JUNTOS
EN EL CAMINO DE LA ESPERANZA
YA NO SOMOS EXTRANJEROS
Carta pastoral de los Obispos Católicos de los Estados
Unidos y México sobre la migración
Contenido
Introducción
Capítulo I. América: Una historia común de migración
y una fe compartida en Jesucristo
Capítulo II. Reflexiones a la luz de la Palabra de Dios y la
Doctrina Social de la Iglesia
La migración a la luz de la Palabra de Dios
La migración a la luz de la enseñanza social de la Iglesia
I. Las personas tienen derecho a encontrar oportunidades en su tierra
natal
II. Las personas tienen derecho a emigrar para mantenerse a sí
mismas y a sus familias
III. Los Estados soberanos poseen el derecho de controlar sus fronteras
IV. Debe protegerse a quienes buscan refugio y asilo
V. Deben respetarse la dignidad y los derechos humanos de los migrantes
indocumentados
Capítulo III. Desafíos y propuestas pastorales para la
Iglesia ante los migrantes, sus familias y sus comunidades
Hacia
la conversión
Hacia la comunión
Hacia la solidaridad
Acompañamiento pastoral en el origen, durante el tránsito
y a su llegada
Respuestas pastorales conjuntas
Capítulo IV. Retos y propuestas ante la política migratoria
Causas profundas de la migración
Creación de vías legales para la migración
La inmigración debe basarse en el principio de la unidad familiar
Legalización de los indocumentados
Programa de trabajadores temporales
Políticas humanitarias de control migratorio en México
y en los Estados Unidos
Estrategias de control migratorio
Políticas de control fronterizo
Derechos de “debido proceso”
Protección de los derechos humanos en las políticas
migratorias regionales
Consecuencias para los migrantes de los ataques terroristas del once
de septiembre
Conclusión
Glosario
INTRODUCCIÓN
1. Al comienzo
del tercer milenio damos gracias a Dios Padre por el don de la creación,
y a Nuestro Señor Jesucristo por el don de la salvación.
Elevamos nuestra plegaria al Espíritu Santo para que nos fortalezca
y nos guíe en nuestra responsabilidad de cumplir todo aquello
que el Señor nos ha mandado. Al discernir los signos de los tiempos,
percibimos al incremento de la emigración entre los pueblos del
Continente Americano, como parte del fenómeno mundial denominado
como globalización. Vemos también el fenómeno de
la migración dentro de un horizonte esperanzador, aunque unido
a grandes desafíos.
2. Hablamos
como Obispos de dos Conferencias Episcopales pero como una sola Iglesia,
unidos en la opinión de que la migración entre nuestras
dos naciones es necesaria y benéfica. A la vez reconocemos que
algunos aspectos de la experiencia del migrante se encuentran lejos
de la visión del Reino de Dios que Jesús proclamó:
muchas personas que intentan migrar están sufriendo, y en algunos
casos muriendo; se vulneran los derechos humanos; se separan las familias;
y continúan existiendo actitudes racistas y xenofóbicas.
3. El 23
de enero de 1999, en la Basílica de Nuestra Señora de
Guadalupe, el Papa Juan Pablo II entregó la Exhortación
Apostólica Ecclesia in America, fruto del Sínodo de los
Obispos de América. En el espíritu de solidaridad eclesial
iniciado en este Sínodo y expresado en dicha Exhortación
– y conscientes de la realidad de las migraciones que viven nuestras
dos naciones – nosotros, los Obispos de los Estados Unidos y de
México, buscamos despertar en nuestros pueblos la misteriosa
presencia del Señor crucificado y resucitado en la persona del
migrante, y renovar en ellos los valores del Reino de Dios que Él
proclamó.
4. Como Obispos,
pastores de más de noventa millones de católicos mexicanos
y sesenta y cinco millones de católicos estadounidenses, somos
testigos de las consecuencias humanas de la migración en la vida
diaria de la sociedad. También somos testigos de la vulnerabilidad
de nuestros pueblos al estar involucrados en todos los aspectos del
fenómeno migratorio, como las familias devastadas por la pérdida
de aquellos seres queridos que han emprendido el camino de la migración,
y los niños que viven en la soledad desde el momento que sus
padres les son arrancados. Observamos el esfuerzo de los propietarios
de tierras y de las autoridades que buscan la protección del
bien común, sin violar la dignidad del migrante. Y compartimos
la preocupación de los prestadores de servicios sociales y religiosos,
quienes intentan responder al migrante que toca a su puerta sin violar
los principios de la ley.
5. Estando
los migrantes presentes en las parroquias y comunidades de nuestros
dos países, vemos demasiada injusticia y violencia en su contra;
y entre ellos, bastante sufrimiento y desesperanza porque las estructuras
civiles y eclesiales siguen siendo insuficientes para dar respuesta
a sus necesidades más elementales.
6. Como comunidad
en la fe nos debemos cuestionar por el trato que brindamos a los más
vulnerables entre nosotros. Esta actitud hacia los migrantes desafía
la conciencia de los servidores públicos, de las autoridades,
de los que definen políticas públicas, de los habitantes
de las comunidades fronterizas y de los prestadores de servicios jurídicos
y sociales, muchos de los cuales comparten nuestra fe católica.
7. Para preparar
esta Carta Pastoral hemos desarrollado un proceso de dos años
de duración, en el que nos hemos reunido tanto en México
como en los Estados Unidos con migrantes, servidores públicos,
funcionarios, autoridades, promotores de la justicia social, párrocos,
feligreses, y líderes de las comunidades. Nuestros diálogos
han revelado el anhelo común de un sistema migratorio más
ordenado, que reconozca la realidad de la migración y promueva
la justa aplicación de la ley civil. Deseamos analizar los intereses
de todas las partes involucradas en el fenómeno migratorio a
la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, y ofrecer un marco moral
para aceptar, no para rechazar, la realidad de la migración entre
nuestras dos naciones. Invitamos a todo católico y a toda persona
de buena voluntad a que viva su fe y use sus recursos y dones para,
verdaderamente, acoger al forastero entre nosotros (cfr. Mt 25,35).
8. En años
recientes se han desarrollado señales esperanzadoras tanto en
México como en Estados Unidos en torno al fenómeno migratorio:
una creciente conciencia que ve a los migrantes como portadores de fe
y cultura; un aumento de hospitalidad y servicios sociales, incluyendo
los albergues para migrantes; una creciente red de defensores de sus
derechos; una mayor organización de esfuerzos cuyo fin es lograr
la acogida y la comunión intercultural; un mejor desarrollo de
la conciencia social; y un mayor reconocimiento por parte de ambos gobiernos
de la importancia del tema migratorio. Cada una de nuestras Conferencias
Episcopales ha expresado su gran preocupación por apoyar estos
signos esperanzadores. Reiteramos nuestro aprecio y apoyo a los compromisos
por la solidaridad inspirados en la visión de Ecclesia in America.
9. Nos dirigimos
a los migrantes que se ven forzados a dejar sus tierras para mantener
a sus familias o escapar de la persecución. Estamos a su lado
en solidaridad. Nos comprometemos a su atención pastoral y al
trabajo necesario para lograr cambios en las estructuras eclesiales
y sociales que impiden el ejercicio de su dignidad como hijos e hijas
de Dios.
10. Nos dirigimos
a los funcionarios públicos de ambas naciones, desde las máximas
autoridades hasta quienes se encuentran diariamente con el migrante.
Así mismo agradecemos a los Presidentes de nuestras Naciones
el diálogo que han tenido con el objetivo de humanizar el fenómeno
migratorio.
11. Nos dirigimos
a las autoridades gubernamentales de ambos países cuya labor
es hacer cumplir, implementar y ejecutar las leyes migratorias.
12. Finalmente,
nos dirigimos a los pueblos de los Estados Unidos y de México:
nuestras naciones viven una interdependencia jamás vista en su
historia, comparten valores sociales y culturales, intereses y esperanzas
para el futuro; tienen una oportunidad singular para actuar como verdaderos
vecinos, y para trabajar juntos en la elaboración de un sistema
migratorio más justo y generoso.
CAPÍTULO I
AMÉRICA: UNA HISTORIA COMÚN DE MIGRACIÓN Y UNA
FE COMPARTIDA EN JESUCRISTO
13. América
es un continente que nace de pueblos migrantes que vinieron a habitar
estas tierras, y que de norte a sur dieron luz a nuevas civilizaciones.
A lo largo de la historia, el continente ha sufrido la llegada de otros
pueblos que vinieron a conquistar y a colonizar estas tierras, desplazando
y eliminando a poblaciones enteras, e incluso, forzando a un sinnúmero
de personas y de familias a venir como esclavos desde África.
14. Fue precisamente
dentro de los procesos históricos de estos movimientos forzados
y voluntarios como la fe en Cristo entró en estas tierras y se
extendió por todo el continente: “Es la fisonomía
religiosa americana, impregnada de los valores morales que, si bien
no siempre se han vivido coherentemente y en ocasiones se han puesto
en discusión, pueden considerarse en cierto modo patrimonio de
todos los habitantes de América, incluso de quienes no se identifican
con ellos” (EA, 14).
15. Nuestro
Continente americano ha recibido en forma constante a migrantes, refugiados,
exiliados y perseguidos venidos de otras tierras. Huyendo de la injusticia
y la opresión, buscando la libertad y la oportunidad para alcanzar
una vida mejor; muchos han encontrado trabajo, casa, seguridad, libertad
y crecimiento para sí mismos y sus familias. Nuestros países
comparten esta experiencia del migrante, aunque en distintos grados
y expresiones.
16. Desde
sus orígenes la historia de México ha estado marcada por
encuentros entre pueblos que, provenientes de distintas tierras, la
han transformado y enriquecido. Fue el encuentro entre españoles
y los naturales de esta tierra lo que dio origen a la nación
mexicana, en un nacimiento que estuvo pleno del sufrimiento y del gozo
que conlleva la lucha por la vida. Además, inmigrantes procedentes
de todos los continentes han participado en la formación de México,
continúan haciéndolo hoy día, y seguirán
haciéndolo en el futuro. México no es solamente un país
de emigrantes, también es un país de inmigrantes que vienen
a rehacer sus vidas. Es importante recordar la dura experiencia que
tantos de nuestros hermanos y hermanas han tenido por ser extranjeros
en una tierra nueva, y darles la bienvenida a quienes vienen a estar
entre nosotros.
