Ante
el altar el sacerdote pregunta públicamente a los novios:
"Vinieron con plena libertad a celebrar el matrimonio mediante
el sacramento?". La Iglesia quiere cerciorarse hasta el final
de que los contrayentes quieren casarse de verdad, es decir, si
asumen libre y conscientemente los compromisos naturales y cristianos
que son inherentes al estado matrimonial. |

|
Al casarse,
los esposos se comprometen a ayudarse mutuamente a conseguir los fines
fundamentales de la vida matrimonial. Dicho en otra forma, el SI que
se dan el uno al otro supone, de parte de ambos, la libre y consciente
aceptación de una serie de compromisos que son inherentes a la
relación de una pareja que se compromete en matrimonio y que
son componentes del compromiso global de la pareja . La causa de la
mayoría de los conflictos y también de los fracasos en
el matrimonio, proviene de que los esposos no tienen ideas claras sobre
la naturaleza de la relación que se declararon dispuestos a aceptar
o de que hay entre ellos criterios diferentes.
El
compromiso matrimonial (con sus componentes, los compromisos específicos)
es el centro de la institución natural del matrimonio y también
del sacramento. De la manera como los esposos comprendan y vivan esos
compromisos, dependerá la calidad humana y cristiana de cada
matrimonio.
Los
patrones de vida matrimonial que ofrece la sociedad no son siempre garantía
de buena inspiración para los cristianos que quieren vivir de
acuerdo con su vocación, así que éstos se ven precisados
a distanciarse de esos patrones. Por todo esto es imperiosa la necesidad
de reflexión cuidadosa por parte de los novios que se preparan
para el matrimonio y de los esposos que quieren crecer en su relación
conyugal como cristianos. El ahondar en esta reflexión, no sólo
es saludable sino también necesario aún para las parejas
que llevan muchos años de casados. Siempre encontrarán
puntos de crecimiento que requieren mayor atención y esfuerzo.
La
reflexión también muy útil para quienes hayan convivido
antes de casarse. El hecho del matrimonio cambia señaladamente
las reglas de la relación existente entre ambos. ¿En qué
se diferencia una pareja de esposos, de novios, amantes o amigos? Hay
personas que no son conscientes de estas diferencias, porque no son
conscientes de las exigencias que el matrimonio implica. Por eso quienes
de novios juegan a ser esposos, tienen luego la tendencia a jugar a
solteros cuando ya están casados.
Conviene
explícitar los compromisos concretos que se incluyen en el compromiso
global de los que se casan. Cuando no sabemos a qué nos comprometemos
no estaremos dispuestos a cumplir. Y cuando estos compromisos no se
cumplen, es imposible que el matrimonio les traiga las satisfacciones
que ambos esperan. La verdad de la palabra está comprometida
en la conciencia que tienen los esposos acerca de los compromisos que
asumen y de la voluntad de cumplirlos en su vida.
1.
COMPROMISO DE VIVIR JUNTOS EN AFECTUOSA ARMONÍA. Este compromiso
es obvio, pero por lo mismo son muchos los cónyuges que no lo
tienen en cuenta. No ven más allá del capricho del momento,
la intoxicación sexual y lo divertido de la luna de miel. Cuando
empieza lo cotidiano (cambiar pañales, organizar la economía
familiar, compartir las cosas), las incomodidades y exasperaciones que
ello implica les irrita en extremo. Enamorarse de una persona y disfrutar
una luna de miel son cosas muy agradables y atractivas, pero una relación
afectuosa y armónica requiere una cadena de duros esfuerzos,
flexibilidad y tolerancia recíproca a lo cual pueden no estar
dispuestos. La idea de lograr que un matrimonio se desenvuelva dentro
de los límites de una afectuosa armonía quizá no
resulte muy romántica, pero es imperativa en un matrimonio bien
logrado.
2. COMPROMISO DE MANTENER UNA RELACION SEXUAL SANA ENTRE AMBOS Y CON
NADIE MAS. Dicho en otra forma, a mantener entre los dos una relación
sexual fiel, exclusiva y sana. Por más que digan otra, la inmensa
mayoría de los que se casan tienen en mente, al menos el día
de la boda, mantener una relación sexual sana sólo con
sus respectivos cónyuges y no andarse en aventuras amorosas.
Si ambos no ponen empeño en lograr esta buena relación
sexual o si uno de los cónyuges descubre que el otro se entrega
a galanteos, vienen los disgustos, las reclamaciones y los resentimientos
y el matrimonio fracasa. El hecho de que muchos de los futuros contrayentes
han tenido una sucesión de relaciones sexuales antes del matrimonio
complica las cosas. Porque el compromiso de limitarse en lo sucesivo
a una sola persona significa un notable cambio de estilo de vida, no
imposible pero sí difícil. Los futuros esposos tienen
que tomar en cuenta que van a necesitar tiempo, paciencia y mucho amor
para lograr una relación sexual armónica y mutuamente
satisfactoria.
