EDITORIAL




















 

La Iglesia como madre y maestra, experta en humanidad, debe discernir e iluminar desde el evangelio y su enseñanza social, las situaciones, los sistemas, las ideologías y la vida política. Estas palabras de nuestros obispos reunidos en Puebla en 1979 aclaran cual debe ser el aporte de los católicos a la democracia.

La campaña de linchamiento emprendida por los medios de difusión contra algunos obispos mexicanos es consecuencia de la fidelidad a la misión profética que todos hemos de realizar en un contexto donde todo se vale, todo se permite, todo se relativiza. Ejercer la santidad desde la política, buen desafío para nuestros laicos y para nuestra acción pastoral, que entre otras cosas, debería impulsar la formación de auténticos promotores del bien común que, más allá de partidos, colores, banderas o intereses personales, busquen desarrollar un espíritu de servicio, con sentido critico y positivo.