17. Desde
su fundación hasta el día de hoy, los Estados Unidos han
recibido a inmigrantes provenientes de todo el mundo, que han encontrado
oportunidad y refugio en tierras nuevas. El trabajo, los valores y las
creencias de los inmigrantes procedentes de todas las partes del mundo,
han transformado a los Estados Unidos, que han pasado de ser un grupo
frágil de colonias a una de las democracias destacadas del mundo
de hoy. Desde su fundación hasta la actualidad, los Estados Unidos
de América continúan siendo una nación de inmigrantes,
firme en la creencia de que los recién llegados ofrecen energía,
esperanza y diversidad cultural.
18. En la
época contemporánea, queda clara la interdependencia e
integración que han alcanzado nuestros dos pueblos. Según
estadísticas del Gobierno estadounidense, alrededor de 800,000
mexicanos ingresan diariamente a los Estados Unidos. En años
recientes las inversiones bilaterales han alcanzado niveles sin precedente.
Más aún, cada año los Estados Unidos admiten entre
150,000 y 200,000 mexicanos al país como residentes permanentes
legales, representando así casi el 20 por ciento del total de
los residentes permanentes legales admitidos anualmente. Además,
un número significativo de estadounidenses vive, trabaja y se
jubila en México. Sumada a esta interdependencia vigente, México
y los Estados Unidos han quedado vinculados por lazos históricos
y espirituales.
19. Nuestra
fe común en Jesucristo, nos mueve a buscar maneras de favorecer
el espíritu de solidaridad. Es una fe que trasciende las fronteras
y nos pide eliminar toda forma de discriminación y de violencia,
para construir relaciones de justicia y de amor.
20. A la
luz de la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe al
más pequeño de sus hijos, quien era tan débil como
la mayoría de los migrantes lo son hoy, el pasado y el presente
de nuestro continente reciben un nuevo significado. Fue a San Juan Diego
a quien nuestra Madre pidió le construyera un templo, en el que
pudiese mostrar su amor, compasión, auxilio y defensa a todos
sus hijos, especialmente a los más pequeños. Desde entonces,
en su Basílica y más allá de sus muros, ella reúne
a todos los pueblos de América a celebrar en la mesa del Señor,
en donde todos sus hijos podemos compartir y disfrutar de la unidad
del continente en la diversidad de sus pueblos, lenguas y culturas (EA,11).
21. Hacemos
nuestras las palabras del Papa Juan Pablo II:
“El
Continente americano ha conocido en su historia muchos movimientos de
inmigración, que llevaron multitud de hombres y mujeres a las
diversas regiones con la esperanza de un futuro mejor. El fenómeno
continúa también hoy y afecta concretamente a numerosas
personas y familias procedentes de Naciones latinoamericanas del Continente,
que se han instalado en las regiones del Norte, constituyendo en algunos
casos una parte considerable de la población. A menudo llevan
consigo un patrimonio cultural y religioso, rico de significativos elementos
cristianos. La Iglesia es consciente de los problemas provocados por
esta situación y se esfuerza en desarrollar una verdadera atención
pastoral entre dichos inmigrantes, para favorecer su asentamiento en
el territorio y para suscitar, al mismo tiempo, una actitud de acogida
por parte de las poblaciones locales, convencida de que la mutua apertura
será un enriquecimiento para todos” (EA, 65).
CAPÍTULO II
REFLEXIONES A LA LUZ
DE LA PALABRA DE DIOS Y LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA
La migración
a la luz de la Palabra de Dios
22. La Palabra de Dios y la Doctrina Social de la Iglesia que en ella
se fundamenta, ayudan a comprender de manera definitivamente esperanzadora
las luces y sombras que forman parte de las dimensiones éticas,
sociales, políticas, económicas y culturales de las migraciones
entre nuestros dos países. La Palabra de Dios y la Doctrina Social
de la Iglesia también iluminan las causas que llevan a las migraciones,
así como las consecuencias que éstas tienen para las comunidades
de origen y destino.
23. Desde
una visión de fe estas luces y sombras son parte de la dinámica
de la creación y la gracia, así como del pecado y la muerte,
que conforman el escenario de la historia de la salvación.
Antiguo Testamento
24. Aun en las duras historias de la migración, Dios está
presente y se revela a Sí Mismo. Abraham dio un paso en la fe
para responder al llamado de Dios (Gn 12,1). Abraham y Sara extendieron
su hospitalidad a tres forasteros que en realidad eran una manifestación
del Señor, generosidad que se convirtió en paradigma de
respuesta ante todo forastero para los descendientes de Abraham. La
gracia de Dios irrumpió hasta en situaciones de pecado: durante
la migración forzada de los hijos de Jacob, José, vendido
como esclavo, se convirtió eventualmente en el salvador de su
familia (Gn 37,45) como una figura de Jesús, quien traicionado
por un amigo por treinta monedas de plata, salva a la familia humana.
25. Los acontecimientos
fundamentales de la esclavitud por parte de los egipcios y de la liberación
por Dios en la historia del pueblo elegido, se plasmaron en los mandamientos
del Antiguo Testamento referidos al trato debido a los forasteros (Ex
23,9; Lv 19,33). La actitud hacia el extranjero constituye tanto una
imitación del Señor, como una manifestación primordial
y específica del gran mandamiento de amar al prójimo:
“Pues el Señor su Dios es el Dios de los dioses y el Señor
de los señores: el Dios grande, fuerte y temible que no hace
distinción de personas ni acepta sobornos; que hace justicia
al huérfano y a la viuda, y ama al extranjero suministrándole
pan y vestido. Amen ustedes también al extranjero, ya que extranjeros
fueron ustedes en el país de Egipto” (Dt 10,17-19). Para
los israelitas, estos mandatos no consistían solamente en exhortaciones
personales. La bienvenida y acogida del extranjero fueron inclusive
vinculadas a las leyes del espigueo y del diezmo (Lv 19,9-10; Dt 14,28-29).
Nuevo Testamento
26. Haciendo memoria de la migración a Egipto del pueblo elegido,
Jesús, María y José fueron refugiados en ese país:
“De Egipto llamé a mi hijo” (Mt 2,15). Desde entonces,
la Sagrada Familia es una figura con la que se pueden identificar migrantes
y refugiados de todos los tiempos, dándoles esperanza y valor
en momentos difíciles. Así mismo, San Mateo resalta la
misteriosa presencia de Jesús en los migrantes, a quienes con
frecuencia se detiene en prisión, o carecen de comida y de bebida
(cfr. Mt 25,35-36). El “Hijo del hombre” que vendrá
“en su gloria” (Mt 25,31) juzgará a sus discípulos
según la respuesta que den a quienes pasen estas necesidades:
“Les aseguro que cuando lo hicieron con uno de estos mis hermanos
más pequeños, conmigo lo hicieron” (Mt 25,40).
27. Es Cristo
Resucitado quien envía a sus discípulos a todas las naciones
para anunciar la Buena Nueva de su resurrección, y para unir
a todos los pueblos, por medio de la fe y el bautismo, en la vida de
Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo (cfr. Mt 28,16-20). Cristo
Resucitado selló este mandato al enviar al Espíritu Santo
(cfr. Hch 2,1-21). El triunfo de la gracia de la Resurrección
de Cristo siembra así la esperanza en el corazón de todo
creyente. Es el Espíritu Santo quien actúa en la Iglesia
para unir a todos los pueblos, de toda raza y cultura, en la única
familia de Dios (cfr. Ef 2,17-20). Él ha estado presente a lo
largo de la historia de la Iglesia para actuar ante la injusticia, la
división y la opresión, y para lograr el respeto de los
derechos humanos, la unidad de las razas y las culturas, y la incorporación
de los pobres y marginados en la vida plena de la Iglesia. Una de las
formas en que estas obras del Espíritu se han manifestado en
tiempos modernos, es la Doctrina Social de la Iglesia, en particular
por medio de los principios de dignidad humana y de solidaridad.
La migración
a la luz de la enseñanza social de la Iglesia
28. La Doctrina Social de la Iglesia posee una larga y abundante tradición
en defensa del derecho a migrar. Basada en la vida y enseñanza
de Jesús, esta doctrina ha desarrollado los principios básicos
sobre el derecho de migrar para quienes quieran ejercerlo como uno de
los derechos humanos que Dios les ha dado. Así mismo, define
que es necesario atender las causas profundas de la migración:
pobreza, injusticia, intolerancia religiosa, conflictos armados, para
que los migrantes tengan la opción de permanecer en su tierra
natal y mantener a sus familias.
29. Esta
doctrina se ha desarrollado aún más en los tiempos modernos
como respuesta al fenómeno mundial de las migraciones. En la
constitución apostólica Exsul Familia, el Papa Pío
XII confirma el compromiso de la Iglesia de atender y cuidar a los peregrinos,
forasteros, exiliados y migrantes de todo tipo, afirmando que todo pueblo
tiene el derecho a condiciones dignas para la vida humana, y si éstas
no se dan, tiene derecho a emigrar: “En este caso, según
señala Rerum Novarum, se respeta el derecho de la familia a un
espacio vital. Donde esto suceda, la emigración logrará
– según a veces confirma la experiencia – su fin
natural”.
30. Aun reconociendo
el derecho que posee un Estado soberano de controlar sus fronteras,
Exsul Familia establece que tal derecho no es absoluto, pues declara
que deben conjugarse las necesidades de los migrantes con las necesidades
de los países que los reciben:
“[El]
creador de todas las cosas creó todos los bienes principalmente
para beneficio de todos: por eso, aunque el dominio de cada uno de los
Estados debe respetarse, no debe aquel dominio extenderse de tal modo
que por insuficientes e injustas razones se impida el acceso a los pobres,
nacidos en otras partes y dotados de sana moral, en cuanto esto no se
oponga a la pública utilidad pesada con balanza exacta”.
