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Conclusión
22.
Reiteramos que "la Iglesia ve los medios de comunicación social
como "dones de Dios", ya que, según designio de la divina
Providencia, unen fraternalmente a los hombres para que colaboren así
con su voluntad salvadora" (33). Así como el Espíritu
ayudó a los antiguos profetas a descifrar el plan de Dios a través
de los signos de su tiempo, hoy ayuda a la Iglesia a interpretar los signos
de nuestro tiempo y a realizar su misión profética que conlleva
el estudio, la evaluación y el recto uso de las tecnologías
y medios de comunicación, que han llegado a ser fundamentales.
Anexo:
Elementos de un plan pastoral de comunicaciones
23.
La situación de los medios de comunicación y las posibilidades
ofrecidas a la Iglesia en el campo de las comunicaciones difieren de una
nación a otra, e incluso de una diócesis a otra dentro de
un mismo país. De ello se derivan naturalmente diferencias en la
actitud que la Iglesia ha de adoptar, según los lugares, acerca
de los medios de comunicación y la cultura que contribuyen a forjar,
y las diversidades de sus planes y modos de participación de acuerdo
con las situaciones locales.
Cada
Conferencia episcopal y cada diócesis deben elaborar un plan pastoral
completo sobre las comunicaciones, preferentemente consultando tanto a
representantes de organismos católicos internacionales y nacionales
de medios de comunicación social como a profesionales de medios
locales. Además, sería necesario que en los otros planes
pastorales, incluidos los que conciernen al servicio social, a la educación
y a la evangelización, se tenga en cuenta, en su elaboración
y realización, lo que afecta a las comunicaciones sociales. Varias
Conferencias episcopales y diócesis ya han desarrollado tales planes,
identificando en los mismos necesidades referidas a las comunicaciones
sociales, definiendo objetivos, efectuando previsiones de financiación
realistas y coordinando los distintos esfuerzos llevados a cabo en esta
área.
Proponemos
las siguientes directrices para ayudar a los que tengan que elaborar estos
planes pastorales o se encarguen de actualizar los existentes.
Directrices
para la elaboración de planes pastorales de medios de comunicación
social en una diócesis, Conferencia episcopal o Sínodo patriarcal
24.
Un plan pastoral de comunicaciones debería contener los siguientes
elementos:
a) una presentación de conjunto, elaborada a partir de una amplia
consulta, y que describa, para todos los ministerios de la Iglesia, las
estrategias de las comunicaciones sociales que respondan a las cuestiones
y a las circunstancias actuales;
b) un inventario o evaluación de la problemática existente
en el territorio: las diferentes clases de público, los productores
y directores de los medios de comunicación estatales y comerciales,
los recursos financieros y técnicos, las redes de distribución,
los recursos ecuménicos y educativos, el personal de los organismos
y medios de comunicación católicos, incluidos los de comunidades
religiosas;
c) una proposición de estructuración de los medios de comunicación
eclesiales destinados a apoyar la evangelización, la catequesis
y la educación, el servicio social y la colaboración ecuménica;
deberá incluir, en la medida de lo posible, las relaciones públicas,
la prensa, la radio, la televisión, el cine, los cassettes, las
redes informáticas, los servicios de reproducción gráfica
y otras formas de telecomunicaciones;
d) una educación para los medios de comunicación que insista
particularmente en la relación entre éstos y los valores;
e) una apertura pastoral de diálogo con los profesionales de los
medios de comunicación, que insista en el desarrollo de la fe y
en el crecimiento espiritual;
f) una indicación de las posibilidades de obtener y asegurar los
medios de financiación de esta pastoral.
Modo
de elaboración de un plan pastoral de comunicaciones
25.
El plan debería proponer pautas y sugerencias que ayuden a los
comunicadores en la Iglesia a establecer objetivos y prioridades realistas
para su trabajo. Recomendamos que se constituya un equipo de personal
eclesial y profesionales para su elaboración.
Esta
se desarrollará en dos fases: 1) Investigación; 2) Programación.
Fase
de investigación
26.
