DIOS HABLA
Lectura del Génesis
Gn 1,26-28
DATOS ESTADÍSTICOS
• Alrededor
de 24.000 personas mueren cada día de hambre o de causas relacionadas
con el hambre.
• Un
75% de los fallecidos son niños menores de cinco años.
• Hoy
en día, un 10% de los niños de los países en desarrollo
mueren antes de cumplir cinco años.
• La
mayoría de las muertes por hambre se deben a desnutrición
crónica. La hambruna y las guerras son causantes también
de este mal.
• Además
de la muerte, la desnutrición crónica también causa
discapacidades visuales, desgano, crecimiento deficiente y una susceptibilidad
mucho mayor a padecer enfermedades. Las personas con desnutrición
grave son incapaces de funcionar siquiera a un nivel básico.
• Se
estima que unos 800 millones de personas en el mundo sufren de hambre
y desnutrición, una cantidad 100 veces mayor que el número
de personas que mueren por esta causa al año.
• A
menudo sólo se necesitan unos pocos y sencillos recursos para
que la gente pobre pueda cultivar los alimentos necesarios para volverse
autosuficiente. Estos recursos incluyen semillas de calidad, herramientas
adecuadas y acceso al agua.
• Muchos
expertos en el tema del hambre opinan que, a fin de cuentas, la educación
constituye la mejor manera de reducir el hambre. La gente que tiene
acceso a la educación cuenta con los mejores medios para salir
del círculo de pobreza que causa el hambre.
Fuentes:
CARE; The
Institute for Food and Developrnent Policy; Programa Mundial de Alimentación
de las Naciones Unidas
(PMA); Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura
y la Alimentación (FAO); Oxtam; Fondo de las
Naciones Unidds para la Infancia (UNICEF)
REFLEXIONEMOS
Los medios
de comunicación han puesto a nuestro alcance un muy amplio conocimiento
de la Tierra y de sus riquezas. Sin viajar, sin movernos de nuestro
cómodo sillón, nos damos cuenta de lo maravillo que es
nuestro planeta Tierra y aprendemos a respetarlo y a cuidarlo. Poco
a poco se ha ido forman una cultura ecológica en las nuevas generaciones
y ha ¡do creciendo, también, la esperanza de salvar nuestro
planeta de su destrucción en manos del mayor depredador de la
historia: el hombre.
Nuestra madre
Tierra es una madre generosa que da de comer a sus hijos lo suficiente
para sobrevivir poblar y dominar la tierra. Ella es generosa, pero el
hombre no.
El hombre acapara bienes de una forma egoísta sin importarle
su hermano que se queda sin nada.
Hay una caricatura que nos hace pensar: un niño "tercermundista"
junto a un niño del "primer mundo El primero, esqueleto
viviente de ojos saltones y vientre hinchado, dice "Mamá,
tengo hambre".
El segundo, rubicundo y mofletudo, dice: "Mamá, no tengo
hambre".
Mientras unos mueren de hambre, otros mueren de indigestión.
Hay países ricos que nadan, en la abundancia en medio de una
cultura del desperdicio. Hay países paupérrimos que se
mueren, fatal y paulatinamente, de hambre.
¿Cuestión de suerte? ¿O acaso se deba a que los
países ricos son trabajadores y los países pobres son
haraganes e ineptos?
La historia
nos dice otra cosa: esos países ricos lo son a costa de la explotación
de los países empobrecidos. Y lo que sucede entre los países,
sucede también entre las diferentes clases sociales dentro de
un mismo país. Mientras unos viajan velozmente por la supercarretera
del modernismo y de la prosperidad, otros se quedan a un lado del camino
viendo pasar a los que ni siquiera los verían si no fuera porque
su pobreza afea su entorno.
Los que tenemos
somos inconscientes de los que nada tienen. Los vemos y pensamos, quizás
hasta con dejo de lástima, que los pobres no han tenido ni nuestra
suerte ni nuestra capacidad para poder tener y tener en abundancia.
No nos sentimos culpables y, en realidad, no lo seríamos porque
ni hemos robado ni hemos engañado a nadie. Nuestro pan de cada
día ha sido ganado legalmente con el sudor de nuestra frente.
Pero este es el momento de ponernos a pensar que sí hay algo
de culpa en nosotros no hemos hecho nada por los demás.
Cuentan de
un hombre bien vestido y bien comido que se enfrentó una noche
a un espectáculo cruel y estremecedor. Lo conmovió hasta
las entrañas. Lo sacudió.
Allí, bajo la llovizna de la noche fría, titiritando y
mal cubriéndose con húmedos periódicos, un niño
imploraba una ayuda. Los enormes ojos de niño dejaban escapar
una lágrima que se unía a la lluvia fría.
Aquel hombre
se inquietó, tenía corazón y, en el fondo, era
bueno. Llegó al calor de su hogar y, frente al hermoso crucifijo
que adornaba su recamara se quejó con Dios; "Señor,
¿qué haz hecho por ese niño?". Y se sintió
bueno.
Entonces
escuchó en su corazón, muy claramente, la voz divina:
"Te hice a ti". Y se sintió malo. ¿Qué
hizo después? No lo sabemos. ¿Qué hubieras hecho
tú? ¡¿Qué haces tú?! Dios hizo el
mundo para todos. La próxima vez que te sientes a tu mesa y bendigas
y des gracias a Dios por los santos alimentos, piensa, piensa un poquito,
en que parte de esos alimentos fueron hechos para que otros, con más
hambre que tú, comieran para sobrevivir.
DOCTRINA
DE LA IGLESIA: Necesidad de ayudar.
228. Los
cristianos, sin ser del mundo, viven en el mundo y sin tener aquí
morada permanente, tienen por Patria la tierra en que les tocó
vivir. La fe en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, obliga
a los cristianos a participar en toda actividad humana anunciando la
Verdad que han encontrado. Soto por ignorancia o por prejuicio puede
sostenerse que la fe en Jesucristo deba quedar excluida de una auténtica
incidencia en la vida social e institucional de nuestra Nación.
Carta
Pastoral Del Encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos. Conferencia
del Episcopado Mexicano.
ORACIÓN
REFLEXIONEMOS
Padre Dios,
tú eres bueno y justo.
Tú das al pájaro su nido
y a la flor del campo su vestido.
Tú hiciste pródigamente maternal
a nuestra madrecita Tierra.
Con el trabajo de nuestras manos
y con el sudor de nuestra frente honrada,
ella nos da de comer a nosotros sus hijos.
Pone un pan para cada uno en nuestra mesa,
pero la inconsciencia del hombre
hace que algunos se queden con dos, o con más,
mientras otros muchos comparten un mendrugo
o se quedan sin nada.
Bendice, Padre bueno y justo
el pan de nosotros tus hijos,
pero bendice también nuestros corazones
para que sepamos dar a cada quien su propio pan.
Amén.