En su gran
encíclica Pacem in Terris, el Beato Papa Juan XXIII profundiza
aún más la cuestión del derecho a migrar, así
como el derecho a no tener que migrar: “Todo hombre tiene derecho
a la libertad de movimiento y de residencia dentro de la comunidad política
de la que es ciudadano; y también tiene el derecho de emigrar
a otras comunidades políticas y establecerse en ellas”.
Sin embargo, él mismo estableció límites a la migración
“cuando así lo aconsejen legítimos intereses”.
Aún así, en la misma encíclica confirmó
la obligación de los estados soberanos de promover el bien universal
cuando sea posible, incluyendo una obligación de adaptarse a
los flujos migratorios, indicando que para las naciones más poderosas
existe una mayor obligación.
31. La Iglesia
también reconoce la dura situación de los refugiados y
exiliados que sufren a causa de la persecución. En su encíclica
Sollicitudo Rei Socialis, el Papa Juan Pablo II hace referencia a la
crisis mundial de los refugiados como “una plaga típica
y reveladora de los desequilibrios y conflictos del mundo contemporáneo”
. En su mensaje de cuaresma de 1990, el Papa Juan Pablo II enumeró
los derechos de los refugiados, incluyendo el derecho a reunirse con
sus familiares y el derecho a un trabajo digno con un salario justo.
El derecho al asilo jamás debe negarse cuando la vida de la persona
peligre realmente si permanece en su tierra natal.
32. El Papa
Juan Pablo II también hace referencia a los temas más
controvertidos de las migraciones indocumentadas y al migrante indocumentado.
En su discurso para el Día Mundial del Migrante de 1995, quiso
hacer ver que los países desarrollados utilizan estas migraciones
como fuente de mano de obra. Definitivamente, dice el Papa, la solución
para la migración indocumentada es la eliminación a escala
mundial del subdesarrollo. Ecclesia in America, que se enfoca en la
Iglesia presente en Norteamérica y Sudamérica, reitera
los derechos de los migrantes y sus familias, y el respeto a su dignidad
humana “también en los casos de inmigraciones no legales”.
33. Ambas
Conferencias Episcopales nos hacemos eco de la abundante tradición
de la enseñanza de la Iglesia respecto a la migración.
Cinco principios emergen de la Doctrina Social de la Iglesia que la
orientan respecto de la visión que debe adoptarse sobre las cuestiones
migratorias:
I. Las personas
tienen el derecho de encontrar oportunidades en su tierra natal
34. Toda persona tiene el derecho de encontrar en su propio país
oportunidades económicas, políticas y sociales, que le
permitan alcanzar una vida digna y plena mediante el uso de sus dones.
Es en este contexto cuando un trabajo que proporcione un salario justo,
suficiente para vivir, constituye una necesidad básica de todo
ser humano.
II. Las personas
tienen el derecho de emigrar para mantenerse a sí mismas y a
sus familias
35. La Iglesia reconoce que todos los bienes de la tierra pertenecen
a todos los pueblos. Por lo tanto, cuando una persona no consiga encontrar
un empleo que le permita obtener la manutención propia y de su
familia en su país de origen, ésta tiene el derecho de
buscar trabajo fuera de él para lograr sobrevivir. Los Estados
soberanos deben buscar formas de adaptarse a este derecho.
III. Los
Estados soberanos poseen el derecho de controlar sus fronteras
36. La Iglesia reconoce que todo Estado soberano posee el derecho de
salvaguardar su territorio; sin embargo, rechaza que tal derecho se
ejerza sólo con el objetivo de adquirir mayor riqueza. Las naciones
cuyo poderío económico sea mayor, y tengan la capacidad
de proteger y alimentar a sus habitantes, cuentan con una obligación
mayor de adaptarse a los flujos migratorios.
IV. Debe
protegerse a quienes busquen refugio y asilo
37. La comunidad global debe proteger a quienes huyen de la guerra y
la persecución. Lo anterior requiere, como mínimo, que
los migrantes cuenten con el derecho de solicitar la calidad de refugiado
o asilado sin permanecer detenidos, y que dicha solicitud sea plenamente
considerada por la autoridad competente.
V. Deben
respetarse la dignidad y los derechos humanos de los migrantes indocumentados
38. Independientemente de su situación legal, los migrantes,
como toda persona, poseen una dignidad humana intrínseca que
debe ser respetada. Es común que sean sujetos a leyes punitivas
y al maltrato por parte de las autoridades, tanto en países de
origen como de tránsito y destino. Es necesaria la adopción
de políticas gubernamentales que respeten los derechos humanos
básicos de los migrantes indocumentados.
39. La Iglesia
en su enseñanza reconoce el derecho que posee todo Estado soberano
de controlar sus fronteras para promover el bien común. Así
mismo reconoce el derecho que tienen las personas de migrar para gozar
los derechos que poseen como hijos de Dios. Estos principios se complementan.
Aun cuando el Estado soberano puede imponer límites razonables
a la inmigración, no se sirve al bien común cuando se
va contra los derechos humanos básicos del individuo. En la situación
actual, caracterizada por una pobreza global desenfrenada, se parte
de la presunción de que la persona debe emigrar para mantenerse
y protegerse; y de ser posible, las naciones con capacidad de recibirla,
deben hacerlo. Este es el criterio por medio del cual valoramos la realidad
de la migración que viven en la actualidad los Estados Unidos
y México.
CAPÍTULO III.
DESAFÍOS Y PROPUESTAS PASTORALES
Hacia la
conversión
40. Nuestra preocupación como pastores, por la dignidad y los
derechos de los migrantes, abarca tanto las respuestas pastorales como
los asuntos de política migratoria. La Iglesia en nuestros dos
países debe enfrentar el reto de ver en el forastero presente
entre nosotros el rostro de Cristo Crucificado y Resucitado. La Iglesia
entera está llamada a vivir la experiencia de los discípulos
de Emaús (Lc 24,13-35), para como ellos convertirse en testigos
de Cristo Resucitado al darle la bienvenida como extranjero. La fe en
la presencia de Cristo en el migrante, conlleva así a la conversión
de corazón y mente, a un espíritu renovado de comunión,
y a la construcción de estructuras de solidaridad para acompañar
al migrante. El proceso de conversión de corazón y mente
tiene como consecuencia la necesidad de superar actitudes de superioridad
cultural, indiferencia y racismo; de no ver al forastero como un extranjero
con malas intenciones, a un terrorista o una amenaza económica,
sino como una persona plena en dignidad y derechos que revela la presencia
de Cristo, portadora de profundos valores culturales y de tradiciones
ricas en la fe. Hacemos un llamado a todos los líderes de la
Iglesia en ambos países, para que comuniquen esta enseñanza,
así como para que den a conocer el fenómeno migratorio,
sus causas y el impacto que tiene en todo el mundo. Esta instrucción
debe estar fundada en las Escrituras y en la Doctrina Social de la Iglesia.
Hacia la
comunión
41. La auténtica conversión conduce a vivir la comunión
mediante expresiones de hospitalidad por parte de las comunidades receptoras,
y mediante un sentir de pertenencia y bienvenida por parte de las comunidades
inmigrantes. El Nuevo Testamento aconseja frecuentemente practicar la
hospitalidad como virtud necesaria en todo discípulo de Jesús.
Muchos migrantes han buscado consuelo fuera de la Iglesia, al haber
sentido el rechazo o la indiferencia de comunidades católicas,
sufriendo así la triste suerte de Jesús, quien como lo
recuerda el Evangelio de Juan: “Vino a los suyos, pero los suyos
no lo recibieron”. (Jn 1,11). La necesidad de ofrecer hospitalidad
y de crear un sentido de pertenencia compete a la Iglesia en todos sus
niveles, pues como el Papa Juan Pablo II declaró durante su Mensaje
del Día del Migrante de 1993: “Las familias de migrantes
deben tener la posibilidad de encontrar siempre en la Iglesia su patria”.
42. Nosotros
Obispos tenemos la responsabilidad primera de construir el espíritu
de comunión y hospitalidad para con los migrantes que pasen o
se asienten en la región. Por ello:
• Hacemos
un llamado a párrocos y ministros laicos para que formen una
red de apoyo en servicio de las familias migrantes.
• Exhortamos a cada comunidad a extender su hospitalidad a las
familias migrantes durante su caminar, y a que no les sean hostiles.
• Felicitamos a las comunidades eclesiales que han establecido
los albergues para migrantes por proveer ayuda apropiada, servicio social
y pastoral a los migrantes.
• Alentamos a los católicos y a las personas de buena voluntad
a trabajar con su comunidad para atender las causas de las migraciones
indocumentadas, y a proteger los derechos humanos de todo migrante.
• Hacemos un llamado a las Iglesias particulares para que ayuden
a los inmigrantes a integrarse en ellas por medios respetuosos, a que
valoren sus culturas, y a que respondan a sus necesidades sociales,
lo cual se traducirá en un enriquecimiento mutuo.
• Pedimos que se extienda una atención especial a niños
y jóvenes migrantes, pues enfrentan la carga de vivir en dos
culturas; especialmente para darles oportunidades de liderazgo y de
servicio en la comunidad, y para fomentar en ellos las vocaciones.
• La Iglesia en ambos lados de la frontera debe destinar recursos
para prestar la atención pastoral a migrantes detenidos o encarcelados.
La presencia de la Iglesia en los centros de detención y en las
cárceles, es esencial para responder a las violaciones de los
derechos humanos que puedan llegar a sufrir los migrantes al ser detenidos.
• Alentamos a las diócesis a patrocinar servicios sociales
y legales a bajo costo para los migrantes.
• En muchas diócesis rurales, el lugar central para la
atención pastoral de los migrantes es el campamento en el que
habitan, el cual suele estar lejos de las parroquias. En este contexto,
exhortamos a los párrocos a preparar a sus feligreses como misioneros,
y a instruir a su vez a los propios migrantes como agentes de pastoral.