La fase de investigación comprende la evaluación de las
necesidades, la recopilación de información y la búsqueda
de modelos alternativos de planes pastorales. Esto implica un análisis
del contexto en el que se sitúan las comunicaciones, subrayando
los aciertos y lagunas de las estructuras y programas de comunicación
eclesiales existentes, así como las posibilidades que se les ofrecen
y los retos que tienen que afrontar.
Tres
tipos de estudios pueden ayudar a la recogida de la información
necesaria: una evaluación de las necesidades, un examen de la difusión
de los medios de comunicación y un inventario de los recursos.
El primer estudio consistirá en hacer un elenco de las prioridades
pastorales que necesitan una atención particular por parte de la
Conferencia episcopal o de la diócesis. El segundo investigará
los programas vigentes -analizando su eficacia- de forma que se indiquen
los aciertos y fallos de las estructuras y procedimientos de los medios
de comunicación ya existentes. El tercero deberá describir
los recursos, tecnología y personal de los que la Iglesia dispone
en materia de comunicaciones, no contentándose con los recursos
"propios" de la Iglesia, sino teniendo en cuenta aquellos de
los que podría disponer en el mundo empresarial, las industrias
de los medios de comunicación y los organismos ecuménicos.
Fase
de programación
27.
Después de esta recogida y análisis de datos, el equipo
que elabore el plan deberá determinar los objetivos y prioridades
de la Conferencia o de la diócesis en el campo de las comunicaciones.
Estaremos entonces en el comienzo de la fase de programación. Atendiendo
a las circunstancias locales, el equipo deberá abordar después
los siguientes problemas.
28.
La educación: las cuestiones de las comunicaciones y de
la comunicación de masas afectan a todos los niveles del ministerio
pastoral, incluido el de la educación. Un plan pastoral de comunicación
deberá esforzarse en:
a) proponer posibilidades de educación en materia de comunicación,
presentándolas como componentes esenciales de la formación
de todos los que se han comprometido en la actividad de la Iglesia: seminaristas,
sacerdotes, religiosos y religiosas o animadores laicos;
b) animar a las escuelas y universidades católicas a proponer programas
y cursos relacionados con las necesidades de la Iglesia y de la sociedad
en materia de comunicaciones;
c) proponer cursos, talleres y seminarios de tecnología, gestión,
ética y política de los medios de comunicación, destinados
a los responsables de la Iglesia en este campo, a los seminaristas, a
los religiosos y al clero;
d) prever y realizar programas de educación y comprensión
de los medios de comunicación dirigidos a profesores, padres y
estudiantes;
e) alentar a los artistas y escritores para que estén atentos a
transmitir los valores evangélicos cuando utilizan sus talentos
en la literatura, teatro, radio, emisiones televisivas y películas
recreativas y educativas;
f) señalar nuevas estrategias de evangelización y catequesis
mediante la aplicación de las tecnologías de comunicación
y las comunicaciones sociales.
29.
Formación espiritual y asistencia pastoral.
Los
profesionales seglares católicos y otras personas que trabajan
en el apostolado eclesial de las comunicaciones sociales o en los medios
profanos esperan frecuentemente de la Iglesia una orientación espiritual
y un apoyo pastoral. Un plan pastoral de comunicaciones deberá
pretender, pues:
a) proponer a los laicos católicos y a otros profesionales de los
medios de comunicación ocasiones para enriquecer su formación
profesional mediante jornadas de reflexión, retiros, seminarios
y grupos de apoyo profesional;
b) proponer una asistencia pastoral que procure el apoyo necesario para
alimentar la fe de los comunicadores y sostener su sentido de entrega
a esta difícil tarea que consiste en comunicar al mundo los valores
del Evangelio y los auténticos valores humanos.
30.
Cooperación.
