¿QUE
ES LA SANTIDAD?
Por Pbro. Dr. Francisco Fernández Carvajal
A través
de estas citas y comentarios de algunos santos podemos profundizar en
el conocimiento de lo que es la Santidad.
Citas
de la Sagrada Escritura
Todos
los fieles, cada uno en su propio camino, son llamados a la santidad
Santidad
en las tareas de cada dia
Sólo
Dios puede llenar el corazón humano
Santidad
y «cosas pequeñas»
Santificación
del trabajo
Prontitud
y alegría en nuestro trato con Dios y con los demás
Con
santidad personal se vencen todas las dificultades
Lucha
ascética cada día
El
principal objetivo del hombre
Santidad
y apostolado
Citas
de la Sagrada Escritura
[.. .] quien
ha empezado en vosotros la buena obra, la llevará a cabo hasta
el día de la venida de Nuestro Señor Jesucristo. Flp 1,
6.
[...] Mas
Dios, dador de toda la gracia, que nos llamó a su eterna gloria,
El mismo os perfeccionará, fortificará y os consolidará.
l Pdr 5, 10.
Llegado en
poco tiempo a la perfección, vivió una larga vida. Sub4,
13.
Anda en mi
presencia y sé perfecto. Gen 17, 1.
Sed pues,
perfectos, como perfecto es vuestro Padre celestial. Mt 5, 48.
En el amor
no hay temor, pues el amor perfecto desecha el temor; porque el temor
supone castigo, y el que teme no es perfecto en el amor. 1 Jn 4, 18.
Yo he venido
para que tengan vida, y la tengan abundante. Jn 10, 10.
Pero el que
guarda su palabra, en ése la caridad de Dios es verdaderamente
perfecta. En esto conocemos que estamos en El. 1 Jn 2, 5.
Sí
quieres ser perfecto, ve, vende cuanto tienes dalo a los pobres, y tendrás
un tesoro en los cielos, y ven y sígueme. Mt 19, 21.
Sed santos
para mí, porque yo, Yavé, soy santo, y os he separado
de las gentes para que seáis mios. Lev 20, 26.
Por cuanto
que en El nos eligió antes de la constitución del mundo
para que fuésemos santos e inmaculados ante El en caridad. Ef
1, 4.

SELECCIÓN
DE TEXTOS
Todos
los fieles, cada uno en su propio camino, son llamados a la santidad
En mis charlas
con gentes de tantos paises y de los ambientes sociales más diversos,
con frecuencia me preguntan: ¿Y qué nos dice a los casados?
¿Qué, a los que trabajamos en el campo? ¿Qué,
a las viudas? ¿Qué, a los jóvenes? Respondo sistemáticamente
que tengo un solo puchero. Y suelo puntualizar que Jesucristo Señor
Nuestro predicó la buena nueva para todos, sin distinción
alguna. Un solo puchero y un solo alimento: mi comida es hacer la voluntad
del que me ha enviado, y dar cumplimiento a su obra (Jn 4, 34). A cada
uno llama a la santidad, de cada uno pide amor: jóvenes y ancianos,
solteros y casados, sanos y enfermos, cultos e ignorantes, trabajen
donde trabajen, estén donde estén. (J. ESCRIVÁ
DE BALAGUER, Amigos de Dios, 294).
Nuestro
fin debe ser nuestra perfección; nuestra perfección es
Cristo. (S. AGUSTIN, Coment. sobre el Salmo 69).
El estilo
de la vida espiritual propia de los laicos debe recabar su nota característica
del estado de matrimonio y de familia, de soltería o de viudez,
de la situación de enfermedad, de la actividad profesional y
social. No deje, por tanto, de cultivar con asiduidad las cualidades
y dotes que, adecuadas a tales situaciones, les han sido dadas, y hagan
uso de los dones personales recibidos del Espíritu Santo. (CONC.
VAT. II, Decret. Apostolicam actuositatem, 4).
Todos
estamos llamados a la santidad; para todos hay las gracias necesarias
y suficientes; nadie está excluido [...].
