La
paternidad y la maternidad son sin duda, el hecho más natural
que ejercemos en forma normal; pero es uno de los actos más
trascendentes que ocurren en la persona humana. Se
puede considerar que la conservación de la especie es un
proceso biológico, natural en el hombre y en los animales,
pero en el ser humano hay amor hacia los hijos en el deseo de
concebirlos, en el proceso de gestación y en la tarea de
educarlos. |

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Cuando no
hay amor en la concepción y relación con los hijos, no
existe paternidad, sino tan solo procreación. Puesto que el amor
es el único acto voluntario mediante el cual se puede olvidar
uno mismo de su persona para servir y hacer felices a los hijos. Por
eso, el termino de padre significa la relación entre padre e
hijos y no simplemente la persona en sí.
El valor y la dignidad excepcional de ser padres, con la donación
de la propia persona para la transmisión de la vida a nuevos
seres y para la formación de ellos a través del tiempo,
solo tiene su origen en la Paternidad de Dios, quien ha querido hacernos
partícipes de esta capacidad física y espiritual, convirtiéndonos
en copartícipes de su poder creador en una forma consciente y
libre, para que seamos colaboradores en la expansión de su amor.
El que recibe en mi Nombre a un niño como éste a mí
me recibe (Mateo 18,5).
La
procreación humana es una obra conjunta del amor conyugal de
un hombre y una mujer; y del amor fecundo y creador de Dios. En donde
los padres dan su cuerpo, para dar al hijo un cuerpo, y dan su amor
y su acción conjunta a través de la vida, para ayudar
a ese hijo a realizarse como persona y como hijo de Dios. Dios por su
parte, da su Espíritu para dar al hijo una alma espiritual, y
da su amor para ayudar a ese hijo a realizarse como persona humana y
como heredero del Cielo. De este modo la vocación humana a la
paternidad torna una verdadera vocación divina sobrenatural.
Así
como Dios es Padre de los hombres en cuanto a criaturas a las que a
dado origen, Dios también permitió que la persona de María
se identifique con la Maternidad Divina y con esto extienda su maternidad
a todos los hombres por voluntad de Dios. Por eso María es madre
de todos los hijos de Dios, es madre de la Iglesia y es madre de la
familia cristiana como iglesia doméstica.
El
significado trascendente de la paternidad se basa en la filiación
divina, puesto que como hombres somos hijos de Dios, criaturas pequeñas
ante Él y necesitadas de su guía; y en cuanto a padres,
somos la guía humana de nuestros hijos(pequeñas criaturas),
para quienes debemos ser fuente de seguridad, amor y consejo. "Comprende,
pues, que del mismo modo que un padre educa a su hijo, así Yavé
te ha educado a ti. Guardarás los mandamientos de Yavé,
tu Dios y seguirás sus caminos; a él habrás de
respetar" (Deuteronomio 8, 5-6).
La
filiación divina, supone una relación de semejanza con
el origen de la persona del Padre, y sólo se vive esa filiación
cuando el hijo se abandona a las manos de su Padre (Dios). En esta forma
se podrá ser refugio seguro y apoyo firme para los hijos, como
Dios lo es para los hombres, se sabrá dejar todos los asuntos
terrenales importantes para atender las pequeñeces de los hijos
de la misma manera que Dios gobierna todo el universo, pero atiende
al más pequeño de sus hijos sobre la tierra en una forma
paciente, firme y amorosa cuantas veces éste acude a Él
"Mi Dios me llena de fuerza y allana mis caminos" (Salmo 18,33).
La
Iglesia reconoce a los padres como los primeros y principales educadores
de los hijos y defiende este derecho que es inalienable, pero a la vez
tiene la obligación de acompañar y colaborar con las familias
para guiar a los hijos al descubrimiento y realización plena
de su vocación humano-divina, de tal forma que se vean como personas
únicas, humanas, irrepetibles y santas para que alcancen así
la filiación divina y se encuentren con el Creador (su Padre-Dios).
"¿Quién subirá a la montaña del Señor?
¿quién estará de pie en su santo recinto? El de
manos limpias y de puro corazón, el que no pone su alma en cosas
vanas ni jura con engaño. Ese obtendrá la bendición
del Señor y la aprobación de Dios, su salvador" (Salmo
24,3-5).
Siempre
se debe educar demostrando las cosas con hechos, ya que solo se transmite
lo que se es, pero no lo que se dice y con esto queda entendido que
no se le puede dar un sentido sobrenatural a la vida de los hijos si
no se vive por los padres "No salga de su boca ni una mala palabra,
sino palabras buenas que edifiquen cuando sea necesario y que hagan
bien a los que las oigan" (Efesios 5,29). Pero no quiere decir
que Dios abandone la educación de los hijos a los padres sino
que Él respeta la libertad de sus colaboradores, quienes le dan
cabida en mayor o menor grado en la educación de sus hijos: "Cuando
claman a Él, los escucha y los libra de sus angustias" (Salmo
3,18) "¿Quién de ustedes da una piedra a su hijo
si le pide pan, o una culebra si el pide pescado? Si ustedes que son
malos saben dar cosas buenas a sus hijos, con mayor razón el
Padre celestial, Padre de ustedes, dará cosas buenas a los que
se las pidan" (Mateo 7,9-11).
A
los hijos les tenemos que dar todo (cariño, amor, ternura, tiempo,
etc.) como padres responsables; pero también los tenemos que
corregir, para enseñarles lo que es bueno y lo que es malo, aunque
recurramos al castigo, pues lo haremos por amor haciéndoles ver
que los queremos por ser hijos nuestros. Siempre que los corrijamos
por amor, no les haremos daño, en cambio, si les enseñaremos
el buen camino para apartarlos del mal. "No vaciles en corregir
a un niño: el haberlo azotado no lo hará morir. Debes
corregirlo: así lo salvarás de la morada de los muertos"
(Proverbios 23, 13-14). "El que educa bien a su hijo, tendrá
sus satisfacciones; se sentirá orgulloso de él delante
de sus parientes " (Eclesiástico 30,2). "El que mima
a su hijo tendrá que curar sus heridas; tendrá que ceder
al más leve de sus gritos" (Eclesiástico 30,7).
Reflexiona
y comparte con tu pareja:
- ¿Qué pienso
de mi coparticipación con Dios en la transmisión de
la vida?
- ¿Estoy consciente
de la responsabilidad que es tener un hijo y por qué?
- ¿La responsabilidad
de educar a los hijos sobre que cónyuge recae y por qué?
- ¿Qué ejemplo
testimonial quiero darle a mi hijo de la vida y por qué?
- ¿Estoy dispuesto(a)
a que nos volvamos padres?
- ¿Yo quiero ser
un buen padre(madre) de familia?
- ¿Hemos hablado
sobre lo que es paternidad responsable?
- ¿Se cuántos
hijos quiere tener mi pareja?
- ¿Se cuántos
hijos quiero tener yo?
- ¿Sabemos en qué
momento del matrimonio tener los hijos?
- ¿Conozco lo que
piensa mi pareja de la educación de los hijos?
- ¿Estoy dispuesto(a)
a ser un buen ejemplo para mis hijos?
- ¿Creo poder corregir
a mis hijos sin enojos y con amor?
- ¿Sé qué
quiero espiritualmente para mis hijos?
- ¿Estoy dispuesto(a)
a cualquier sacrificio por mis hijos?