La
cooperación comprende la participación de los recursos entre
las Conferencias y/o las diócesis, y entre las diócesis
y otras instituciones tales como las comunidades religiosas, las universidades
y los organismos sanitarios. Un plan pastoral para las comunicaciones
sociales deberá intentar:
a) reforzar las relaciones y animar la consulta recíproca entre
los representantes de la Iglesia y los profesionales de los medios de
comunicación social, que pueden aportar mucho a la Iglesia en el
ámbito de la utilización de estos medios;
b) buscar las posibilidades de cooperación en la producción
entre centros regionales y nacionales y favorecer el desarrollo de las
redes comunes de promoción, comercialización y distribución;
c) favorecer la cooperación con las congregaciones religiosas que
trabajan en el área de las comunicaciones sociales;
d) colaborar con los organismos ecuménicos y con las otras Iglesias
y grupos religiosos en todo lo que se refiere a asegurar y garantizar
el acceso de la religión a los medios de comunicación, así
como "en el campo de los nuevos medios: especialmente" en lo
que se refiere "al uso común de los satélites, las
redes vía cable y los bancos de datos y, globalmente, la informática,
empezando por la compatibilidad de los sistemas" (34);
e) cooperar con los medios de comunicación profanos, particularmente
en lo que incumbe a las preocupaciones comunes que conciernen a las cuestiones
religiosas, morales, éticas, culturales, educativas y sociales.
31.
Relaciones públicas. Las relaciones públicas necesitan,
por parte de la Iglesia, una comunicación activa con la comunidad
a través de los medios de comunicación social tanto profanos
como religiosos. Estas relaciones, que implican la disponibilidad de la
Iglesia para comunicar los valores evangélicos y dar a conocer
sus ministerios y programas, requieren por su parte que haga todo lo que
esté en su mano para verificar que efectivamente es la imagen de
Cristo. Así, pues, un plan pastoral de comunicaciones deberá
tender a:
a) sostener oficinas de relaciones públicas dotadas de recursos
humanos y materiales suficientes para hacer posible una verdadera comunicación
entre la Iglesia y el conjunto de la comunidad;
b) producir publicaciones y programas de radio, televisión y video
de calidad excelente, de manera que haga visibles el mensaje del Evangelio
y la misión de la Iglesia;
c) promover premios y otros medios de reconocimiento que animen y apoyen
a los profesionales de los medios de comunicación;
d) celebrar la Jornada mundial de las comunicaciones sociales como un
medio de promover la toma de conciencia de la importancia de las comunicaciones
sociales, y de apoyo a las iniciativas emprendidas por la Iglesia en materia
de comunicaciones.
32.
Investigación. Las estrategias de la Iglesia en el ámbito
de las comunicaciones sociales deben fundarse en los resultados de una
investigación seria en la materia, que implica un análisis
y evaluación realizadas con conocimiento de causa. Conviene que
el estudio de las comunicaciones atienda a las cuestiones y problemas
mayores a los que debe hacer frente la misión de la Iglesia dentro
de la propia nación o región. Un plan pastoral de comunicaciones
deberá:
a) alentar a los institutos de estudios superiores, los centros de investigación
y las universidades a emprender investigaciones fundamentales y aplicadas
sobre las necesidades y preocupaciones de la Iglesia y de la sociedad
en materia de comunicaciones;
b) determinar las modalidades prácticas de una interpretación
de la investigación realizada sobre las comunicaciones, y de su
aplicación a la misión de la Iglesia;
c) apoyar una reflexión teológica permanente sobre los procesos
y los instrumentos de la comunicación social y sobre su papel en
la Iglesia y en la sociedad.
33.
Comunicación y desarrollo de los pueblos.
Las comunicaciones y los medios de comunicación realmente accesibles
pueden permitir a muchas personas participar mejor en la economía
del mundo moderno, experimentar una libertad de expresión y contribuir
al crecimiento de la paz y de la justicia en el mundo. Un plan pastoral
de comunicaciones sociales deberá procurar:
a) que los valores evangélicos ejerzan una influencia sobre el
amplio abanico de actividades contemporáneas en el campo de la
comunicación social -desde la publicación de libros hasta
las comunicaciones por satélite-, de manera que contribuyan al
desarrollo de la solidaridad internacional;
b) defender el interés público y salvaguardar el acceso
de la religión a los medios de comunicación mediante posturas
informadas y responsables sobre las cuestiones de legislación y
política de las comunicaciones y sobre el desarrollo de los sistemas
de comunicación;
c) analizar el impacto social de las tecnologías de comunicación
social avanzadas y contribuir a evitar rupturas sociales y desestabilizaciones
culturales inútiles;
d) ayudar a los profesionales de las comunicaciones a definir y observar
normas éticas, sobre todo por lo que se refiere a la ecuanimidad,
la verdad, la justicia, la decencia y el respeto de la vida;
e) elaborar estrategias que favorezcan un acceso más difundido,
más representativo y más responsable a los medios de comunicación
social;
f) ejercer un papel profético tomando la palabra en los momentos
oportunos cuando se trate de apoyar el punto de vista del Evangelio respecto
a las dimensiones morales de importantes cuestiones de interés
público.