La tentación
más engañosa y que se repite siempre, es la de querer
cambiar la sociedad, cambiando solamente las estructuras externas; querer
hacer feliz al hombre en la tierra, satisfaciendo únicamente
sus necesidades y sus deseos.(JUAN PABLO II, Hom. 26-X-1980).
La devoción
debe ser practicada de una forma por el caballero y de otra por el artesano;
por el criado y por el príncipe; por la viuda y por la soltera;
por la doncella y por la casada; hay que relacionar su práctica
con las fuerzas, las ocupaciones y los deberes de cada estado. Yo te
ruego que me respondas [...]: ¿Sería justo que el obispo
observase una vida de soledad semejante a la del monje cartujo? Y si
los casados no quisieran poseer nada como los capuchinos, y el artesano
pretendiese estar todo el día en el templo como los religiosos;
y el religioso, entregado a toda suerte de relaciones para servir al
prójimo, como el obispo, ¿no sería todo ello devoción
ridícula, desordenada e intolerable? [...]. No [...], la devoción
nada perjudica cuando es verdadera; al contrario, todo lo perfecciona;
y cuando se pronuncia contra la vocación de alguno hay que considerarla
como falsa. (S. FRANCISCO DE SALEs, Introd. a la vida devota, 1, 3,
19-20).
La llamada
a la santidad y la consiguiente exigencia de santificación personal,
es universal: todos, sacerdotes y laicos, estamos llamados a la santidad;
y todos hemos recibido, con el Bautismo, las primicias de esa vida espiritual
que, por su misma naturaleza, tiende a la plenitud. (A. DEL PORTILLO,
Escritos sobre el sacerdocio, p. 111).
Quedan,
pues, invitados y aun obligados todos los fieles cristianos a buscar
insistentemente la santidad y la perfección dentro del propio
estado. Estén todos atentos a encauzar rectamente sus afectos,
no sea que el uso de las cosas del mundo y un apego a las riquezas contrario
al espíritu de pobreza evangélica les impida la prosecución
de la caridad perfecta. Acordándose de la advertencia del Apóstol:
Los que usan de este mundo no se detengan en eso, porque los atractivos
de este mundo pasan (cfr. 1 Cor 7, 31). (CONC. VAT. II, Const. Lumen
gentium, 42).
Tienes obligación
de santificarte. -Tú también. -¿Quién piensa
que ésta es labor exclusiva de sacerdotes y religiosos? A todos,
sin excepción, dijo el Señor: «Sed perfectos, como
mi Padre Celestial es perfecto». (J. ESCRIvÁ DE BALAGUER,
Camino, n. 291).
Lo han imitado
los santos mártires hasta el derramamiento de su sangre, hasta
la semejanza con su pasión; lo han imitado los mártires,
pero no sólo ellos. El puente no se ha derrumbado después
de haber pasado ellos; la fuente no se ha secado después de haber
bebido ellos.
Tenedlo presente,
hermanos: en el huerto del Señor no sólo hay las rocas
de los mártires, sino también los lirios de las vírgenes
y las yedras de los casados, así como las violetas de las viudas.
Ningún hombre, cualquiera que sea su género de vida, ha
de desestimar su vocación: Cristo ha sufrido por todos Con toda
verdad está escrito de él: Nuestro Salvador quiere que
todos los hombres se salven y lleguen al pleno conocimiento de la verdad.
(S. AGUSTIN, Sermón 304).
Todos los
fieles cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos
con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados
por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección
de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre. (CoNc. VAT.
II, (Const. Lumen gentium, 11).
¿Qué
es la santidad? Es precisamente la alegría de hacer la Voluntad
de Dios. (JUAN PABLO II, Hom. 18-1-1981).

Santidad
en las tareas de cada dia
No hay situación
terrena, por pequeña y corriente que parezca, que no pueda ser
ocasión de un encuentro con Cristo y etapa de nuestro caminar
hacia el Reino de los cielos.(J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo
que pasa, 22).
