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III.
ASUMIR SOLIDARIAMENTE
LAS RESPONSABILIDADES DEL FUTURO
Las relaciones financieras y monetarias entre
las naciones son complejas y cambiantes. Cada nación, por el valor
de su moneda, por sus intercambios comerciales, por los recursos naturales
de que dispone y su capacidad técnica de explotarlos, pero igualmente
por el grado de confianza que inspira en el exterior, ocupa una posición
de debilidad o de fuerza, de poder o de dependencia, también ella
mudable.
Se
requiere pues un análisis profundo a fin de puntualizar las responsabilidades
específicas de cada nación, en lo inmediato y en un plazo
determinado. Una primera consideración permite reconocer una pluralidad
de actores y organizaciones en cuyo seno actúan, con funciones
específicas y espacios de libertad -por consiguiente de iniciativa
y de responsabilidad- más o menos vastos. Estos actores, diferentes
por sus funciones y sus posiciones internacionales, son en particular:
los países industrializados y los países en desarrollo;
los estados acreedores y los estados deudores; los bancos comerciales
internacionales y nacionales; las grandes empresas internacionales; las
organizaciones financieras multilaterales (Banco Mundial, Fondo Monetario
Internacional, Bancos regionales). Atendiendo sucesivamente al papel de
cada uno de esos actores, y a los medios y los márgenes de libertad
de que disponen, será posible establecer mejor su responsabilidad
respectiva y proponer los principios éticos que podrán guiar
sus decisiones, cambiar sus comportamientos, transformar las instituciones
para brindar un mejor servicio a la humanidad. Todos son llamados a edificar
un mundo más justo, y uno de sus frutos será la paz. "Nosotros
consideramos que la paz es como el fruto de las relaciones justas y honestas
en todos los aspectos de la vida de los hombres en esta tierra, aspectos
sociales, económicos, culturales y morales... A vosotros, hombres
de negocios que sois responsables de los organismos financieros y comerciales,
dirijo mi llamado: examinad de nuevo vuestras responsabilidades frente
a vuestros hermanos y hermanas"4 .
Esta
mirada nueva a las propias funciones permitirá escapar a la tentación
del fatalismo o la impotencia ante la complejidad de las interdependencias,
y crear nuevos espacios de libertad y por consiguiente, de responsabilidades
a asumir y a compartir.
Responsabilidades
de los países industrializados.
En un mundo de crecientes interdependencias entre las naciones, una ética
de solidaridad ampliada contribuirá a transformar las relaciones
económicas (comerciales, financieras y monetarias) en relaciones
de justicia y de servicio recíproco, mientras son con frecuencia
sólo relaciones de fuerza y de interés 5 .
En razón de su mayor poder económico, los países
industrializados tienen una responsabilidad más seria que deben
reconocer y aceptar, incluso si la crisis económica los ha enfrentado
a menudo con los graves problemas del paro y la reconversión 6
. Estamos lejos del tiempo cuando podían comportarse descuidando
los efectos de sus propias políticas sobre las otras naciones.
Les corresponde evaluar las repercusiones, positivas y negativas, en los
otros miembros de la comunidad internacional y modificarlas si las consecuencias
pesan demasiado sobre otros países, especialmente los más
pobres. Descuidar tales efectos de la interdependencia o no procurar evaluarlos
y dominarlos es fruto del egoísmo colectivo de una nación.
Formar las opiniones a la apertura internacional y a los deberes de la
solidaridad ampliada toca a los responsables sociales, económicos,
educativos, religiosos, y también especialmente a los dirigentes
políticos, a menudo más proclives a dar prioridad exclusiva
a los intereses nacionales que a explicar a sus conciudadanos los aspectos
positivos de una repartición más equitativa de los bienes
a nivel internacional. El papa Pablo VI lo indicaba ya en su encíclica
sobre el desarrollo de los pueblos (n. 84): "Hombres de estado, a
vosotros os incumbe movilizar vuestras comunidades en una solidaridad
mundial más eficaz, y ante todo hacerles aceptar las necesarias
disminuciones de su lujo y de sus dispendios para promover el desarrollo
y salvar la paz". Un llamado a la coparticipación, incluso
a una cierta austeridad, será atendido sólo si se apela
a los valores de fraternidad y de solidaridad en vista de la paz y del
desarrollo.
