SACRAMENTOS DE LA INICIACION CRISTIANA

“PADRE SANTO,
Fuente y origen de todo bien. Tú, en el Bautismo, das nueva vida a los creyentes y los haces partícipes del misterio pascual de tu Hijo. Tú los confirmas con el sello del Espíritu, mediante la imposición de manos y la unción real del crisma. Así, renovados a imagen de Cristo, el ungido por el Espíritu Santo y enviado para anunciar la buena nueva de la salvación, los haces tus comensales en el banquete eucarístico y testigos de la fe en la Iglesia y en el mundo.”

(Misal Romano, p.330)

“LOS FIELES RENACIDOS EN EL SANTO BAUTISMO, son robustecidos por el Sacramento de la Confirmación y, posteriormente, son alimentados con el manjar de la vida eterna en la Eucaristía, de suerte que, por medio de estos Sacramentos de la Iniciación Cristiana, están en disposición de gustar cada vez más y mejor los tesoros de la vida y progresar hasta la consecución de la perfección de la caridad. Con toda justicia han sido escritas al respecto estas palabras: se lava la carne, par que el alma sea purificada; se unge la carne, para que también el alma sea vigorizada: la carne es cubierta por la imposición de las manos para que el alma sea iluminada por el Espíritu; la carne se alimenta del Cuerpo y de la Sangre de Cristo para que también el alma pueda nutrirse de Dios”.

(Pablo VI, “Divinae Consortium Naturae”)

I. INTRODUCCIÓN.

1. El Plan Diocesano de Pastoral 2001-2004, cuyo objetivo es promover un encuentro personal y comunitario con Cristo Vivo, al hablar de los retos que enfrenta para alcanzar este propósito, entre otros desafíos pastorales declara: “Valorar los sacramentos de iniciación (Bautismo, Confirmación y Primera Comunión) y educar con una catequesis adecuada para que sean acontecimientos que inserten en la comunidad eclesial; revisar la pastoral de estos Sacramentos con criterios comunes a toda la diócesis. Impulsar el catecumenado de adultos” (No. 163, 3º ). En la Asamblea Diocesana de Pastoral del 2002, surgieron diez compromisos pastorales. El tercero dice: “Nos comprometemos a impulsar la pastoral de los Sacramentos de la Iniciación Cristiana y del Matrimonio, con criterios comunes en toda la Diócesis, para que, quienes los reciben, se comprometan como miembros participativos en la comunidad eclesial”.

2. Este Directorio es la respuesta al tercer compromiso de la Asamblea Diocesana de Pastoral del año 2002 y tiene como finalidad ayudar a tener criterios comunes y dar normas generales sobre los Sacramentos de la Iniciación Cristiana y del Matrimonio.

3. El presente Directorio de Sacramentos de la iniciación Cristiana y del Matrimonio, con un breve apéndice sobre la Iniciación Cristiana para adultos y los Sacramentales, se ha realizado con la colaboración de un equipo de Sacerdotes que apoyan al SEDEC, del Consejo Presbiteral, del Colegio de Decanos, de la Secretaría Diocesana de Pastoral Litúrgica y de los Canonistas. Ha sido el resultado de un año de reflexión y estudio que ahora ponemos en sus manos.

4. Mediante los Sacramentos de la Iniciación Cristiana, el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, se cimenta toda la vida cristiana. “La participación en la naturaleza divina, que los hombres reciben como don mediante la gracia de Cristo, tienen cierta analogía con el origen, el crecimiento y el sustento de la vida natural. En efecto, los fieles renacidos en el Bautismo, se fortalecen con el Sacramento de la Confirmación y, finalmente, son alimentados en la Eucaristía con el manjar de la vida eterna y así, por medio de estos Sacramentos de la Iniciación Cristiana, reciben cada vez con más abundancia los tesoros de la vida divina y avanzan hacia la perfección de la caridad.” CEC 1212.

II. REALIDAD DIOCESANA.

5. En la Arquidiocesis, como en la mayor parte del país, prevalece una visión tradicional, superficial, y fragmentaria del significado de los Sacramentos; y esto, no sólo de parte de los fieles, sino también, en no pocas ocasiones, de los ministros que los presiden. Cf. PDP 80.84.86.

6. La falta de criterios comunes y normas generales dificulta los procesos de formación en orden a la recepción de dichos Sacramentos. A esto se añade la migración, una exagerada movilidad humana y un marcado tradicionalismo. Cf. PDP 1988-1992, nn. 155-159. 108.109.119.

