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CAPITULO III INSPIRACION
DIVINA DE LA SAGRADA Se
establece el hecho de la inspiración y de la verdad de la Sagrada
Escritura 11.
Las verdades reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la
Sagrada Escritura, se consignaron por inspiración del Espíritu
Santo. la santa Madre Iglesia, según la fe apostólica, tiene
por santos y canónicos los libros enteros del Antiguo y Nuevo Testamento
con todas sus partes, porque, escritos bajo la inspiración del
Espíritu Santo, tienen a Dios como autor y como tales se le han
entregado a la misma Iglesia. Pero en la redacción de los libros
sagrados, Dios eligió a hombres, que utilizó usando de sus
propias facultades y medios, de forma que obrando El en ellos y por ellos,
escribieron, como verdaderos autores, todo y sólo lo que El quería.
12.
Habiendo, pues, hablando dios en la Sagrada Escritura por hombres y a
la manera humana, para que el intérprete de la Sagrada Escritura
comprenda lo que El quiso comunicarnos, debe investigar con atención
lo que pretendieron expresar realmente los hagiógrafos y plugo
a Dios manifestar con las palabras de ellos. Y como la Sagrada Escritura hay que leerla e interpretarla con el mismo Espíritu con que se escribió para sacar el sentido exacto de los textos sagrados, hay que atender no menos diligentemente al contenido y a la unidad de toda la Sagrada Escritura, teniendo en cuanta la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe. Es deber de los exegetas trabajar según estas reglas para entender y exponer totalmente el sentido de la Sagrada Escritura, para que, como en un estudio previo, vaya madurando el juicio de la Iglesia. Por que todo lo que se refiere a la interpretación de la Sagrada Escritura, está sometido en última instancia a la Iglesia, que tiene el mandato y el ministerio divino de conservar y de interpretar la palabra de Dios. Condescendencia de Dios 13.
En la Sagrada Escritura, pues, se manifiesta, salva siempre la verdad
y la santidad de Dios, la admirable "condescendencia" de la
sabiduría eterna, "para que conozcamos la inefable benignidad
de Dios, y de cuánta adaptación de palabra ha uso teniendo
providencia y cuidado de nuestra naturaleza". Porque las palabras
de Dios expresadas con lenguas humanas se han hecho semejantes al habla
humana, como en otro tiempo el Verbo del Padre Eterno, tomada la carne
de la debilidad humana, se hizo semejante a los hombres.
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