"DESARROLLO" ES EL NUEVO NOMBRE DE LA "PAZ"
CONCLUSION

76. Las tan grandes desigualdades económicas, sociales y culturales entre los diversos pueblos provocan tensiones y discordias y ponen en peligro la paz misma. Como decíamos a los Padres Conciliares, a la vuelta de Nuestro viaje a la ONU: "La condición de las poblaciones en vías de desarrollo debe formar el objeto de nuestra consideración, digamos mejor, nuestra caridad hacia los pobres que se encuentran en el mundo -y son legión infinita- debe tornarse más atenta, más activa, más generosa"[65]. Combatir la miseria y luchar contra la injusticia es promover, junto con la mejora de las condiciones de vida, el progreso humano y espiritual de todos y, por lo tanto, el bien común de toda la humanidad. La paz no se reduce a una ausencia de guerra, fruto del equilibrio siempre precario de las fuerzas. La paz se construye día a día, prosiguiendo aquel orden querido por Dios, que lleva consigo una justicia más perfecta entre los hombres[66].

77. Siendo los pueblos, cada uno, los artífices de su propio desarrollo, los pueblos son sus primeros responsables. Mas no podrán realizarlo, aislados unos de otros. Los acuerdos regionales entre los pueblos débiles a fin de apoyarse mutuamente, los acuerdos más amplios para venir en su ayuda, las convenciones más ambiciosas entre unos y otros para establecer programas concertados, son los jalones de este camino del desarrollo que conduce a la paz.

78. Esta colaboración internacional, en plano de vocación mundial, pide instituciones que la preparen, la coordinen y la rijan, hasta que se llegue a constituir un orden jurídico universal.

Con todo corazón Nos animamos a las organizaciones que han emprendido esta colaboración en el desarrollo, y deseamos que su autoridad se acreciente. "Vuestra vocación -decíamos a los representantes de las Naciones Unidas, en Nueva York- es hacer que fraternidad no sólo unos pocos pueblos, sino todos los pueblos... ¿Quién no ve la necesidad de llegar así progresivamente a la instauración de una autoridad mundial que esté en condiciones de actuar eficazmente en el plano jurídico y político?"[67].

79. Quizá algunos crean utópicas tales esperanzas. Bien pudiera suceder que su realismo pecase por defecto y que ellos no hayan percibido el dinamismo de un mundo que quiere vivir más fraternalmente y que, a pesar de sus ignorancias, de sus errores y aun de sus pecados, de sus recaídas en la barbarie y de sus alejados extravíos fuera del camino de la salvación, se va acercando lentamente, aun sin darse cuenta de ello, a su Creador. Este camino hacia una mayor humanidad en la vida requiere esfuerzos y sacrificios; pero aun el mismo sufrimiento, aceptado por amor de los hermanos, es portador de progreso para toda la familia humana. Los cristianos saben que la unión con el sacrificio del Salvador contribuye a la edificación del Cuerpo de Cristo en su plenitud: el Pueblo de Dios reunido[68].

80. En este camino todos somos solidarios. Por ello, a todos hemos querido recordar la amplitud del drama y la urgencia de la obra que se ha de realizar. Ha sonado ya la hora de la acción: la supervivencia de tantos niños inocentes, el acceso a una condición humana de tantas familias desgraciadas, la paz del mundo, el porvenir de la civilización, están en juego. A todos los hombres y a los pueblos todos corresponde asumir sus responsabilidades.

 

LLAMAMIENTO FINAL

81. Nos conjuramos, ante todo, a Nuestros hijos. En los países en vías de desarrollo, no menos que en los otros, los seglares deben tomar como su tarea propia la renovación del orden temporal. Si es oficio de la Jerarquía enseñar e interpretar en modo auténtico los principios morales que en este terreno hayan de seguirse, a los seglares les corresponde, por su libre iniciativa y sin esperar pasivamente consignas o directrices, penetrar con espíritu cristiano la mentalidad y las costumbres, las leyes y las estructuras de sus comunidades de vida[69]. Necesarios son los cambios, indispensables las reformas profundas: deben emplearse en infundirles resueltamente el soplo del espíritu evangélico. A Nuestros hijos católicos pertenecientes a los países más favorecidos, Nos les pedimos que aporten su activa participación en las organizaciones oficiales o privadas, civiles o religiosas, que se dedican a vencer las dificultades de las naciones en vía de desarrollo. Estamos muy seguros de que tendrán empeño en hallarse en la primera fila entre los que trabajan para traducir en hechos una moral internacional de justicia y de equidad.