Ante
el desafío de la deuda en aumento de los países en desarrollo,
la responsabilidad de los países industrializados se aplica a los
siguientes campos específicos:
- La
deuda de los países en desarrollo se ha agravado a causa de la
crisis económica mundial, cuyos efectos (descenso del nivel de
vida de los mas pobres, aumento del desempleo...) han pesado sobre sus
poblaciones. Una reactivación durable y sostenida del crecimiento
en los países industrializados ayudará a la economía
mundial a salir de la crisis, y a los países endeudados a hacer
frente a las obligaciones de su deuda a mediano y largo plazo sin comprometer
demasiado su propio desarrollo. Mediante sus políticas económicas,
los países industrializados se esfuerzan, por ellos mismos y
sus poblaciones, por reanimar el crecimiento económico, pero
deberían medir los efectos que ello produce en los países
en desarrollo, y modificar si fuera necesario, las reglas actuales del
comercio internacional que se oponen a una repartición más
justa de los frutos de ese crecimiento. De lo contrario, ello podría
marginar aún más a los países más pobres
y aumentar la desigualdad entre las naciones. Poner por obra políticas
económicas que den un nuevo impulso al crecimiento en beneficio
de todos los pueblos controlando a la par la inflación, fuente
de nuevas desigualdades, es una tarea difícil, pero estimulante.
Ella exige de los responsables políticos, económicos y
sociales, cualidades de competencia y desinterés, apertura a
las necesidades de las otras naciones, imaginación para identificar
nuevas pistas.
- Los
países industrializados deben renunciar a las medidas de proteccionismo
que crearían dificultades a las exportaciones de los países
en desarrollo, y esto favorecerá sus posibilidades económicas,
sobre todo si los conocimientos técnicos son compartidos. Los
países industrializados serán llevados a prever una reconversión
de sus economías atendiendo oportunamente a los efectos sociales
en sus propias poblaciones. La actual competencia técnica y económica
entre todos los países -ante todo entre los mismos países
industrializados- se vuelve desenfrenada y asume el aspecto de una guerra
sin cuartel que ignora los efectos perniciosos sobre los más
débiles. La Iglesia, atenta a los llamados de éstos, invita
a todos los hombres de buena voluntad, y especialmente a los responsables
políticos y económicos, a buscar las vías para
una mejor repartición internacional de las actividades económicas
y del trabajo 7.
- Las
tasas de interés monetario practicadas sor los países
industrializados son elevadas y dificultan el reembolso de la deuda
en los países en desarrollo. Una coordinación de las políticas
financieras y monetarias de los países industrializados permitirá
rebajarlas a un nivel razonable y evitar las fluctuaciones erráticas
de las tasas de cambio. Estas últimas favorecen las ganancias
especulativas ilícitas y las evasiones de capitales nacionales,
nueva causa de empobrecimiento para los países en desarrollo.
- Debe
hacerse nuevamente un atento examen le las condiciones del comercio
internacional (en particular, la inestabilidad de los precios de las
materias primas), en concierto con todos los países y utilizando
las competencias de las instituciones internacionales implicadas, a
fin de hacer prevalecer mejor las exigencias de justicia y solidaridad
internacionales, donde dominan exclusivamente los intereses nacionales.
Tomar
disposiciones para reactivar el crecimiento, reducir el proteccionismo,
rebajar las tasas de interés, valorizar las materias primas,
todo esto parece corresponder hoy a la responsabilidad de los países
industrializados a fin de cooperar a "un desarrollo solidario de
la humanidad" 8.
 
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