7. De parte de no pocas familias y de sacerdotes, existe la tendencia a celebrar algunos de los Sacramentos de la Iniciación, asociados a las prácticas de celebraciones no litúrgicas como la presentación de los niños en sus tres años y las jóvenes en sus XV años, etc. Con esto se corre el peligro de hacer que los Sacramentos pierdan su verdadera importancia.

8. Actualmente se carece de una cultura religiosa y a esto se agrega el fuerte cambio socio-cultural que ha traído un marcado secularismo. Como consecuencia, los Sacramentos son vistos como eventos sociales, debilitando su significado histórico-salvifico, eclesial, litúrgico y de compromiso de fe.

9. Se da el caso frecuente de personas mayores de siete años que no están bautizados.

10. Aunque en esta Arquidiócesis se ha avanzado mucho en la preparación para los Sacramentos de la Iniciación Cristiana, todavía son muchos los que los reciben sin la suficiente formación. EA 34.

11. Al Bautismo de adultos no se le ha dado, de parte de los pastores, la importancia debida; y a quienes lo solicitan les parecen exagerados los requerimientos de tipo catecumenal, pues casi siempre están tratando de cumplir un requisito para otro fin como, por ejemplo, la celebración del Matrimonio.

III. PRINCIPIOS Y ORIENTACIONES.

12. Los Sacramentos de la Iniciación Cristiana son distintos y semejantes. Distintos, porque cada uno de ellos conduce a un nivel de profundidad en el misterio de Cristo. Semejantes, porque cada uno de ellos hace ahondar en dicho misterio. Con toda propiedad puede hablarse del Gran Sacramento de la Iniciación Cristiana. Por esto, su celebración ha de expresar su vinculación interna.

13. En este encuentro personal y comunitario con Cristo Vivo acontecen: el primer anuncio o kerigma, la catequesis, la experiencia de oración personal y litúrgica, la participación sacramental, la experiencia de fraternidad o de vida comunitaria, la toma de conciencia del compromiso social para compartir y servir.

14. Los Sacramentos de la iniciación Cristiana son una excelente oportunidad para una buena evangelización y catequesis, cuando su preparación se hace por cristianos competentes. En el caso del Bautismo de niños, no debe omitirse el esfuerzo pro catequizar a los papás y padrinos. Ibíd.

15. La Iniciación Cristiana implica un proceso. Cuando el que se bautiza es un niño, la formación ha de orientarse a la familia; y cuando el candidato es adulto debe darse un verdadero proceso catecumenal de él y su familia.

IV. NORMAS GENERALES.

16. Para la acción pastoral, téngase en cada parroquia el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos (RICA), y tómese en cuenta dicho ritual, tanto en la introducción general como en las observaciones previas. Por tanto, dichos principios deberán ser conocidos, asimilados y puestos en práctica en la formación inicial y permanente de seminaristas y sacerdotes, así como de todos los agentes de la catequesis pre-sacramental.

17. La iniciación Cristiana de adultos debe hacerse como un proceso serio, normalmente prolongado, que, de ser posible, culmine con la gran noche de la Vigilia Pascual. En este proceso, se integran la catequesis, las celebraciones de otras experiencias de vida cristiana; de tal forma que los candidatos vayan tomando conciencia de su próxima condición de cristianos y miembros de la Iglesia. Para ello será necesario observar muy de cerca los pasos y períodos marcados por el RICA.

18. Las Secretarías Diocesanas de Evangelización y Catequesis y de Pastoral Litúrgica, en coordinación, elaborarán guías de preparación para las personas, mayores de 15 años, que soliciten la iniciación Cristiana y deberán tomar en cuenta las orientaciones que señala el RICA.

19. Dada la seriedad que requiere la catequesis mencionada y al mismo tiempo la urgencia de hacer asequible esta experiencia a los fieles, es necesario que en los decanatos y parroquias se promuevan Centros de Catecumenado, con diversos horarios y modalidades, que cumplan adecuadamente los objetivos correspondientes.

20. La preparación para los candidatos responderá a las circunstancias personales de cada uno. En general, hay que decir que tal preparación debe consistir en catequesis comunitarias, pero también en un acompañamiento no sólo del catequista cualificado sino también del sacerdote. Se deben prever alternativas, cuando unos fieles, por determinadas circunstancias, no pueden acogerse a las catequesis habituales.

21. A las personas adultas que no han recibido ni siquiera el Sacramento del Bautismo y que, de algún modo, participan en las celebraciones litúrgicas, habrá que prepararles un itinerario adecuado que les ayude a recibir los Sacramentos y expresar su fe de modo pleno.

