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IV. RENOVACION Y CRECIMIENTO ESPIRITUAL 42. Deseo de Dios ¿Cómo no vais a desear, queridos religiosos y religiosas, conocer mejor a Aquél que amáis y queréis manifestar a los hombres? ¡Con El os une la oración! Si hubierais perdido el gusto por ésta, sentiríais nuevamente el deseo poniéndoos humildemente a orar. No olvidéis por lo demás el testimonio de la historia: la fidelidad a la oración o el abandono de la misma son el paradigma dé la vitalidad o de la decadencia de la vida religiosa. 43. Oración Descubrimiento de la intimidad divina, exigencia de adoración, necesidad de intercesión: la experiencia de la santidad cristiana nos demuestra la fecundidad de la oración, en la cual Dios se manifiesta al espíritu y al corazón de sus siervos. El Señor nos da este conocimiento de sí mismo en el fuego del amor. Son múltiples los dones del Espíritu, pero ellos nos permiten siempre gustar este conocimiento íntimo y verdadero del Señor, sin el cual no lograríamos ni comprender el valor de la vida cristiana y religiosa, ni poseer la fuerza para progresar en ella con la alegría de una esperanza que no decepciona. 44. El espíritu de oración penetra la vida fraterna Ciertamente el Espíritu Santo os da también la gracia de descubrir el rostro del Señor en el corazón de los hombres, que El mismo os enseña a amar como hermanos. Y os ayuda a recoger las manifestaciones de su amor en medio de la trama de los acontecimientos. Con la atención humildemente dirigida hacia los hombres y hacia las cosas, el Espíritu de Jesús nos ilumina y nos enriquece con su sabiduría, con tal de que estemos profundamente penetrados por el espíritu de oración. 45. Necesidad de vida interior ¿No es quizá una de las miserias de nuestro tiempo el desequilibrio "entre las condiciones colectivas de la existencia y las exigencias del pensamiento personal y de la misma contemplación"?58. ¡Muchos hombres -y entre ellos muchos jóvenes- han perdido el sentido de su propia vida y están ansiosamente en busca de las dimensiones contemplativas de su ser, sin pensar que Cristo, por medio de su Iglesia, podría dar una respuesta a sus expectativas! Hechos de este tipo 'os deberían llevar a reflexionar seriamente sobre lo que los hombres tienen derecho a esperar de vosotros, que os habéis comprometido formalmente a vivir al servicio del Verbo, "la luz verdadera que ilumina a todo hombre'"54. Tened pues conciencia de la importancia de la oración en vuestra vida y aprended a dedicaros generosamente a ella: la fidelidad a la oración cotidiana seguirá siendo para cada uno y cada una de vosotros una necesidad fundamental y debe ocupar el primer puesto en vuestras constituciones y en vuestra vida. 46. Silencio El hombre interior ve en el tiempo de silencio como una exigencia del amor divino, y lo es normalmente necesaria una cierta soledad para sentir a Dios que le "habla al corazón"55. Es necesario subrayarlo: un silencio que fuese simplemente ausencia de o de la palabras, en el cual no podría templarse el alma, estaría evidentemente privado de todo valor espiritual y podría por el contrario servir de perjuicio a la caridad fraterna si en aquel momento fuese urgente entrar en contacto con los demás. En cambio, la búsqueda de la intimidad con Díos lleva consigo la necesidad verdadera vital de un silencio de todo el ser, ya sea para quienes deben encontrar a Dios incluso en medio del estruendo, ya sea para los contemplativos"56. La fe, la esperanza, un amor a Díos dispuesto a acoger los dones del Espíritu, como también un amor fraterno abierto al misterio de los demás, implican como exigencia propia una necesidad de silencio. 47. Vida litúrgica Finalmente, ¿es necesario recordaros el puesto especialísimo que ocupa en la vida de vuestras comunidades la liturgia de la Iglesia cuyo centro es el sacrificio eucarístico, en el cual la oración interior se une al culto externo?"57. En el momento de vuestra profesión religiosa habéis sido ofrecidos a Dios por la Iglesia, en íntima unión con el sacrificio eucarístico"58. Día tras día, este ofrecimiento de vosotros mismos debe convertirse en realidad, concreta y continuamente vivida. La comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo es la fuente primaria de tal renovación"59; vuestra voluntad de amar verdaderamente y hasta la donación de la vida se robustezca incesantemente en ella. 48. La Eucaristía, corazón de la comunidad y fuente de vida Reunidas en su nombre, vuestras comunidades tienen de por sí como centro la Eucaristía "sacramento de amor, signo de unidad, vínculo de caridad"60. Es pues normal