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Articulo
9 "CREO EN LA SANTA IGLESIA CATOLICA"
"Cristo es la luz de los pueblos. Por eso, este sacrosanto Sínodo,
reunido en el Espíritu Santo, desea vehementemente iluminar a todos
los hombres con la luz de Cristo, que resplandece sobre el rostro de la
Iglesia, anunciando el evangelio a todas las criaturas". Con estas
palabras comienza la "Constitución dogmática sobre
la Iglesia" del Concilio Vaticano II. Así, el Concilio muestra
que el artículo de la fe sobre la Iglesia depende enteramente de
los artículos que se refieren a Cristo Jesús. La Iglesia
no tiene otra luz que la de Cristo; ella es, según una imagen predilecta
de los Padres de la Iglesia, comparable a la luna cuya luz es reflejo
del sol.
El artículo sobre la Iglesia depende enteramente también
del que le precede, sobre el Espíritu Santo. "En efecto, después
de haber mostrado que el Espíritu Santo es la fuente y el dador
de toda santidad, confesamos ahora que es El quien ha dotado de santidad
a la Iglesia" (Catech. R. 1, 10, 1). La Iglesia, según la
expresión de los Padres, es el lugar "donde florece el Espíritu"
(San Hipóli to, t.a. 35).
Creer que la Iglesia es "Santa" y "Católica",
y que es "Una" y "Apostólica" (como añade
el Símbolo nicenoconstantinopolitano) es inseparable de la fe en
Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. En el Símbolo de los
Apóstoles, hacemos profesión de creer que existe una Iglesia
Santa ("Credo ... Ecclesiam"), y no de creer en la Iglesia para
no confundir a Dios con sus obras y para atribuir claramente a la bondad
de Dios todos los dones que ha puesto en su Iglesia (cf. Catech. R. 1,
10, 22).
Párrafo 1: LA IGLESIA EN EL DESIGNIO DE DIOS
I. LOS NOMBRES
Y LAS IMAGENES DE LA IGLESIA
La palabra "Iglesia" ["ekklèsia", del griego
"ek-kalein" - "llamar fuera"] significa "convocación".
Designa asambleas del pueblo (cf. Hch 19, 39), en general de carácter
religioso. Es el término frecuentemente utilizado en el texto griego
del Antiguo Testamento para designar la asamblea del pueblo elegido en
la presencia de Dios, sobre todo cuando se trata de la asamblea del Sinaí,
en donde Israel recibió la Ley y fue constituido por Dios como
su pueblo santo (cf. Ex 19). Dándose a sí misma el nombre
de "Iglesia", la primera comunidad de los que creían
en Cristo se reconoce heredera de aquella asamblea. En ella, Dios "convoca"
a su Pueblo desde todos los confines de la tierra. El término "Kiriaké",
del que se deriva las palabras "church" en inglés, y
"Kirche" en alemán, significa "la que pertenece
al Señor".
En el lenguaje cristiano, la palabra "Iglesia" designa no sólo
la asamblea litúrgica (cf. 1 Co 11, 18; 14, 19. 28. 34. 35), sino
también la comunidad local (cf. 1 Co 1, 2; 16, 1) o toda la comunidad
universal de los creyentes (cf. 1 Co 15, 9; Ga 1, 13; Flp 3, 6). Estas
tres significaciones son inseparables de hecho. La "Iglesia"
es el pueblo que Dios reúne en el mundo entero. La Iglesia de Dios
existe en las comunidades locales y se realiza como asamblea litúrgica,
sobre todo eucarística. La Iglesia vive de la Palabra y del Cuerpo
de Cristo y de esta manera viene a ser ella misma Cuerpo de Cristo.
Los símbolos de la Iglesia
En la Sagrada Escritura encontramos multitud de imágenes y de figuras
relacionadas entre sí, mediante las cuales la revelación
habla del Misterio inagotable de la Iglesia. Las imágenes tomadas
del Antiguo Testamento constituyen variaciones de una idea de fondo, la
del "Pueblo de Dios". En el Nuevo Testamento (cf. Ef 1, 22;
Col 1, 18), todas estas imágenes adquieren un nuevo centro por
el hecho de que Cristo viene a ser "la Cabeza" de este Pueblo
(cf. LG 9) el cual es desde entonces su Cuerpo. En torno a este centro
se agrupan imágenes "tomadas de la vida de los pastores, de
la agricultura, de la construcción, incluso de la familia y del
matrimonio" (LG 6).
