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4. LA FAMILIA, DON PARA LA SOCIEDAD
"La
familia "célula original de la vida social", es la sociedad
natural en que el hombre y la mujer son llamados al don de sí mismos
en el amor
la vida familiar es fundamento de la sociedad e iniciación
en la misma" (C.E.C., n. 2207). Ya el Concilio subrayaba, al comienzo mismo del capítulo "Dignidad del matrimonio y la familia": "El bienestar de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligado a una favorable situación de la comunidad conyugal y familiar" (GS 47). Y más adelante, con términos no menos expresivos, declara: "Pues es el mismo Dios el autor del matrimonio, al cual ha dotado con bienes y fines varios, todo lo cual es de suma importancia para la continuación del género humano, para el provecho personal de cada miembro de la familia y su suerte eterna, para la dignidad, estabilidad, paz y prosperidad de la misma familia y de toda la sociedad humana" (GS 48). La familia es un don para la sociedad y exige de ésta un adecuado reconocimiento y apoyo, lo mismo que para los hogares asumir su misión política. La exhortación apostólica Familiaris Consortio, dedica el capítulo III, de la tercera parte, a la "participación en el desarrollo de la sociedad" (nn. 42 - 48), pues la familia "célula primaria y vital de la sociedad", (A.A., 11), posee vínculos vitales y orgánicos, porque constituye su fundamento y alimento continuo mediante su función de servicio a la vida Lejos de encerrarse en sí misma, se abre a las demás familias y a la sociedad, asumiendo su función social" (FC 42). No son fáciles y trasparentes las relaciones entre la familia y la sociedad, en la mediación del Estado. Y esto por varios aspectos. El Estado invade campos que antes estaban reservados a la familia. Y mientras la democracia despliega la bandera del respeto y de la participación, la familia se ve cada vez más confinada a un espacio reducido, en donde difícilmente respira y se siente acosada y hostigada. El poder del Estado se vuelve omnipotente. De alguna manera el movimiento de privatización, en el reducto de la intimidad, que bien puede representar una forma de huida, y de refugio, respecto de los compromisos que la familia tiene con la sociedad. Pierpaolo Donati indica: "La familia se vuelve, en un punto de vista "psicologístico", una forma de particular convivencia, de comunicación privatizada y "subjetivizada", de pura manifestación de intimidad y afecto, que no incide -y no debe incidir- en modo significativo, si no por otras razones de retraso social y cultural"45. Es este un fenómeno complejo que aborda en una de sus dimensiones Paul Moreau, siguiendo de cerca a F. Chirpaz: en el mundo de "afuera" hay que producir y luchar para vivir. Es el mundo de la competencia económica y de los conflictos políticos. En cambio -es la puntualización de Chirpaz-, "el mundo familiar puede aparecer, por contrapartida, y en oposición al mundo público, el lugar de lo privado, el de la relación humana verdadera"46. La intimidad como refugio ante la sociedad amenazante, o ante el mismo Estado hostil, ante un mundo público que genera pena, sería el lugar de la autenticidad de la verdad y de la paz. Curiosamente la ciudad atrae, pero a la vez produce desafección, molestias y alimenta y nutre el sueño virgiliano del campo frente a la ciudad insoportable, agresiva y desorganizada. Esa concepción de la privatización que sustrae a la familia de su función de cara a la sociedad, puede enmascararse con toda clase de razones y comportar actitudes individualistas, egoístas de despreocupación. Es la oportuna denuncia de Moreau: "Huyendo de este mundo, en la deserción de las gentes honestas como yo, lo abandono a gentes sin fe ni ley"47. Es objetivamente un acto de irresponsabilidad en donde se deserta de la "politeia": " Huir del peligro no es afrontarlo y quien se contenta con huir del mundo público, (démissioner de sa qualitè de citoyen) (es renuncia intolerable) llega a ser objetivamente cómplice de la degradación que afecta al mundo público"48. Exilarse en el refugio de lo privado y no oponerse, es una tentación que facilita la ambición de nuevo dominio del Estado, que termina no sólo por no reconocer en la familia algo "soberano", anterior al mismo Estado, sino por confinarla a la impotencia de un reducto sin fuerza. Es la legítima preocupación de Campanini: "La moral familiar no tiene como exclusivo ámbito de ejercicio las paredes domésticas Existe, de parte de la familia, el preciso deber de concurrir a la humanización de la humanidad y a la promoción del hombre. Precisamente porque es, en cuanto estructura, punto de encuentro entre lo público y lo privado, la familia no puede aislarse en su propia intimidad (que, entendida como privatización, sería falseada y deformada), sino que está llamada a hacerse cargo de los problemas de la sociedad que la circundan Sobre todo, la instauración de esta relación aparece -en las sociedades industriales avanzadas- caracterizadas