3. COMPROMISO DE FORMAR UNA UNION ECONOMICA. Las necesidades y caprichos
de ambos han de pagarse de ingresos comunes; ingresos que tal vez aporte
un sólo cónyuge o tal vez los dos. Surge entonces el complicado
problema de prioridades. Y como los anhelos de cosas y servicios han
de satisfacerse de la misma fuente básica, las ocasiones de conflicto
se presentan a cada paso. Después de satisfacer las necesidades
básicas comunes (vivienda, salud, alimentación, vestido,
impuestos) la pareja debe establecer acuerdos sobre lo que puede gastar
cada uno en otras cosas (ella en lujos y cosméticos, él
en deportes y hobbies). Cada uno tendrá que asegurarse de que
sus propios gastos no se excedan y ofendan al otro. Cuando este acuerdo
no se hace o cuando se hace y no se cumple, vendrán a fin de
cada mes peleas y mutuos reproches por los gastos realizados. La austeridad
(diferente de la tacañería) y la generosidad (diferente
del despilfarro) son dos virtudes que ambos deben aprender y practicar
para lograr una armónica gestión de la economía
hogareña.
4. COMPROMISO DE CONVIVIR LOS DOS CON LOS HIJOS. La relación
con los hijos aporta muchas satisfacciones a la pareja, pero también
implica mantener con ellos relaciones complicadas, enojosas y prolongadas.
Cuando los hijos entran en escena, la relación entre los esposos
se vuelve más intrincada. En el momento de casarse el sacerdote
pregunta a los contrayentes: "Están dispuestos a recibir
responsable y amorosamente a los hijos como don de Dios y a educarlos
según la ley de Dios y de su Iglesia?". La pareja debe ser
consciente de que el ingreso de los hijos en sus vidas va a exigirles
cambios y adaptaciones que van a perturbar la comodidad de ambos. La
pareja debe lograr una buena base de entendimiento sobre los criterios
de crianza y educación de esos nuevos seres cómo: formar
sus personalidades y cómo habrán de ser las relaciones
de papá y mamá con cada uno de ellos (ya que al principio
son niños, no pequeños adultos, pero que están
llamados a crecer y a ser adultos en su momento).
5. COMPROMISO DE ACTUAR EN SOCIEDAD COMO UNA PAREJA CASADA. Esto significa
que ambos deben presentarse ante parientes y conocidos y ante el público
en general, como personas unidas por un lazo especial, exclusivo. Ya
no son sólo novios, o amigos. Son esposos ahora. En sus relaciones
con amigos y conocidos, especialmente si son del otro sexo, ambos deben
evitar todos aquellos comportamientos que puedan ofender al otro, respetar
las exigencias de la fidelidad conyugal. Tal vez sea necesario revisar
las relaciones sociales que se tenían antes de casarse. Con frecuencia
las amistades de solteros no convienen como amistades de casados. Hay
que respetar las sanas costumbres que establecen las fronteras entre
solteros y casados.
6. COMPROMISO DE DAR PREFERENCIA AL CONYUGE POR ENCIMA DE TODA OTRA
PERSONA. El viejo precepto bíblico de "Dejar padre y madre"
expresa una necesidad de la vida de pareja y, por tanto, implica un
compromiso que ambos deben respetar. El esposo debe estar más
atento a las necesidades y a los sentimientos de su esposa que a los
de su propia madre o de su jefe. La mujer debe conceder mucha mayor
prioridad a las necesidades y sentimientos de su marido que a los de
sus queridos padres o hermanos. Son muchos los matrimonios que fracasan
porque no se cumple este compromiso. Quienes dicen "Primero conocí
a mis padres y a mis hermanos que a mi esposa o a mi marido" están
afirmando algo obvio; pero olvidan algo, también obvio: que al
casarse se comprometieron a dar a su cónyuge la primera prioridad.
Las relaciones con los hijos deben tener una especial prioridad frente
a las otras relaciones, pero no deben sobrepasar la prioridad que se
deben los esposos entre sí. El matrimonio queda más protegido
cuando las relaciones con los hijos se enfocan en forma de pareja-hijo
que cuando se enfocan unilateralmente padre-hijo y madre-hijo.