que ellas se encuentren visiblemente reunidas en torno a un oratorio, donde la presencia de la sagrada Eucaristía expresa y realiza a la vez lo que debe ser la principal misión de toda familia religiosa, como por otra parte, de toda asamblea cristiana. La Eucaristía, gracias a la cual no cesamos de anunciar la muerte y la resurrección del Señor y de prepararnos a su venida gloriosa, trae constantemente a la memoria los sufrimientos físicos y morales que agobiaron a Cristo y que sin embargo habían sido aceptados libremente por El hasta la agonía y la muerte en la cruz. Las pruebas que vais a encontrar, sean para vosotros la ocasión de llevar juntamente con el Señor y ofrecer al Padre tantas desgracias y sufrimientos injustos que afligen a nuestros hermanos y a los cuales sólo el sacrificio de Cristo puede dar, en la fe, un significado. 49. Fecundidad espiritual para el mundo De esta manera, también el mundo está presente en el centro de vuestra vida de oración y de ofrenda, como el Concilio ha explicado vigorosamente: "Y nadie piense que los religiosos, por su consagración, se hacen extraños a los hombres o inútiles para la sociedad terrena. Porque, si bien en algunos casos no sirven directamente a sus contemporáneos, los tienen sin embargo presentes de masera más intima en las entrañas de Cristo y cooperan espiritualmente con ellos, para que la edificación de la ciudad terrena se funde siempre en el Señor y se ordene a El, no sea que trabajen en vano quiénes la edifican"61. 50. Participación en la misión de la Iglesia Esta participación en la misión de la Iglesia -insiste el Concilio- no puede lograrse sin una apertura y una colaboración a sus "iniciativas y a los fines que ella persigue en los varios campos, como en el bíblico, litúrgico, dogmático, pastoral, ecuménico, misionero y social"62. Preocupados por tomar parte en la pastoral de conjunto, lo haréis ciertamente, siempre "en él respeto del carácter propio de cada Instituto", recordando que la exención atañe sobre todo a su estructura interna que no os dispensa de someteros a la jurisdicción de los obispos responsables "en cuanto lo requieran tanto el cumplimiento del cargo pastoral de estos, como la debida ordenación de la cura de almas"63. Por lo demás, ¿no debéis vosotros, más que nadie, recordar sin descanso que la acción de la Iglesia continúa la del Salvador en beneficio de los hombres sólo cuando entra en el dinamismo de Cristo misino que devuelve todo a su Padre: "Todo es vuestro; pero vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios"?64 . La llamada de Dios, en efecto, os orienta, de la manera más directa y más eficaz, en el sentido del Reino eterno. A través de las tensiones espirituales, inevitables en toda vida que sea verdaderamente religiosa, vosotros dais testimonio "en forma luminosa y singular, de que el mundo no puede ser transformado ni ofrecido a Dios sin el espíritu de las Bienaventuranzas"65. LLAMAMIENTO FINAL
Queridos hijos e hijas en Cristo: la vida religiosa, para renovarse, debe adaptar sus formas accidentales a algunos cambios que atañen, con una rapidez y una amplitud crecientes, a las condiciones de toda existencia humana. Pero, ¿cómo llegar a eso manteniendo las "formas estables de vida"66 reconocidas por la Iglesia, si no mediante una renovación de la auténtica e íntegra vocación de vuestros Institutos? Para un ser que vive, la adaptación a su ambiente no consiste en abandonar su verdadera identidad, sino más bien en robustecerse dentro de la vitalidad que le es propia. La profunda comprensión de las tendencias actuales y de las exigencias del mundo moderno debe hacer que vuestras fuentes broten con renovado vigor y frescura. Tal compromiso es exaltante en proporción a las dificultades. 52. Necesidad de testimonio evangélico en el mundo de hoy Una pregunte apremiante nos abruma hoy; ¿cómo hacer penetrar el mensaje evangélico en la civilización de masas? ¿Cómo actuar a niveles donde se elabora una nueva cultura, donde se va creando un nuevo tipo de hombre, que cree no tener ya necesidad de redención? Estando todos llamados a la contemplación del misterio de la salvación, os dais cuenta del serio empeño que de tales, interrogante deriva para vuestras existencias y qué estímulo para vuestro celo apostólico. Queridos religiosos y religiosa: según las modalidades que la llamada de Dios pide a vuestras familias espirituales, vosotros debéis seguir con ojos bien abiertos las necesidades de los hombres, sus problemas, sus búsquedas, testimoniando en medio de ellos, con la oración y con la acción, la eficacia de la Buena Nueva de amor, de justicia y de paz. La aspiración de la humanidad a una, vida más fraterna, a nivel de las personas y de las naciones, exige ante todo una transformación de las costumbres, de las mentalidades y de la conciencia. Tal misión, común a todo el Pueblo de Dios, es vuestra por título particular. ¿Cómo cumplirla si falta ese gusto del absoluto, que es el fruto de una cierta experiencia de Dios? Esto equivale a subrayar cómo la autentica renovación de la vida religiosa sea de capital importancia para la renovación misma de la Iglesia y del mundo. 