Una mujer
ocupada en la cocina o en coser una tela puede siempre levantar su pensamiento
al cielo e invocar al Señor con fervor. Uno que va al mercado
o viaja solo, puede fácilmente rezar con atención. Otro
que está en su bodega, ocupado en coser los pellejos de vino,
está libre para levantar su ánimo al Maestro. El servidor,
si no puede llegarse a la iglesia porque ha ido de compras al mercado
o está en otras ocupaciones o en la cocina, puede siempre rezar
con atención y con ardor. Ningún lugar es indecoroso para
Dios. (S. JUAN CRISÓSTOMO, Hom. 4, sobre la Profetisa Ana).
Todos los
fieles cristianos, en cualquier condición de vida, de oficio
o de circunstancias, y precisamente por medio de todo eso, se podrán
santificar de dia en día, con tal de recibirlo todo con fe de
la mano del Padre celestial. (CONC. VAT II, Const. Lumen gentium, 41).
No es posible
creer en la santidad de quienes fallan en las virtudes humanas más
elementales. (A. DEL PORTILLO, Escritos sobre el sacerdocio, p. 28).
En esa tarea
profesional vuestra, hecha cara a Dios, se pondrán en juego la
fe, la esperanza y la caridad. Sus incidencias, las relaciones y problemas
que trae consigo vuestra labor, alimentarán vuestra oración.
El esfuerzo para sacar adelante la propia ocupación ordinaria,
será ocasión de vivir esa Cruz que es esencial para el
cristiano. La experiencia de vuestra debilidad, los fracasos que existen
siempre en todo esfuerzo humano, os darán más realismo,
más humildad, más comprensión con los demás.
Los éxitos y las alegrías os invitarán a dar gracias,
y a pensar que no vivís para vosotros mismos, sino para el servicio
de los demás y de Dios. (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo
que pasa, 49).
[...] equivocaríamos
el camino si nos desentendiéramos de los afanes temporales: ahí
os espera también el Señor; estad ciertos de que a través
de las circunstancias de la vida ordinaria, ordenadas o permitidas por
la Providencia en su sabiduría infinita, los hombres hemos de
acercarnos a Dios. (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 63).
Son más
numerosos sin comparación los acontecimientos cuyo realce social
queda por ahora oculto: es la multitud inmensa de las almas que han
pasado su existencia gastándose en el anonimato de la casa, de
la fábrica, de la oficina; que se han consumido en la soledad
orante del claustro; que se han inmolado en el martirio cotidiano de
la enfermedad. Cuando todo quede manifiesto en la parusía, entonces
aparecerá el papel decisivo que ellas han desempeñado,
a pesar de las apariencias contrarias, en el desarrollo de la historia
del mundo. Y esto será también motivo de alegría
para los bienaventurados, que sacarán de ello tema de alabanza
perenne al Dios tres veces Santo. (JUAN PABLO II, Hom. 11-II-1981).

Sólo
Dios puede llenar el corazón humano
Nos hiciste,
Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto
hasta que descanse en ti. (S. AGUSTIN, Confesiones, 1, 1).
¿Buscáis
aquí -en este mundo- el alimento como cosa preciosa? Dios será
vuestro alimento. ¿Buscáis aquí los abrazos carnales?
Mi felicidad está en unirme a Dios (Sal 72, 28). ¿Buscáis
aquí las riquezas? ¿Cómo no poseeréis todo,
pues gozaréis de Aquel que ha hecho todo? Para quitar toda inquietud
a nuestra fe he aquí, en fin, lo que el Apóstol dice de
esta vida: Dios es todo en todos (1 Cor 15, 28). (S. AGUSTIN, Sermón
255, sobre el «alleluia»).
(Jesucristo)
tiene sed de nuestra sed. (S. GREGORIO MAGNO, Sobre el Bautismo, 40).
Nuestro Salvador
está siempre a disposición de los sedientos y, por su
benignidad, atrae a la celebración del gran día a los
que tienen sus entrañas sedientas, según aquellas palabras
suyas: El que tenga sed que venga a mí y que beba. (S. ATANASIO,
Carta 5).
