SACRAMENTO
DE LA EUCARISTIA

“YO
RECIBÍ DEL SEÑOR LO QUE, A MI VEZ, OS HE TRANSMITIDO:
Que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado,
tomó un pan, y pronunciando la acción de gracias, lo partió
y dijo: ‘Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced
esto en memoria mía’.
Lo
mismo hizo con el cáliz después de cenar, diciendo: ‘Este
cáliz es la nueva alianza que se sella con mi sangre. Haced esto,
cada vez que bebáis, en memoria mía’.
Por
eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis de este
cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que
vuelva.”
(1 Cor 11,
23-26)
“LA
IGLESIA VIVE DE LA EUCARISTIA. Esta verdad no expresa solamente una
experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el
núcleo del misterio de la Iglesia. Ésta experimenta con
alegría cómo se realiza continuamente, en múltiples
formas, la promesa del Señor: ‘He aquí que yo estoy
con vosotros todos los días hasta el fin del mundo’; en
la sagrada Eucaristía, por la transformación del pan y
del vino en el cuerpo y en la sangre del Señor, se alegra de
esta presencia con una intensidad única. Desde que, en Pentecostés,
la Iglesia, Pueblo de la Nueva Alianza, ha empezado su peregrinación
hacia la patria celeste, este divino Sacramento ha marcado sus días,
llenándolos de confiada esperanza.
Con
razón ha proclamado el Concilio Vaticano II que el Sacrificio
eucarístico es ‘fuente y cima de toda vida cristiana’.
‘La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien
espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan
de Vida, que da la vida a los hombres por medio del Espíritu
Santo’. Por tanto, la mirada de la Iglesia se dirige continuamente
a su Señor, presente en el Sacramento del altar, en el cual descubre
la plena manifestación de su inmenso amor.”
(Juan
Pablo II, “Eclesia de Eucaristía”, no. 1)
I. INTRODUCCION.
122. “La Sagrada Eucaristía culmina
la Iniciación Cristiana. Los que han sido elevados a la dignidad
del sacerdocio real por el Bautismo y configurados más profundamente
con Cristo por la Confirmación, participan por medio de la Eucaristía
con toda la comunidad en el sacrificio mismo del Señor.”
CEC 1322.
123.
La Eucaristía es el lugar privilegiado en donde Dios se hace
presente con su acción salvadora. En efecto, la Eucaristía
es acción de gracias y alabanza al Padre, memorial del sacrificio
de Cristo y de su Cuerpo; presencia de Cristo por el poder de su Palabra
y de su Espíritu. Cf. CEC 1358
124.
La participación en la Eucaristía nos conduce, si tenemos
una recta conciencia, a superar el individualismo y el encerramiento
egoísta. La preparación para la Primera Comunión
debería conducir a una conversión que acreciente el sentido
de pertenencia a la comunidad, en la que se aprende a escuchar la Palabra
y se invita a comprometerse en una forma de vida nueva que se distingue
por modo de amarse los hermanos, de compartir los bienes y de servir
a los demás, especialmente a los pobres y alejados. Cf.
CEC 1397; Juan Pablo II, Mane Nobiscum Domine 28.
II . REALIDAD DIOCESANA.
125.
Aunque se ha avanzado en la celebración de este Sacramento, todavía,
en algunas parroquias, la preparación catequética privilegia
sólo un conocimiento de tipo puramente intelectual que incluye,
en forma de preguntas y respuestas, unas cuantas verdades fundamentales
del cristianismo, pero sin lograr disponer para la participación
viva, activa y consciente. La deficiencia en la preparación se
agudiza cuando los catequistas no tienen el contacto adecuado con la
parroquia ni se renuevan con la frecuencia debida en lo espiritual,
en la metodología y en los contenidos que ofrecen.
126.
Algunos sacerdotes, por motivos no pastorales y a veces en
lugares no propios, acceden a conferir este Sacramento de forma individual.
127.
Quienes reciben la Primera Comunión no siempre dan el testimonio
esperado en su vida cotidiana. Más aún, en la mayoría
de los casos, tampoco se integran a la dinámica de la comunidad
parroquial y no falta quienes definitivamente se alejan de ella.
128.
Aún prevalece en la mentalidad de muchos de los fieles
la idea que recibir la primera Eucaristía es parte de una costumbre
o se realiza para salir del paso como si fuera un compromiso de tipo
social.
III. PRINCIPIOS Y ORIENTACIONES.
129.
La Eucaristía, celebrada con fe, es una auténtica
escuela de comunión. Ella hace de cada cristiano un testigo de
la fraternidad y de la solidaridad. No se puede compartir el pan eucarístico
si no se comparte el pan de cada día. Ella alimenta y fortalece
la misión de los creyentes en el mundo, a ejemplo de Cristo que
en este Sacramento da la vida por sus amigos.
130.
La Eucaristía es, al mismo tiempo, sacrificio, comunión
y presencia. La Eucaristía establece la comunión entre
el creyente y el Señor, muerto y resucitado; lo sitúa
directamente en la fuente de la vida divina. Es la actualización
del misterio de la salvación mediante la acción del Espíritu
Santo.
