La Iglesia no puede entenderse en sí y por sí misma, porque
está al servicio de las otras dos realidades: el Reino y el Mundo;
éstos son, de hecho, los pilares sobre los que debe asentarse
la Iglesia.
El Reino
es la realidad que engloba a las otras dos. El reino significa la realización
del sueño de Jesús. Es el motivo de su venida, es el fin
bueno de todo lo creado, cuando la creación ya este liberada
de todas las imperfecciones y limitaciones y penetrada por lo divino.
El Reino
es la consumación, la etapa final de la salvación.
El Mundo
es el lugar donde el Reino se hace concreto, donde se realiza. Pero
como el mundo esta marcado por el pecado y lleva la lógica de
los hombres, para que este Reino llegue, necesita de la colaboración
de todos los hombres. El Mundo es pues el espacio donde las fuerzas
del Reino empujan para que prevalezcan sus valores, pero las fuerzas
del antirreino luchan contra él.
La Iglesia
es aquella parte del mundo, no la única que con la fuerza del
Espíritu ha acogido la misión de construir el Reino. Por
tanto la Iglesia no es el Reino sino solamente un signo e instrumento
de él. Signo porque debe adelantar sus características,
e instrumento porque es, por medio de ella que lo podemos construir
aquí en el mundo.
Éste
es pues el orden correcto de estas categorías. En primer lugar
el Reino como la primera y definitiva realidad que engloba a las otras.
Viene después el Mundo, como el espacio donde la Iglesia se realiza,
donde vive su misión y es también el lugar donde el Reino
se hace presente. Por último la Iglesia, como realización
anticipatoria y sacramental del Reino y como instrumento para que los
hombres podamos hacerlo realidad.
Errores
que debemos evitar:
Es muy
común identificar a la Iglesia con el Reino, sin embargo esta
identificación hace que surja una imagen de la Iglesia sumamente
abstracta, espiritualista e insensible al mundo y a los hombres.
Po otro
lado, una identificación de la Iglesia con el Mundo nos conduce
a una imagen mundana de la Iglesia, en competencia con otros poderes
seculares por el poder.
Una Iglesia
centrada en sí misma, no articula con el Reino ni con el Mundo,
hace aparecer una imagen eclesial autosuficiente, triunfalista, de sociedad
perfecta, que no respeta la autonomía de lo civil.
Cuadernos
de Pastoral Social No 1, Sergio López Guerrrero, Teódulo
Guzmán Anell, s.j. Kolping-Xalapa. Arquidiócesis de Xalapa,
México 1997