MATRIMONIOS SERVIDORES DEL PROJIMO
 

 

Todo matrimonio que en su vida tiene como centro a Cristo, es una pareja llena de gracias, que el Dios Padre les regala, a través de Cristo. Este matrimonio es pueblo de Dios y para llegar a considerarse pueblo de Dios la única condición que se exige, es tener una disposición sincera, para acoger con gozo la nueva noticia

de la salvación, que anuncio Jesús con su muerte y resurrección.

Las ultimas recomendaciones de Jesús en la tierra se las dio momentos antes de subir al cielo: ".Jesús se acercó y les habló así: Me ha sido dada toda autoridad en el Cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia" (Mateo 28, 18-20).

Cincuenta días después de subir Jesús al cielo en Pentecostés les envía el Espíritu Santo prometido para permanecer en los hombres de su pueblo: "Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido, como el de una violenta ráfaga de viento, que llenó toda la casa donde estaban, y aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y fueron posándose sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía que se expresaran" (Hechos 2, 1-4).

Después los apóstoles cumplieron su mandato por tener la fuerza del Espíritu Santo y formaron las primeras comunidades cristianas: "Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la convivencia, a la fracción del pan y a las oraciones. Toda la gente sentía un santo temor, ya que los prodigios y señales milagrosas se multiplicaban por medio de los apóstoles. Todos los que habían creído vivían unidos; compartían todo cuanto tenían" (Hechos 2,42-44).

En la Iglesia de Jesús todos somos responsables de la marcha de los hermanos y todo cristiano en la comunidad del pueblo de Dios constituye el cuerpo de Cristo. "Ustedes son el cuerpo de Cristo y cada uno en su lugar es parte de él" (1 Corintios 12,27). "El existía antes que todos, y todo se mantiene en él. Y él es la cabeza del cuerpo, es decir, de la Iglesia, él que renació primero de entre los muertos, para que estuviera en el primer lugar en todo. Así quiso Dios que «el todo» se encontrara en él y gracias a él fuera reconciliado con Dios, porque la sangre de su cruz ha restablecido la paz tanto sobre la tierra como en el mundo de arriba"(Colosenses 1, 17-20).

Nuestra participación en el cuerpo de la Iglesia no puede ser la misma para todos ya que el mismo Dios nos dio diferente carisma y entre todos formamos ese cuerpo. "Hay diferentes dones espirituales, pero el Espíritu es el mismo. Hay diversos ministerios, pero el Señor es el mismo. Hay diversidad de obras, pero es el mismo Dios quien obra todo en todos. La manifestación del Espíritu que a cada uno se le da es para provecho común. A uno se le da, por el Espíritu, palabra de sabiduría; a otro, palabra de conocimiento según el mismo Espíritu; a otro, el don de la fe, por el Espíritu; a otro, el don de hacer curaciones, por el único Espíritu; a otro, poder de hacer milagros; a otro, profecía; a otro, reconocimiento de lo que viene del bueno o del mal espíritu; a otro, hablar en lenguas; a otro, interpretar lo que se dijo en lenguas. Y todo esto es obra del mismo y único Espíritu, que da a cada uno como quiere. Las partes del cuerpo son muchas, pero el cuerpo es uno; por muchas que sean las partes, todas forman un solo cuerpo. Así también Cristo "(1 Corintios 12, 4-12).

"Hemos sido bautizados en el único Espíritu para que formáramos un solo cuerpo, ya fuéramos judíos o griegos, esclavos o libres. Todos hemos bebido del único Espíritu. Un solo miembro no basta para formar un cuerpo, sino que hacen falta muchos" (1 Corintios 12, 13-14). "Estaremos en la verdad y el amor, e iremos creciendo cada vez más para alcanzar a aquel que es la cabeza, Cristo. Él hace que el cuerpo crezca, como una red de articulaciones que le dan armonía y firmeza, tomando en cuenta y valorizando las capacidades de cada uno. Y así el cuerpo se va construyendo en el amor.(Efesios 4, 15-16)

Tu como miembro del cuerpo de Cristo en la Iglesia debes recordar que Cristo no tiene manos, sólo las nuestras para construir un mundo nuevo donde habite la justicia. Cristo no tiene pies, solo los nuestros para poner en marcha a los oprimidos por el camino de la libertad. Cristo no tiene labios, solo los nuestros para proclamar a los pobres la buena nueva de la libertad. Cristo no tiene medios, sólo los nuestros para que a través de acciones logremos que todos los hombres sean hermanos. Cristo nos dejó sus palabras, pero nosotros somos el único ejemplo del Evangelio que pueden ver muchos. Por eso tenemos que trabajar en la Iglesia, sirviendo a los que lo necesitan y dejando que actúe Cristo a través de nosotros.

Preguntas para reflexionar en forma individual y luego compartirlas con su pareja. Si se cree prudente después se pueden comentar con el grupo:

¿Qué necesito en mi matrimonio y familia para aceptar a Cristo como mi Salvador?
¿Me siento satisfecho con el lugar que ocupa Dios en nuestro matrimonio y por qué?
¿Con qué frecuencia comparto la dicha de las gracias de mi matrimonio con los demás?
¿Estoy dispuesto de servir a los demás a través de apostolados en la Iglesia?