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PONTIFICIO
CONSEJO Al
servicio de la comunidad humana: - 27/12/1986 - AL
SERVICIO DE LA COMUNIDAD HUMANA:
PRESENTACION
Se trata de un fenómeno cuyas causas lejanas se remontan a los tiempos cuando las perspectivas generalizadas de crecimiento incitaban a los países en desarrollo a atraer capitales, y a los bancos comerciales a conceder créditos para financiar inversiones que, a veces, implicaban un gran riesgo. Como los precios de las materias primas eran favorables, la mayor parte de los países deudores seguía siendo solvente. En
1974 el primer "shock petrolero", luego el segundo en 1979,
la caída de los precios de las materias primas y el flujo de los
petrodólares en búsqueda de inversiones fructuosas, así
como los efectos de los programas de crecimiento demasiado ambiciosos,
han contribuido a poner a los países en desarrollo en una situación
de endeudamiento masivo. Al mismo tiempo, los países industrializados
tomaban medidas proteccionistas, mientras aumentaban las tasas de interés
mundiales. Los países deudores se fueron volviendo progresivamente
incapaces de pagar ni siquiera los intereses de sus deudas. En efecto, los países deudores se encuentran en una especie de círculo vicioso: para poder reembolsar sus deudas, están condenados a transferir al exterior, en medida siempre creciente, los recursos que deberían ser disponibles para sus consumos y sus inversiones internas, y por lo tanto, para su desarrollo. El fenómeno del endeudamiento pone de relieve la interdependencia creciente de las economías cuyos mecanismos -flujo de capitales e intercambios comerciales- son sometidos a nuevas limitaciones. De este modo, factores externos pesan sobre la evolución de la deuda en los países en desarrollo. En particular, las tasas de cambio flotantes e inestables, las variaciones de las tasas de interés y la tentación de los países industriales de mantener las medidas proteccionistas crean para los países deudores un ambiente siempre más desfavorable en el que se encuentran cada vez más indefensos. Los esfuerzos impuestos por los organismos de crédito a cambio de una mayor ayuda, cuando se limitan a considerar la situación bajo su aspecto monetario y económico, a menudo contribuyen a acarrear para los países endeudados, al menos a corto plazo, desocupación, recesión y drástica reducción del nivel de vida, cuyas víctimas son en primer lugar los más pobres y algunas clases medias. En una palabra, una situación intolerable y a mediano plazo desastrosa para los mismos acreedores. El
servicio de la deuda no puede ser satisfecho sino al precio de una asfixia
de la economía de un país. Ningún gobierno puede
exigir moralmente de su pueblo que sufra privaciones incompatibles con
la dignidad de las personas. Es acerca de este aspecto ético del problema que el Santo Padre Juan Pablo II, en varias ocasiones ha llamado la atención de los responsables internacionales, de modo particular en su Mensaje a la 40ª Asamblea general de las Naciones Unidas, el 14 de octubre de 1985 (n. 5). Consciente de su misión de proyectar la luz del evangelio sobre las situaciones donde están comprometidas las responsabilidades humanas, la Iglesia incita de nuevo a todas las partes en causa, a que examinen las implicaciones éticas de la cuestión de la deuda exterior de los países en desarrollo con el fin de llegar a soluciones justas y respetuosas de la dignidad de quienes padecen más duramente sus consecuencias. Por esto el Santo Padre ha pedido a la Pontificia Comisión "Iustitia et Pax" que ahonde la reflexión sobre el tema y proponga a los diferentes protagonistas afectados -países acreedores y deudores, organismos financieros y bancos comerciales- criterios de discernimiento y un método de análisis "en vista de una consideración ética de la deuda internacional". La Pontificia Comisión "Iustitia et Pax " expresa su más vivo deseo de que este documento pueda contribuir a iluminar las opciones de quienes ejercen responsabilidades en este campo hoy privilegiado de la solidaridad internacional. Ella nutre también la esperanza de que estas reflexiones puedan devolver la confianza a las personas y a las naciones más desprotegidas al reiterar con fuerza que las estructuras económicas y los mecanismos financieros están al servicio del hombre y no a la inversa, y que las relaciones de intercambio y los mecanismos financieros que las acompañan pueden ser reformados antes de que las estrecheces de miras y los egoísmos privados o colectivos degeneren en conflictos irremediables. ROGER Card. ETCHEGARAY
Presidente
Vicepresidente |