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II.- COMPROMISOS ESENCIALES 13.- Castidad consagrada Sólo el amor de Dios -es necesario repetirlo"- llama en forma decisiva a la castidad religiosa. Este amor, por lo demás, exige imperiosamente la caridad fraterna, que el religioso vivirá más profundamente con sus contemporáneos en el corazón, de Cristo. Con esta condición, el don de sí mismos, hecho a Dios y a los demás, será fuente de una paz profunda. Sin despreciar en ningún modo el amor humano y el matrimonio -¿no es él, según la fe, imagen y participación de la unión de amor que une a Cristo y la Iglesia?"22, la castidad consagrada evoca esta unión de manera, mas inmediata y realiza aquella sublimación hacia la cual debería tender todo amor humano. Así, en el momento mismo en que este último se halla cada vez más amenazado por "un erotismo devastador"23, ella debe ser, hoy más que nunca, comprendida y vivida con rectitud y generosidad. Siendo decididamente: positiva, la castidad atestigua el amor preferencial hacia el Señor y simboliza, de la forma más eminente y absoluta, el misterio de la unión del Cuerpo místico a su Cabeza, de la Esposa a su eterno Esposo. Finalmente, ella alcanza, transforma y penetra en el ser humano hasta, lo más intimo mediante una misteriosa semejanza con Cristo. 14. Fuente de fecundidad espiritual Por lo tanto os es necesario, queridos hijos e hijas, restituir toda su eficacia a la espiritualidad cristiana de la castidad consagrada. Cuando es realmente vivida, con la mirada puesta en el reino de los cielos, libera el corazón humano y se convierte así "como en un signo y un estímulo de la caridad y una fuente especial de fecundidad espiritual en el mundo"24. Aun cuando éste no siempre la reconoce, ella permanece en todo caso místicamente eficaz en medio de él. 15. Don de Dios Por lo que a nosotros se refiere, nuestra convicción debe permanecer firme y segura: el valor y la fecundidad de la castidad, observada por amor de Dios en el celibato religioso, no encuentran su fundamento último sino en la palabra de Dios, en las enseñanzas de Cristo, en la vida de su Madre virgen, como también en la tradición apostólica, tal como ha sido afirmada incesantemente por la Iglesia. Se trata, efectivamente, de un don precioso que el Padre concede a algunos. Frágil y vulnerable a causa de la debilidad humana, él queda expuesto a las contradicciones de la pura razón y en parte incomprensible para aquellos a quienes la luz del Verbo Encarnado no haya revelado de qué manera el "que haya perdido su vida" por El "la encontrará". 16. Pobreza Consagrada Siendo castos en el seguimiento de Cristo, vosotros queréis también vivir pobres, según su ejemplo, en el uso de los bienes, de este mundo necesarios para el sustento cotidiano. Sobre este punto, por lo demás, nuestros contemporáneos os interpelan con particular insistencia. Ciertamente, los Institutos religiosos han de realizar una importante tarea en el marco de las obras de misericordia, de asistencia y de Justicia social; y, al llevar a cabo este servicio, deben estar siempre atentos a las exigencias del Evangelio. 17. El grito de los pobre Más acuciante que nunca, vosotros sentís alzarse el "grito de los pobres"26, desde el fondo de su indigencia personal y de su miseria colectiva. ¿No es quizá para responder al reclamo de estas criaturas privilegiadas de Dios por lo que ha venido Cristo"27, llegando incluso hasta identificarse con ellos?"28. En un mundo en pleno desarrollo, esta permanencia de masas y de individuos miserables es una llamada insistente a "una conversión dé la mentalidad y de los comportamientos"29, en particular para vosotros que seguís "más de cerca" a Cristo"30, en su condición terrena de anonadamiento. Esta llamada -no lo ignoramos-resuene en vuestros corazones de una manera tan dramática que, a veces, algunos de vosotros sienten también la tentación de una acción violenta. Siendo discípulos de Cristo, cómo podríais seguir