MATRIMONIO Y ESPIRITUALIDAD
 

 

El mundo en el que vivimos, esta lleno de materialismo, en donde el ansia de poseer y tener se adueña de las personas, al grado que los valores del espíritu no significan nada ante el dinero, el placer, la comodidad, el figurar socialmente, etc..

También podemos observar que aunque las metas materiales se logren, se experimenta una sensación de insatisfacción; pues la falta la espiritualidad hace que busquemos por diferentes medios llegar a la felicidad total; pero esta solo se encuentra a través del único camino que Dios nos ha marcado, el amor. "Aunque hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si me falta el amor sería como bronce que resuena o campana que toca. Aunque tuviera el don de profecía y descubriera todos los misterios, - el saber más elevado -, aunque tuviera tanta fe como para trasladar montes, si me falta el amor nada soy. Aunque repartiera todo lo que poseo e incluso sacrificara mi cuerpo, pero para recibir alabanzas y sin tener el amor, de nada me sirve". (1 Corintios 13, 1-3)

Dios nos llama a todos y nos va indicando el camino a seguir. El primer llamado lo recibimos en el bautismo, ya que mediante él, empezamos a formar el cuerpo místico de Cristo y a colaborar en la misión de todo el pueblo de Dios, el otro llamado es en la vocación al sacramento del matrimonio. Para recibir un llamado y dar una respuesta, es necesario que exista un diálogo entre el que llama y el que responde, por esto Dios quiere que nos comuniquemos con Él, a través de la oración y de nuestras actividades diarias; en la medida que profundicemos nuestro diálogo con Dios, iremos descubriendo con más claridad su voluntad y sabremos como responder mejor a ella. "Jesús contestó: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí" (Juan 14:6).

El modelo de respuesta al llamado de Dios lo encontramos en Jesucristo "Jesús contestó: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí" (Juan 14:6) pues Jesús no buscó otra cosa que cumplir hasta el fin la voluntad del Padre, ya que fue enviado por Él para la redención de los hombres. Es necesario detenernos en nuestro caminar y pensar que queremos de nuestra vida, que estamos dispuestos a dar, con que contamos para ser felices y a donde queremos llegar. Dios quiere que todos seamos felices y lleguemos a la santidad y por voluntad propia podamos o no responder a este llamado.

La espiritualidad es la forma de vida y las ideas que Jesús nos enseño. Así que aprovechando la riqueza espiritual que Jesús le dejó a la Iglesia, en la que cada uno de nosotros, miembros de esa Iglesia según su vocación, se pueda implantar el reino de Dios en la tierra. La espiritualidad cuenta con los sacramentos, que son los principios de la vida divina del hombre y su capacidad para cumplir las funciones del pueblo de Dios, con la oración que une al hombre con Dios, y con los apostolados de servicio que son formas de colaborar con el plan de nuestro Creador. "Jesús les dijo: Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra" (Juan 4:34).

Todos estamos llamados a la unión con Dios en Jesucristo, pero no todos estamos llamados a realizar esa unión, utilizando los mismos medios, ni en la misma proporción, ya que el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, tiene diferentes miembros y funciones. La mano y el pie son iguales de importantes para la plenitud del cuerpo, pero son diferentes por su función. Así toda la Iglesia tiene la misma espiritualidad, pero las funciones de los miembros son diferentes por tener diferente vocación como los de vida religiosa y los que tienen vocación al matrimonio, pero tanto una como la otra son importantes y su meta es la santificación(aunque con diferentes funciones). "Hay diferentes dones espirituales, pero el Espíritu es el mismo; hay diversos ministerios, pero el Señor es el mismo; hay diversidad de obras, pero es el mismo Dios quien obra todo en todos" (1 Corintios 12:4-5).

La espiritualidad conyugal, hace la conciencia de que el sacramento del matrimonio constituye una verdadera vocación divina, mediante el cual se puede llegar a la santificación, usando el amor conyugal y el amor paternal, aceptando las dificultades cotidianas del diálogo conyugal, valorando la inmensa responsabilidad de traer hijos al mundo, dando testimonio de amor cristiano, etc. Donde el amor de Cristo a la Iglesia es el modelo, con la misma fidelidad, con la misma intensidad, con el mismo sentido de responsabilidad que llega hasta el sacrificio total por el otro, con el mismo respeto mutuo, con la misma generosidad y con la misma fecundidad.

Los esposos no pueden realizarse espiritualmente por mucho que se quieran, sin la práctica de los sacramentos, sin la misa dominical y sin ciertas formas de oración, puesto que son cristianos y no pueden conservar su vitalidad, si se aíslan de la fuente de la gracia, que es Cristo cabeza de la Iglesia. "Él quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Único es Dios, único también es el mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús verdadero hombre" (1 Timoteo 2:4-5).

Con la espiritualidad conyugal se comparte y se vive plenamente el amor con todas las satisfacciones, todas las alegrías y todas las felicidades; pero también con todas las amarguras, con todas las responsabilidades, con todos los sacrificios que la vivencia del amor impone, logrando la mutua ayuda de los cónyuges para la procreación y educación de los hijos.

Los cónyuges no sólo son esposos o padres, sino también son cristianos con necesidades espirituales y con responsabilidades en la vida de la Iglesia y en la vida de la sociedad, por lo que se debe hacer una jerarquía de valores para no caer en errores con falsas metas. Como regla, siempre que haya conflictos entre la realización del amor conyugal para el cual fuimos llamados por vocación divina y cualquier otro valor no obligatorio(trabajo, apostolado, relaciones sociales, etc.), el verdadero cristiano casado que busca la santidad debe sacrificar el segundo por el primero, esto no quiere decir que los cónyuges se encierren en la familia y renuncien a toda actividad exterior, sino que la pareja debe encontrar su equilibrio entre su amor conyugal y las otras actividades buscando sus propias formulas que dependerán de su carácter, sus gustos, sus repulsiones, sus sensibilidades y aún de sus caprichos personales; por lo que los esposos deben aprender a reflexionar conyugalmente para considerar juntos los problemas mediante el diálogo.

Preguntas para reflexionar en forma individual y luego compartirlas con su pareja.

¿Qué espiritualidad considero tener yo? y ¿por qué?
¿Cuales son las metas espirituales que tengo como individuo?
¿Cuáles son las metas espirituales que tenemos como matrimonio?
¿Que estoy haciendo para aumentar la espiritualidad individual y matrimonial?