Hacia la
solidaridad
43. La construcción de la comunidad con nuevos migrantes requiere
un mayor sentido de solidaridad. El Obispo como pastor de la Iglesia
particular debe ser guía de los sacerdotes, diáconos,
religiosos y laicos en la promoción de la justicia, y en la denuncia
de los abusos que sufren los migrantes, defendiendo con valor sus derechos
humanos elementales. Este debe ser el caso tanto en las iglesias de
origen como en las receptoras. Además, como levadura en la sociedad,
los agentes de pastoral deben ser promotores de justicia y paz en la
transformación estructural, concientizando a los legisladores
y a las autoridades de lo que perciben en su comunidad. Por medio de
una estrecha relación con los defensores de los trabajadores
y las organizaciones no gubernamentales, la Iglesia debe ser instrumento
idóneo en el desarrollo e introducción de iniciativas
que busquen conseguir una transformación social en beneficio
de los miembros más vulnerables de la comunidad.
44. La Iglesia
debe alentar estos amplios esfuerzos con el objeto de crear una extensa
red dedicada a la defensa y los servicios sociales en favor de las familias
migrantes. Otro importante recurso que las comunidades pueden ofrecer
a los migrantes – especialmente a aquellos que busquen el asilo
o la reunificación familiar – son los servicios jurídicos
a bajo costo o gratuitos. Hacemos un llamado en particular a los abogados
de ambos países para que apoyen a individuos y a familias enteras
durante su difícil proceso migratorio, y ayuden en la defensa
de los derechos humanos de los migrantes, especialmente a quienes estén
detenidos. Los fieles cristianos deben trabajar unidos para prestar
los servicios indispensables en su comunidad, haciendo todo lo posible
por invitar a sus parroquianos profesionistas (abogados, médicos,
trabajadores sociales, etc.) a que aporten su valioso apoyo, cuando
les sea posible.
Acompañamiento
pastoral en el origen, durante el tránsito y a su llegada
45. La realidad de la migración, en particular cuando el camino
lleva al cruce clandestino de las fronteras, está llena de incertidumbres
y peligros. En el momento que los migrantes estén por dejar sus
hogares, es necesario aconsejarlos pastoralmente para ayudarles a entender
plenamente estas realidades, y para que consideren todas sus opciones,
incluyendo la búsqueda de medios legales de inmigración.
46. Conviene
entregar a los migrantes folletos de oración y guías de
servicios sociales y religiosos disponibles, a lo largo del camino y
en la comunidad receptora. Es necesario recordarles que son evangelizadores,
pues tienen la capacidad de evangelizar a sus prójimos con el
testimonio diario de su vida cristiana. También es necesario
alentarlos a que vivan el sacramento del matrimonio, permaneciendo fieles
a su cónyuge y a su familia. Debe también tenerse en cuenta
la necesidad de apoyar a la familia que permanece, pues las emigraciones
bajo ciertas condiciones pueden tener efectos devastadores en ella,
y en ciertas situaciones, en pueblos enteros cuya población queda
sin gente joven.
47. Las diócesis
de los Estados Unidos y México trabajaremos estrechamente con
el fin de asegurar la vida sacramental de los migrantes. Bajo situaciones
ideales, las parroquias del lugar deben asegurar que la preparación
sacramental esté al alcance de aquellos que transiten por su
comunidad, adoptando las medidas que su situación requiera, pues
van a donde el trabajo los lleve. Los Sacramentos de la Reconciliación
y Eucaristía deben estar disponibles en lugares y en el horario
que faciliten la participación de los trabajadores migrantes
y sus familias.
Respuestas
pastorales conjuntas
48. La Exhortación Apostólica Ecclesia in America recomienda
la colaboración entre Conferencias Episcopales para dar respuestas
pastorales más efectivas. El área que requiere mayor cooperación
es aquélla que motive el desarrollo de un acercamiento más
sistemático al acompañamiento pastoral de los migrantes.
Son tantos los que llegan a Estados Unidos procedentes de Centroamérica
y de México, que es indispensable una mejor coordinación
en la preparación de sacerdotes, religiosos, y laicos que acompañen
a los migrantes.
49. En siglos
pasados, cuando los inmigrantes de Europa Oriental y Occidental llegaron
al Continente americano, la Iglesia estableció seminarios nacionales
en algunos países para preparar a sacerdotes que servirían
en tierras donde personas de su misma cultura se iban estableciendo,
particularmente en Norte y Sudamérica. En otros países,
la Iglesia promovió comunidades religiosas masculinas y femeninas
que acompañaran a los migrantes en su camino, para atenderles
a su llegada y ayudarles a integrarse en sus nuevos hogares, desde una
posición segura formando parroquias personales. En otros países
la Iglesia ha establecido programas de intercambio en los cuales se
hacen compromisos para proporcionar sacerdotes por un período
de tres a cinco años. A la fecha, ha habido intercambios de sacerdotes
entre diócesis de Centro y Sudamérica, México y
Estados Unidos. Los Obispos de Centro, Sudamérica y México
han visitado las diócesis estadounidenses a donde esos sacerdotes
y sus pueblos inmigraron, y los Obispos de Estados Unidos han visitado
sus diócesis de origen, manifestando así la enseñanza
del Concilio Vaticano II de que toda Iglesia local ha de ser misionera,
tanto las diócesis que envían como las que reciben a los
migrantes.
50. Es esencial
que la colaboración entre las diócesis sea generosa y
razonable, para que los sacerdotes y religiosos que participen en estos
intercambios sean los indicados para un ministerio tan importante. Es
necesario desarrollar y establecer conjuntamente políticas claras
para su capacitación y recepción por parte de las diócesis
de envío y recepción, incluyendo una etapa de orientación
y bienvenida para sacerdotes y religiosos por parte de la diócesis
receptora. Debido a que ellos mismos son inmigrantes en tierras extrañas,
pierden el ambiente familiar que les respalda en casa. Por eso los sacerdotes
y religiosos también requieren apoyo para que se adapten al nuevo
medio y cultura en el que viven. Mientras los recursos lo permitan,
debe alentarse a que regresen a sus diócesis de origen o a sus
casas provinciales con cierta periodicidad, para que descansen y recuperen
los lazos con su comunidad y su familia. Este intercambio ha fortalecido
el espíritu de colaboración impulsado por la Exhortación
Apostólica Ecclesia in America. Estos esfuerzos han sido muy
positivos, aunque los resultados han sido diversos.
51. El siguiente
paso consistiría en estudiar la posibilidad de lograr una distribución
y preparación más eficaz de sacerdotes, religiosos y laicos
dedicados al acompañamiento pastoral de los migrantes. Tal estudio
ha de llevarse a cabo por representantes de ambas Conferencias Episcopales,
debiendo considerar:
- las necesidades de los migrantes durante su camino y en la comunidad
de recepción
- las necesidades de las diócesis donde hagan falta sacerdotes,
religiosos y laicos comprometidos
- la posibilidad de crear seminarios en México que preparen sacerdotes
para prestar su servicio en los Estados Unidos
- la designación de comunidades religiosas para el acompañamiento
de los migrantes
El estudio también debe incluir algunas recomendaciones relacionadas
al diseño de programas de intercambio entre diócesis,
así como de programas efectivos de orientación cultural
para los ministros. Esta formación debe considerarse como parte
de un proceso integral de desarrollo humano, enriquecimiento educativo,
adquisición del idioma, comunicación intercultural y formación
espiritual. Se recomienda con particular ánimo la cooperación
con seminarios, escuelas de teología e institutos pastorales
para satisfacer a la brevedad posible esta urgente necesidad. Este estudio
también debe investigar cómo apoyar a los inmigrantes
para que continúen activos como agentes de pastoral en sus nuevos
entornos, así como modos para que las iglesias receptoras los
alienten y los apoyen, especialmente a los que prestaron su servicio
como catequistas y agentes de pastoral en sus países de origen.
Recomendamos que en los programas de seminarios y casas de formación,
se imparta un curso sobre pastoral migratoria.
52. Otra
área de colaboración puede consistir en la preparación
de materiales catequéticos culturalmente apropiados para los
trabajadores migrantes. Ya existen varias experiencias que reflejan
la colaboración entre diócesis fronterizas de Estados
Unidos con México, y de México con Guatemala.
53. Esta
cooperación transfronteriza ya ha tenido resultados positivos,
como el desarrollo de servicios jurídicos, servicios sociales,
cooperación con albergues a lo largo de las fronteras, cuadernos
de oración para el camino, y momentos de oración conjuntos
en la frontera: las posadas, vigilias de Viernes Santo, y ritos del
Día de los Muertos en memoria de los que han fallecido durante
su camino.
54. Para
desarrollar y continuar la colaboración entre la Iglesia en los
Estados Unidos y México, nosotros Obispos deseamos alentar los
encuentros entre Obispos y agentes de pastoral fronterizos procedentes
de nuestras diócesis, y las reuniones entre la Comisión
Episcopal para la Pastoral de la Movilidad Humana de la CEM, y el Comité
de Migración de la USCCB.
55. Ecclesia
in America resume las recomendaciones pastorales anteriores de la siguiente
forma:
“Con
respecto a los inmigrantes, es necesaria una actitud hospitalaria y
acogedora, que los aliente a integrarse en la vida eclesial, salvaguardando
siempre su libertad y su peculiar identidad cultural. A este fin es
muy importante la colaboración entre las diócesis de las
que proceden y aquellas en las que son acogidos, también mediante
las específicas estructuras pastorales previstas en la legislación
y en la praxis de la Iglesia. Se puede asegurar así la atención
pastoral más adecuada posible e integral. La Iglesia en América
debe estar impulsada por la constante solicitud de que no falte una
eficaz evangelización a los que han llegado recientemente y no
conocen todavía a Cristo” (EA,65).
CAPÍTULO IV
RETOS Y PROPUESTAS ANTE LA POLÍTICA MIGRATORIA
56. Los Estados
Unidos y México comparten una relación especial que requiere
un atento enfoque en los intereses comunes. Las realidades de la migración
entre ambas naciones exigen políticas migratorias que den amplia
respuesta al fenómeno y sean implementadas en forma coordinada.
La relación actual queda debilitada por políticas inconsistentes,
divergentes y unilaterales que, en muchos casos, se dirigen a atender
los síntomas y no las causas del fenómeno migratorio.
