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SEGUNDA
SECCION
LA PROFESION DE LA FE
CRISTIANA
LOS SIMBOLOS DE LA FE
Quien dice "Yo creo", dice "Yo
me adhiero a lo que nosotros creemos". La comunión en la fe
necesita un lenguaje común de la fe, normativo para todos y que
nos una en la misma confesión de fe.
Desde su origen, la Iglesia apostólica expresó y transmitió
su propia fe en fórmulas breves y normativas para todos (cf. Rom
10,9; 1 Cor 15,3-5; etc.). Pero muy pronto, la Iglesia quiso también
recoger lo esencial de su fe en resúmenes orgánicos y articulados
destinados obre todo a los candidatos al bautismo:
Esta síntesis de la fe no ha sido hecha según las opiniones
humanas, sino que de toda la Escritura ha s ido recogido lo que hay en
ella de más importante, para dar en su integridad la única
enseñanza de la fe. Y como el grano de mostaza contiene en un grano
muy pequeño gran número de ramas, de igual modo este resumen
de la fe encierra en pocas palabras todo el conocimiento de la verdadera
piedad contenida en el Antiguo y el Nuevo Testamento (S. Cirilo de Jerusalén,
catech. ill. 5,12).
Se llama a estas síntesis de la fe "profesiones de fe"
porque resumen la fe que profesan los cristianos. Se les llama "Credo"
por razón de que en ellas la primera palabra es normalmente : "Creo".
Se les denomina igualmente "símbolos de la fe".
La palabra griego "symbolon" significaba la mitad de un objeto
partido (por ejemplo, un sello) que se presentaban como una señal
para darse a conocer. Las partes rotas se ponían juntas para verificar
la identidad del portador. El "símbolo de la fe" es,
pues, un signo de identificación y de comunión entre los
creyentes. "Symbolon" significa también recopilación,
colección o sumario. El "símbolo de la fe" es
la recopilación de las principales verdades de la fe. De ahí
el hecho de que sirva de punto de referencia primero y fundamental de
la catequesis.
La primera "profesión de fe" se hace en el Bautismo.
El "símbolo de la fe" es ante todo el símbolo
bautismal. Puesto que el Bautismo es dado "en el nombre del Padre
y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt 28,19), las verdades
de fe profesadas en el Bautismo son articuladas según su referencia
a las tres personas de la Santísima Trinidad.
El Símbolo se divide, por tanto, en tres partes: "primero
habla de la primera Persona divina y de la obra admirable de la creación;
a continuación, de la segunda Persona divina y del Misterio de
la Redención de los hombres; finalmente, de la tercera Persona
divina, fuente y principio de nuestra santificación" (Catech.
R. 1,1,3). Son "los tres capítulos de nuestro sello (bautismal)"
(S. Ireneo, dem. 100).
"Estas tres partes son distintas aunque están ligadas entre
sí. Según una comparación empleada con frecuencia
por los Padres, las llamamos artículos. De igual modo, en efecto,
que en nuestros miembros hay ciertas articulaciones que los distinguen
y los separan, así también, en esta profesión de
fe, se ha dado con propiedad y razón el nombre de artículos
a las verdades que debemos creer en particular y de una manera distinta"
(Catch.R. 1,1,4). Según una antigua tradición, atestiguada
ya por S. Ambrosio, se acostumbra a enumerar doce artículos del
Credo, simbolizando con el número de los doce apóstoles
el conjunto de la fe apostólica (cf.symb. 8).
A lo largo de los siglos, en respuesta a las necesidades de diferentes
épocas, han sido numerosas las profesiones o símbolos de
la fe: los símbolos de las diferentes Iglesias apostólicas
y antiguas (cf. DS 1-64), el Símbolo "Quicumque", llamado
de S. Atanasio (cf. DS 75-76), las profesiones de fe de ciertos Concilios
(Toledo: DS 525-541; Letrán: DS 800-802; Lyon: DS 851-861; Trento:
DS 1862-1870) o de ciertos Papas, como la "fides Damasi" (cf.
DS 71-72) o el "Credo del Pueblo de Dios" (SPF) de Pablo VI
(1968).
Ninguno de los símbolos de las diferentes etapas de la vida de
la Iglesia puede ser considerado como superado e inútil. Nos ayudan
a captar y profundizar hoy la fe de siempre a través de los diversos
resúmenes que de ella se han hecho.
Entre todos los símbolos de la fe, dos ocupan un lugar muy particular
en la vida de la Iglesia:
El Símbolo de los Apóstoles, llamado así porque es
considerado con justicia como el resumen fiel de la fe de los apóstoles.
Es el antiguo símbolo bautismal de la Iglesia de Roma. Su gran
autoridad le viene de este hecho: "Es el símbolo que guarda
la Iglesia romana, la que fue sede de Pedro, el primero de los apóstoles,
y a la cual él llevó la doctrina común" (S.
Ambrosio, symb. 7).
El Símbolo llamado de Nicea-Constantinopla debe su gran autoridad
al hecho de que es fruto de los dos primeros Concilios ecuménicos
(325 y 381). Sigue siendo todavía hoy el símbolo común
a todas las grandes Iglesias de Oriente y Occidente.
Nuestra exposición de la fe seguirá el Símbolo de
los Apóstoles, que constituye, por así decirlo, "el
más antiguo catecismo romano". No obstante, la exposición
será completada con referencias constantes al Símbolo de
Nicea-Constantinopla, que con frecuencia es más explícito
y más detallado.
Como en el día de nuestro Bautismo, cuando toda nuestra vida fue
confiada "a la regla de doctrina" (Rom 6,17), acogemos el Símbolo
de esta fe nuestra que da la vida. Recitar con fe el Credo es entrar en
comunión con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, es entrar
también en comunión con toda la Iglesia que nos transmite
la fe y en el seno de la cual creemos:
Este Símbolo es el sello espiritual, es la meditación de
nuestro corazón y el guardián siempre presente, es, con
toda certeza, el tesoro de nuestra alma (S. Ambrosio, symb. 1).
 
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