Uno
de los problemas más graves que estamos viviendo, es que
hemos perdido el arte de conversar. Todo atenta contra la conversación
ya que vivimos de prisa, nos absorbe el trabajo, tenemos exceso
de compromisos sociales, en nuestra casa sobra el ruido de la
radio o televisión, en las reuniones sociales o fiestas,
la música esta tan alta que no podemos hablar y si lo hacemos
solo nos oímos sin escucharnos. |
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No
alcanzamos a percibir que le damos más importancia al ritmo de
la vida, del trabajo y de la sociedad que a la comunicación sincera
y plena con nuestros amigos, con nuestra familia y aún con nuestra
pareja, de tal forma, que poco a poco nos aislamos aunque vivamos juntos.
El diálogo
es una comunicación horizontal donde las personas se tratan como
iguales y se escuchan mutuamente. La comunicación incluye el
hablar y escuchar, ya que de nada sirve el hablar sin escuchar; siendo
esta una de las causas del fracaso entre las relaciones humanas. "Hay
un tiempo para rasgar, y otro para coser; un tiempo para callar y otro
para hablar" (Eclesiastés 3,7). El diálogo es el
fundamento de toda vida social, si este se suprime, el grupo dejará
de funcionar; con mayor razón cuando esto sucede dentro del matrimonio,
pues si los esposos no dialogan, entonces deja de haber relación
y dejarán de ser pareja.
Escuchar
es más que oír, ya que oír es captar con el oído
ruidos y palabras de una manera más o menos distraída,
sin fijarse en el contenido o mensaje de lo que se oye. Escuchar es
oír con atención, es callar y concentrarse en lo que se
oye, es meterse en la mente y el corazón del otro, es tratar
de comprenderlo desde el punto de vista de él y no del mío,
es comprenderlo desde dentro, tomando en cuenta su manera de pensar,
de reaccionar y de sentir. . "Está siempre alerta para escuchar,
pero lento en responder" (Eclesiástico 5,11).
El diálogo
y el amor se requieren mutuamente ya que se tiene que dialogar para
amar y amar para dialogar. El diálogo fomenta el amor ya que
los participantes en el diálogo tienen que olvidarse de sí
mismos y ver, más que todo, el bien del otro. Es preciso aceptar
al otro con su historia, su ambiente, sus cualidades, sus defectos,
sus ideas y sus sentimientos; pero esto solo se hace con humildad. Acuérdense
del respeto que se merece cada quién, pues "De la misma
boca salen la bendición y la maldición" (Santiago
3,10). El diálogo verdadero sirve para unirlos y fomentar el
amor; y no para pelear y discutir.
Es preciso
que los esposos dialoguen sobre todos los temas que atañen a
ambos, venciendo amorosamente el miedo que les puede impedir dialogar,
sobre temas difíciles como lo pueden ser la sexualidad, la muerte,
el dinero, la familia de él y de ella, etc.. El diálogo
es indispensable para fortalecer a la familia y mantenerla unida, siendo
no solo entre los esposos, sino también entre los demás
miembros de la familia. Especialmente cuando parece que todo se viene
abajo, sin perder la paciencia y perseverancia. El más inteligente
cede primero, da los primeros pasos, cambia primero y muestra su comprensión
por los demás y así los conflictos llegan a ser provechosos
haciendo crecer la relación y el amor.
Los temas
para dialogar son todos los detalles de la vida diaria. No se necesita
esperar asuntos o sucesos extraordinarios para hacerlo, ya que mediante
el diálogo se conocen nuestras ideas, deseos, aspiraciones, ilusiones,
problemas, limitaciones, fracasos, frustraciones, tristezas, etc. "Hay
mucho que decir, uno se cansaría de tanto hablar; el ojo no terminará
de ver, el oído nunca terminará de oír" (Eclesiastés
1,8)
Reglas
para dialogar, especialmente en los momentos conflictivos:
1.- Querer dialogar con franqueza y autenticidad.
2.- Con amor teniéndonos comprensión y respeto mutuo.
3.- Con paciencia y perseverancia para poder encontrar la verdad.
4.- Con prudencia buscando el momento para decir ciertas cosas.
5.- Con tiempo suficiente y un ambiente adecuado, lejos de ruidos.
6.- En momentos de calma.
7.- No salirse del tema.
8.- No insultarse, dominándose con autocontrol.
9.- No sacar cosas del pasado.
10.- No interrumpir al otro cuando habla para poder escuchar y comprender.
11.- Tener una actitud de cambio, llevando a la práctica lo acordado.
12.- Terminar el diálogo.
"Hijos
míos, aprendan a controlar su lengua; ¡el que está
atento a ello no será tomado por sorpresa!" (Eclesiástico
23,7). "La lengua puede dar vida y muerte; según como la
uses, así serán sus frutos" (Proverbios 18,21). "¿Quién
pondrá una cerradura en mi boca, un buen candado en mis labios
para que no me hagan caer y no me condene mi lengua?" (Eclesiástico
22,27). "No salga de su boca ni una mala palabra, sino palabras
buenas que edifiquen cuando sea necesario y que hagan bien a los que
las oigan. No entristezcan al Espíritu Santo de Dios; este es
el sello con que fueron marcados en espera del día de la salvación.
Arranquen de raíz entre ustedes los disgustos, los arrebatos,
el enojo, los gritos, las ofensas y toda clase de maldad. Por el contrario
muéstrense buenos y comprensivos unos con otros, perdonándose
mutuamente, como Dios los perdono en Cristo" (Efesios 44, 29-32).
Preguntas
para reflexionar en forma individual y luego compartirlas con su pareja.
Si se cree prudente después se pueden comentar con el grupo:
¿Dialogamos
como pareja profundamente o sólo en forma superficial?
¿Tenemos reglas establecidas en nuestro matrimonio para dialogar?
¿Cómo me gustaría que mi pareja dialogará
conmigo?
¿Cuándo me gustaría que mi pareja dialogará
conmigo?
