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El
matrimonio no es efecto de la casualidad o producto de la evolución
de fuerzas naturales, sino es una sabia institución del
Creador para realizar en la humanidad su designio de amor. Los
esposos mediante su recíproca donación personal,
tienden a la comunión plena de sus seres para colaborar
con Dios en la generación de nueva vida. "Que todos
respeten el matrimonio y ninguno manche la unión conyugal.
Dios castigará a los licenciosos y a los que cometen adulterio"
(Hebreos 13,4).
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La sexualidad
es una de las manifestaciones de la madurez personal que repercute en
las relaciones de la pareja y en la misión de la comunidad familiar.
Para el cristiano la sexualidad queda integrada en el seguimiento de
Cristo y es un área para vivir la Buena Nueva del amor, sabe
que la interpretación de los valores de la sexualidad no dependen
solamente del dictamen de su conciencia, sino de la enseñanza
del magisterio de la Iglesia a la que se debe amor y obediencia. "La
voluntad de Dios es que se hagan santos y que rehuyan la libertad sexual.
Que cada uno se comporte con su esposa con santidad y respeto, y no
se deje llevar por el deseo, como hace la gente que no conoce a Dios(1
Tesalonicenses 4, 3-5).
La sexualidad
animal y humana tienen muchos puntos en común, pero los humanos
superamos mucho a los animales, ya que tenemos cabeza para pensar, voluntad
para controlarnos, corazón para sentir y alma donde reside Dios.
Con esto sabemos que el ser hombre y mujer abarca a todo el ser humano
y no sólo a sus órganos genitales y sus actividades correspondientes.
La sexualidad es algo santo y sagrado para Dios, por ello debemos tener
un profundo respeto a los órganos sexuales, a la semilla viril
y a las actividades sexuales, puesto que Dios quiere que el hombre y
la mujer sean signo de Él en el amor divino del sacramento del
matrimonio, ya que "no soy yo quien te ama, sino es Dios a través
de mí". Con esto la mujer debe ser un trampolín para
que el hombre llegue a Dios y viceversa el hombre para la mujer. "Maridos,
amen a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia y se entregó
a sí mismo por ella" (Efesios 5, 25).
Lo que
distingue la relación conyugal de cualquier otra relación
humana, es que en la entrega mutua del hombre y la mujer, el cuerpo
esta comprendido como medio para la realización plena del amor
y para asegurar la perpetuidad de la especie humana. "No dejen
que el pecado tenga poder sobre este cuerpo -¡es un muerto!- y
no obedezcan a sus deseos. No le entreguen sus miembros, que vendrían
a ser como malas armas al servicio del pecado. Por el contrario, ofrézcanse
ustedes mismos a Dios, como quienes han vuelto de la muerte a la vida,
y que sus miembros sean como armas santas al servicio de Dios"
(Romanos 6, 12-13).
Los criterios
de normatividad de la conducta sexual son los siguientes:
· Honesta y dentro del compromiso matrimonial.
· Amorosa con sentido trinitario de entrega, unidad y fecundidad.
· Fiel a su pareja con castidad conyugal, dominando las tendencias
genitales.
· Abierta a la vida, sin temor a la procreación.
Las relaciones
sexuales están unidas al aspecto del placer, pero no se puede
reducir exclusivamente al placer, pues éste es solo un instrumento
al servicio de una relación interpersonal de amor y no se puede
ver solo como una serie de relaciones erótico-genitales. Para
entender esta comparación podemos poner como ejemplo el placer
que se siente al comer, pues esto solo es el instrumento que facilita
las necesidades instintivas de la nutrición. El acto conyugal
nunca traducirá mejor el amor de los cónyuges, que cuando
ambos comparten el mismo placer y éste no tiene el valor de comunicación
humana, si no se basa en el amor verdadero, ya que no termina con el
placer sexual, sino que continua manifestándose aún en
los actos más banales de la vida cotidiana. "¿ No
saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que Dios mismo
puso en ustedes? Ustedes ya no se pertenecen a sí mismos; sabiendo
que fueron comprados a un gran precio, procuren que sus cuerpos sirvan
para gloria de Dios" (1 Corintios 6:19-20)
En toda
relación conyugal intima es indispensable conocer las diferencias
biológicas y psicológicas del hombre y la mujer, para
poder tener una plena armonía en la relación sexual. El
hombre despierta con facilidad su deseo sexual, es imperioso y localizado
a los sentidos como la vista y el tacto. La mujer despierta con lentitud
su deseo sexual , su forma es difusa y esta ligado a la ternura (sin
que esto signifique que los sentidos no tengan importancia en ella).
El saber las diferencias entre los hombres y las mujeres nos ayudará
a tener una unión sexual más armónica y placentera.
En la
relación sexual no hay patrones establecidos o recetas fabricadas
ya que la mejor experiencia sexual es en la que ambos contribuyen para
sentirse amados, entregados, acogidos y satisfechos. Esto solo se logra
a base de confianza, de comunicación y de diálogo sin
vergüenzas para conocernos a sí mismos y a nuestra pareja.
Cuando solo reducimos el acto sexual al placer carnal nunca llegaremos
a la armonía total conyugal y por lo tanto no seremos felices
por falta de amor verdadero. "Pero no ignoren las exigencias del
sexo; por eso, que cada hombre tenga su esposa y cada mujer su marido.
El marido cumpla con sus deberes de esposo y lo mismo la esposa. La
esposa no dispone de su cuerpo, sino el marido. Igualmente el marido
no dispone de su cuerpo, sino la esposa" (1 Corintios 7, 2-4).
La sexualidad
como vivencia humana es una expresión de ternura y de donación
de los esposos, con una puesta de comunicación interpersonal
del "yo" y el "tú", en el cual se encuentra
el camino del amor fecundo de los esposos que se traduce en una familia.
La relación
sexual esta íntimamente ligada a la generación de vida,
por lo que constituye una violación de la naturaleza misma el
impedir la concepción o tener temor de ella, pero como católicos
responsables no debemos traer más hijos que no podamos darles
todo lo que necesitan, y con esto el ser humano debe abstenerse del
acto conyugal en los períodos de fecundidad de la mujer. La continencia
periódica plenamente aceptada y generosamente practicada por
ambos cónyuges se convierte en muchas ocasiones en un diálogo
más profundo de la pareja, con una intimidad más honda,
creada por el esfuerzo común del amor que inspira Jesucristo.
Cada uno de los cónyuges verá en el esfuerzo del otro
una manifestación del respeto que tiene por sus principios y
sentimientos Cristianos.
Preguntas
para reflexionar en forma individual y luego compartirlas con su pareja.
¿Nuestra
sexualidad esta orientada por la doctrina cristiana? y ¿ por
qué?
¿Nuestra unión conyugal es de cuerpo y espíritu?
y ¿ por qué?
¿Veo la fidelidad de mi pareja como un acto amoroso que viene
de Dios? y ¿ por qué
¿Nuestra relación sexual siempre esta abierta a la vida?
y ¿ por qué?