131.
El Sacramento de laEucaristía fortalece la vocación a
la santidad. La Eucaristía incorpora a todo bautizado a vivir
con un mayor compromiso la vida cristiana.
132.
La Eucaristía, entendida como comunión, hade incorporar
mayormente a los fieles a una fuerte relación con el misterio
de Dios Trinidad y con la comunidad parroquial.
133.
Incorporar a los bautizados a la Eucaristía, a través
de la Primera Comunión, ha de significar una vinculación
más estrecha al misterio de Jesús sacramentado, sobre
todo, por la participación frecuente del Pan eucarístico
y por medio de la adoración y oración ante el Sacramento.
IV. NORMAS GENERALES.
134.
Como signo de comunión, es necesario unificar los criterios pastorales
y cumplir las normas generales de este Directorio, especialmente a nivel
decanato, en cuanto a contenidos catequéticos, tiempo de preparación
y demás exigencias para acercarse a la Primera Comunión.
135.
Establézcanse acuerdos pastorales entre parroquias, escuelas,
conventos y agentes de pastoral a fin de evitar que algunos fieles busquen
lo más fácil y lo más rápido en cuanto a
la preparación y la celebración de la Primera Comunión.
Dichas instancias pastorales deben cuidar que los fieles mantengan la
comunión con su parroquia.
136.
La Primera Comunión se realizará siempre dentro de la
celebración de la Eucaristía.
Lugar.
137.
Se preparará y celebrará la Primera Comunión, salvo
excepciones justificadas, en la parroquia donde reside la familia para
favorecer la integración y la espiritualidad de la comunidad
parroquial. No se acepte en ningún templo a niños que
no presenten comprobante de su Párroco, haciendo constar que
sí se preparó.
138.
Antes de la Primera Comunión, realícese, para los catequizandos,
una celebración del Sacramento de la Reconciliación, siguiendo
las normas canónicas Cf. CIC 914,959,960. y
litúrgicas, ocho días antes de la Primera Comunión,
dándole su solemnidad y dignidad propias.
139.
La celebración de la Primera Comunión debe hacerse en
los lugares sagrados propios para este fin, a no ser que las circunstancias
exijan otra cosa. CIC 932. Queda estrictamente
prohibida la celebración de este Sacramento en casas particulares,
centros recreativos, restaurantes, jardines, etc.
140.
El lugar propio para celebrar la Primera Comunión es el templo
parroquial y los templos similares a la parroquia. Cuando los colegios,
las casas religiosas u otras instituciones promuevan estas celebraciones,
tienen la obligación de contar con el visto bueno del Párroco,
quien ha de valorar la conveniencia de llevarlas a cabo.
141.
Favorézcase en las parroquias y templos, la celebración
comunitaria de Primeras Comuniones, evitando que estas sean muy masivas.
Por otro lado, se pueden aceptar celebraciones individuales, después
de una cuidadosa preparación y con válidas razones pastorales.
142.
Desde la catequesis y en la preparación inmediata, insístase
a los papás y a los niños sobre la convivencia de abstenerse
de gastos innecesarios.
143.
Los colegios católicos, casas religiosas y espacios particulares
pertenecen a la comunidad parroquial y se deben integrar en ella como
instancia evangelizadora. Cuando organicen celebraciones de primeras
comuniones póngase en contacto con el Párroco para las
cuestiones administrativas.
Padres
de Familia.
144.
Los padres de familia son los principales educadores en la fe de sus
hijos. Cumplen de este modo la vocación a la que el Señor
los ha llamado. El clima familiar de oración, de escucha de la
Palabra de Dios, de la participación en la liturgia de la Iglesia,
la sensibilidad social y el compromiso misionero son el terreno bueno
donde crecerá la semilla de la fe de los hijos.
145.
En lo posible, los padres de familia sean los primeros acompañantes
de la Primera Comunión de sus hijos y participen de la Primera
Comunión de sus hijos y participen durante el periodo de preparación
y retiro penitencial:
a) Los papás
pueden presentar a sus hijos a la Primera Comunión y también
buscarles uno o dos padrinos; si es posible, los mismos del Bautismo.
Los papás y padrinos procurarán comulgar ese día,
como testimonio y estímulo para los niños, eso si su situación
matrimonial no se lo impide.
b) Incúlquese a los papás el sentido de gratitud para
con los catequistas que prepararon a sus hijos y colaboren efectivamente
aportando los recursos que se requieren para una eficaz y adecuada preparación.
146.
Como parte de la preparación a la Primera Comunión,
preséntese la boleta de Bautismo.
147.
Aunque para la Primera Comunión no se entrega acta,
será conveniente que se lleve un registro y se dé alguna
constancia, algún otro documento que compruebe la recepción
de este Sacramento, o en la boleta de Bautismo presentada anótese
fecha y lugar de la misma.
Preparación
148.
Los catequistas que prestan este servicio deben estar inscritos en la
parroquia para recibir la debida autorización y preparación
por parte del Párroco.
149.