57. Este
es el momento para que tanto los Estados Unidos como México,
enfrenten la realidad de la globalización y trabajen por la globalización
de la solidaridad. Hacemos un llamado a ambos gobiernos para que cooperen
con el objetivo de implementar políticas migratorias coordinadas,
que faciliten flujos legales y generosos de migrantes entre ambas naciones.
Así como ambos gobiernos han reconocido la integración
de sus intereses económicos por medio del Tratado de Libre Comercio
de América del Norte (TLCAN), es hora de que armonicen sus políticas
migratorias, de tal forma que se respete la dignidad del migrante y
se reconozcan las consecuencias sociales de la migración.
58. Teniendo
presentes las metas anteriores, sometemos a la consideración
de ambos gobiernos varias recomendaciones relacionadas a sus políticas
migratorias, que consideran las causas profundas de la migración,
la creación de vías legales, y la implementación
de políticas humanitarias de control migratorio. Estas recomendaciones
se dirigen a las políticas gubernamentales de México y
Estados Unidos, ya que ambos países reciben inmigrantes.
Causas profundas
de la migración
59. Como lo hemos declarado, las personas deben tener la oportunidad
de permanecer en su tierra natal y encontrar en ella una vida plena
para ellos mismos y para sus familias. Esta es la situación ideal
a la que tanto el mundo entero como ambos países deben aspirar,
en la cual los flujos migratorios se deban a una decisión y no
a una necesidad. Para lograr la meta anterior es de gran importancia
desarrollar las economías de los países en que se originan
las emigraciones, incluyendo a México.
El envío
de remesas: medular para la vida de muchas familias mexicanas
Los inmigrantes mexicanos que trabajan en los Estados Unidos envían
porcentajes importantes de sus salarios a sus familiares en México.
Por medio de las llamadas “remesas”, los trabajadores envían
a sus seres queridos de $8 a $10 mil millones de dólares anuales,
ganados con el sudor de su frente, y que representan una de las fuentes
más importantes de divisas en México. Actualmente, las
empresas privadas que prestan este servicio cobran precios muy elevados
(hasta el 20%). Posiblemente se puedan diseñar algunas maneras
más eficientes de enviar estos fondos a México, para que
estos lleguen a quienes realmente los necesitan. Asimismo, sería
posible llegar a acuerdos con estas empresas para que una parte de sus
utilidades se destine a apoyar proyectos de desarrollo en México,
como la construcción de carreteras, alcantarillado, clínicas,
etc. Este acercamiento podría ampliarse por medio de convenios
con los gobiernos estadounidense y mexicano, con los que se comprometan
a complementar estos fondos y contribuir así al desarrollo sustentable
de las economías locales.
60. Lo único
que facilitará oportunidades reales de trabajo para los trabajadores
mexicanos – que permitan quedarse en casa y mantener a sus familias
– es un esfuerzo a largo plazo que ajuste las desigualdades económicas
entre los Estados Unidos y México. La Iglesia ha identificado
una y otra vez a la desigualdad entre las naciones como un desorden
global que debe atenderse. En la relación bilateral de nuestros
países hemos sido testigos de políticas económicas
que no consideran adecuadamente el bienestar de aquellos pequeños
empresarios y propietarios que luchan para sobrevivir. Por ejemplo,
el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica ha dañado
a las microempresas mexicanas, especialmente en el campo. Ambas naciones
deben reconsiderar el impacto de estos tratados sobre aquellos que intentan
ganarse la vida con sus pequeños negocios.
61. La creación
de oportunidades de empleo en México ayudaría a reducir
la pobreza y a mitigar el incentivo que tantos tienen para buscar trabajo
en los Estados Unidos. Es de suma importancia que se implementen políticas
económicas que creen empleos con salarios dignos, especialmente
para ciudadanos mexicanos que no cuentan con habilidades laborales especializadas.
Es necesario implementar proyectos de desarrollo enfocados a los municipios
y zonas rurales que tradicionalmente tienen altos índices de
emigración. Así mismo, deben diseñarse proyectos
y destinarse recursos a las pequeñas empresas y al campo mexicano.
62. Debido
a que las regiones fronterizas se han convertido en puntos claves del
fenómeno migratorio, también es necesario encauzar recursos
a la frontera entre los Estados Unidos y México. Estos recursos
adicionales resultarían en un aumento de apoyo a los migrantes,
con sus necesidades inmediatas por parte de los residentes fronterizos.
Hacemos hincapié en la urgencia de implementar proyectos conjuntos
de desarrollo que faciliten el fortalecimiento de las economías
de esta región, para que sus residentes puedan continuar viviendo
y trabajando en un espíritu de colaboración. Los líderes
de la Iglesia deben trabajar con las comunidades locales de las regiones
fronterizas de Estados Unidos y México, y México y Guatemala,
para apoyarlas en la superación de sus miedos y prejuicios.
Creación
de vías legales para la migración
63. Los Estados Unidos y México están viviendo una integración
económica, social y cultural sin precedente, por lo que es urgente
que ambos gobiernos reconozcan formalmente esta realidad, implementando
reformas en los sistemas migratorios de ambos países.
La inmigración
debe basarse en el principio de la unidad familiar
64. Como pastores, nos preocupa la manera en que obstaculizan la unidad
familiar el conjunto de leyes, políticas, reglamentos y prácticas
migratorias que ambos países ejercen. Aunque la mayoría
de los mexicanos llegan a Estados Unidos para buscar trabajo, muchos
lo hacen para reunirse con familiares.
65. Desgraciadamente,
el sistema migratorio de Estados Unidos impone límites al número
de visas que pueden otorgarse a familiares de residentes permanentes
oriundos de México. Este límite, junto con el retraso
de las solicitudes para documentos migratorios, se ha traducido en tiempos
de espera inaceptables para la reunificación legal de marido
y mujer, y padres e hijos. Por ejemplo, el cónyuge o hijo menor
de un residente permanente mexicano puede tener que llegar a esperar
hasta aproximadamente ocho años para obtener la visa correspondiente,
a fin de reunirse en Estados Unidos con sus seres queridos. Así,
padres y cónyuges se ven forzados a tomar una dura decisión:
emigrar a Estados Unidos sin los documentos necesarios, y cumplir el
compromiso moral que se tiene con la familia, o esperar dentro del sistema
y enfrentar la separación indefinida de sus seres queridos.
66. Esta
decisión y política son inaceptables y de hecho terminan
fomentando la migración indocumentada. Con el fin de asegurar
la unidad familiar, es necesaria una reforma al sistema migratorio estadounidense
con relación a México. Es indispensable un nuevo marco
que otorgue más oportunidades a las familias mexicanas, para
que puedan reunirse legalmente con sus seres queridos en los Estados
Unidos. Tal acción ayudaría a mitigar la larga espera
y disminuiría la migración indocumentada entre Estados
Unidos y México.
67. La unidad
familiar también se debilita en el momento que quedan desprotegidos
los hijos de los inmigrantes. En los Estados Unidos, debe mantenerse
el derecho a la ciudadanía por nacimiento, como un principio
importante de la Ley de Inmigración del país. En México
hay algunos casos en que se les ha negado a niños recién
nacidos el acta de nacimiento, y por lo tanto la nacionalidad mexicana,
debido a que sus padres, originarios de otras partes, son indocumentados.
La Constitución Mexicana garantiza, y el Artículo 68 de
la Ley General de Población establece el derecho que estos niños
tienen de recibir sus documentos al nacer, junto con los derechos que
éstos les confieren. De lo contrario, es posible que después
estos niños no cuenten con acceso a atención médica,
educación y otros servicios básicos. El derecho a una
identidad y una nacionalidad están protegidos por tratados internacionales.
Legalización
de los indocumentados
68. Alrededor de 10.5 millones de mexicanos viven en Estados Unidos
actualmente; 5.5 millones de ellos en forma legal y el resto en calidad
de indocumentados. Cada año, alrededor de 150,000 inmigrantes
mexicanos ingresan a los Estados Unidos sin autorización previa,
y trabajan en industrias como la agricultura, servicios, entretenimiento
y construcción. A pesar de la retórica de grupos anti-inmigrantes
y algunos funcionarios, los inmigrantes trabajan con la complicidad
tanto del Gobierno como de los empresarios.
69. Un amplio
programa de legalización beneficiaría no solamente a los
trabajadores migrantes sino también a ambas naciones. Estados
Unidos, al legalizar a la numerosa población de indocumentados
procedente de muchas naciones, estabilizaría el mercado laboral
de ese país, cuidaría la unidad familiar y mejoraría
la calidad de vida de las comunidades migrantes. Más aún,
los trabajadores migrantes, muchos de ellos ya establecidos en sus comunidades,
continuarían contribuyendo a la economía estadounidense.
70. En el
caso de México, la legalización mantendría el flujo
de remesas, y le permitiría a los migrantes un viaje seguro y
legal a casa si desean regresar. Adicionalmente, tal legalización
apoyaría la seguridad nacional al aminorar el miedo en las comunidades
inmigrantes y alentar a las personas indocumentadas a ser miembros activos
de la sociedad. La legalización de estas personas representa
una política pública sana, y debería ser parte
de cualquier tratado migratorio entre los Estados Unidos y México.
Para lograr un trato equitativo hacia todas las nacionalidades, el Congreso
de los Estados Unidos debe adoptar un programa de legalización
para todos los inmigrantes, sin importar su país de origen.
71. En el
caso de México, los programas de legalización implementados
por el Instituto Nacional de Migración son un buen inicio. Los
beneficios de estos programas son evidentes para los migrantes, al poder
trabajar con protecciones laborales básicas y también
para el Gobierno mexicano, el cual obtiene una idea más realista
de la población que vive en el país. Esperamos que el
Gobierno dé mayor publicidad a programas futuros, así
como mayores informes al público, incremente el número
de personal asignado a su ejecución, mejore su capacitación
y baje el costo al solicitante, pues en el pasado esto ha sido desventaja
para las personas con bajos recursos.