"La Iglesia, en efecto, es el redil cuya puerta única y necesaria
es Cristo(Jn 10, 1-10). Es también el rebaño cuy pastor
será el mismo Dios, como él mismo anunció (cf. Is
40, 11; Ez 34, 11-31). Aunque son pastores humanos quien es gobiernan
a las ovejas, sin embargo es Cristo mismo el que sin cesar las guía
y alimenta; El, el Buen Pastor y Cabeza de los pastores (cf. Jn 10, 11;
1 P 5, 4), que dio su vida por las ovejas (cf. Jn 10, 11-15)".
"La Iglesia es labranza o campo de Dios (1 Co 3, 9). En este campo
crece el antiguo olivo cuya raíz santa fueron los patriarcas y
en el que tuvo y tendrá lugar la reconciliación de los judíos
y de los gentiles (Rm 11, 13-26). El labrador del cielo la plantó
como viña selecta (Mt 21, 33-43 par.; cf. Is 5, 1-7). La verdadera
vid es Cristo, que da vida y fecundidad a a los sarmientos, es decir,
a nosotros, que permanecemos en él por medio de la Iglesia y que
sin él no podemos hacer nada (Jn 15, 1-5)".
"También muchas veces a la Iglesia se la llama construcción
de Dios (1 Co 3, 9). El Señor mismo se comparó a la piedra
que desecharon los constructores, pero que se convirtió en la piedra
angular (Mt 21, 42 par.; cf. Hch 4, 11; 1 P 2, 7; Sal 118, 22). Los apóstoles
construyen la Iglesia sobre ese fundamento (cf. 1 Co 3, 11), que le da
solidez y cohesión. Esta construcción recibe diversos nombres:
casa de Dios: casa de Dios (1 Tim 3, 15) en la que habita su familia,
habitación de Dios en el Espíritu (Ef 2, 19-22), tienda
de Dios con los hombres (Ap 21, 3), y sobre todo, templo santo. Representado
en los templos de piedra, los Padres cantan sus alabanzas, y la liturgia,
con razón, lo compara a la ciudad santa, a la nueva Jerusalén.
En ella, en efecto, nosotros como piedras vivas entramos en su construcción
en este mundo (cf. 1 P 2, 5). San Juan ve en el mundo renovado bajar del
cielo, de junto a Dios, esta ciudad santa arreglada como una esposa embellecidas
para su esposo (Ap 21, 1-2)".
"La Iglesia que es llamada también "la Jerusalén
de arriba" y "madre nuestra" (Ga 4, 26; cf. Ap 12, 17),
y se la describe como la esposa inmaculada del Cordero inmaculado (Ap
19, 7; 21, 2. 9; 22, 17). Cristo `la amó y se entregó por
ella para santificarla' (Ef 5, 25-26); se unió a ella en alianza
indisoluble, `la alimenta y la cuida' (Ef 5, 29) sin cesar" (LG 6).
II. ORIGEN, FUNDACION
Y MISION DE LA IGLESIA
Para penetrar en el Misterio de la Iglesia, conviene primeramente contemplar
su origen dentro del designio de la Santísima Trinidad y su realización
progresiva en la historia.
Un designio nacido en el corazón del Padre
"El Padre eterno creó el mundo por una decisión totalmente
libre y misteriosa de su sabiduría y bondad. Decidió elevar
a los hombres a la participación de la vida divina" a la cual
llama a todos los hombres en su Hijo: "Dispuso convocar a los creyentes
en Cristo en la santa Iglesia". Esta "familia de Dios"
se constituye y se realiza gradualmente a lo largo de las etapas de la
historia humana, según las disposiciones del Padre: en efecto,
la Iglesia ha sido "prefigurada ya desde el origen del mundo y preparada
maravillosamente en la historia del pueblo de Israel y en la Antigua Alianza;
se constituyó en los últimos tiempos, se manifestó
por la efusión del Espíritu y llegará gloriosamente
a su plenitud al final de los siglos" (LG 2).
