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4.
PATERNIDAD-MATERNIDAD,
"Dijo luego Yahveh Dios: 'No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada...'. De la costilla que Yahveh Dios había tomado del hombre formó una mujer y la llevó ante el hombre. Entonces éste exclamó: 'Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada mujer, porque del varón ha sido tomada'" (Gen 2,18.22-23). Reflexión. A
imagen y semejanza. Colaboradores
de Dios. Hablando de una participación especial del hombre y de la mujer en la obra creadora de Dios, el Concilio Vaticano II destaca cómo la generación de un hijo es un acontecimiento profundamente humano y altamente religioso, en cuanto implica a los cónyuges que forman "una sola carne" (Gen 2, 24) y también a Dios mismo que se hace presente. Precisamente en esta función como colaboradores de Dios que transmiten su imagen a la nueva criatura, está la grandeza de los esposos dispuestos a cooperar con el amor del Creador y Salvador, que por medio de ellos aumenta y enriquece su propia familia cada día más. Así, el hombre y la mujer unidos en matrimonio son asociados a una obra divina: mediante el acto de la procreación, se acoge el don de Dios y se abre al futuro una nueva vida. Sin embargo, más allá de la misión específica de los padres, el deber de acoger y servir la vida incumbe a todos y ha de manifestarse principalmente con la vida que se encuentra en condiciones de mayor debilidad. Todo lo que se hace a uno de ellos se hace a Cristo mismo (cf. Mt 25,31-46). Reflexiones
del sacerdote o del animador. Compromisos. Ave María,
Reina de la Familia, ruega por nosotros.
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