Programa
de trabajadores temporales
72. En el contexto de la relación bilateral entre los Estados
Unidos y México, los Estados Unidos requieren de la mano de obra
mexicana para el mantenimiento de una economía sana. Por tanto,
deben hacer un esfuerzo especial por instrumentar vías legales
para que los trabajadores mexicanos encuentren en los Estados Unidos
empleos que les proporcionen un salario digno, junto con las prestaciones
y protecciones laborales justas. El sistema migratorio laboral estadounidense
debería reformarse para establecer programas adecuados a menor
costo de visas permanentes para trabajadores migratorios, así
como de visas temporales que cuenten con las protecciones necesarias
para los trabajadores. Se requiere un sistema transparente, ágil
y eficiente. La reforma de los programas debe acompañar a un
programa legislativo de bases amplias.
73. Es conveniente
contar con un cierto número de visas laborales que permita a
los trabajadores ingresar a los Estados Unidos como residentes legales
permanentes. Dos de los factores que deberían considerarse al
asignar estas visas son: los lazos familiares y, los antecedentes laborales
del solicitante en los Estados Unidos. Otra categoría de visas
podría otorgar la residencia permanente como reconocimiento a
aquellos que han trabajado durante largo plazo, asegurando así
la protección de sus derechos laborales.
74. La reforma
de los programas estadounidenses de trabajadores temporales resulta
aún más problemática. El primer programa formal
agrícola, conocido como el programa “Bracero”, finalizó
en 1964 como consecuencia de la documentación de amplios abusos
en contra de los trabajadores mexicanos. El programa actual, que permite
el ingreso de más de treinta mil trabajadores, está marcado
por fallas en el cumplimiento de su reglamentación, así
como por salarios y prestaciones insuficientes para mantener una familia.
75. Sin embargo,
reconocemos que para proporcionar una alternativa seria a la migración
indocumentada, es necesario que se establezca una vía legal que
asegure la protección de los derechos de los trabajadores extranjeros
en el mercado laboral estadounidense. Para prevenir el abuso contra
los trabajadores en un futuro, cualquier nuevo programa debe:
- otorgar a todos los trabajadores extranjeros, incluyendo a los mexicanos,
los mismos beneficios, salarios, protecciones laborales y posibilidad
de empleo que a cualquier trabajador estadounidense
- facilitar la unidad familiar
- y conceder a los trabajadores la posibilidad de transitar con facilidad
y seguridad entre los Estados Unidos y su país natal.
Tal programa debe hacer uso de mecanismos sólidos que aseguren
su cabal cumplimiento, y ofrecer a los trabajadores la opción
de ser residentes legales permanentes en un espacio de tiempo definido.
Más aún, los Estados Unidos y México deberían
concluir un acuerdo relacionado al seguro social, que les acredite a
los trabajadores sus beneficios durante su participación en el
programa.
76. Un programa
diseñado correctamente reduciría la cantidad de personas
que emigran de México a Estados Unidos como indocumentados, aminorando
los reclamos de quienes solicitan mayor vigilancia fronteriza, y el
recurso a traficantes de personas y contrabandistas sin escrúpulos.
77. Más
aún, con el objetivo de respetar los derechos laborales de los
trabajadores nacidos en el extranjero, Estados Unidos debería
convertirse en signatario de la “Convención de la Organización
de las Naciones Unidas para la Protección de los Derechos Humanos
de Todos los Trabajadores Migratorios y sus Familiares”, la cual
establece los principios para la protección de los derechos laborales
y los derechos humanos de los trabajadores migrantes. México,
ya signatario, debe adecuar su normatividad interna para respetar sus
principios sin las reservas actuales.
Políticas
humanitarias de control migratorio en México y los Estados Unidos
Estrategias de control migratorio
78. La Iglesia Católica reconoce el derecho y la responsabilidad
que tiene todo Estado soberano de controlar sus fronteras y proteger
los intereses de seguridad de sus ciudadanos. Por lo tanto, reconocemos
el papel que tienen los gobiernos de Estados Unidos y de México
de interceptar a los migrantes indocumentados que intenten transitar
o cruzar por sus territorios; sin embargo, lo que no aceptamos, son
las políticas y estrategias que ambos gobiernos han utilizado
para cumplir con esta responsabilidad.
79. Los hombres
y las mujeres que trabajan en las agencias responsables de aplicar la
ley en la frontera entre México y Estados Unidos, tienen trabajos
difíciles que requieren de largas horas en condiciones que pueden
llegar a ser extremas. Desafortunadamente, las políticas migratorias
que ejecutan han tenido el efecto de socavar la dignidad humana de los
migrantes y de crear relaciones de violencia y confrontación
entre migrante y autoridad. Es necesario que se tomen medidas para la
creación de un ambiente en el que la fuerza se utilice solamente
en circunstancias de extrema necesidad, y de ser el caso, que mantengan
la integridad física tanto del migrante como de la autoridad.
Lo anterior no requiere solamente una revisión y reforma de las
estrategias actuales, sino un rediseño de las políticas
que ambos países utilizan para ejecutar sus leyes migratorias.
80. Es alarmante
que con frecuencia las autoridades de ambos países traten a los
migrantes como criminales. Se ha creado una atmósfera en la que
se discrimina y abusa de los inmigrantes como consecuencia de actitudes
anti-inmigrantes latentes tanto en México como en Estados Unidos.
Hay reportes demasiados frecuentes de los abusos por parte de agentes
de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos y autoridades mexicanas,
que incluyen el uso excesivo de la fuerza y la práctica de esposar
las muñecas y tobillos de los migrantes.
81. En los
Estados Unidos se han documentado abusos frecuentes en contra de los
migrantes. Cabe resaltar, sin embargo, que la gran mayoría de
los agentes de la Patrulla Fronteriza se comportan con respeto y en
forma profesional, pero sí existe un número de ellos que
comete abusos, por los que no son sometidos a rendir cuentas ante el
Gobierno estadounidense.
82. Además,
es vergonzoso el trato que los Estados Unidos le han otorgado a los
migrantes menores indocumentados procedentes de México y otros
países. Los niños mexicanos interceptados a lo largo de
la frontera con Estados Unidos, en ocasiones quedan detenidos durante
varios días, en edificios cuyas condiciones dejan mucho que desear,
hasta que puedan ser repatriados. A los niños procedentes de
México y de otros países de Centroamérica, también
se les niega la posibilidad de consultar a un abogado, pariente o tutor,
o inclusive de solicitar asilo. Debe darse punto final a estas prácticas.
Los menores migrantes que no estén acompañados deben recibir
una consideración y trato especiales: no deben ser sujetos de
las mismas políticas que los adultos.
83. En México,
la aplicación de las leyes migratorias mediante el uso específico
de criterios racistas para identificar a migrantes que intentan llegar
a Estados Unidos, ha estado marcada por la corrupción, atropellos,
y abuso sistemático de los derechos humanos. Es común
que los migrantes se vean obligados a sobornar a las autoridades mexicanas
para continuar su camino, o de lo contrario arriesgarse a una golpiza
y retorno forzado a la frontera sur. Como consecuencia de la ausencia
de derechos y políticas que obliguen a los migrantes indocumentados
a mantenerse alejados de pequeñas zonas urbanas, los migrantes
sufren a manos de asaltantes que les roban y ultrajan, aun en las regiones
fronterizas entre Ciudad Hidalgo, México y Tecún Umán,
Guatemala. Tenemos conocimiento de migrantes centroamericanos que pagan
miles de dólares a “coyotes” para que los crucen
por el territorio mexicano, pero que, en algunos casos, son secuestrados
por éstos.
84. Aunque
reconocemos que el Gobierno mexicano ha mejorado la administración
del sistema migratorio en el país, y que intenta imbuirlo de
un pleno estado de derecho, la política migratoria mexicana permanece
opaca y contradictoria. La corrupción continúa debilitando
al sistema migratorio mexicano y daña al bien común. Instamos
al Instituto Nacional de Migración, a fortalecer la participación
de las organizaciones de la sociedad civil en sus Consejos Consultivos
Delegacionales, pudiendo ser factores para conseguir una sana transparencia
en el sistema migratorio del país.
85. Con el
objetivo de evitar estos excesos, ambos gobiernos deben crear programas
de entrenamiento para sus oficiales, que les enseñen tácticas
de control migratorio más apropiadas. Instamos a los gobiernos
de Estados Unidos y México a que integren el respeto a los derechos
humanos en sus programas de estudio, para que las autoridades encargadas
de ejecutar las leyes migratorias sean más sensibles al trato
que han de dar a los migrantes indocumentados. Las organizaciones de
la sociedad civil, incluyendo a diócesis y parroquias, pueden
apoyar a las autoridades implicadas en esta tarea. Así mismo,
es recomendable que la ejecución de las leyes migratorias esté
limitada a las autoridades federales (el Servicio de Inmigración
y Naturalización junto con la Patrulla Fronteriza en el caso
de Estados Unidos, y el Instituto Nacional de Migración junto
con la Policía Federal Preventiva en el caso de México),
y no a policías municipales desconocedoras de la materia y que
cuentan con otras prioridades. No debe hacerse uso de personal militar
para la ejecución de las leyes migratorias en la frontera terrestre
de cualquiera de los países.
Los indígenas
merecen consideración especial
La tierra ancestral de los Pápagos (Tohono O´odham) entre
Estados Unidos y México no reconoce fronteras y lo mismo sucede
con la tierra de los Yaquis. Deben respetarse los derechos de los miembros
de estas tribus en cuanto a su libertad de tránsito en tierras
que han habitado por cientos de años. Deben tener la facilidad
de visitar a sus familiares, y participar en celebraciones culturales
y religiosas, fiestas de guardar, y otros eventos comunitarios sin acoso
por parte de autoridades o revisiones múltiples tanto en México
como en los Estados Unidos.
Políticas
de control fronterizo
86. De especial preocupación son las políticas de control
fronterizo que ambos gobiernos buscan ejecutar, políticas que
han contribuido al abuso e inclusive a la muerte de migrantes en México
y en los Estados Unidos. A lo largo de la frontera entre ambos países,
el Gobierno estadounidense ha emprendido iniciativas de bloqueo fronterizo,
con el objetivo de desalentar la migración indocumentada hacia
ese país. Estas iniciativas han triplicado a lo largo de la frontera
el número de agentes de la Patrulla Fronteriza, que han adoptado
una tecnología sofisticada que incluye sensores, cámaras,
lentes infrarrojos, y bardas reforzadas.