Es mejor
para mi, Señor, sufrir la tribulación, con tal de que
tú estés conmigo, que reinar sin ti, disfrutar sin ti,
gloriarme sin ti. Es mejor para mí, Señor, abrazarme a
ti en la tribulación, tenerte conmigo en el horno de fuego, que
estar sin ti, aunque fuese en el mismo cielo. ¿Qué me
importa el cielo sin ti?; y contigo, ¿qué me importa la
tierra? (S. BERNARDO, Sermón 17).
Hacia el
El dirigen su mirada todos los que sienten necesidad de santificación;
hacia El tiende el deseo de todos los que llevan una vida virtuosa,
y su soplo es para ellos a manera de riego que los ayuda en la consecución
de su fin propio y natural.
Fuente de
santificación, luz de nuestra inteligencia, El es quien da, de
si mismo, una especie de claridad a nuestra razón natural, para
que conozca la verdad. (S. BASILIO MAGNO, Sobre el Espíritu Santo,
9).
Mas ¡con
qué sed se desea tener esta sed! Porque entiende el ánima
su gran valor y es sed penosisima que fatiga y trae consigo la misma
satisfacción con que es amada aquella sed; de manera que es una
sed que no ahoga sino a las cosas terrenas, antes da hartura; de manera
que cuando Dios le satisface, una de las mayores mercedes que puede
hacer al alma es dejarla con la misma necesidad, y mayor queda siempre
de tornar a beber esta agua. (SANTA TERESA Camino de perfección,
19, 2).
Pasa aquí
de algún modo como en el cielo, que los que más conocen
a Dios comprenden lo infinito que les queda por conocer. Y los que menos
le ven no les parece tanto lo que les queda por conocer. (S. JUAN DE
LA CRUZ, Cántico espiritual, 7, 9).
Es propio
de los buenos no gozar en donde hay grandes convites, sino en donde
brilla la bondad. (S. JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, vol.
III, p. 22).

Santidad
y «cosas pequeñas»
La santidad
«grande» está en cumplir los «deberes pequeños»
de cada instante. (J. ESCRIvÁ DE BALAGUER, Camino, n. 817).
María
santifica lo más menudo, lo que muchos consideran erróneamente
como intrascendente y sin valor: el trabajo de cada día, los
detalles de atención hacia las personas queridas, las conversaciones
y las visitas con motivo de parentesco o de amistad. ¡Bendita
normalidad, que puede estar llena de tanto amor de Dios! (J. ESCRIVÁ
DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 148).

Santificación
del trabajo
Los que
viven entregados al trabajo, con frecuencia duro, conviene que en ese
mismo trabajo humano se perfeccionen, ayuden a sus conciudadanos, traten
de mejorar la sociedad entera y la creación; mas aún,
traten también de imitar, en su activa caridad, a Cristo, cuyas
manos se ejercitaron en el trabajo, y que continúa trabajando
siempre por la salvación de todos en unión con el Padre;
gozosos en la esperanza, ayudándose unos a otros a llevar sus
cargas y sirviéndose del trabajo cotidiano para subir a una mayor
santidad, incluso apostólica. (CONC. VAT. II, Const. Lumen gentium,
41).
Se trata
de santificar el trabajo ordinario, de santificarse en esa tarea y de
santificar a los demás con el ejercicio de la propia profesión,
cada uno en su propio estado. (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo
que pasa, 122).
Desde ahora,
pues, hermanos, cantemos, no por amenizar nuestro descanso, sino para
sostener nuestros trabajos, como se canta de camino: «Canta pero
camina; mantén tu trabajo cantando; no te dejes llevar de la
pereza; canta y camina». ¿Qué quiere decir «camina»?
Progresa, progresa en el bien [...], progresa en la verdadera fe, progresa
en la santidad. Canta y camina. (S. AGUSTíN, Sermón 256).
A veces,
nuestras caminatas llegaban al monasterio de Las Huelgas, y en otras
ocasiones nos escapábamos a la Catedral.
Me gustaba
subir a una torre, para que contemplaran de cerca la crestería,
un auténtico encaje de piedra, fruto de una labor paciente, costosa.