7. COMPROMISO DE MANTENER ENTRE LOS DOS UNA INTIMA COMUNICACION QUE
INCLUYA IDEAS, SENTIMIENTOS Y ACTITUDES. La comunicación es fundamental
en el matrimonio. Sin ella no se mantiene la vida de pareja. Y no es
posible hacer matrimonio sin pareja. Cuando los miembros de la pareja
ignoran la existencia de este compromiso, o si lo conocen no lo cumplen,
o conociéndolo y queriéndolo cumplir no saben cómo
hacerlo, crean entre ellos una situación que hace imposible el
mantenimiento de una vida matrimonial sana. La pareja necesita destinar
tiempo y crear ambiente propicio para mantener esta comunicación,
aislándose de personas y de situaciones que los distraigan (televisión,
teléfono, etc.). Un alto porcentaje de problemas matrimoniales
se solucionarían adecuada y oportunamente, sin necesidad de llegar
hasta el psicólogo o psiquiatra, si ambos esposos se dedicaran
a desarrollar su capacidad de conversar y dialogar juntos.
8. COMPROMISO DE MUTUA AYUDA EN TODAS LAS FORMAS POSIBLES. Este compromiso
se dirige a hacer efectiva la solidaridad que debe caracterizar la forma
de vida de los que son esposos "en la alegría, en la adversidad
y en el dolor, en salud y en enfermedad, en pobreza y en prosperidad".
En la voluntad creadora de Dios varón y mujer han sido creados
para ser mutua ayuda y compañía. Cada uno debe ser para
el otro la persona con quién pueda contar siempre en las necesidades,
la primera a quién habrá de llamar para compartir las
penas y las alegrías. Esta mutua ayuda debe ser habitual, pero
debe darse especialmente en los momentos de necesidad extrema. El anhelo
profundo de los que se casan es el de tener compañía en
las buenas y en las malas. Y el matrimonio ofrece la esperanza de garantizar
esta ayuda y esta compañía. Cuando este compromiso se
rompe, así sea en pequeñas cosas, la soledad invadirá
a la pareja y se arriesga a dar lugar a intervenciones de extraños,
tal vez necesarias pero siempre dañinas para el matrimonio.
9. COMPROMISO DE PASAR MUCHO TIEMPO EN MUTUA COMPAÑIA. Hay parejas
que durante el noviazgo y primer tiempo de matrimonio pasaban mucho
tiempo juntos, pero después permiten que el trabajo, la televisión
y las relaciones sociales invadan el tiempo de la pareja y al final
se miran como extraños. Si hicieran un recuento de las horas
semanales que pasan juntos, se darían cuenta de que él
pasa en la oficina más tiempo con su secretaria que con su esposa,
y ella está más tiempo con sus amigas, parientes o con
sus compañeros de oficina que con su marido. Durante el matrimonio
van a necesitar revisar con frecuencia las prioridades de tiempo y la
forma como aprovechan las oportunidades de estar juntos y solos. De
lo contrario se generaría una situación de abandono afectivo,
de pésimas consecuencias.
10.COMPROMISO DE FORMAR JUNTOS UNA RELACION QUE DURE INDEFINIDAMENTE.
Para los esposos cristianos significa el compromiso de indisolubilidad,
de empeñarse en una relación que nada ni nadie pueda romper:
"Lo que Dios ha unido, que nadie lo separe". Es empeñarse
en que la relación dure. Los novios o los amantes pueden romper
su relación cuando lo estimen conveniente. Los esposos no. Esta
afirmación quizá parezca anticuada, ingenua o tonta cuando
el porcentaje de divorcios y separaciones aumenta con mayor velocidad
que los precios en los supermercados. Pero esto es lo que los cónyuges
se prometieron ante el altar: "Me entrego a ti y te acepto como
cónyuge....... para amarte y honrarte hasta que la muerte nos
separe", o más claramente "..por todos los días
de nuestra vida". El cristiano por la fe sabe que el matrimonio
es obra de Dios y que debe tratarse como Él lo quiere. El matrimonio
es un pacto para perfeccionarlo en la realidad diaria y no para romperlo
ante las primeras o segundas dificultades. El conflicto es inherente
a toda relación entre personas diferentes. Aprender a resolverlo
en forma constructiva es la tarea que tienen los esposos, desde antes
de casarse. La oración de Sara, la noche de su boda con Tobías,
refleja el anhelo de los que verdaderamente se aman: "Señor,
concédenos que los dos lleguemos juntos a la vejez". Y no
sólo un anhelo, sino también un programa de vida. Dios
les regala el tiempo, pero es responsabilidad de cada pareja de esposos
aprender a caminar juntos cada día para llegar juntos a la vejez.
Preguntas
para reflexionar en forma individual y luego compartirlas con su pareja:
¿Cuándo
me case estaba consciente de todos los compromisos que adquiría?
¿Los compromisos matrimoniales los dialogamos en pareja? ¿con
que frecuencia?
¿Cuáles son los 3 compromisos que cumplo con mayor facilidad?
¿Cuáles son los 3 compromisos que son más difíciles
de cumplir?