Fracaso de
la estrategia estadounidense de control fronterizo, pues no disuade
a los migrantes
En 1994, el Gobierno de los Estados Unidos adoptó una nueva estrategia
de control fronterizo diseñada para disuadir la entrada indocumentada
de los inmigrantes desde México. El Servicio de Inmigración
y Naturalización (SIN) ha lanzado varias iniciativas de bloqueo
en los últimos años, incluyendo los operativos “Bloqueo”
en El Paso, Texas, en 1993; “Guardián” en San Diego,
California, en 1994; “Salvaguarda”, en el sur de Arizona
en 1995. Según un reporte de la Oficina General de Contabilidad
de los Estados Unidos (GAO), publicado en agosto de 2001, el principal
efecto palpable de estos operativos ha sido alejar a los inmigrantes
de las áreas de concentración de dichos operativos a regiones
remotas, inhóspitas y peligrosas del suroeste de Estados Unidos.
Sin embargo, durante el mismo periodo el número de indocumentados
que habitan en los Estados Unidos ha aumentado al doble, de cuatro millones
en 1994 a más de ocho millones en el 2000.
87. En lugar
de tener el efecto de reducir los cruces ilegales, estos operativos
han forzado a los migrantes a cruzar por zonas remotas y peligrosas
en la región Suroeste de los Estados Unidos, resultando en un
número alarmante de muertes. Los datos oficiales señalan
que desde inicios de 1998, más de 2000 migrantes han perdido
la vida intentando cruzar la frontera de México y de los Estados
Unidos, muchos de ellos ahogados, por deshidratación o por insolación.
Con todo, estos bloqueos han contribuido al aumento del tráfico
de indocumentados, pues muchos migrantes desesperados pagan importantes
sumas a contrabandistas contratados para llevarlos a los Estados Unidos.
En años recientes, el contrabando de indocumentados se ha consolidado
como una empresa más organizada y lucrativa.
Vengan y
vean a mi hermano en su ataúd
José Luis Hernández Aguirre intentó desesperadamente
encontrar trabajo en las maquiladoras de Mexicali, pero no lo logró.
Con una mujer y dos niños de uno y siete años de edad,
José necesitaba encontrar un trabajo que le diera de comer. Un
“coyote” le habló de los trabajos bien remunerados
que existían del otro lado de la frontera, ofreciéndole
cruzarlo por $1,000 dólares. Junto con su hermano Jaime y algunos
otros, el grupo inició su camino hacia los Estados Unidos llenos
de esperanza. Después de un día, Jaime, su hermano, regresó
y le reportó a la familia de José y a su hermana Sonia,
que José estaba perdido. Jaime no pudo caminar en el desierto,
pero José quiso seguir caminando. Necesitaba encontrar un trabajo
para su familia. Cuatro días más tarde, se encontró
el cuerpo de José en el desierto. Sonia pidió prestada
una pick-up para recoger los restos de su hermano. A su regreso se encontró
con otro grupo de migrantes encaminándose a los Estados Unidos,
y angustiada les dijo: “¿Por qué quieren arriesgar
sus vidas de esta manera?. Vengan y vean a mi hermano en su ataúd”.
88. En el
sur de México a lo largo del río Suchiate, políticas
similares han causado innumerables muertes de migrantes, la mayoría
ahogados. Otra causa de preocupación son los puntos de revisión
que agrupan a militares y agentes federales, estatales y municipales
en las regiones fronterizas y del interior del país. Estos operativos
suelen realizarse lejos de zonas urbanas, lo que dificulta el monitoreo
del respeto a los derechos humanos. El uso de estos puntos de revisión
también ha suscitado que la sociedad mexicana considere criminales
a los migrantes, pues se utilizan para detectar el tráfico de
armas, drogas y contrabando de indocumentados.
89. Instamos
a las autoridades migratorias mexicanas y estadounidenses a abandonar
estas estrategias de bloqueo, pues han dado lugar a operativos de contrabando
de indocumentados. Debe tenerse cuidado de no canalizar a los migrantes
a rutas en las que peligren sus vidas. La Patrulla Fronteriza de los
Estados Unidos ha lanzado recientemente una iniciativa de seguridad
para prevenir muertes de migrantes. Le pedimos que redoble sus esfuerzos
en esta área y trabaje de manera más estrecha con grupos
de la comunidad, para identificar y rescatar migrantes en situaciones
de emergencia. También instamos a que no escatimen esfuerzos
concertados para desarticular a las organizaciones de contrabandistas
desde sus bases, con un amplio uso de tácticas de inteligencia
e investigación. Por otro lado, en otros documentos de la Iglesia,
los Obispos hemos expresado nuestra preocupación sobre el incremento
de la industria del tráfico de drogas.
90. De igual
manera, hacemos un llamado a ambas naciones para que por medio de esfuerzos
coordinados detengan la plaga del tráfico de seres humanos, tanto
dentro de nuestro hemisferio como internacionalmente. El tráfico
de personas, por medio del cual se transporta a hombres, mujeres y niños
de todo el mundo a otros países con el fin de forzarlos a trabajar
o a prostituirse, rechaza substancialmente la dignidad de la persona
y explota la pobreza global.
91. Ambos
gobiernos deben conseguir eliminar diligentemente el tráfico
de personas. El Gobierno estadounidense debe aplicar con vigor las leyes
recientes encaminadas a ese fin. Por su parte, las autoridades mexicanas
deben fortalecer sus esfuerzos para identificar y destruir operaciones
de tráfico de personas en México. Juntos, ambos gobiernos,
deben intercambiar información sobre grupos de traficantes en
una forma más eficaz, y llevar a cabo acciones conjuntas para
detener y procesar traficantes.
Derechos
de “proceso debido”
92. En 1996, el Congreso de los Estados Unidos debilitó en gran
medida los derechos de “proceso debido”, mediante la aprobación
de la reforma a la Ley de Inmigración titulada “Illegal
Immigration Reform and Immigration Responsibility Act (IIRIRA)”,
que autoriza la detención y deportación de inmigrantes
por ofensas relativamente menores, aun cuando la sentencia haya sido
cumplida. Estas reformas han causado la separación injusta de
un sinnúmero de familias inmigrantes. Instamos al Congreso de
los Estados Unidos a reconsiderar esta ley, y a realizar los cambios
apropiados congruentes con los derechos de “proceso debido”.
93. También
exhortamos al Gobierno mexicano a que reconozca el derecho a “proceso
debido” a toda persona que se encuentra en el país, específicamente
en el caso de migrantes documentados e indocumentados, quienes no gozan
de esta protección y pueden ser expulsados del país por
razones arbitrarias. Dicho reconocimiento fortalecería el estado
de derecho en nuestro país, y brindaría mayor legitimidad
a sus instituciones.
94. Una vez
detenidos, se recluye comúnmente a los migrantes en prisiones,
cárceles y “áreas de aseguramiento” o centros
de detención, tanto en México como en Estados Unidos;
algunas veces junto con delincuentes que están penando condenas
por delitos graves. No debe tratarse a los migrantes indocumentados
como criminales; deben estar detenidos el menor tiempo posible, y tener
acceso a los servicios médicos, legales y espirituales necesarios.
Deberán ser liberados quienes busquen asilo y comprueben mediante
una entrevista que es real su condición de perseguidos.
Protección
de derechos humanos en políticas migratorias regionales
95. Como defensores de quienes huyen de tierras lejanas a causa de la
persecución, aumenta nuestra preocupación por las políticas
de asilo que ambos países están adoptando. Es aún
más alarmante la posible creación de un perímetro
exterior norteamericano en el que se homologuen políticas afines
para estos casos, que incluyan la negativa de acceso a procesos y protecciones
judiciales para quienes busquen asilo.
96. Es notorio
el aumento de quienes buscan asilo procedentes de todas partes del mundo
y que recorren, solos o guiados por contrabandistas, Centroamérica
y México para llegar a los Estados Unidos. Estas personas vienen
de lugares tan lejanos como China, India, Irán e Irak. La mayoría
de las veces poseen solicitudes válidas de protección,
pero muchos son detenidos y deportados a sus países de origen,
a manos de quienes los persiguen, sin evaluación alguna de su
caso particular, en operativos cuyo objetivo es la lucha contra el tráfico
de indocumentados.
97. El rechazo
del derecho que tiene toda solicitud de asilo a proceso judicial, es
especialmente grave a lo largo de la frontera entre los Estados Unidos
y México. Mediante el uso de una política estadounidense
conocida como “expulsión inmediata”, las autoridades
migratorias de ese país detienen y deportan a los inmigrantes
sin permitirles audiencia alguna ante un juez migratorio. De hecho,
este proceso se utiliza con mayor frecuencia en el caso de mexicanos.
De las más de 180,000 expulsiones que se llevaron a cabo en Estados
Unidos en los años fiscales de 1999 y 2000, el 81 por ciento
fueron de mexicanos. Más aún, las personas deportadas
bajo estas condiciones quedan sujetas a ciertas leyes que les prohíben
la entrada a Estados Unidos hasta por veinte años. En el caso
de la frontera sur de México, es común que se deporte
a inmigrantes a Centroamérica sin evaluación alguna de
su caso particular.
98. Negar
el acceso a procesos de solicitud de asilo y refugio, hacerlos complicados,
o no entregar información clara sobre los mismos en idioma que
los usuarios puedan comprender, es una injusticia grave que viola el
espíritu de la ley internacional y de los compromisos adoptados
por nuestros dos países.
99. Reiteramos
nuestra firme posición con relación a los solicitantes
de asilo y refugio; deben contar con acceso a las autoridades competentes
que tengan la capacidad de considerar su caso objetivamente. Instamos
a ambos gobiernos a tomar un papel de liderazgo en la Conferencia Regional
de Migraciones, “Proceso Puebla”, y a trabajar con nuestros
vecinos centroamericanos para asegurar que aquellos que soliciten asilo
y refugio en nuestro continente tengan acceso a las protecciones apropiadas
de “proceso debido”, coherentes con el derecho internacional.
