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Premisa
La presente Instrucción, que a través de los obispos se dirige a los párrocos presbíteros y a sus hermanos colaboradores en la "cura animarum", se inserta coherentemente en un amplio contexto de reflexión ya iniciado hace algunos años. Con los "Directorios para el ministerio y la vida de los presbíteros" y de los diáconos permanentes, con la Instrucción interdicasterial "Ecclesiae de mysterio" y con la Carta circular "El presbítero, maestro de la palabra, guía de la comunidad y ministro de los sacramentos", se ha seguido la huella de los documentos del Concilio Vaticano II, especialmente "Lumen Gentium" y "Presbiterorum Ordinis", del "Catecismo de la Iglesia Católica", del Código de Derecho Canónico y del ininterrumpido Magisterio de la Iglesia. En concreto, el documento se sitúa dentro de la gran corriente misionera del "duc in altum", que marca la obra indispensable de la nueva evangelización del Tercer Milenio cristiano. Por este motivo, y en consideración de las numerosas peticiones que resultaron de la consulta hecha a nivel mundial, se ha aprovechado la ocasión para proponer nuevamente una parte doctrinal que ofrece elementos de reflexión sobre los valores teológicos fundamentales que empujan a la misión y que, algunas veces, son oscurecidos. Se ha buscado, además, poner en evidencia la relación entre la dimensión eclesiológica-pneumatológica, que toca la esencia del ministerio, y la dimensión eclesiológica, que ayuda a comprender el significado de su función específica. Con esta Instrucción también se ha querido reservar una atención afectuosa y particular a los presbíteros que revisten el invalorable ministerio de párroco, que, en cuanto tales, se encuentran entre la gente y sufren, a menudo, innumerables dificultades. Justamente esta delicada e importante posición ofrece la ocasión para afrontar con mayor claridad la diferencia esencial y vital entre sacerdocio común y sacerdocio ordenado, para hacer emerger debidamente la identidad de los presbíteros y la esencial dimensión sacramental del ministerio ordenado. Ya que se ha buscado seguir las indicaciones—particularmente ricas, aún sobre plano práctico—que el Santo Padre ha ofrecido en la alocución a los participantes de la Asamblea Plenaria de la Congregación, es útil citarla a continuación: |