por una fuerte incidencia de la esfera pública en la vida familiar - condición casi que necesaria para el mismo correcto cumplimiento de la misión educativa"49. El Santo Padre Juan Pablo II subraya la importancia de la familia, la cual es preciso sea reconocida como "sociedad primordial y, en cierto sentido, soberana". Este concepto, bien interesante, es explicado por el Papa en la Carta a las Familias, Gratissimam sane, con sus contornos precisos y sus matices, tratando de la familia y la sociedad (cf. Grat. Sane, 17). La familia es una sociedad soberana, reconocida en su identidad de sujeto social. Es una soberanía específica y espiritual , como realidad sólidamente arraigada, aunque sea condicionada por diversos puntos de vista. Los derechos de la familia, estrechamente ligados a los derechos del hombre, han de ser reconocidos, en su calidad de sujeto, que realiza el diseño de Dios, y exige derechos particulares y específicos, consignados en la Carta de los Derechos de la Familia. Recuerda el Papa su raigambre en los pueblos, en su cultura (aquí inscribe el concepto de "nación" y sus relaciones con el Estado que reviste una estructura menos "familiar" como estructurada políticamente y más "burocrática"), pero que tiene como "un alma" en la medida en que responde a su naturaleza de comunidad política. Es aquí precisamente donde se ubica, en la relación de la familia con el "alma" del Estado, el principio de subsidiaridad, en el cuadro de la Doctrina Social de la Iglesia. El Estado no debe ocupar el puesto y la misión que la familia tiene, hiriendo su autonomía. Es categórica la posición de la Iglesia, fundada en una experiencia que no le puede ser negada: "una intervención excesiva del Estado se mostraría no sólo irrespetuosa sino nociva La intervención se justifica, dentro de los límites del mencionado principio, cuando ella no es suficiente para atender lo que le corresponde" (Grat. Sane, 17). La familia, bien necesario para la sociedad, cuando no es respetada, ayudada, sino obstaculizada, deja un vacío inmenso, desastroso para los pueblos (vg. El divorcio, la nivelación del matrimonio, "la mera unión que puede ser confirmada como matrimonio en la sociedad, la permisividad, etc.). Concluye el Papa: "La familia se sitúa en el centro de todos los problemas y de todas las tareas: relegarla a un papel subalterno y secundario significa causar un gran daño al crecimiento auténtico del cuerpo social" (Grat. Sane, 17). Como aplicación del principio de subsidiaridad en el campo educativo, hay que acordar que la Iglesia no puede delegar del todo esta misión!. Debo contentarme aquí con la simple enunciación del problema de las mediaciones sociales, que van desalojando la familia de campos en los cuales su presencia era beneficiosa y requerida. Pierpaolo Donati reflexiona sobre "las nuevas mediaciones familiares", tras de proponer esta pregunta: "¿La familia no media más en lo social?". En algunos campos la familia es tratada como un "residuo" llamado en causa sólo en casos problemáticos. Se difunde la sensación de que la familia desaparezca de la escena política. Hasta se llega a calificar de "supervivencias" el empeño matrimonial, la valorización de la estabilidad50. Sin embargo, Pierpaolo Donati advierte con razón: "De hecho, ninguna investigación en el campo confirma hoy la irrelevancia de la pertenencia familiar en las esferas no familiares Si por algunos aspectos y en algunos ámbitos, las mediaciones familiares disminuyen o se han perdido, por otros aspectos y en otros ámbitos, las mediaciones aumentan y surgen otras nuevas. En el conjunto, la importancia de la familia en las esferas no familiares no solamente continúa, sino que crece sea en los comportamientos de hecho, sea en las exigencias de legitimación cultural y también política"51. Hay más bien una configuración del todo nueva. Si la familia no define el estado social (y puede ser algo positivo), hay otras formas de mediación imprevista. Hoy se entiende que el hijo no es un átomo aislado, o una mónada en el esquema de Leibnitz, una isla, una molécula que fluctúa en el vacío. Resurge la preocupación por los derechos de los niños. Se busca el derecho a la identidad biológica del hijo, como también las raíces culturales, étnicas e históricas. Observa Donati: "En el pasado era la sociedad la que imponía a la familia las mediaciones que ésta debía ejercitar; hoy, es el individuo el que goza del derecho de valerse de las mediaciones, de hacerlas emerger y de valorizarlas"52. Observa además: "Las más diversas investigaciones ponen en evidencia que la familia media, en modo diverso del pasado, una cantidad de relaciones y de posiciones sociales, que lejos de ser menos importantes de un tiempo, son incluso más decisivas para el destino social y la calidad de vida"53. Reconoce
este sociólogo campos en donde el desconocimiento se extiende en
forma alarmante, especialmente en el campo político, que debiera
tener el mayor interés, a no ser en circunstancias en que no pueden
