DIOS
HABLA
Mt 6, 9-13
DOCUMENTOS
Donde no
hay caridad, no puede haber justicia.
San Agustín
El que se
ocupa demasiado en hacer e! bien no tiene tiempo de ser malo.
Rabíndranath Tagore
Facilitar una buena
acción es lo mismo que hacerla.
Mahoma
Buscando
el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro.
Platón
Bienaventurado
el que, dejando aparte su gusto e inclinación, mira las cosas
en razón y justicia para hacerlas.
San Juan de la Cruz
REFLEXIÓN
Con eso de
la disminución de la natalidad y con eso de que "la familia
pequeña vive mejor", estamos viendo un fenómeno que
antes no existía: los ancianos abandonados. Se multiplican los
asilos que son insuficientes para tanto viejo sin familia. Tuvieron
pocos hijos y los pocos que tuvieron les fallaron.
En una vecindad del Barrio bravo de Tepito (México, D.F.) había
una anciana de esas que se quedaron solas. Mientras pudo ganarse la
vida de un modo o de otro lo hizo, pero llegó el momento en que
las fuerzas la abandonaron y se quedó en su cama a esperar la
muerte. Entonces las vecinas, esas buenas mujeres, aparecieron en su
vida. Una le llevaba de comer ¡y le daba de comer en la boca con
la ternura de una hija!, otra la bañaba, otra aseaba su casa
y, lo más importante: le daban compañía, porque
la soledad es lo que más sufren los viejos. Cuando llegaba el
final llamaron al sacerdote que la atendió y se dio cuenta del
cuidado de las vecinas.
Para cerrar
con broche de oro, al morir ella, la velaron, llevaron al sacerdote
a que celebrara de cuerpo presente y la enterraron.
En la Misa,
el padre agradeció a las vecinas su amoroso cuidado y les dijo
que sobre la puerta de la vecindad bien podían poner un letrero
que dijera "aquí está el Reino de los Cielos".
Aquella señorona
a la que la vida y el comercio le habían dado los medios para
una vida cómoda, era muy dada a las caridades, discretas, oportunas
y generosas.
Un día
me presentó a su hermana: "Le presento a mi desayuno".
Mostré
extrañeza y pensé que era una broma y, entonces me contó
su historia.
"Cuando
yo era niña éramos muy pobres. Yo tenía mucha hambre
y le pedí a mi mamá que me diera mi desayuno- Mamá
fue a ver al hombre de la tienda para que nos diera algo para comer
a cambio de trabajo. El tendero le pidió a cambio algo indecoroso.
Mi mamá llegó a casa y me dio un desayuno que sólo
yo comí. A los nueve meses nació mi hermana. Por eso digo
que es mi desayuno".
Comprendí
el por qué ella hacía obras de caridad.
Una vez le
pregunté a un musulmán qué era lo que le pedía
su religión y se puso a enumerar sus mandamientos: no tomar vino,
orar cinco veces al día, ayunar en el mes del Ramadán,
ir en peregrinación a la Meca y ¡dar limosna a los pobres!
Confieso
que me dio envidia pero luego me puse a pensar que también nosotros
los católicos cumplimos ese mandato de Dios aún cuando
no lo expresemos de una forma tan precisa. Hablan de ese cumplimiento
los pobres que tradicionalmente se ponen a las entradas de los templos
pidiendo una limosna "por el amor de Dios" y hablan tantas
y tantas obras piadosas, asilos y orfanatos, que se sostienen de las
limosnas de los buenos cristianos que ayudan poco a poquito.
Sí,
gracias a Dios, los católicos sabemos hacer presente el Cielo
en la tierra con la generosidad de una ayuda dada en lo secreto, sin
que la mano izquierda se entere de lo que hace la derecha.
Antiguamente,
en las familias en las que se vivía la fe, se acostumbraba ir
a visitar a los pobres. Se escogía a alguna familia en la pobreza
y los padres de familia con sus hijos, visitaban a aquella familia y
le llevaban ayuda en forma de alimentos, ropa o medicinas. Todo esto
con mucha discreción y con un gran respeto de la dignidad de
los pobres, es decir, con caridad cristiana.
La vida moderna
nos aísla. No nos deja ver más allá de las puertas
de nuestra casa. "Cada quien para su Santo" es el lema bajo
el que vivimos. Estamos deshumanizados.
Las familias
católicas, rompan ese aislamiento, abran las puertas de sus casas
para salir y dar, para que otros entren y poder recibir. Dicen que las
casas de los cristianos no deberían tener puertas.
Los que esperamos
el Cielo debemos comenzar a construirlo desde la tierra. Cada vez que
hacemos el bien, hacemos que este mundo se parezca un poquito más
a ese Cielo que esperamos.
DOCTRINA: Reino de los cielos
125. Por
lo tanto, los cristianos estamos llamados no sólo a una honestidad
ética individual, sino a la búsqueda de una permanente
conversión que lleva a cambios reales en nuestras relaciones
sociales, políticas, económicas, culturales, de manera
que transformemos este mundo a la luz del Reino de Dios y sus bienaventuranzas.
Carta
Pastoral Del Encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos. Conferencia
del Episcopado Mexicano
ORACIÓN
Venga a nosotros
tu Reino, Señor.
No como el reino de este mundo
en el que nos cuidamos unos de otros
como si no fuéramos hermanos.
Que venga
tu Reino, Señor,
ese Reino de justicia, de paz y de amor,
en el que pensemos en el bien de los demás,
antes de pensar en nuestro propio bien.
Reino de tolerancia,
perdón ¡y olvido!
No más guerras. Señor,
ni invasiones, ni despojos,
ni infidelidades ni engaños.