22. Los niños que han llegado a la edad de la discreción y necesitan los primeros Sacramentos, han de ser tratados como verdaderos catecúmenos. Cf. CIC 852. de tal forma que se les pida un tiempo suficientemente largo, que los conduzca a un buen grado de madurez cristiana, por la aceptación del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. Se utilizarán los materiales catequéticos de la Arquidiócesis de acuerdo a su edad, buscando que en esa preparación sean acompañados de cerca por los padres de familia y sus padrinos.

23. En el caso de menores de siete años que van a ser bautizados, después de la preparación conveniente a los papás y padrinos, confiérase el Sacramento e invíteseles a que, cuando el bautizado tenga la edad adecuada, se prepare y se acerque al Sacramento de la Confirmación y de la Eucaristía.

24. Cuando los que van a recibir el Sacramento del Bautismo son mayores de siete años y menores de catorce, después de la conveniente preparación, pidiendo autorización al Obispo, en una sola celebración se les darán los tres Sacramentos de la Iniciación Cristiana. Cf. RC, Observaciones Previas, 11. No se les debe confesar, simplemente habrá que exhortarlos a un acto de contricción cristiana. En esos casos, el mismo presbítero puede ser ministro de la Confirmación de acuerdo al c.863,2.

25. Si se da el caso de un joven o un adulto que ha decidido abrazar la fe cristiana e incorporarse a la Iglesia Católica, hay que orientarlo y acompañarlo para que haga el recorrido completo del catecumenado, en el que intervengan debidamente, como lo indica el RICA, la comunidad, el sacerdote, el catequista y un padrino. Este último, elegido con las características que se señalan en los números 66-68.

26. Los Sacramentos instituidos por Cristo y encomendados a la Iglesia como don que ella debe conservar y administrar diligentemente, han de encontrar tanto en los ministros como en los demás fieles estima y veneración al celebrarlos y al recibirlos. Cf. CIC 840.

27. Nadie puede ser admitido a otros Sacramentos si antes no ha recibido el Bautismo. Entre los Sacramentos hay relaciones esenciales de anterioridad y posterioridad, de iniciación y complementariedad; el primer paso en al Iniciación Cristiana es el Bautismo.

28. Los fieles tienen derecho a los sacramentos, Cf. CIC 213. pero también el deber de prepararse a recibirlos y los ministros sagrados tienen obligación de administrarlos.

29. Quienes tienen cura de almas están estrictamente obligados a proveer a la vida sacramental de los fieles. Los demás ministros lo están también en situaciones de necesidad: por caridad y por exigencia del ministerio que le fue dado para el servicio de los demás.

30. El derecho de los fieles a recibir los Sacramentos está sometido a ciertas condiciones: lo pidan oportunamente, estén bien dispuestos y no les estén prohibidos por derecho. El tener en su casa un hijo o un familiar amancebado no es razón para negar el Sacramento de la Reconciliación.

31. Los Sacramentos que imprimen carácter y por lo mismo no pueden reiterarse son el Bautismo, la Confirmación y el Orden. En caso de duda, han de ser administrados bajo condición “para cuidar la reverencia debida al Sacramento, sin descuidar la salvación de las almas”.

32. El ministro ha de celebrar los Sacramentos según su propio rito. En la celebración de los Sacramentos debe obedecer y seguir lo que los libros litúrgicos determinen para cada Sacramento. “Las acciones litúrgicas no son acciones privadas, sino celebraciones de la misma Iglesia”. CIC 837, 1.

33. Los santos óleos que se realizan en algunos Sacramentos deben ser los consagrados o bendecidos por el Obispo recientemente. El Párroco renueve los óleos y guárdelos en un lugar decoroso. No se debe usar óleos antiguos si no hay necesidad. Por reverencia a lo que los óleos son y significan procúrese que estén en recipientes dignos y decorosos.

34. El ministro no debe pedir nada por la administración de los Sacramentos, fuera de las ofrendas determinadas por la autoridad competente. La ofrenda que los fieles dan, ya está determinada por el arancel y a éste hay que sujetarse.

35. el ministro ha de procurar siempre que los necesitados no queden privados de los Sacramentos a causa de su pobreza.

36. Los fieles, ordinariamente, prepararán y celebrarán los Sacramentos de Iniciación Cristiana en la parroquia donde reside la familia para favorecer la integración y espiritualidad de la comunidad parroquial.