ocultarse efectos y reacciones negativas54. Es acentuada la separación
en el campo educativo55. Así las cosas, cabe decir que si se olvida, por algunos aspectos la familia como bien social, surge el valor de la familia, por otros, como un nuevo bien58. Todo esto que viene a subrayar aspectos medulares de la mediación de la familia, quizás puede liberar a la institución familiar de otras mediaciones accidentales que el tiempo revela como prescindibles, sin que se afecte ni el núcleo familiar, ni el tejido social. Puede ser la familia transmisora de unos valores, o centro de mediación que resulten más decisivos para la calidad de la vida social y para la ética pública. Coincide esta perspectiva con lo que señala la Carta de los derechos de la Familia: "La familia constituye, más que una unidad jurídica, y económica, una comunidad de amor y solidaridad, insustituible para la enseñanza y transmisión de valores culturales, éticos, sociales, espirituales y religiosos, esenciales para el desenvolvimiento y bienestar de sus propios miembros y de la sociedad"59. Se configura en las nuevas mediaciones una nueva ciudadanía de la familia60. En tal sentido la incorporación en la sociedad no se haría desde la familia a la que se pertenece, (como en el pasado), como una especie de pasaporte o carta de crédito, a partir de los "apellidos". Esta etapa, en principio parece superada y si fuera así, sería algo positivo. En cambio, la incorporación se haría desde la identidad, la armonía del desarrollo de la personalidad adquiridas sobre todo en la familia. No se daría aquello de que hay quienes descansan "mientras sus apellidos trabajan", sino por la calidad adquirida y lograda de la calidad personal, de su capacidad, de su integridad. Es a esto a lo que apunta que la familia es la primera escuela de virtudes. En una nueva ciudadanía ocupa lugar destacado el conjunto de nuevas relaciones en que la mujer sea ampliamente valorizada con sus derechos y deberes y no como "sometida" a una dependencia masculina que con razón temen algunos movimientos feministas, (no en la versión radical). Es este un sector en el cual se expresa algo más amplio, como es el respeto de los derechos fundamentales de la persona humana, que en referencia con la familia no se limita al reconocimiento de menos derechos individuales61. En términos de mediación para los valores de auténtica humanidad en y desde la familia, hoy se habla de los altos costos sociales del no reconocimiento debido a la institución familiar. Desde la sociología, Donati pone así el dedo en la llaga: "Se puede observar que de hecho, una cantidad creciente de problemas sociales nacen de la falta de reconocimiento y de apoyo de las funciones de mediación social de la familia. Lo testimonian el aumento de desagrado, de malestar, de las enfermedades mentales, de drogadicción, de suicidios y tentativos de suicidio en los jóvenes, del mismo modo en que es indicativa de carencias familiares la persistencia de la dispersión en la escuela "62. La sociedad moderna -observa el mismo autor- ha intentado eliminar toda mediación entre el individuo y la sociedad. Buscó la autorealización del "puro individuo", en una "sociedad abierta", hecha de meros individuos. Lo que ha obtenido es perder el individuo, y negada la mediación familiar, dejarlo "sin casa", con graves consecuencias. El "individuo" que fabricaron es débil, por lo cual se dan cuenta ahora de la necesidad de construir "ex novo", formas de mediación sin las cuales no pueden existir ni "sociedad" ni "sujeto humano"63. Se necesita de una nueva casa en donde se vuelva a colocar en toda su importancia la familia. No pueden coherentemente quejarse de que no funcione una "unidad - nosotros" universal, o ser altruistas, cuando se niegan los valores de la identidad de nosotros en la familia, en las "pequeñas solidaridades cotidianas""64. La familia es necesaria para la supervivencia y existencia de la misma ciudadanía política. Nadie puede dejar de lado "una relación de confianza, de ayuda y de apoyo primario en el curso de la propia vida"65. Quedar
"sin casa", sin familia por caprichos suicidas del Estado, es
dejar en la calle, en la intemperie al ser humano y amenazarlo en la raiz
de su personalidad. Seamos sinceros: esos individuos débiles son
la prueba del fracaso de hipótesis aventureras, de una pésima
antropología, de un vacío insondable en la concepción
del ser humano como persona y de la misma sociedad. De no alterar a fondo
tal rumbo, ¿cómo evitar un colapso universal?. Este peligro
en un nivel universal o en una nación ha de fortalecer la reacción
saludable y la función política y social de la familia66.
Exige también que sea reconocido el derecho de la familia de "poder
contar con una adecuada política familiar por parte de las autoridades
públicas en el terreno jurídico, económico, social
y fiscal, sin discriminación alguna" (Art. IX). Tiene la familia
derecho de existir y progresar como tal, v.g., como familia (cf. Art.