una vida diferente a la suya? Ella no es, Como bien sabéis, un movimiento de orden político o temporal, sino una llamada a la conversión de los corazones, a la liberación de todo impedimento temporal, al amor. 18. Pobreza y justicia Y entonces, ¿cómo encontrará eco en vuestra existencia el gritó de los pobres? El debe prohibiros, ante, todo, lo que seria un compromiso con cualquier forma de injusticia social. Os obliga, además, a despertar las conciencias frente al drama de la miseria y a las exigencias de justicia social del Evangelio y de la Iglesia. Induce a algunos de vosotros a unirse a los pobres en su condición, a compartir sus ansias punzantes. Invita, por otra parte, a no pocos de vuestros Institutos a cambiar, poniendo algunas obras propias al servicio de los pobres, cosa que, por lo demás, ya muchos han actuado generosamente. Finalmente, os impone un uso de los bienes que se limite a cuanto se requiere para el cumplimiento de Ias funciones a las cuales estáis llamados. Es necesario que hagáis patente en vuestra vida cotidiana las pruebas, incluso externas, de la autentica pobreza. 19. Uso de los bienes del mundo En una civilización y en un mundo, cuyo distintivo es un prodigioso movimiento de crecimiento material casi indefinido, ¿qué testimonio ofrecería un religioso que se dejase arrastrar por una búsqueda desenfrenada de las propias comodidades y encontrase normal concederse, sin discernimiento ni discreción, todo lo que le viene propuesto? Mientras para muchos ha aumentado el peligro de verse envueltos por la seductora seguridad del poseer, del saber y del poder, la llamada de Dios os coloca en el vértice de la conciencia cristiana esto es, recordar a las hombres que su progreso verdadero y total consiste en responder a su vocación de "participar, como hijos, a la vida del Dios viviente. Padre de todos los hombres"31. 20. Vida de trabajo Vosotros sabéis comprender igualmente el lamento de tantas vidas, arrastradas hada de torbellino implacable del trábalo para el rendimiento, de la ganancia para el goce, del consumo que, a su vez, obliga a una fatiga a veces inhumana. Un aspecto esencial de vuestra pobreza seca pues el de atestiguar et sentido humano del trabajo, realizado en libertad de espíritu y restituido a su naturaleza de medio de sustentación y de servicio. ¿No ha puesto el Concilio, muy a propósito el acento sobre vuestra necesaria sumisión a l común del trabajo?"32. Ganar vuestra vida y la de vuestros hermanos o vuestras hermanas, ayudar pobres con vuestro trabajo: he ahí los deberes incumben a vosotros. Pero vuestras actividades no pueden derogar la vocación de vuestros diversos Institutos ni comportar habitualmente trabajos tales que sustituyan a sus tareas específicas. Ellas no deberían llevaros, de ninguna manera, hacia la secularización con detrimento de la vida religiosa que os anima: ¡valorizados por la retribución de trabajos profanos! 21. Participación fraterna La necesidad, hoy tan categórica, de que participación fraterna debe conservar su valor evangélico. La expresión de la Didaché, "si compartís entre vosotros los bienes eternos, con mayor razón debéis compartir los bienes perecederos"33. La pobreza, vivida efectivamente poniendo en común los bienes, comprendido el salario, testimoniará la espiritual comunión que os une; será un reclamo viviente para todos los ricos y aportará también un alivio a vuestros hermanos y hermanas que se encuentran necesitados. El legítimo deseo de ejercer una responsabilidad personal expresará en el goce de las propias rentas sino en la participación fraterna al bien común. Las formas de la pobreza de cada uno y de cada comunidad dirán del tipo de Instituto y de la forma de obediencia que allí es practicada: así se realizará, según las particulares vocaciones, el carácter de dependencia inherente a toda pobreza. 