Consecuencias
para los migrantes de los ataques terroristas del once de septiembre
100. Los ataques terroristas del once de septiembre de 2001, que terminaron
tan trágicamente en Nueva York, la región de Washington,
D.C. y Pennsylvania, han redefinido el debate del tema migratorio al
poner las preocupaciones de seguridad nacional en primer plano. Así
mismo, estos ataques han agregado una dimensión más a
la relación migratoria existente entre Estados Unidos y México.
Es necesario tomar ciertas precauciones como respuesta a amenazas terroristas
implementadas, como el mejoramiento del intercambio de inteligencia
e información, la inserción de elementos de seguridad
en los pasaportes y visas, y las revisiones minuciosas en los cruces
fronterizos entre los Estados Unidos y México. Acciones como
la reducción de la migración legal entre ambos países,
no conducirán a una mayor seguridad para México o los
Estados Unidos. Instamos a ambos gobiernos a que cooperen en este tema
sin adoptar políticas que debiliten los derechos humanos, reduzcan
los niveles de migración legal o nieguen la oportunidad de asilo
para quienes buscan oportunidades y protección.
CONCLUSIÓN
101. Como
Obispos hemos decidido, en palabras del Papa Juan Pablo II, “remar
mar adentro” en búsqueda de iniciativas comunes que promuevan
la solidaridad entre nuestros pueblos y entre los católicos de
ambos países. Estamos comprometidos con la nueva evangelización
de nuestro Continente y con la búsqueda de nuevos caminos por
los cuales guiar a nuestros pueblos hacia un “encuentro con Jesucristo
vivo, camino para la conversión, la comunión y la solidaridad”.
102. A lo
largo de nuestra historia, y más en la actualidad, reconocemos
en el fenómeno de las migraciones un auténtico signo de
los tiempos. En nuestros dos países lo identificamos a través
del sufrimiento de aquellos que se han visto forzados a emigrar por
diversas razones. Es necesario responder a este signo de manera creativa,
coordinada y conjunta, para fortalecer la fe, la esperanza y la caridad
de los migrantes y de todo el pueblo de Dios. Tal signo es también
un llamado a la transformación de estructuras sociales, económicas
y políticas, nacionales e internacionales, para que provean las
condiciones necesarias para el desarrollo de todos, sin excluir ni discriminar
a ninguna persona en ninguna circunstancia.
103. Dado
que la Iglesia es en Cristo: “signo e instrumento de la íntima
unión con Dios y de la unidad de todo el género humano“
(LG, 1), los Obispos de los Estados Unidos y de México, en comunión
con el Santo Padre, en su Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante
de 1995, afirmamos que: “en la Iglesia nadie es extranjero, y
la Iglesia no es extranjera para ningún hombre y en ningún
lugar. Como sacramento de unidad y por tanto, como signo y fuerza de
agregación de todo el género humano, la Iglesia es el
lugar donde también los emigrantes indocumentados son reconocidos
y acogidos como hermanos. Corresponde a las diversas diócesis
movilizarse para que esas personas, obligadas a vivir fuera de la red
de protección de la sociedad civil, encuentren un sentido de
fraternidad en la comunidad cristiana. La solidaridad es asunción
de responsabilidad ante quien se encuentra en dificultad”. Así
pues, la Iglesia debe acoger a toda persona de cualquier raza, cultura,
lengua y nación, con alegría, caridad y esperanza, recibiendo
con especial cuidado a aquellos que se encuentran en situación
de pobreza, discriminación, marginación o exclusión.
104. Exhortamos
a nuestros Presidentes a continuar las negociaciones sobre los asuntos
migratorios, para lograr un sistema de migración más generoso,
justo y humano entre nuestros países. Igualmente hacemos un llamado
a las Legislaturas de ambas naciones, para poner en marcha una revisión
consciente de las leyes migratorias y establecer así un sistema
binacional que acepte los flujos migratorios, garantizando la dignidad
y los derechos humanos del migrante. Invitamos a las autoridades que
en ambas naciones se encargan de hacer cumplir, implementar y aplicar
las leyes migratorias, a que revisen las políticas nacionales
y locales de migración, y a que con su legítima autoridad
erradiquen conceptos erróneos acerca de ella. Pedimos a las autoridades
que procesan las solicitudes legales y definen la situación jurídica
de los migrantes, que creen un entorno de acogida en la que no peligre
la confianza y la seguridad del migrante. Exhortamos a los medios de
comunicación a que promuevan en la sociedad una actitud abierta
de acogida y buen trato a los migrantes.
105. Nosotros,
los Obispos católicos de los Estados Unidos y de México,
nos comprometemos a defender al migrante, y a favorecer, entre nuestras
dos naciones, la creación de condiciones que les hagan posible
a todos gozar del fruto de su trabajo y en la vida en sus comunidades
de origen, si así lo desean.
106. Así
mismo nos hacemos solidarios con ustedes, hermanos y hermanas migrantes,
y continuaremos abogando en su favor para que haya políticas
de migración favorables y justas. Nos comprometemos, como comunidades
de discípulos de Cristo en ambos lados de la frontera, a acompañarlos
en su caminar, para que éste sea realmente un viaje de esperanza
y no de desaliento, y que en el lugar al que lleguen sepan que ya no
son extranjeros, sino miembros de la familia de Dios. Pedimos que donde
quiera que vayan sean siempre conscientes de su dignidad como seres
humanos, y de su llamado a llevar la Buena Nueva de Jesucristo, quien
vino para que tengamos vida y ésta la tengamos en abundancia
(cfr. Jn 10,10). A quienes se ven forzados a emigrar, les invitamos
a que conserven la comunicación con su lugar de origen y en particular
la fidelidad a su familia, a que cuiden sus valores culturales y el
don de la fe, para ser portadores de riqueza en el lugar al que llegan.
107. La aparición
de Nuestra Señora de Guadalupe a San Juan Diego, manifiesta la
presencia compasiva de Dios a través de María para hacerse
solidario y dar esperanza al pueblo que sufre. En este mismo espíritu,
nosotros los Obispos Católicos de los Estados Unidos de América,
y de los Estados Unidos Mexicanos, entregamos esta Carta Pastoral para
dar esperanza a los migrantes que sufren. Pedimos a Dios que en su camino
experimenten la misma esperanza que inspiró a San Pablo:
“¿Quién
nos separará del amor de Cristo? El sufrimiento, la angustia,
la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada?...Dios
que nos ama, hará que salgamos victoriosos de todas estas pruebas.
Porque estoy seguro de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni
otras fuerzas sobrenaturales, ni lo presente, ni lo futuro, ni poderes
de cualquier clase, ni lo de arriba, ni lo de abajo, ni cualquier otra
criatura podrá separarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo
Jesús, Señor nuestro” (Rm 8, 35-39)
108. Que
las bendiciones de Dios desciendan sobre ustedes y los conserven siempre;
la bendición de Dios Padre que les ama con eterno amor, la bendición
de Dios Hijo que fue llamado del exilio en Egipto para ser nuestro Salvador,
y la bendición de Dios Espíritu Santo que les guía
para extender el Reinado de Jesucristo dondequiera que estén.
Que María de Guadalupe, nuestra Madre, los lleve seguros a su
hogar.
Dado
en México, D.F., y Washington, D.C., el día 23 de enero
del año 2003,
cuarto aniversario de la entrega de “Ecclesia in America”
GLOSARIO
Asilado:
Ver Refugiado. En el caso de los Estados Unidos la definición
es similar a la de refugiado, salvo que difiere el lugar en el que la
persona solicita asilo; el asilado es quien solicita asilo en territorio
estadounidense, mientras que el refugiado es quien lo solicita en territorio
de su país natal (fuente: Servicio de Inmigración y Naturalización
de los Estados Unidos). En el caso de México un asilado lo es
por razones políticas, y es el extranjero que se interna en territorio
nacional para proteger su vida de persecuciones políticas en
su país de origen (fuente: Instituto Nacional de Migración
de México).
Emigrante:
Toda persona que sale de su país natal para vivir en otro en
forma permanente.
Globalización:
El proceso mundial por medio del cual las comunicaciones, los bienes
y los pueblos, logran una mayor integración, y son más
accesibles e interdependientes.
Inmigrante:
Toda persona que ingresa de otro país a territorio nacional con
el objetivo de transitar por o establecerse en él.
Inmigrante
indocumentado: Una persona que se encuentra en territorio nacional sin
la autorización del Gobierno federal. Suele llamarse a estas
personas “indocumentados” porque no cuentan con los documentos
necesarios para comprobar su legal estancia en el país.
Inmigrante
legal: En el caso de los Estados Unidos una persona que ha sido admitida
para residir y trabajar de forma permanente en territorio nacional;
la admisión se fundamenta normalmente en la reunificación
familiar o en razones laborales. En el caso de México es el extranjero
que se interna legalmente en el país con el propósito
de radicarse en él; la admisión también se otorga
normalmente por vínculos familiares o razones laborales y de
inversión.
Migrante:
Una persona en tránsito, en movimiento (voluntario o forzado)
dentro de su propio país, internacionalmente, o ambos. A diferencia
de los refugiados, los migrantes tienen la capacidad de regresar a su
país de origen cuando así lo deseen ya que sus vidas no
peligran en él.
Refugiado:
Cualquier persona que por un miedo fundamentado de persecución
a causa de: raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo
social en particular, u opiniones políticas; se encuentra fuera
de su país de su nacionalidad y es incapaz de recibir la protección
de ese país; o que por encontrarse fuera de su país de
residencia habitual como resultado de tales eventos, no pueda o no desee
por su miedo fundamentado regresar a él. (Fuente: ONU). En el
caso de México esta calidad migratoria se puede extender una
vez que se encuentre en territorio nacional. En la legislación
mexicana, refugiado es el extranjero que se interna al país para
proteger su vida, seguridad o libertad cuando hayan sido amenazadas
por violencia generalizada, agresión extranjera, conflictos internos,
violación masiva de derechos humanos, u otras circunstancias
que hayan perturbado gravemente el orden público en su país
de origen, que lo hayan obligado a partir a otro país. No son
refugiados quienes sufran persecución política (ver definición
de asilados). (Fuente: Instituto Nacional de Migración de México).