DIOS
HABLA
Jn 6, 48-51
REFLEXIÓN
El Árbol
de la Vida es una institución muy peculiar: recibe a esas personas
a las que ya nadie quiere.
Personas
con Sida, enfermos terminales, discapacitados. Los que cruelmente se
podrían llamar "desechos humanos".
Allí,
en la pared, hay un letrero que dice "Aparte de quejarte, ¿qué
sabes hacer?" y aquellas personas que llegaron allí sin
esperanza, aprenden a dar amor, a amarse y a atenderse unos a otros.
No sólo
de pan vive el hombre, también de amor.
¿Se
puede enseñar a amar a Dios a una persona que tiene hambre? Esta
pregunta es la que justifica muchas acciones de católicos que
se quedan en el plano simplemente humano. Es urgente, ciertamente, remediar
el hambre del cuerpo, pero existe también el hambre de Dios que
también es exigente y no sabe esperar.
Los que tienen
hambre se sienten enojados con la vida, con Dios y se rebelan contra
la injusticia. A veces, cuando se ha caído en la desesperanza,
tratan de conseguir aquello a lo que tienen derecho hasta con la violencia.
Fácilmente son presa del mismo materialismo que los ha oprimido.
El camino
de la solidaridad pasa por el de la concientización. Y eso, en
un pueblo católico, tiene que partir del concepto de que todos
somos hermanos, hijos de un mismo Padre.
Jesús
se nos muestra como Pan de vida. Pan que del cielo baja, porque sabe
que así podemos entender la urgencia de tenerlo. Una urgencia
semejante a la necesidad de comer cuando se tiene hambre.
Pero los
que sabemos que somos hijos de Dios olvidamos con frecuencia que los
demás son nuestros hermanos cuando nuestra mesa está llena
y bien servida. Por eso no somos creíbles. Porque no somos solidarios.
Un Evangelio
sin justicia social es mudo, no se oye. Una justicia social sin Dios
se vuelve inhumana, totalitaria y dictatorial. Los pobres son un reto
para los creyentes. Los pobres son la opción de la Iglesia de
Latinoamérica. Y, o verdaderamente nos decidimos por ellos, o
hacemos falsa la palabra de Jesús que nos dice que él
es Pan de vida.
Hay comunidades
parroquiales y grupos católicos que son modelo por su liturgia,
ejemplares en su formación doctrinal, envidiables por el número
de participantes pero, si no manifiestan su fe en una pastoral social
efectiva "serán como bronces que resuenan" pero inmateriales
y sin espíritu. La fe se manifiesta por las obras.
La Iglesia
Católica, paulatinamente, va caminando por esa ruta de la solidaridad
con los más pobres.
Estamos aprendiendo
y urge que lo hagamos pronto porque hay a nuestro alrededor mucha gente
que nos está esperando. Y los que tienen hambre no tienen tiempo
de esperar, suelen morirse antes.
DOCTRINA:
Opción por los pobres.
308. Los
pobres son los primeros destinatarios de la evangelización, un
lugar de encuentro con el Señor y la voz que el Padre escucha,
y que nosotros los pastores, no podemos dejar de atender (Cf. Ex 3,
7-12; Le 4, 16-21; St 2, 2-7). El Amor de Jesucristo nos mueve a estarcen
ellos y prestarles nuestra voz.
Carta
Pastoral Del Encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos. Conferencia
del Episcopado Mexicano.
ORACIÓN
Señor,
me gusta alabarte,
buscarte en mi intimidad,
hablar largamente contigo
y gozarte en el esplendor de la liturgia.
Mi oración
sube hacia ti
como el incienso de las misas solemnes
y yo siento que te agrada
como agrada el olor del incienso;
te agrada porque me agrada.
Orando,
siento que participo de tu santidad,
me siento santo,
y eso me halaga.
Pero tú
no quieres así mi oración,
sin amor al prójimo
mi oración no tiene sentido,
no vale, está vacía.
No te puedo
amar,
mi Señor a quien nunca he visto,
si no soy capaz de amar primero
a mi hermano al que sí veo.
Si no es así,
mi oración es hipócrita,
es incoherente.
Señor, enséñame a amarte
en mis hermanos