TEMA 2
...PORQUE TUVE HAMBRE Y ME DISTE DE COMER

 

 

DIOS HABLA
Mt 25, 31-46

LA REALIDAD: Riesgos de la desnutrición

Estudios realizados por la Asociación Mexicana para el Estudio de la Obesidad, han demostrado que los niños con una inadecuada alimentación tienen el 24 por dentó de posibilidades de desarrollar obesidad, aún cuando los padres sean delgados.

La desnutrición es el desbalance entre los nutrimentos requeridos y los que se ingieren, de acuerdo con investigadores del Instituto Nacional de Nutrición Salvador Zubirán.

De acuerdo con el informe "La Desnutrición a Nivel Municipal en México", la prevalencia de la desnutrición moderada y grave es de alrededor del 20 por ciento entre los preescolares del medio rural y del 7 por ciento en el urbano de escasos recursos.

A consecuencia de una dieta inadecuada, los niños pueden manifestar menor talla y peso, bajo aprovechamiento escolar, apatía y deficiencia en su maduración intelectual, mayor propensión a las enfermedades y riesgo de sufrir padecimientos crónicos en la edad adulta.

La última Encuesta Nacional de Nutrición, realizada en 1999, advierte sobre una mayor prevalencia de sobrepeso y obesidad en los niños de las zonas urbanas, mientras que en el ámbito rural el problema es la desnutrición,

REFLEXIÓN

"Hacía mucho tiempo que mi papá no tenía trabajo. Pasaba el día fuera de la casa. Pero yo pienso que no era tanto para encontrar un trabajo sino porque le dolía estar en casa dándose cuenta de que necesitábamos dinero para ir a la escuela, o para comprar algún cuaderno, o para comer. Ya no teníamos nada para comer. Ese día yo vi a mi mamá tomar unas tortillas secas, cortarlas en pedacitos y freirías con el cuidado que ponía siempre que nos hacía de comer. Nos sirvió unos sabrosos chilaquiles que nosotros comimos con gusto, sin saber que era lo único y lo último que nos quedaba para comer. Mientras comíamos vi a mi mamá llorar y yo no sabía por qué".

Una vez, durante la homilía, le preguntaba a los fieles cuál es el dolor más grande. Unos dijeron que la muerte de un ser querido, otro por allí dijo que ser traicionado por el ser amado, otros que no tener trabajo, otros que estar en la cárcel, unas mamas decían que tener un hijo vicioso- Dolores grandes, enormes; aquello parecía una competencia. Para mí que ganó una mamá que dijo: "Ver morir a mi hijito de hambre".

Me comprometí con un grupo misionero que iba los fines de semana a un pueblito del Mezquital cercano a Ixmiquilpan. MÍ ilusión era enseñar el evangelio y aprender un idioma autóctono. Enseñé muy poco y aprendí muchísimo. Más que un idioma, aprendí lo que es el hambre. No el hambre sana que se tiene después de hacer ejercicio o de trabajar duro, sino esa hambre heredada que marca a un pueblo que la ha sufrido y la sufre. Los otomíes del Mezquital viven en una tierra que no es tierra, es tepetate que no produce más que cactáceas. Cardos y magueyes pululan en todo el paisaje. No hay agua. Tienen que recorrer varios kilómetros para conseguirla. Beben pulque porque está al alcance de su mano. No hay ganado. Por allí se ven unas cuantas gallinas de las que no se comen la carne ni los huevos porque los venden en el mercado próximo. Todo el día hombres, mujeres y niños se la pasan hilando el ixtle que venderán por unos cuantos pesos. Un día me invitaron a comer a una de esas casitas con paredes de cactus y techo de hojas de maguey, casas sin puerta porque son honrados y porque no tienen nada que les roben. Me dieron lo que tenían; tortillas con chile. Nada más. Ni frijolitos ni huevo ni... ¡Tortillas con chile!, y las compartieron conmigo.

Me enteré que por el trabajo de toda la familia recibían el equivalente diario de lo que yo me gastaba

en una Coca y un Gansíto. Muchos de ellos vivían de lo que sus mujeres y sus hijas ganaban trabajando como sirvientas en el D.F.

Hambre, Era un pueblo con hambre.

No aprendí Otomí, pero desde entonces veo con mayor respeto a mis hermanos indígenas.

El hambre de todos los días, de toda una vida, se llama "desnutrición" y hace estragos en la niñez de los pobres. Con hambre no se rinde en el estudio, no se trabaja a fondo, no hay salud ni desarrollo físico. Van de la mano la pobreza y el hambre.

¿Qué podemos hacer por los que tienen hambre?

Los que puedan hacerlo, ofrezcan trabajo con salarios justos.

Los que puedan hacerlo, subsidien una alimentación emergente. ¡Benditos desayunos escolares que suelen ser el único pan de los niños!

Los que puedan hacerlo, enseñen las normas elementales de una buena nutrición.

Los que nada podemos, seamos solidarios ayudando a los organismos que combaten el hambre en el mundo.

Formémonos una cultura de alimentación sana.

Salgamos de esa cultura del desperdicio y vivamos con mayor sobriedad.

Demos de comer al hambriento, como nos enseña Jesús.


DOCTRINA: Caridad.

215. También es tiempo de profundizar en la virtud de la caridad como el principio dinamizador de todo el ser y el quehacer de la Iglesia. La koinonía debe inspirar de múltiples formas la comunicación cristiana de los bienes debido a que la Iglesia es un cuerpo orgánico y organizado en el que todos los miembros tienen una función, donde nadie es despreciable y todos participan en su edificación de acuerdo a los carismas y dones que han recibido (Cf. Rom 12; 1 Cor 11 -13). Es precisamente la virtud de la caridad, como principio dinamizador, lo que hace que la comunidad eclesial comparta sus bienes y busque que nadie pase necesidad (Cf- Hch. 2, 42 s; 4, 32 ss).

Carta Pastoral Del Encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos. Conferencia del Episcopado Mexicano

ORACIÓN

Yo te decía:
"Gracias, Señor, porque no soy como los demás hombres...
Yo no mato, ni robo, tú lo sabes. Señor.
Yo no engaño, ni soy infiel.

Trabajo todos los días porque soy responsable de los míos.
Soy buen padre, buen esposo, buen amigo.
Voy a Misa los domingos y ayudo a mi Parroquia.
Gracias, Señor, porque soy bueno".
Y entonces tú me dijiste:
"¡No me diste de comer, ni me ofreciste un vaso de agua.
No te gustaba visitarme cuando estaba yo enfermo por temor a un contagio.
Ni siquiera has pisado una cárcel porque es un lugar deprimente.
Cuando te lo pedí, me mandabas montones de ropa usada y sucia, de esa que ya pensabas tirar a la basura.
No me ofreciste hospedaje porque desconfiabas de mí, porque no me conocías y tenía yo mala facha"

Y yo te digo:

"Perdón, Jesús, porque no soy bueno".