82. Todos los cristianos, nuestros hermanos, Nos estamos seguros de ello, querrán ampliar su esfuerzo común y concertado a fin de ayudar al mundo a triunfar sobre el egoísmo, el orgullo y las rivalidades, a superar las ambiciones y las injusticias, a abrir a todos los caminos para una vida más humana, en la que cada uno sea amado y ayudado como su prójimo y su hermano. Y, todavía conmovidos por el recuerdo del inolvidable encuentro de Bombay con nuestros hermanos no cristianos, Nos les invitamos de nuevo a laborar con todo su corazón y toda su inteligencia, a fin de que todos los hijos de los hombres puedan llevar una vida digna de los hijos de Dios.

83. Finalmente, Nos nos dirigimos a todos los hombres de buena voluntad, conscientes de que el camino de la paz pasa por el desarrollo. Delegados en las instituciones internacionales, hombres de Estado, publicistas, educadores, todos, cada uno en vuestro sitio, vosotros sois los constructores de un mundo nuevo. Nos suplicamos al Dios Todopoderoso que ilumine vuestras inteligencias y os dé nuevas fuerzas y aliento para poner en estado de alerta a la opinión pública y comunicar entusiasmo a los pueblos. Educadores, a vosotros os pertenece despertar ya desde la infancia el amor a los pueblos que se encuentran en la miseria. Publicistas, os corresponde poner ante nuestros ojos el esfuerzo realizado para promover la mutua ayuda entre los pueblos, así como también el espectáculo de las miserias que los hombres tienen tendencia a olvidar para tranquilizar sus conciencias: que los ricos sepan, por lo menos, que los pobres están junto a su puerta y que esperan las migajas de sus banquetes.

84. Hombres de Estado: os incumbe movilizar vuestras comunidades en una solidaridad mundial más eficaz, y, ante todo, hacerles aceptar las necesarias disminuciones de sus lujos y de sus dispendios para promover el desarrollo y salvar la paz. Delegados de las Organizaciones Internacionales, de vosotros depende que el peligroso y estéril enfrentamiento de fuerzas deje paso a la colaboración amistosa, pacífica y desinteresada para lograr un progreso solidario de la humanidad: una humanidad, en la que todos los hombres puedan desarrollarse.

85. Y si es verdad que el mundo se encuentra en un lamentable vacío de ideas, Nos hacemos un llamamiento a los pensadores y a los sabios, católicos, cristianos, adoradores de Dios, ávidos de lo absoluto, de la justicia y de la verdad, y a todos los hombres de buena voluntad. A ejemplo de Cristo, Nos atrevemos a rogaros con insistencia: Buscad y encontraréis[70], emprended los caminos que conducen a través de la mutua ayuda, de la profundización del saber, de la grandeza del corazón, a una vida más fraterna en una comunidad humana verdaderamente universal.

86. Vosotros todos, los que habéis oído la llamada de los pueblos que sufren; vosotros, los que trabajáis para darles una respuesta; vosotros sois los apóstoles del desarrollo auténtico y verdadero que no consiste en la riqueza egoísta y deseada por sí misma, sino en la economía al servicio del hombre, el pan de cada día distribuido a todos, como fuente de fraternidad y signo de la Providencia.

87. De todo corazón Nos os bendecimos, y Nos hacemos un llamamiento a todos los hombres para que se unan fraternalmente a vosotros. Porque si el desarrollo es el nuevo nombre de la paz, ¿quién no querrá trabajar con todas sus fuerzas para lograrlo? Sí, Nos os invitamos a todos para que respondáis a Nuestro grito de angustia, en el nombre del Señor.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 26 de marzo, fiesta de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, año cuarto de Nuestro Pontificado.

[1] Dirigida: A los Obispos, a los Sacerdotes, a los Religiosos, y a los cristianos de todo el orbe católico y a los hombres de buena voluntad.- Pascua (26 de marzo) 1967
[2] Cf. AL 11 (1892) 97-148.
[3] Cf. A. A. S. 23 (1931) 177-228.
[4] Cf. principalmente, Rm. 1 junio 1941 (L. aniversario de la RN): A. A. S. 33 (1941) 195-205; Rm. Navidad 1942 A. A. S.: 35 (1943) 9-24; Aloc. a trabajadores en el aniversario de la RN 14 de mayo 1953: A. A. S. 45 (1953) 402-408.
[5] Cf. A. A. S. 53 (1961) 401-464.
[6] Cf. A. A. S. 55 (1963) 257-304.
[7] Cf. e. MM 15 mayo 1961 A. A. S. 53 (1961) 440.
[8]GS n. 63-72 A. A. S. 58 (1966) 1084-1094.
[9] M. pr. Catholicam Christi Ecclesiam: A. A. S. 59 (1967) 27.
[10] Enc. RN l. c., 98.
[11]GS n. 63 A. A. S. 58 (1966) 1026.
[12] Cf. Luc. 7, 22.
[13]GS n. 3, l. c. 1026.
[14] Cf. e. ID 1 nov. 1885 AL 5 (1885) 127.
[15]GS n. 4, l. c., 1027.
[16] L. J. Lebret. O. P., Dynamique concrete du développement. Paris, "Economie et Humanisme", Les Editions Ouvrieres, 1961, 28.
[17] 2 Thes. 3, 10.
[18] Cf., p. e., J. Maritain, Les conditions spirituelles du progres et de la paix, en "Rencontre de cultures a l"UNESCO sous le signe du Conc. Oecumén. Vat. II", París, Mame, 1966, 66.

