8. LA GRAVEDAD DEL CRIMEN DEL ABORTO


Canto inicial.
Oración del Padre Nuestro.
Lectura de la Biblia.

"¡Dilúyanse como aguas que se pasan, púdranse como hierba que se pisa, como limaco que marcha deshaciéndose, como aborto de mujer que no contempla el sol! ¡Antes que espinas echen, como la zarza, verde o quemada, los arrebate el torbellino!" (Sal 58,8-10)

Reflexión.

Delito ignominioso.
Entre todos los delitos que el hombre puede cometer contra la vida, el aborto procurado presenta características que lo hacen particularmente grave e ignominioso. El Concilio Vaticano II lo define, junto con el infanticidio, como "crimen nefando". Hoy, sin embargo, la percepción de su gravedad se ha ido debilitando progresivamente en la conciencia de muchos. La aceptación del aborto en la mentalidad, en las costumbres y en la misma ley es señal evidente de una peligrosísima crisis del sentido moral, que es cada vez más incapaz de distinguir entre el bien y el mal, incluso cuando está en juego el derecho fundamental a la vida. Ante una situación tan grave, se requiere el valor de mirar de frente a la verdad y de llamar a las cosas por su nombre, sin ceder a compromisos de conveniencia o a la tentación de autoengaño.

La gravedad moral del aborto procurado se manifiesta en toda su verdad si se percibe que se trata de un homicidio y, en particular, si se consideran las circunstancias específicas que lo cualifican. Quien es eliminado es un ser humano que comienza a vivir, es decir, lo más inocente en absoluto que se pueda imaginar: ¡jamás podrá ser considerado un agresor, y menos aún un injusto agresor!
"Interrupción del embarazo".

Resuena categórico el reproche del Profeta: "¡Ay, los que llaman al mal bien, y al bien mal!; que dan oscuridad por luz, y luz por oscuridad" (Is 5,20). Precisamente en el caso del aborto se percibe la difusión de una terminología ambigua, como "interrupción del embarazo", que tiende a ocultar su verdadera naturaleza y a atenuar su gravedad en la opinión pública. Quizás este mismo fenómeno lingüístico sea síntoma del malestar de las conciencias. Pero ninguna terminología puede cambiar la realidad de las cosas: el aborto procurado, como quiera que se realice, es la eliminación deliberada y directa de un ser humano en la fase inicial de su existencia, que va de la concepción al nacimiento.

En muchas ocasiones la opción del aborto tiene para la madre un carácter dramático y doloroso, en cuanto que la decisión de deshacerse del fruto de la concepción no se toma por razones puramente egoístas o de conveniencia, pero ningún motivo aunque sea grave y dramático, puede justificar la eliminación deliberada de un ser humano inocente.

El diagnóstico prenatal que respeta la vida y la integridad del embrión y del feto humano y se orienta hacia su custodia o hacia su curación es moralmente lícito. Pero se opondrá gravemente a la ley moral cuando contempla la posibilidad, en dependencia de los resultados, de provocar un aborto. Por consiguiente, cuantos solicitasen o interviniesen en tal diagnóstico con la decidida intención de proceder al aborto en el caso de que se confirmase la existencia de una malformación o anomalía, cometerían una acción gravemente ilícita.

Responsabilidad de otros.
En la decisión sobre la muerte del niño aún no nacido, además de la madre, intervienen con frecuencia otras personas. Ante todo, puede ser culpable el padre del niño, no sólo cuando induce expresamente a la mujer al aborto, sino cuando la deja sola ante los problemas del embarazo. Otras veces las presiones provienen de un contexto más amplio de familiares y amigos. También son responsables los médicos y el personal sanitario cuando ponen al servicio de la muerte la competencia adquirida para promover la vida, los legisladores que han promovido leyes que amparan el aborto y los administradores de las estructuras sanitarias utilizadas para practicarlos. Una responsabilidad no menos grave afecta a las instituciones internacionales, fundaciones y asociaciones que luchan sistemáticamente por la legalización y la difusión del aborto en el mundo.

Reflexiones del sacerdote o del animador.
Diálogo.
¿Cuál es la particular gravedad del aborto? ¿La parte más responsable de tal decisión es siempre y sólo de la madre? ¿Cuáles son las otras personas responsables?
¿Cómo podemos ayudar las mujeres en dificultad ante la espera de un niño? ¿Quién sostiene los centros en favor de la vida naciente?

Compromisos.
Ave María, Reina de la Familia, ruega por nosotros.
Oración de la Evangelium Vitae.
Canto Final.