53. Testimonio viviente del amor del Señor Este mundo, hoy más que nunca, tiene necesidad de ver en vosotros hombres y mujeres que han creído en la Palabra del Señor, en su Resurrección y en la vida eterna hasta el punto de empeñar su vida terrena para dar testimonio de la realidad de este amor que se ofrece a todos los hombres. La Iglesia no ha cesado de ser vivificada en el curso de la historia y de alegrarse por tantos religiosos y religiosas que, en la diversidad de sus vocaciones, fueron testimonios vivientes de un amor sin límites a Jesucristo. Esta gracia, ¿no es para el hombre de hoy como un soplo vivificador venido desde lo infinito, como una liberación de sí mismo en la perspectiva de un gozo eterno y absoluto? Abiertos a este gozo divino, renovando la afirmación de la realidad de la fe e interpretando cristianamente a su luz, las necesidades del mundo, vivís generosamente las exigencias de vuestra vocación. Ha llegado el momento de esperar con la máxima seriedad una rectificación de vuestras conciencias si fuera necesario y también una revisión de toda vuestra vida para una mayor fidelidad. 54. Llamamiento a todos los Religiosos y Religiosas Contemplándoos con la ternura del "Señor cuando llamaba a sus discípulos "pequeña grey" y les anunciaba que su Padre se había complacido en darles el Reino"67 nosotros os suplicamos: conservad la sencillez de los "más pequeños" del Evangelio. Sabed encontrarla en el íntimo y más cordial trato con Cristo o en el contacto directo con vuestros hermanos. Conoceréis entonces "el rebosar de gozo por la acción del Espíritu Santo" que es de aquellos que son introducidos en los secretos del Reino. No busquéis entrar a formar parte de aquellos "sabios y prudentes", cuyo número tiende a multiplicarse, para quienes tales secretos están escondidos"68. Sed verdaderamente pobres, mansos; hambrientos de santidad, misericordiosos, puros da corazón; sed de aquellos, gracias a los cuales el mundo conocerá la paz de Dios"69 . 55. Irradiación fecunda de vuestro gozo La alegría de pertenecer a El para siempre es un incomparable fruto del Espíritu Santo que vosotros ya habéis saboreado. Animados por este gozo, que Cristo os conservará en medio de las pruebas, sabed mirar con confianza, el porvenir. Este gozo, en la medida en que se irradiará desde vuestras comunidades será para todos la prueba de que el estado de vida escogido por vosotros os ayuda, a través de la triple renuncia de vuestra profesión religiosa, a realizar la máxima expansión de vuestra vida en Cristo. Mirando a vosotros y a vuestras vidas, los jóvenes podrán comprender bien la llamada que Jesús no cesará jamás de hacer resonar en medio de ellos"70. El Concilio, en efecto, os lo recuerda: "El ejemplo de vuestra vida es la mejor recomendación del Instituto y la más eficaz invitación a abrazar la vida religiosa"71. Además, no hay duda de que demostrándoos profunda estima y gran afecto, obispos, sacerdotes, padres y educadores cristianos despertarán en muchos el deseo de caminar en pos de vosotros, respondiendo a la llamada de Cristo que no cesa de resonar en sus discípulos. 56. Oración y María Que la Madre amadísima del Señor, bajo cuyo ejemplo habéis consagrado a Dios vuestra vida, os alcance, en vuestro camino diario, aquella alegría inalterable que solo Jesús puede dar. Que vuestra vida, siguiendo su ejemplo, logre dar testimonio de "aquel amor maternal con que es necesario que estén animados todos aquellos que, asociados en la misión apostólica de la Iglesia, cooperan a la regeneración de los hombres"72. Hijos e hijas amadísimos: que el gozo del Señor transfigure vuestra vida consagrada y la fecunde su amor. En su nombre, de todo corazón, os bendecimos. Vaticano, en la Fiesta de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, 29 de junio de 1971, noveno de nuestro Pontificado. Paulus P. P. VI NOTAS 1)
Exhortación "ll tempio massimo", 2 julio-1962, AAS 54,
1962, pp. 508-517. 35)
Cfr. Ibid, 14, p. 709; Jn 4, 34; 5, 30; 10, 15-18; Heb 5, 8 ;10, 7; Ps
40 (39), 8-9.
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