Autor:
P. Sergio Román Del Real
INTRODUCCIÓN
Nuestra vida
transcurre tan rápido que no tenemos tiempo de reflexionar. Una
vida sin reflexión pierde plenitud, no la apreciamos, la vivimos
a medias.
Vivir a medias
causa insatisfacción. Perdemos el sentido de vivir. Vivimos por
vivir, de una forma automática, como esos robots que vemos en
la TV.
Nuestra vida
puede transcurrir sin sentido y, para dárselo, buscamos estimulantes
externos que la llenen de emoción o de placer.
Es una búsqueda
inútil, a fin de cuentas caemos de nuevo en nuestra realidad:
seguimos vacíos y, ahora, hastiados de nosotros mismos.
Si algo nos
llena, sí algo nos enriquece en realidad, tiene que salir de
nuestro propio corazón, de dentro de nosotros mismos. Y ese algo
está allí, esperando poder salir para darle a nuestra
vida mayor calidad.
Y ese algo
ha sido puesto allí por Dios cuando nos creó a su imagen
y semejanza. Es lo que nos hace parecemos a él.
Cuando hacemos
un juicio de nosotros mismos decimos: "en el fondo soy bueno".
Es cierto;
pero no tenemos tiempo para dejar salir eso bueno que hay en nosotros
y, ciertamente, sólo eso puede hacernos felices.
Aquí
tenemos una oportunidad para reflexionar sobre la vida en orden a dejar
salir eso bueno que hay en nuestros corazones. La reflexión es
una invitación a ser nosotros felices haciendo felices a otros.
No hay otro camino para darle sentido a nuestra vida.