En esas charlas les hacía notar que aquella maravilla no se veía
desde abajo. Y, para materializar lo que con repetida frecuencia les
había explicado, les comentaba: ¡esto es el trabajo de
Dios, la obra de Dios!: acabar la tarea personal con perfección,
con belleza, con el primor de estas delicadas blondas de piedra. (J.
ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 65).
Comprendían,
ante esa realidad que entraba por los ojos, que todo eso era oración,
un diálogo hermoso con el Señor. Los que gastaron sus
energías en esa tarea, sabía perfectamente que desde las
calles de la ciudad nadie apreciaría su esfuerzo: era sólo
para Dios. ¿Entiendes ahora cómo puede acercar al Señor
la vocación profesional? ~ tú lo mismo que aquellos canteros,
y tu trabajo será también operatio Dei, una labor humana
con entrañas y perfiles divinos. (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER,
Amigos de Dios, 65).

Prontitud
y alegría en nuestro trato con Dios y con los demás
4838 Toda
santidad fingida está muerta; porque no obra impulsada por Dios,
y más bien no debiera llamarse santidad; así como un hombre
muerto no es hombre, así como los farsantes que fingen y simulan
las personas de otros no son las personas que imitan. (ORIGENES, en
Catena Aurea, vol. III, p. 129).
Es éste
un distintivo del hombre justo: que, aun en medio de sus dolores y tribulaciones,
no deja de preocuparse por los demás; sufre con paciencia sus
propias aflicciones, sin abandonar por ello la instrucción que
prevé necesaria para los demás, obrando así como
el médico magnánimo cuando está él mismo
enfermo. Mientras sufre las desgarraduras de su propia herida, no deja
de proveer a los otros el remedio saludable. (S. GREGORIO MAGNO, Moralia,
3).
En lo que
está la suma perfección, claro está que no es en
regalos interiores ni en grandes arrobamientos ni visiones ni en espíritu
de profecía; sino en estar nuestra voluntad tan conforme con
la de Dios, que ninguna cosa entendamos que quiere, que no la queramos
con toda nuestra voluntad, y tan alegremente tomemos lo sabroso como
lo amargo, entendiendo que lo quiere Su Majestad. (SANTA TERESA, Fundaciones,
5, 10).
Importa
mucho entender que vais bien, porque en diciendo a algún caminante
que va errado y que ha perdido el camino, le acaece andar de un cabo
a otro, y mientras anda buscando por donde ir se cansa y gasta el tiempo
y llega más tarde. (SANTA TERESA, Camino de perfección,
22, 3).
La devoción
viva y verdadera presupone el amor de Dios; mejor dicho, no es otra
cosa que el verdadero amor de Dios [...]. La devoción no es otra
cosa que una agilidad o viveza espiritual, por cuyo medio la caridad
actúa en nosotros y nosotros actuamos en ella con prontitud y
alegría. (S. FRANCiSCO DE SALES, Introd. a la vida devota, 1,
1).
Suelen tener
tedio (los principiantes) en las cosas que son más espirituales
y huyen de ellas, como son aquellas que contradicen el gusto sensible
[...]. Y así por esta acidia retrasan el camino de perfección.
(S. JUAN DE LA CRUZ, Noche oscura, 1, 7).
Si nos nos
determinamos a tragar de una vez la muerte y la falta de salud, nunca
haremos nada. (SANTA TERESA, Camino de perfección, 11, 4).

Con
santidad personal se vencen todas las dificultades
Ante cualquier
dificultad, ésta es la panacea: santidad personal, entrega al
Señor. (J. ESCRIvÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 160).
La cultura
más amplia y más escogida [...], la actividad y el acierto
en la acción, aun en los casos en que pueda producir algún
bien a la Iglesia y a los individuos, faltando la santidad, acabarían
por reportarle con frecuencia lamentables perjuicios. Pero aquel que
tenga santidad y por la santidad se distinga, por humilde que parezca,
puede emprender y llevar a buen fin obras de gran provecho para el pueblo
de Dios. (S. Pío X, Exhortac. Haerent animo).
El alma,
cuanto más avanza en la perfección, tanto más fuerte
y valerosa se vuelve en orden a soportar las penalidades que le puedan
sobrevenir. (S. DOROTEO, Instrucción 7).