VI). Los costos sociales del no reconocimiento de las mediaciones familiares, con los obstáculos que tienen el peligro de inmovilizarla políticamente y en su influencia social, lo repetimos, tienen sus víctimas por excelencia en los niños. Impresionan las informaciones y datos que ofrece la Revista Concilium dedicada al tema, "¿Dónde están los niños?", en torno de lo que con razón se califica de "catástrofe silenciosa"67, más penosa cuanto contrasta con un abanico imponente de soluciones posibles. ¿Cómo no denunciar un terrible vacío de solidaridad y la falta de voluntad política para aportar remedios prontos?. Al amplio fenómeno de una violencia injusta que genera muerte, a unas desigualdades y desequilibrios de oportunidades que cobra millones y millones de víctimas inocentes (sin contar la abominable matanza del aborto), una eficaz movilización al alcance de la mano, posible, podría dar una respuesta histórica: "Si se pusiera a disposición de los principales objetivos de la política para el desarrollo una décima parte de los medios que en estos dos decenios han sido utilizados en el mundo para los armamentos, hoy viviríamos con poca o ninguna mala nutrición, con un número mucho menor de enfermedades y de invalidez, con un nivel de alfabetización y de instrucción mucho más alto, con réditos más elevados"68. Se fundamenta esta conclusión en datos del Comité Alemán para la UNICEF, sobre la situación de los niños en el mundo69. El informe a que aludo abre, por otros aspectos una puerta a la esperanza: "las condiciones sanitarias han mejorado en el mundo en el curso de los últimos 40 años más que durante toda la precedente historia de la humanidad"70. "En la última década, el emerger de la niñez como argumento de interés público y político ha sido de verdad impresionante La atención actualmente orientada a los niños no se agota en el principio de que son "los niños los ciudadanos más vulnerables" de la sociedad o el "recurso más precioso de la humanidad" El siglo XXI pertenece a los niños"71. Dilatemos el corazón, pues, a la esperanza!. Hay otras formas de "pobreza" que cobran víctimas en la niñez, como si se pasara un rastrillo sobre sus espaldas y que no se limitan sólo a cuestiones económicas o de salud física y que son hoy objeto de estudio y de análisis v.g. en Estados Unidos, de tal manera que, como reza un artículo, "La familia es un "tema " liberal" allí. En el campo político "los liberales se interesan, (es un subtítulo) en las cuestiones morales. He aquí algunos dramáticos testimonios: "la prueba de la pobreza creciente de las madres solas y del deterioro de la salud mental y física de los niños, representa el factor más importante de este cambio de mentalidad. El crecimiento del número de divorcios y de nacimientos fuera del matrimonio es hoy considerado la causa próxima que está detrás de estas tendencias. Si se toma el dirvorcio: los años 70 y 80 vieron un enorme crecimiento del porcentaje de divorcios en Estados Unidos. Actualmente se ubica en torno al cincuenta por ciento "72. Es enorme la incidencia también en el deterioro económico. Se alude a recientes investigaciones que dan a entender que el divorcio conduce a un grave deterioro económico73. Y ¡qué decir de los nacimientos fuera del matrimonio! Abundan los estudios serios sobre el impacto inclemente de la ausencia de familia en la niñez y en la juventud. ¿Cómo no podrían sentirse gravemente interpelados los dirigentes de un país, más allá de las denominaciones políticas?. Se establece sin rodeos: "La correlación entre el crimen en la edad de la adolescencia y la disgregación de la familia es clara. Louis Sullivan, exsecretario del Departamento de salud refiere que más del setenta por ciento de los jóvenes varones que se encuentran en las cárceles provienen de familias en las cuales faltaba el padre"74. En cambio "los niños obtienen resultados mejores cuando el compromiso personal y el apoyo material de un padre y de una madre, y cuando ambos progenitores cumplen con la responsabilidad de quienes cuidan su misión con amor Indices crecientes de divorcio, de embarazos extramatrimoniales, y de ausencia de genitores, no son sólo manifestación de estilos de vida alternativos, sino de esquemas de comportamiento adulto que aumentan el riesgo de consecuencias negativas para el niño"75. Estas informaciones apenas sumarias, extraidas de fuentes de la mayor credibilidad, nos hacen ver la magnitud del problema y la necesidad de fortalecer y de ayudar la familia en el cumplimiento de sus capitales mediaciones sociales, sin las cuales, (y no es retórica apocalíptica), las civilizaciones se desmoronan. Está en el centro del problema una cuestión de valores, de estilos de vida, de comportamientos que inciden en la sociedad a través de la familia existente o ausente. Conviene, a todas luces, al Estado, ayudar a la Familia, para que haya "una vigorosa ética familiar". Galston76 cree que una democracia justa requiere ciudadanos virtuosos y la religión es esencial para la creación de la ética de la motivaciones77 que se nutren en la familia.
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