Todo catequista requiere una preparación adecuada (Cf. Supra
no. 99).
150.
Es indispensable que los catequistas de la Primera Comunión reciban
la formación adecuada. Cf. DGC 237. Dicha
preparación abarcará las siguientes áreas:
-
Personal: Identidad humana y cristiana a fin de que despierte y motive
a una buena espiritualidad apostólica.
- Teológica y pastoral: Para que anuncien la Palabra de Dios
en su integridad, tal como la Iglesia lo cree.
- Pedagógica y metodológica: Para que realice una adecuada
transmisión de la fe a los catecúmenos y catequizandos.
151.
Tienen una especial importancia los catequistas en el ministerio que
ejercen. La atención a estos evangelizadores del Pueblo de Dios
y su formación espiritual debe ser una prioridad absoluta.
152.
El catequista de Primera Comunión use material adecuado y actualizado,
propuesto por la Diócesis a través de la Secretaría
Diocesana de Evangelización y Catequesis.
153.
Dé testimonio de buena conducta, unidad y humildad para formar
una verdadera comunión.
154.
Tenga tacto, una convicción profunda de piedad, alegría,
paciencia y amor a quien catequiza, sentido de justicia y respeto a
la verdad; vístase de acuerdo a la misión que está
desarrollando; tenga madurez y buen comportamiento.
Celebración.
155.
Prepárese la celebración a la Primera Comunión
con los textos apropiados; de preferencia tómese la Misa votiva
de la Eucaristía. A no ser que las normas litúrgicas indiquen
lo contrario, procúrese que no falte la Renovación de
las Promesas Bautismales, haciendo énfasis en la unidad de los
Sacramentos de la Iniciación.
156.
La Secretaría de Pastoral Litúrgica elaboro un ritual
para la celebración de la Eucaristía, tomando en cuenta
a los fieles que recibirán por primera vez la Comunión,
que se use en toda la Arquidiócesis y que tenga en cuenta todos
los signos.
Sujeto
157.
Sígase la costumbre de admitir a la Primera Comunión
a los niños que han alcanzado la edad de la discreción.
Exíjase su debida preparación.
158.
Téngase en cuenta que, las personas con capacidades diferentes,
son sujetos de los Sacramentos de la Iniciación Cristiana; y
que tienen derecho a una catequesis adecuado a sus necesidades que los
integre a la comunidad, por medio de la Eucaristía. Para cubrir
esta necesidad, será conveniente que, al menos por decanatos,
se capacite a un número de catequistas que puedan dar esta formación.
159.
La preparación a la Primera Comunión deberá constar
de un tiempo suficiente para alcanzar la debida formación para
este Sacramento.
Ministro
160.
El responsable principal de administrar este Sacramento es
el Párroco y aquellos con los que comparte la responsabilidad
de velar por la santificación de los fieles y cuentan con las
licencias ministeriales correspondientes. Téngase en cuenta que
su responsabilidad no se limita al momento de la celebración
sino que también debe cuidar la preparación (materiales,
psicología, pedagogía, metodología, didáctica
y realidades de su entorno).
161.
El sacerdote esté atento en las celebraciones de la Primera Comunión
para evitar abusos que pudieran existir por parte de algunas personas
que organizan o participan en la preparación. De manera particular
esté atento al aspecto económico.
162.
Al Párroco no se le olvide que es muy importante la presencia
de la comunidad cristiana, por eso busque los momentos oportunos para
celebrar este acontecimiento de fe.
163.
La formación de los y las catequistas debe ser una tarea prioritaria
del Párroco y sus colaboradores, proporcionándoles talleres,
cursos de actualización y recursos necesarios: Cf.
PDP 179,11.
a) El Párroco
esfuércese por acompañar muy de cerca el caminar de los
catequistas en su formación.
b) El Párroco aliente y anime a los catequistas a continuar su
ministerio que es esencial en la misión de la Iglesia y los estimule
a continuar en esa tarea.
c) Agradezca y felicite a los catequistas que prestan este servicio
a la comunidad cristiana con gran abnegación y generosidad.
Padrinos
164.
No es obligatorio tener padrino de Primera Comunión.
Si se quiere conservar la tradición de tener padrino o madrina,
incúlquese a los padres y demás familiares que respeten
la decisión del niño, alentándolo a que elija los
mismos del Bautismo o Confirmación.
165.
Los padrinos, con su ahijado o ahijada, deben participar en la preparación
y la celebración de la Eucaristía. El SEDEC ofrecerá
material adecuado.
Primera
Comunión-Reconciliación.
166.
Este Sacramento está muy unido al Sacramento de la Eucaristía.
El SEDEC ofrecerá un material auxiliar para la celebración
del Sacramento de la Reconciliación antes de la Primera Comunión.
167.
En cuanto a este Sacramento, es conveniente que el sacerdote responsable
de la comunidad organice su celebración cuidadosamente.
168.
Se sugiere que, algunos días antes de la Primera Comunión,
se organice un acto litúrgico en que se hagan resaltar el significado
de algunos signos de la Iniciación Cristiana, atendiendo al material
propuesto por el SEDEC.
