DIOS Y EL CUERPO HUMANO
 

 

Los seres humanos tenemos un cuerpo perfecto, con plena armonía entre todos sus órganos y sus tejidos; pero no sólo tenemos cuerpo, pues fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios.(Génesis 1,26) y eso nos dio un recinto invisible en donde reside nuestro espíritu. Desde la concepción, que es la unión de un espermatozoide con un óvulo, es creado un ser único e irrepetible, diferente a todos(hasta de sus padres) con una alma que nunca morirá y un cuerpo que gradualmente se irá desarrollando dentro de su madre; pues sólo le pide a ella donde anidarse para su crecimiento.

Desde este momento se le debe reconocer todos los derechos de cualquier persona y muy especialmente el derecho inviolable a la vida de todo ser humano inocente.

Nunca vamos a poder comprobar con medidas científicas(aunque por la fe sí) el instante preciso en que Dios interviene y pone el alma inmortal en el nuevo ser humano, pero creemos que es en el momento de la concepción, ya que es cuando cada célula sexual aporta sus 23 cromosomas para formar la primera célula llamada cigoto que dará origen a una nueva persona con 46 cromosomas en cada una de sus células corporales.

El sexo de la nueva persona dependerá del tipo de espermatozoide que se haya unido al óvulo, pues en el semen existen un 50% de espermatozoides con cromosoma X, y otro 50% con cromosoma Y. Si la unión fue de un óvulo(X) con un espermatozoide Y, el nuevo individuo será hombre (XY); si la unión fue de un óvulo(X) con un espermatozoide X, el nuevo individuo será mujer(XX).

Unos cuantos días después de la concepción, el embrión llega a la cavidad de la matriz donde el mismo desarrolla su propia placenta para introducirla en la pared de la matriz por donde se va a nutrir de la sangre de la madre hasta su nacimiento. Cuando nace le pide a la madre su alimento que ella misma produce(leche) y a su padre la protección de los demás. Después de un período de crecimiento y desarrollo (corporal y espiritual) el joven empieza a manifestar características propias de su sexo y con el transcurso del tiempo; el hombre empieza a producir espermatozoides y la mujer óvulos.

En la mujer la ovulación tiene un ciclo llamado menstrual que es diferente para cada mujer en cuanto a los días que dura. La primera fase se manifiesta por un sangrado vaginal que se conoce como menstruación, al mismo tiempo se inicia el crecimiento en el ovario de varios óvulos inmaduros, a la mitad del ciclo se rompe la pared del ovario para ser expulsado un sólo óvulo en busca de la unión con el espermatozoide. En la matriz, simultáneamente su pared tiene cambios propios para recibir al óvulo fecundado, pero si este no fue alcanzado por un espermatozoide muere y la mucosa de la matriz se desprende causando la siguiente menstruación. El cuello de la matriz durante el periodo pre-ovulatorio se encuentra cerrado por un tapón de moco espeso y compacto que evita el paso de los espermatozoides, pero días antes de la ovulación ese moco se fluidifica para abrir la puerta al espermatozoide y facilitar su paso al encuentro del óvulo.

En el hombre el proceso de generación de espermatozoides es constante, llegando a eyacular 300 millones de ellos por cada ml. de semen en cada eyaculación, los espermatozoides tienen una cabeza que contiene el material genético y una cola que le permite gran movilidad para ascender por los genitales internos de la mujer hasta alcanzar el óvulo y después de ese largo camino sólo uno de ellos logra penetrar el óvulo y así formar un nuevo ser humano.

Si analizamos los cambios ocurridos en el cuerpo humano para la reproducción, podemos ver que Dios al crearnos nos hizo complemento uno de otro, y que la fertilidad es cuestión de dos(hombre y mujer), pudiendo controlarse al conocer acertadamente cuales son los períodos fértiles de la mujer para tener o evitar el contacto carnal entre el hombre y la mujer y así lograr, evitar o aplazar un embarazo.

En las Sagradas Escrituras podemos encontrar lo siguiente: "Pero no ignoren las exigencias del sexo; por eso, que cada hombre tenga su esposa y cada mujer su marido. El marido cumpla con sus deberes de esposo y lo mismo la esposa. La esposa no dispone de su cuerpo, sino el marido. Igualmente el marido no dispone de su cuerpo, sino la esposa. No se nieguen ese derecho el uno al otro, a no ser que lo decidan juntos, y por cierto tiempo, con el fin de dedicarse más a la oración. Después vuelvan a estar juntos, no sea que caigan en las trampas de Satanás por no saberse dominar. Lo que les digo es a modo de consejo, no estoy dando órdenes" (1Corintios 7, 2-6).

Preguntas para reflexionar en forma individual y luego compartirlas con su pareja.

¿Veo mi cuerpo como una maravilla creada por Dios? y ¿ por qué?
¿Cuido mi cuerpo como verdadero templo del Espíritu Santo?
¿Reconozco la gracia que Dios nos da, al regalarnos la fertilidad?
¿Respeto la vida desde su inicio, aún antes de nacer? y ¿ por qué?