Ciudad
del Vaticano, 22 de febrero de 1992, Fiesta de la Cátedra de San
Pedro Apóstol.
JOHN
P. FOLEY
Presidente
Mons. PIERFRANCO PASTORE
Secretario
NOTAS
1. Cf. Juan Pablo II, Centesimus annus, nn. 12-23, in AAS, LXXXIII (1991),
pp. 807-821.
2. Juan Pablo II, Redemptoris missio, n. 37, in AAS, LXXXIII (1991), p.
285.
3. Communio et progressio, n. 187, in AAS, LXIII (1971), pp. 655-656.
4. Juan Pablo II, Mensaje para la XXIV Jornada Mundial de las comunicaciones
sociales, in L'Osservatore Romano, 25.1.1990, p. 6; cf. Gaudium et spes,
n. 5, in AAS, LVIII (1966), p. 1028.
5. Ibid.
6. Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, Criterios de colaboración
ecuménica e interreligiosa en las comunicaciones sociales, n. 1,
Ciudad del Vaticano, 1989.
7. Inter mirifica, n. 4, in AAS, LVI (1964), p. 146.
8. Communio et progressio, n. 11, in AAS, LXIII (1971), p. 598.
9. Rm. 1, 20.
10. Jn. 1, 14.
11. Ef. 1, 23; 4, 10.
12. 1 Co. 15, 28; Communio et progressio, n. 11, in AAS, LXIII (1971),
p. 598.
13. Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, Pornografía
y violencia en las comunicaciones sociales: una respuesta pastoral, n.
7, Ciudad del Vaticano, 1989.
14. Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis, n. 46, in AAS, LXXX (1988),
p. 579.
15. Gaudium et spes, n. 11, in AAS, LVIII (1966), p. 1034.
16. Cf. Pablo VI, Evangelii nuntiandi, n. 20, in AAS, LXVIII (1976), pp.
18-19.
17. Cf. Inter mirifica, n. 3, in AAS, LVI (1964), p. 146.
18. Lumen gentium, n. 1, in AAS, LVII (1965), p. 5.
19. Cf. Communio et progressio, n. 12, in AAS, LXIII (1971), p. 598.
20. Ibid., nn. 114-121, in AAS, LXIII (1971), pp. 634-636.
21. Cf. canon 212.2, in AAS, LXXV, 2 (1983), p. 34.
22. Cf. canon 212.3, in AAS, LXXV, 2 (1983), p. 34.
23. Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción
sobre la vocación del teólogo, n. 30, in AAS, LXXXII (1990),
p. 1562.
24. Cf. ibid., n. 35, in AAS, LXXXII (1990), p. 1565.
25. Pablo VI, Evangelii nuntiandi, n. 45, in AAS, LXVIII (1976), p. 35.
26. Juan Pablo II, Redemptoris missio, n. 37, in AAS, LXXXIII (1991),
p. 285.
27. Cf. Juan Pablo II, Centesimus annus, n. 41, in AAS, LXXXIII (1991),
p. 841.
28. Juan Pablo II, Christifideles laici, n. 44, in AAS, LXXXI (1989),
p. 480.
29. Ibid., p. 481.
30. Cf. Congregación para la Educación Católica,
Orientaciones sobre la formación de los futuros sacerdotes para
el uso de los instrumentos de la comunicación social, Ciudad del
Vaticano, 1986.
31. Cf. Juan Pablo II, Redemptoris missio, n. 37, c, in AAS, LXXXIII (1991),
p. 285.
32. Ibid.
33. Communio et progressio, n. 2, in AAS, LXIII (1971), pp. 593-594.
34. Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, Criterios de
colaboración ecuménica e interreligiosa en las comunicaciones
sociales, n. 14, Ciudad del Vaticano, 1989.

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