Beata
Isabella Canori Mora (1774-1825)
Por un
minuto piensa en las personas que viven en tu vecindario. ¿Podrías
llamar a alguno santo? Hubo un barrio en Italia donde efectivamente
una santa vivía en la casa contigua. La beata Isabella Canori
Mora quien llevó su vida de madre y esposa a la plena conformación
con Cristo en la cotidianeidad y en la adversidad de tener un esposo
que la maltrataba.
Quién
fue
Nació
en Roma el 21 de noviembre de 1774. Hija de Tommaso y Teresa Primoli,
en el seno de una familia de posición acomodada, profundamente
cristiana y diligente en la educación de sus hijos. Estudió
con las Hermanas Agustinas de Cascia (1785-88), donde destacó
por su inteligencia, una profunda vida interior y su espíritu
de penitencia. De regreso a Roma, tuvo una vida tranquila hasta
que en 1796 –cuando tenía 21 años- se casó
con el joven abogado romano Cristóforo Mora.
Para
ella, el matrimonio fue una decisión reflexionada, madura,
pero después de algunos meses, la fragilidad psicológica
de Cristóforo comprometió la serenidad de la familia.
Convirtió
a una mujer de mal vivir en su amante y a medida que pasaba el tiempo,
humilló y abusó de su esposa en distintas formas,
no ejerció más la abogacía, y gastó
tanto dinero en sus aventuras que terminó llevando a su esposa
e hijas a la extrema pobreza y una creciente deuda.
A la
violencia física y psicológica de su esposo, Isabella
respondió siempre con absoluta fidelidad. Nunca puso excusas,
conveniencias o intereses para justificar un abandono de su hogar,
para ella sólo primaba el código de fidelidad de amor
y rendición total.
Elizabeth
trató a su marido con paciencia gentil, ofreciendo penitencias
y oraciones por su conversión. Nunca pensó en separarse
de él, a pesar de los consejos de familiares y amigos. En
vez de esto, siempre amó, apoyó y perdonó a
su esposo esperando su conversión.
En 1801
sufrió una misteriosa enfermedad que la puso al borde de
la muerte. Se curó de forma inexplicable y tuvo su primera
experiencia mística.
Esta
es una vidente italiana de las tribulaciones de los últimos
tiempos de la Iglesia, que fue favorecida con los dones de la visión
y de la profecía.
El Señor
le hizo alcanzar la madurez para recibir las visiones y las ilustraciones
sobre el destino de la Iglesia. Recibió en forma clara los
estigmas de la pasión de Cristo, y en sus visiones vio las
tremendas batallas que tendrá que sostener la Iglesia en
los últimos tiempos bajo el poder de las tinieblas.
Tuvo
cuatro hijos, pero los dos primeros murieron a los días de
nacer. Con el abandono de su esposo, fue forzada a vivir trabajando
con sus propias manos para seguir al cuidado de sus hijas Marianna
y Luciana. Dedicó mucho tiempo a la oración, los pobres
y los enfermos.
Su hogar
pronto se convirtió en un punto de referencia para mucha
gente en busca de ayuda material y espiritual. Se dedicó
especialmente a cuidar de las familias en necesidad. Para ella,
la familia implicaba dar un espacio a cada persona, un lugar que
dé frutos de vida, fe, solidaridad y responsabilidad.
La familia,
para ella, era el templo en el que recibía al "al amado
Señor, Jesús de Nazaret" y a todos los que se
dirigían a ella. A través de la auto negación,
Elizabeth ofrecía su vida por la paz y la santidad de la
Iglesia, la conversión de su esposo y la salvación
de los pecadores.
En 1807
Elizabeth se unió a la Orden terciaria Trinitaria.
Respondió
con dedicación a la vocación al matrimonio y la consagración
secular. Sus admirables virtudes humanas y cristianas así
como la fama de su santidad se difundieron a través de Roma,
Albano y Marino, donde ganó fama de santidad.
En 5
de febrero de 1825, mientras era asistida por sus dos hijas, Isabella
falleció. Fue enterrada en Roma en la iglesia trinitaria
de San Carlino alle Quattro Fontane. Poco después de su muerte,
como ella misma predijo, su esposo se convirtió uniéndose
a la Orden Terciaria Trinitaria y después se ordenó
sacerdote de los franciscanos conventuales. Murió el 9 de
setiembre de 1845 y fue enterrado en la iglesia de los franciscanos
conventuales de Sezze.
Fue beatificada
junto al joven mártir Zaire Isidore Bakanja, y a otra madre
italiana santa, Gianna Beretta Molla, por el Papa Juan Pablo II
el 24 de abril de 1994, en el Año Mundial de la Familia.
Su fiesta se celebra cada 4 de febrero.
Algunas
visiones de Isabella Canori
En una
visión del 25 de marzo de 1816 vio:
"A
los miserables que cada día con mayor orgullo y desfachatez,
de palabra y de obra, con incredulidad y apostasía, van pisoteando
la santa religión y la divina ley. Se sirven de las palabras
de la Sagrada Escritura y del Evangelio, corrompiendo su verdadero
sentido para respaldar, así sus perversas intenciones y sus
torcidos principios".
El 15
de octubre de 1818 tuvo otra visión terrible:
"De
repente, dice, le fue mostrado el mundo. Lo veía todo en
revolución, sin orden ni justicia. Los siete vicios capitales
(soberbia, lujuria, ira, envidia, pereza, guía y avaricia)
eran llevados en triunfo, y por todas partes se veía reinar
la injusticia, el fraude, el libertinaje y toda clase de iniquidades.
Vio también Sacerdotes despreciando la Santa Ley de Dios
y cómo se cubría el Cielo de nubes negras; se levantaba
un tremendo huracán y en el mayor desconcierto se mataban
los hombres unos a otros. En castigo de los soberbios que con impía
presunción intentaban demoler la Iglesia desde los cimientos,
permitía Dios a los poderes de las tinieblas abandonar los
abismos del infierno . . ."
El triunfo
de la Iglesia.
En 1821
oyó al Señor hablar del triunfo de la Iglesia, pues
ésta saldría renovada de aquellas tormentas, encendida
en el primitivo celo de la Gloria de Dios, y que sería recordada
universalmente por los pueblos. Vendrá la reforma de la Iglesia
. . . "y la restauración de todas las cosas no se verificará
sin un profundo trastorno de todo el mundo, de todas las poblaciones".