La Iglesia, prefigurada desde el origen del mundo
"El mundo fue creado en orden a la Iglesia" decían los
cristianos de los primeros tiempos (Hermas, vis.2, 4,1; cf. Arístides,
apol. 16, 6; Justino, apol. 2, 7). Dios creó el mundo en orden
a la comunión en su vida divina, "comunión" que
se realiza mediante la "convocación" de los hombres en
Cristo, y esta "convocación" es la Iglesia. La Iglesia
es la finalidad de todas las cosas (cf. San Epifanio, haer. 1,1,5), e
incluso las vicisitudes dolorosas como la caída de los ángeles
y el pecado del hombre, no fueron permitidas por Dios más que como
ocasión y medio de desplegar toda la fuerza de su brazo, toda la
medida del amor que quería dar al mundo:
Así como la voluntad de Dios es un acto y se llama mundo, así
su intención es la salvación de los hombres y se llama Iglesia
(Clemente de Alej. paed. 1, 6).
La Iglesia, preparada en la Antigua Alianza
La reunión del pueblo de Dios comienza en el instante en que el
pecado destruye la comunión de los hombres con Dios y la de los
hombres entre sí. La reunión de la Iglesia es por así
decirlo la reacción de Dios al caos provocado por el pecado. Esta
reunificación se realiza secretamente en el seno de todos los pueblos:
"En cualquier nación el que le teme [a Dios] y practica la
justicia le es grato" (Hch 10, 35; cf LG 9; 13; 16).
La preparación lejana de la reunión del pueblo de Dios comienza
con la vocación de Abraham, a quien Dios promete que llegará
a ser Padre de un gran pueblo (cf Gn 12, 2; 15, 5-6). La preparación
inmediata comienza con la elección de Israel como pueblo de Dios
(cf Ex 19, 5-6; Dt 7, 6). Por su elección, Israel debe ser el signo
de la reunión futura de todas las naciones (cf Is 2, 2-5; Mi 4,
1-4). Pero ya los profetas acusan a Israel de haber roto la alianza y
haberse comportado como una prostituta (cf Os 1; Is 1, 2-4; Jr 2; etc.).
Anuncian, pues, una Alianza nueva y eterna (cf. Jr 31, 31-34; Is 55, 3).
"Jesús instituyó esta nueva alianza" (LG 9).
La Iglesia - instituida por Cristo Jesús
Corresponde al Hijo realizar el plan de Salvación de su Padre,
en la plenitud de los tiempos; ese es el motivo de su "misión"
(cf. LG 3; AG 3). "El Señor Jesús comenzó su
Iglesia con el anuncio de la Buena Noticia, es decir, de la llegada del
Reino de Dios prometido desde hacía siglos en las Escrituras"
(LG 5). Para cumplir la voluntad del Padre, Cristo inauguró el
Reino de los cielos en la tierra. La Iglesia es el Reino de Cristo "presente
ya en misterio" (LG 3).
"Este Reino se manifiesta a los hombres en las palabras, en las obras
y en la presencia de Cristo" (LG 5). Acoger la palabra de Jesús
es acoger "el Reino" (ibid.). El germen y el comienzo del Reino
son el "pequeño rebaño" (Lc 12, 32), de los que
Jesús ha venido a convocar en torno suyo y de los que él
mismo es el pastor (cf. Mt 10, 16; 26, 31; Jn 10, 1-21). Constituyen la
verdadera familia de Jesús (cf. Mt 12, 49). A los que reunió
así en torno suyo, les enseñó no sólo una
nueva "manera de obrar", sino también una oración
propia (cf. Mt 5-6).
El Señor Jesús dotó a su comunidad de una estructura
que permanecerá hasta la plena consumación del Reino. Ante
todo está la elección de los Doce con Pedro como su Cabeza
(cf. Mc 3, 14-15); puesto que representan a las doce tribus de Israel
(cf. Mt 19, 28; Lc 22, 30), ellos son los cimientos de la nueva Jerusalén
(cf. Ap 21, 12-14). Los Doce (cf. Mc6, 7) y los otros discípulos
(cf. Lc 10,1-2) participan en la misión de Cristo, en su poder,
y también en su suerte (cf. Mt 10, 25; Jn 15, 20). Con todos estos
actos, Cristo prepara y edifica su Iglesia.
Pero la Iglesia ha nacido principalmente del don total de Cristo por nuestra
salvación, anticipado en la institución de la Eucaristía
y realizado en la Cruz. "El agua y la sangre que brotan del costado
abierto de Jesús crucificado son signo de este comienzo y crecimiento"
(LG 3 ."Pues del costado de Cristo dormido en la cruz nació
el sacramento admirable de toda la Iglesia" (SC 5). Del mismo modo
que Eva fue formada del costado de Adán adormecido, así
la Iglesia nació del corazón traspasado de Cristo muerto
en la Cruz (cf. San Ambrosio, Luc 2, 85-89).