[19] Cf. Mat. 5, 3.
[20]Gen. 1, 28.
[21]GS n. 69, l. c. 1090.
[22] 1 Io. 3, 17.
[23]De Nabuthe 12, 53 PL 14, 747. Cf. J. R. Palanque, Saint Ambroise et l"empire romain. Paris, De Boccard, 1933, 336 ss.
[24] Carta a la Semana social de Brest, en L"homme et la révolution urbaine. Lyon, Chron. Soc. 1965, 8-9.
[25]GS n. 71, l. c. 1093.
[26] Cf. ibid. n. 65, l. c. 1086.
[27] Enc. QA l. c. 212.
[28] Cf., p. e., Colin Clark, The conditions of economic progress 3a. ed., London, Macmillan & Co., New York, St. Martin"s Press, 1960, 3-6.
[29] Carta a la Semana Social de Lyon, en Le travail et les travailleurs dans la societé contemporaine Lyon, Chron. Soc. 1965. 6.
[30] Cf., p. e., M. D. Chenu, O. P., Pour une théologie du travail. Paris, Edit. du Seuil, 1955.
[31]MM l. c. 423.
[32] Cf., p. e., O. von Nell-Breuning, S. J., Wirtschaft u. Gesellschaft, t. 1, Grundfragen. Freiburg, Herder, 1956, 183-184.
[33]Eph. 4, 13.
[34] Cf., p. e., Mons. M. Larrain Errazuriz, Ob. de Talca (Chile), Pres. del CELAM. Carta past. sobre el desarrollo y la paz. Paris, Pax Christi, 1965.
[35]GS n. 26, l. c. 1046.
[36]MM l. c. 414.
[37]Osserv. Rom. 11 sett. 1965. Doc. cathol., t. 62 Paris, 1965, col. 1674-1675. [38] Cf. Mat. 19, 6.
[39]GS n. 52, l. c. 1073.
[40] Cf. ibid. n. 50-51 (con nota 14), l. c. 1070-1073; y n. 87, l. c. 1110.
[41]Ibid. n. 15 l. c. 1036.
[42] Mat. 16, 26.
[43]GS n. 57, l. c. 1078.
[44]Ibid. n. 19, l. c. 1039.
[45] Cf., p. e., J. Maritain, L"humanisme intégral. Paris, Aubier, 1936.
[46] H. de Lubac, S. I., Le drame de l"humanisme athée, 3a. ed., Paris, Spes, 1945, 10.
[47]Pensées, ed. Brunschvieg, n. 434. Cf. M. Zundel, L"homme passe l"homme. Le Caire, Ed. du lien. 1944.
[48]Alloc. ai Rappresentanti delle religioni non cristiane, 3 dic. 1964. A. A. S. 57 (1965), 132.
[49] Iac. 2, 15-16.
[50] Cf. MM l. c. 440 ss.
[51] Cf. Rm. Nav. 1963 A. A. S. 56 (1964), 57-58.
[52] Cf. Osserv. Rom. 10 febr. 1966. Enc. e Disc. di Paolo VI, vol. 9. Roma, Ed. Paoline, 1966, 132-136.
[53] Cf. Luc. 16, 19-31.
[54]GS n. 86, l. c. 1109.
[55] Luc. 12, 20.
[56]Messagio al mondo affidato ai giornalisti, 4 dic. 1964. A. A. S. 57 (1965), 135.
[57] Cf. A. A. S. 56 (1964) 639 ss.
[58] Cf. AL 11 (1892) 131.
[59] Cf. ibid. 98.
[60]GS n. 85, l. c. 1108.
[61] Cf. e. FD l. c. 246.
[62] Mat. 25, 35-36.
[63] Marc. 8, 2.
[64] Cf. Alloc. di Giovanni XXIII per la consegna del "Premio Balzan", 10 mag. 1963. A. A. S. 55 (1963), 455.
[65]A. A. S. 57 (1965) 896.
[66] Cf. e. PT l. c. 301.
[67]A. A. S. 57 (1965) 880.
[68] Cf. Eph. 4, 12; LG n. 13 A. A. S. 57 (1965) 17.
[69] Cf. AA n. 7. 13. 24. A. A. S. 58 (1966) 843. 849. 856.
[70] Luc. 11, 9.