22. La exigencia evangélica Vosotros dais constancia de ello, queridos hijos e hijas: las necesidades del mundo de hoy. Si las sentís en íntima unión con Cristo, hacen más urgente y más profunda vuestra pobreza. Si os es necesario, evidentemente, tener en cuenta el ambiente humano en que vivís para adaptar a él vuestro estilo de vida, vuestra pobreza no podrá ser pura y simplemente una conformidad con las costumbres de tal ambiente, Su valor de testimonio le vendrá de una generosa respuesta a la exigencia evangélica en la fidelidad total a vuestra vocación y no solamente de una preocupación por aparecer pobre, te cual podría quedar demasiado superficial, evitando de todas maneras, formas .de vida que denotarían una cierta afectación y vanidad. Aun reconociendo que ciertas- situaciones pueden Justificar el quitar un tipo de habito, no pódenlos silenciar la conveniencia de que el hábito de los religiosos y religiosas siga siendo, como quiere el Concilio, signo de su consagración y se distinga, de alguna manera de las formas abiertamente aseglaradas. 23. Obediencia consagrada ¿No es la misma fidelidad la que inspira vuestra profesión de obediencia, a la: luz de la fe y según el dinamismo propio de la caridad de Cristo? En efecto, mediante esta profesión, vosotros realizáis el ofrecimiento total de vuestra voluntad y entráis más decididamente y con más seguridad en su designio de salvación. Siguiendo el ejemplo de Cristo que ha venido a cumplir la voluntad del Padre, en comunión con Aquel que "sufriendo ha aprendido la obediencia" y "se ha hecho siervo de los propios hermanos", vosotros estáis vinculados "más estrechamente al servicio de la Iglesia" y de vuestros hermanos"35. 24.
Fraternidad evangélica y sacrificio Ejercer la autoridad en medio de vuestros hermanos nos significa, pues, servirlos"37 según el ejemplo de Aquel que "ha dado su vida para remisión de muchos"38. 25. Autoridad y obediencia Por tanto, la autoridad y la obediencia se ejercen al servicio del bien común, como dos aspectos complementarios de la misma participación a la ofrenda de Cristo: para aquellos que están constituidos en autoridad, se trata de servir en los hermanos el designio de amor del Padre, mientras, con la aceptación de sus directrices, los religiosos siguen el ejemplo del Maestro"39 y colaboran a la Obra de la salvación. Así lejos de estar en oposición, autoridad y libertad individual proceden al mismo paso en el cumplimiento de la voluntad de Dios, fraternamente buscada, a través de un confiado diálogo entre el superior y su hermano, cuando se trata de una situación personal, o a través de un acuerdo de carácter general en lo que atañe a la .entera comunidad. En esta búsqueda, los religiosos sabrán evitar tanto la excesiva perturbación por hacer prevalecer por encima del sentido profundo de la vida religiosa el atractivo de las opiniones corrientes. Es un deber de cada uno, pero particularmente de los superiores y de cuantos tienen una responsabilidad entre sus hermanos o sus hermanas, despertar en la comunidad la certeza de la fe que debe guiarlos. La búsqueda tiene como fin profundizar esta certeza y traducirla a la práctica en la vida diaria según las necesidades del momento y no ya ponerlas de algún modo en discusión. Este trabajo de búsqueda; común debe, cuando sea el caso, concluirse con las decisiones de los superiores cuya presencia y reconocimiento son indispensables en toda comunidad. 26. En las necesidades de la vida cotidiana Las modernas condiciones de la existencia influyen naturalmente en vuestro modo de vivir la obediencia. Muchos de vosotros, efectivamente, realizan parte de sus actividades fuera de las casas religiosas y ejercen una función en .la cual tienen una especial competencia. Otros se sienten inclinados a colaborar en grupos de trabajo con régimen propio. El riesgo inherente a tales situaciones, ¿no es una invitación a confirmar y a profundizar el sentido de la obediencia? Para que esto sea verdaderamente beneficioso es necesario respetar algunas condiciones. Se debe, ante todo, comprobar si el trabajo asumido está en conformidad con la vocación del Instituto. Conviene también definir claramente los dos ámbitos. Sobre todo, es necesario saber pasar de la actividad externa a las exigencias de la vida común, preocupándose de garantizar toda su eficacia a los elementos de la vida propiamente religiosa. Uno de los deberes principales de los superiores es el de asegurar a sus hermanos y hermanas en religión las condiciones indispensables para su vida espiritual. Ahora bien, ¿cómo podrían cumplirlo sin la confiada colaboración de toda la comunidad? 