La Iglesia, manifestada por el Espíritu Santo
"Cuando el Hijo terminó la obra que el Padre le encargó
realizar en la tierra, fue enviado el Espíritu Santo el día
de Pentecostés para que santificara continuamente a la Iglesia"
(LG 4). Es entonces cuando "la Iglesia se manifestó públicamente
ante la multitud; se inició la difusión del evangelio entre
los pueblos mediante la predicación" (AG 4). Como ella es
"convocatoria" de salvación para todos los hombres, la
Iglesia, por su misma naturaleza, misionera enviada por Cristo a todas
las naciones para hacer de ellas discípulos suyos (cf. Mt 28, 19-20;
AG 2,5-6).
Para realizar su misión, el Espíritu Santo "la construye
y dirige con diversos dones jerárquicos y carismáticos"
LG 4). "La Iglesia, enriquecida con los dones de su Fundador y guardando
fielmente sus mandamientos del amor, la humildad y la renuncia, recibe
la misión de anunciar y establecer en todos los pueblos el Reino
de Cristo y de Dios. Ella constituye el germen y el comienzo de este Reino
en la tierra" (LG 5).
La Iglesia, consumada en la gloria
La Iglesia "sólo llegará a su perfección en
la gloria del cielo" (LG 48), cuando Cristo vuelva glorioso. Hasta
ese día, "la Iglesia avanza en su peregrinación a través
de las persecuciones del mundo y de los consuelos de Dios" (San Agustín,
civ. 18, 51;cf. LG 8). Aquí abajo, ella se sabe en exilio, lejos
del Señor (cf. 2Co 5, 6; LG 6), y aspira al advenimimento pleno
del Reino, "y espera y desea con todas sus fuerzas reunirse con su
Rey en la gloria" (LG 5). La consumación de la Iglesia en
la gloria, y a través de ella la del mundo, no sucederá
sin grandes pruebas. Solamente entonces, "todos los justos desde
Adán, `desde el justo Abel hasta el último de los elegidos'
se reunirán con el Padre en la Iglesia universal" (LG 2).
III. EL MISTERIO DE LA IGLESIA
La Iglesia está en la historia, pero
al mismo tiempo la transciende. Solamente "con los ojos de la fe"
(Catech. R. 1,10, 20) se puede ver al mismo tiempo en esta realidad visible
una realidad espiritual, portadora de vida divina.
La Iglesia, a la vez visible y espiritual
"Cristo, el único Mediador, estableció en este mundo
su Iglesia santa, comunidad de fe, esperanza y amor, como un organismo
visible. La mantiene aún sin cesar para comunicar por medio de
ella a todos la verdad y la gracia". La Iglesia es a la vez:
- "sociedad dotada de órganos jerárquicos y el Cuerpo
Místico de Cristo;
- el grupo visible y la comunidad espiritual
- la Iglesia de la tierra y la Iglesia llena de bienes del cielo".
Estas dimensiones juntas constituyen "una realidad compleja, en la
que están unidos el elemento divino y el humano" (LG 8):
Es propio de la Iglesia "ser a la vez humana y divina, visible y
dotada de elementos invisibles, entregada a la acción y dada a
la contemplación, presente en el mundo y, sin embargo, peregrina.
De modo que en ella lo humano esté ordenado y subordinado a lo
divino, lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación
y lo presente a la ciudad futura que buscamos" (SC 2).
¡Qué humildad y qué sublimidad! Es la tienda de Cadar
y el santuario de Dios; una tienda terrena y un palacio celestial; una
casa modestísima y una aula regia; un cuerpo mortal y un templo
luminoso; la despreciada por los soberbios y la esposa de Cristo. Tiene
la tez morena pero es hermosa, hijas de Jerusalén. El trabajo y
el dolor del prolongado exilio la han deslucido, pero también la
hermosa su forma celestial (San Bernardo, Cant. 27, 14).
La Iglesia, Misterio de la unión de los hombres con Dios
En la Iglesia es donde Cristo realiza y revela su propio misterio como
la finalidad de designio de Dios: "recapitular todo en El" (Ef
1, 10). San Pablo llama "gran misterio" (Ef 5, 32) al desposorio
de Cristo y de la Iglesia. Porque la Iglesia se une a Cristo como a su
esposo (cf. Ef 5, 25-27), por eso se convierte a su vez en Misterio (cf.