Cuanto más
alto llegue uno, tanto más tiene que sufrir en este mundo, porque
debilitándose el amor de nuestra alma hacia las cosas del presente
siglo, van aumentando cada vez más sus adversidades. De aquí
que vemos a muchos que obran el bien, y sudan bajo el grave peso de
las tribulaciones. Pero según las palabras del Señor,
dan fruto por la paciencia, porque recibiendo las pruebas con humildad,
son admitidos después al descanso en la gloria. De esta manera
es pisoteada la uva y se licúa adquiriendo el sabor del vino;
de esta manera abandona la oliva, sus heces, y su zumo se convierte
en aceite puro, después de molida y prensada; de esta manera
es como, por medio de la trilla, se separa en las eras el grano de la
paja y es llevado limpio a los graneros. Por consiguiente, todo el que
desee vencer los vicios, procure sufrir con humildad las penas de su
purificación, para que se presente tanto más limpio ante
el juez, cuanto más le purifica ahora el fuego de la tribulación.
(S. GREGORiO MAGNO, Hom. 15 sobre los Evang.).
Un poquito
de este puro amor [...], más provecho hace a la Iglesia, aunque
parece que no hace nada, que todas las obras juntas. (S. JUAN DE LA
CRUZ, Cántico espiritual, 2, 29).

Lucha
ascética cada día
Ya sabe
que, venga lo que viniere, no ha de tornar atrás. Es como uno
que está en una batalla, que sabe que si le vencen no le perdonarán
la vida y que ya que no muere en la batalla ha de morir después,
pelea con más determinación y quiere vender bien su vida
y no teme tanto los golpes, porque lleva delante lo que le importa,
la victoria, y que le va la vida en vencer. (SANTA TERESA, Camino de
perfección 23, 6).
Pedimos
y rogamos que nosotros, que fuimos santificados en el bautismo, perseveremos
en esta santificación inicial. Y esto lo pedimos cada día.
Necesitamos, en efecto, de esta santificación cotidiana, ya que
todos los días delinquimos, y por esto necesitamos ser purificados
mediante esta continua y renovada santificación. (S. CIPRIANO,
Trat. sobre la oración, 11-12).
Juntos andemos,
Señor; por donde fuéredes tengo que ir; por donde pasáredes
tengo de pasar. (SANTA TERESA, Camino de perfección, 26, 6).
Todos lo
santos han abominado de las dignidades, las alabanzas y los honores,
y, por el gran desprecio que sentían por si mismos, no deseaban
sino las humillaciones y los oprobios. ¿Eres tú quizá
más santo que ellos? (J. PEcci León XIII-, Práctica
de la humildad, 52).
Muchos hay
que envejecen en la tibieza y relajación que han contraído
en su adolescencia, intentando granjearse autoridad no por la madurez
de su vida, sino por su edad avanzada. (CASIANO Colaciones, 2).
Muchos hay
en la Iglesia que se parecen a este siervo (el que escondió el
talento) que, temiendo entrar en el camino de una vida mejor, no se
atreven a sacudir la pereza de su cuerpo; y creyéndose pecadores
tiemblan de tomar el camino de la santidad, y no se horrorizan de permanecer
en sus iniquidades. (S. GREGORIO MAGNO, en Catena Aurea, vol. III, p.
232).
El aprovechamiento
del alma no está en pensar mucho, sino en amar mucho. (SANTA
TERESA, Fundaciones, 5, 2).

El
principal objetivo del hombre
Este debe
ser nuestro principal objetivo y el designio constante de nuestro corazón:
que nuestra alma esté continuamente unida a Dios y a las cosas
divinas. Todo lo que le aparte de esto, por grande que pueda parecernos,
ha de tener en nosotros un lugar puramente secundario o, por mejor decir,
el último de todos. Inclusive debemos considerarlo como un daño
positivo. (CASIANO, Colaciones, 1).
El tiempo
exige de ti que anheles alcanzar a Dios con los tuyos, de la misma forma
que el piloto anhela vientos favorables y el marinero sorprendido por
la tempestad suspira por el puerto. (S. IGNACIO DE ANTIOQUíA,
Epístola a S. Policarpo).
