravissimum educationis, n. 1. 150. Esta recomendación es extensión de la práctica del derecho del niño a ser casto (ver n. 1), y corresponde al derecho de los padres (ver n. 117). 151. Cf. Orientaciones educativas sobre el amor humano, nn. 101-103. 152. La atención pastoral a las personas homosexuales, n. 17. 153. Gravissimum educationis, n. 1. 154. Familiaris consortio, n. 37. 155. Por ejemplo: a) materiales eróticos visibles; b) presentaciones eróticas escritas o verbales (cf. Orientaciones educativas sobre el amor humano, n. 76, c) lenguage obsceno o grosero; d) humorismo indecente; e) la denigración de la castidad y f) tentativos de minimizar la gravedad del pecado contra esta virtud. 156. Excluyendo el contexto de la enseñanza prudente y apropiada con relación a la regulación natural de la fertilidad. 157. Cf. Orientaciones educativas sobre el amor humano, n. 58. 158. Cf. Ibid., n. 63. 159. Familiaris consortio, n. 21. 160. Cf. Carta a las familias Gratissimam sane, n. 13. 161. Cf. Pontificio Consejo para la Familia, "Instrumentum laboris", Evoluciones demográficas: dimensiones éticas y pastorales, 25 de marzo de 1994, nn. 28 y 84, Librería Editrice Vaticana; Orientaciones educativas sobre el amor humano, n. 62. 162. Carta del Santo Padre a los Jefes de Estado de todo el mundo con ocasión de la Conferencia de El Cairo, 19 de marzo de 1994, "L'Osservatore Romano", ed. española, 22 de abril de 1994, página 6. 163. Cf. Evangelium vitae, nn. 58-63. 164. Cf. Orientaciones educativas sobre el amor humano, n. 62. 165. Familiaris consortio, n. 32. 166. Cf. Juan Pablo II, Carta encíclica Veritatis splendor, 6 de agosto de 1993, AAS 85 (1993), págs. 1208-1210, nn. 95-97. 167. Cf. Ibid., n. 41, sobre la verdadera autonomía moral del hombre. 168. Cf. Orientaciones educativas sobre el amor humano, n. 58. 169. Cf. Ibid., n. 19; Familiaris consortio, n. 37. 170. Comisión Teológica Internacional, Fe e inculturación, I, 10, 3-8 de octubre de 1988, Ommis Terra, Año VII, n. 21, septiembre-diciembre de 1989, pág. 220. 171. Cf. Familiaris consortio, n. 66. 172. Cf. Familiaris consortio, nn. 36 y 40; Carta a las familias Gratissimam sane, n. 16. 173. Cuantos ayudan a los padres pueden adaptar los principios indicados para los profesores en las Orientaciones educativas sobre el amor humano, nn. 79-89. 174. Familiaris consortio, n. 37. 175. Ver nn. 65-76; 121-144. 176. Cf. Juan Pablo II, Exhortación apostólica Redemptoris custos, 15 de agosto de 1989, AAS 82 (1990), pág. n. 31.