27. Libertad y Obediencia Añadamos .también esto: cuanto más ejerzáis vuestra responsabilidad, tanto más necesario resulta renovar, en su pleno significado, la donación, de vosotros mismos. El Señor impone a cada uno la obligación de "perder la propia vida", si quiere seguirlo"40. Vosotros observaréis este mandato aceptando las directrices de vuestros superiores como una garantía de vuestra profesión religiosa que es "ofrenda total de vuestra voluntad personal como sacrificio de vosotros mismos a Dios"41. La obediencia cristiana es una sumisión incondicional al querer divino. Pero la vuestra, es más rigurosa porque, vosotros la habéis hecho objeto e una dedicación especial y el horizonte de vuestras opciones se ve limitado por vuestros compromisos. Es un acto completo de vuestra libertad que se halla al origen de vuestra condición presente: es deber vuestro hacerlo siempre más vivo, ya sea por vuestra propia iniciativa, va sea con el asentimiento que prestáis de corazón a los órdenes de vuestras superiores. Así, el Concilio enumera entre los beneficios del estado religioso "una libertad corroborada por la obediencia"42, subrayando que tal obediencia "lejos de disminuir la dignidad de la persona humana, la conduce a la madurez, haciendo desarrollar la libertad hijos de Dios "43. 28. Conciencia y obediencia Y sin embargo, ¿no es quizá posible que haya conflictos entre la autoridad del superior y la conciencia del religioso, "ese santuario, en el cual el hombre a solas con Dios y en el cual su voz se hace entender?"44. Es necesario repetirlo: la conciencia no es sola el árbitro del valor moral de las acciones que inspira, sino que debe haber referencia a normas objetivas y, si es necesario, reformarse y rectificarse. Hecha excepción de una orden que fuese manifiestamente contraria a las leyes de Dios o a las constituciones Instituto, o que implicase un mal grave y cierto -en cuyo caso la obligación 'de obedecer' no existe-, las decisiones del superior se refieren a un campo donde la oración del bien mejor puede variar según los puntos de vista. Querer concluir, por él hecho de que una orden dada parezca objetivamente menos buena, que ella es Ilegítima y contraria a la conciencia, significaría desconocer, de manera poco real, la oscuridad y la ambigüedad de no pocas realidades humanas. Además, el rehusar la obediencia lleva consigo un daño a veces grave, para el bien común. Un religioso no debería admitir fácilmente que haya contradicción entre el juicio de su conciencia y el de su superior. Esta situación excepcional comportará alguna vez un auténtico sufrimiento interior, según el ejemplo de Cristo mismo "que aprendió mediante el sufrimiento lo que significa la obediencia"45. 29. La Cruz, prueba del más grande amor Todo esto para decir a qué grado de renuncia compromete la práctica de la vida religiosa. Debéis pues experimentar algo del peso que atraía al Señor hacia su cruz, este "bautismo con él que debía ser bautizado", donde se habría encendido aquel fuego que os inflama también a vosotros"46; algo de aquella locura que San Pablo desea para todos nosotros, porque solo ella nos hace sabios"47. Sea la cruz para vosotros, como lo fue para Cristo, la prueba del amor más grande; ¿No existe quizá una relación misteriosa entre la renuncia y la alegría interior, entre el sacrificio y la amplitud de corazón, entre la disciplina y la libertad espiritual?
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