Ahora, tornando
a los que quieren ir por él y no parar hasta el fin -que es llegar
a beber de esta agua de vida-, cómo han de comenzar digo que
importa mucho y el todo una grande y muy determinada determinación
de no parar hasta llegar a ella, venga lo que viniere, suceda lo que
sucediere, trabájase lo que se trabajare, murmure quien murmurare,
siquiera llegue allá, siquiera se muera en el camino, siquiera
no tenga devoción para los trabajos que hay en él, siquiera
se hunda el mundo. (SANTA TERESA, Camin0 de perfección, 21, 2).
Las palabras
del Señor nos advierten que, en medio de la multiplicidad de
ocupaciones de este mundo, hay una sola cosa a la que debemos tender.
Tender, porque somos toda vía peregrinos, no residentes; estamos
aún en camino, no en la patria definitiva; hacia ella tiende
nuestro deseo, pero no disfrutamos aún de su posesión.
Sin embargo, no cejemos en nuestro esfuerzo, no dejemos de tender hacia
ella, porque sólo así podremos un día llegar a
término. (S. AGUSTIN, Sermón 103).

Santidad
y apostolado
El Señor
no dice solamente: Quiero, queda limpio, sino que extendió la
maño y tocó al leproso. Esto es muy digno de retener la
atención. ¿Por qué, en efecto, cuando bastaba querer
y hablar para limpiarlo, lo toca con su mano? Me parece que no había
más razón que la de mostrar que se situaba no por debajo
de la Ley, sino por encima, y que no existe nada impuro para el que
es puro [...] Su mano no se hizo impura por el contacto con la lepra;
al contrario, el cuerpo del leproso quedó purificado por esta
santísima mano. Es que Cristo no vino únicamente para
curar los cuerpos, sino para elevar las almas a la santidad [...]y enseñarnos
que la única lepra temible es el pecado [...J. (S. JUAN CRISÓSTOMO,
Hom. sobre S. Mateo, 25).
El cristiano
ha de encontrarse siempre dispuesto a santificar la sociedad desde dentro,
estando plenamente en el mundo, pero no siendo del mundo, en lo que
tiene -no por característica real, sino por defecto voluntario,
por el pecado- de negación de Dios, de Oposición a su
amable voluntad salvifica. (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo
que pasa, 125).
Duos ha
hecho un cielo nuevo, una tierra nueva, como dice el Profeta. ¿Qué
cielo? El firmamento de la fe en Cristo. ¿Qué tierra?
El corazón humano, dice el Señor, que se empapa de la
lluvia que cae del cielo y que produce numerosas espigas. En esta creación
el sol, sin duda, es la pureza de vida; las estrellas son las virtudes;
el clima, una vida limpia; el mar, la profundidad de las riquezas de
la sabiduría y de la ciencia; las hierbas y los brotes, la doctrina
buena donde el pueblo, rebaño de Dios, va como a pastar y a pacer.
(S. GREGORIO MAGNO, Hom. de Pascua).
La santidad
no depende del estado -soltero, casado, viudo, sacerdote-, sino de la
personal correspondencia a la gracia, que a todos se nos concede, para
aprender a alejar de nosotros las obras de la tinieblas y para revestirnos
de las armas de la luz: de la serenidad, de la paz, del servicio sacrificado
y alegre a la humanidad entera (cfr. Rom 13, 12). (J. ESCRIVÁ
DE BALAGUER, Hom. Sacerdotepara la eternidad, 13-IV-1973).
Las obras
de misericordia son la prueba de la verdadera santidad. (SANTO TOMÁS,
en Catena Aurea, vol. II, p. 15).
En esto
consiste la perfección de la vida cristiana: en que, hechos partícipes
del nombre de Cristo por nuestro apelativo de cristianos, pongamos de
manifiesto, con nuestros sentimientos, con la oración y con nuestro
género de vida, la virtualidad de este nombre. (S. GREGORIO DE
NISA, Trat. sobre el modelo cristiano).
Tomado
de encuentra.com
