7. PATERNIDAD RESPONSABLE, PROCREADORA Y EDUCADORA
Padres a imagen de Dios


 

 

La paternidad y la maternidad son sin duda, el hecho más natural que ejercemos en forma normal; pero es uno de los actos más trascendentes que ocurren en la persona humana. Se puede considerar que la conservación de la especie es un proceso biológico, natural en el hombre y en los animales, pero en el ser humano hay amor hacia los hijos en el deseo de concebirlos, en el proceso de gestación y en la tarea de educarlos.



Cuando no hay amor en la concepción y relación con los hijos, no existe paternidad, sino tan solo procreación. Puesto que el amor es el único acto voluntario mediante el cual se puede olvidar uno mismo de su persona para servir y hacer felices a los hijos. Por eso, el termino de padre significa la relación entre padre e hijos y no simplemente la persona en sí.

El valor y la dignidad excepcional de ser padres, con la donación de la propia persona para la transmisión de la vida a nuevos seres y para la formación de ellos a través del tiempo, solo tiene su origen en la Paternidad de Dios, quien ha querido hacernos partícipes de esta capacidad física y espiritual, convirtiéndonos en copartícipes de su poder creador en una forma consciente y libre, para que seamos colaboradores en la expansión de su amor. El que recibe en mi Nombre a un niño como éste a mí me recibe (Mateo 18,5).

La procreación humana es una obra conjunta del amor conyugal de un hombre y una mujer; y del amor fecundo y creador de Dios. En donde los padres dan su cuerpo, para dar al hijo un cuerpo, y dan su amor y su acción conjunta a través de la vida, para ayudar a ese hijo a realizarse como persona y como hijo de Dios. Dios por su parte, da su Espíritu para dar al hijo una alma espiritual, y da su amor para ayudar a ese hijo a realizarse como persona humana y como heredero del Cielo. De este modo la vocación humana a la paternidad torna una verdadera vocación divina sobrenatural.

Así como Dios es Padre de los hombres en cuanto a criaturas a las que a dado origen, Dios también permitió que la persona de María se identifique con la Maternidad Divina y con esto extienda su maternidad a todos los hombres por voluntad de Dios. Por eso María es madre de todos los hijos de Dios, es madre de la Iglesia y es madre de la familia cristiana como iglesia doméstica.

El significado trascendente de la paternidad se basa en la filiación divina, puesto que como hombres somos hijos de Dios, criaturas pequeñas ante Él y necesitadas de su guía; y en cuanto a padres, somos la guía humana de nuestros hijos(pequeñas criaturas), para quienes debemos ser fuente de seguridad, amor y consejo. "Comprende, pues, que del mismo modo que un padre educa a su hijo, así Yavé te ha educado a ti. Guardarás los mandamientos de Yavé, tu Dios y seguirás sus caminos; a él habrás de respetar" (Deuteronomio 8, 5-6).

La filiación divina, supone una relación de semejanza con el origen de la persona del Padre, y sólo se vive esa filiación cuando el hijo se abandona a las manos de su Padre (Dios). En esta forma se podrá ser refugio seguro y apoyo firme para los hijos, como Dios lo es para los hombres, se sabrá dejar todos los asuntos terrenales importantes para atender las pequeñeces de los hijos de la misma manera que Dios gobierna todo el universo, pero atiende al más pequeño de sus hijos sobre la tierra en una forma paciente, firme y amorosa cuantas veces éste acude a Él "Mi Dios me llena de fuerza y allana mis caminos" (Salmo 18,33).

La Iglesia reconoce a los padres como los primeros y principales educadores de los hijos y defiende este derecho que es inalienable, pero a la vez tiene la obligación de acompañar y colaborar con las familias para guiar a los hijos al descubrimiento y realización plena de su vocación humano-divina, de tal forma que se vean como personas únicas, humanas, irrepetibles y santas para que alcancen así la filiación divina y se encuentren con el Creador (su Padre-Dios). "¿Quién subirá a la montaña del Señor? ¿quién estará de pie en su santo recinto? El de manos limpias y de puro corazón, el que no pone su alma en cosas vanas ni jura con engaño. Ese obtendrá la bendición del Señor y la aprobación de Dios, su salvador" (Salmo 24,3-5).

Siempre se debe educar demostrando las cosas con hechos, ya que solo se transmite lo que se es, pero no lo que se dice y con esto queda entendido que no se le puede dar un sentido sobrenatural a la vida de los hijos si no se vive por los padres "No salga de su boca ni una mala palabra, sino palabras buenas que edifiquen cuando sea necesario y que hagan bien a los que las oigan" (Efesios 5,29). Pero no quiere decir que Dios abandone la educación de los hijos a los padres sino que Él respeta la libertad de sus colaboradores, quienes le dan cabida en mayor o menor grado en la educación de sus hijos: "Cuando claman a Él, los escucha y los libra de sus angustias" (Salmo 3,18) "¿Quién de ustedes da una piedra a su hijo si le pide pan, o una culebra si el pide pescado? Si ustedes que son malos saben dar cosas buenas a sus hijos, con mayor razón el Padre celestial, Padre de ustedes, dará cosas buenas a los que se las pidan" (Mateo 7,9-11).

A los hijos les tenemos que dar todo (cariño, amor, ternura, tiempo, etc.) como padres responsables; pero también los tenemos que corregir, para enseñarles lo que es bueno y lo que es malo, aunque recurramos al castigo, pues lo haremos por amor haciéndoles ver que los queremos por ser hijos nuestros. Siempre que los corrijamos por amor, no les haremos daño, en cambio, si les enseñaremos el buen camino para apartarlos del mal. "No vaciles en corregir a un niño: el haberlo azotado no lo hará morir. Debes corregirlo: así lo salvarás de la morada de los muertos" (Proverbios 23, 13-14). "El que educa bien a su hijo, tendrá sus satisfacciones; se sentirá orgulloso de él delante de sus parientes " (Eclesiástico 30,2). "El que mima a su hijo tendrá que curar sus heridas; tendrá que ceder al más leve de sus gritos" (Eclesiástico 30,7).

 

Reflexiona y comparte con tu pareja:

  • ¿Qué pienso de mi coparticipación con Dios en la transmisión de la vida?
  • ¿Estoy consciente de la responsabilidad que es tener un hijo y por qué?
  • ¿La responsabilidad de educar a los hijos sobre que cónyuge recae y por qué?
  • ¿Qué ejemplo testimonial quiero darle a mi hijo de la vida y por qué?
  • ¿Estoy dispuesto(a) a que nos volvamos padres?
  • ¿Yo quiero ser un buen padre(madre) de familia?
  • ¿Hemos hablado sobre lo que es paternidad responsable?
  • ¿Se cuántos hijos quiere tener mi pareja?
  • ¿Se cuántos hijos quiero tener yo?
  • ¿Sabemos en qué momento del matrimonio tener los hijos?
  • ¿Conozco lo que piensa mi pareja de la educación de los hijos?
  • ¿Estoy dispuesto(a) a ser un buen ejemplo para mis hijos?
  • ¿Creo poder corregir a mis hijos sin enojos y con amor?
  • ¿Sé qué quiero espiritualmente para mis hijos?
  • ¿Estoy dispuesto(a) a cualquier sacrificio por mis hijos?