Ef 3, 9-11). Contemplando en ella el Misterio, San Pablo escribe: el misterio
"es Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria" (Col 1, 27)
En la Iglesia esta comunión de los hombres con Dios por "la
caridad que no pasará jamás"(1 Co 13, 8) es la finalidad
que ordena todo lo que en ella es medio sacramental ligado a este mundo
que pasa (cf. LG 48). "Su estructura está totalmente ordenada
a la santidad de los miembros de Cristo. Y la santidad se aprecia en función
del 'gran Misterio' en el que la Esposa responde con el don del amor al
don del Esposo" (MD 27). María nos precede a todos en la santidad
que es el Misterio de la Iglesia como la "Esposa sin tacha ni arruga"
(Ef 5, 27). Por eso la dimensión mariana de la Iglesia precede
a su dimensión petrina" (ibid.).
La Iglesia, sacramento universal de la salvación
La palabra griega "mysterion" ha sido traducida en latín
por dos términos: "mysterium" y "sacramentum".
En la interpretación posterior, el término "sacramentum"
expresa mejor el signo visible de la realidad oculta de la salvación,
indicada por el término "mysterium". En este sentido,
Cristo es El mismo el Misterio de la salvación: "Non est enim
aliud Dei mysterium, nisi Christus" ("No hay otro misterio de
Dios fuera de Cristo") (San Agustín, ep. 187, 34). La obra
salvífica de su humanidad santa y santificante es el sacramento
de la salvación que se manifiesta y actúa en los sacramentos
de la Iglesia (que las Iglesias de Oriente llaman también "los
santos Misterios"). Los siete sacramentos son los signos y los instrumentos
mediante los cuales el Espíritu Santo distribuye la gracia de Cristo,
que es la Cabeza, en la Iglesia que es su Cuerpo. La Iglesia contiene
por tanto y comunica la gracia invisible que ella significa. En este sentido
analógico ella es llamada "sacramento".
"La Iglesia es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento
de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género
humano "(LG 1): Ser el sacramento de la unión íntima
de los hombres con Dios es el primer fin de la Iglesia. Como la comunión
de los hombres radica en la unión con Dios, la Iglesia es también
el sacramento de la unidad del género humano. Esta unidad ya está
comenzada en ella porque reúne hombres "de toda nación,
raza, pueblo y lengua" (Ap 7, 9); al mismo tiempo, la Iglesia es
"signo e instrumento" de la plena realización de esta
unidad que aún está por venir.
Como sacramento, la Iglesia es instrumento de Cristo. Ella es asumida
por Cristo "como instrumento de redención universal"
(LG 9), "sacramento universal de salvación" (LG 48),
por medio del cual Cristo "manifiesta y realiza al mismo tiempo el
misterio del amor de Dios al hombre" (GS 45, 1). Ella "es el
proyecto visible del amor de Dios hacia la humanidad" (Pablo VI,
discurso 22 junio 1973) que quiere "que todo el género humano
forme un único Pueblo de Dios, se una en un único Cuerpo
de Cristo, se coedifique en un único templo del Espíritu
Santo" (AG 7; cf. LG 17).
RESUMEN
La palabra "Iglesia" significa "convocación".
Designa la asamblea de aquellos a quienes convoca la palabra de Dios para
formar el Pueblo de Dios y que, alimentados con el Cuerpo de Cristo, se
convierten ellos mismos en Cuerpo de Cristo.
La Iglesia es a la vez camino y término del designio de Dios: prefigurada
en la creación, preparada en la Antigua Alianza, fundada por las
palabras y las obras de Jesucristo, realizada por su Cruz redentora y
su Resurrección, se manifiesta como misterio de salvación
por la efusión del Espíritu Santo. Quedará consumada
en la gloria del cielo como asamblea de todos los redimidos de la tierra
(cf. Ap 14,4).
La Iglesia es a la vez visible y espiritual, sociedad jerárquica
y Cuerpo Místico de Cristo. Es una, formada por un doble elemento
humano y divino. Ahí está su Misterio que sólo la
fe puede aceptar.
La Iglesia es, en este mundo, el sacramento de la salvación, el
signo y el instrumento de la Comunión con Dios y entre los hombres.
 
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