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El
matrimonio esta formado por una pareja de personas diferentes,
en donde cada una de ellas ha vivido su propia historia. Entre
ellas hay similitudes y diferencias, en la forma de pensar, de
ver, de sentir, de analizar las cosas, etc. Estas afinidades y
diferencias pueden dar lugar a acuerdos o desacuerdos, según
se logre formar en la pareja actitudes favorables a la complementariedad,
o por el contrario, que esto provoque la rivalidad.
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Las parejas
cristianas unidas en el amor deben saber manejar las crisis y los problemas
de relación de una manera positiva, de tal forma que de estas
dificultades puedan sacar provecho; enfrentándolas como pruebas
que superar y no como problemas que resolver. Esto no quiere decir que
las parejas unidas en amor no tengan dificultades, sino que las deben
resolver en forma diferente a los demás, pues en lugar de separarse
por el problema, sean capaces de solucionar sus diferencias en función
del bien común del "nosotros" y se unan para enfrentar
la crisis en lugar de dejarse destrozar por ella.
A
continuación exponemos algunas reglas de la versión Encuentro
de Novios para un buen manejo de crisis:
1. No ponerse apodos denigrantes.
2. No meter a terceros en la pelea.
3. No traer cosas del pasado.
4. Definir el tema y mantenerse en él.
5. No dar golpes bajos (no aprovecharse de los puntos débiles
del otro).
6. Mantener el buen humor.
7. No irse a dormir peleados.
8. Tomarse de las manos y mirarse a los ojos.
9. Quienes los han visto pelearse tienen el derecho de verlos reconciliarse.
No
es preciso ser rico para casarse, sin embargo, se requiere de un mínimo
para poder hacer frente a las necesidades y responsabilidades del matrimonio.
Una de las bases de la comunidad familiar es la solidaridad que se expresa
entre sus miembros y una de sus principales funciones es la de brindar
seguridad económica necesaria para la manutención de sus
miembros, además de su desarrollo biológico, psicológico
y social. Ningún matrimonio puede alcanzar sus metas sin un buen
cuidado del aspecto económico, lo cual significa un adecuado
manejo de los recursos que se tienen, que debe ser administrado por
los dos.
Si
en la vida de pareja se vive en un espíritu de apoyo emocional,
social, físico y económico es probable que los ingresos
familiares, ya sean pocos o muchos, no serán considerados como
lo "tuyo y lo mío", sino como "lo nuestro",
es decir aporte común y solidario para solventar las necesidades
económicas básicas del hogar. "Todos los creyentes
vivían unidos y compartían todo cuanto tenían"
(Hechos 2,44). "La multitud de los fieles tenían un solo
corazón y una sola alma. Nadie consideraba como suyo lo que poseía,
sino que todo lo tenían en común" (Hechos 4,32).
El
presupuesto del hogar es la distribución realista con sobriedad
o prudencia del dinero disponible, buscando el equilibrio entre los
ingresos y los gastos y estableciendo prioridades justas y necesarias.
Por lo que nuestros gastos los podemos clasificar en :
· Necesarios.- son gastos indispensables y que aseguran el bienestar
integral de la familia como alimento, vestido, servicios públicos,
transporte, salud, educación, recreación y vivienda.
· Utiles.- son inversiones que mejoran el nivel de vida, pero
se puede prescindir de ellos como son un automóvil, aparatos
eléctricos, juguetes, subscripciones a revistas, mejoras de la
vivienda, etc.
· Superfluos.- son lujos a los que podemos acceder, siempre y
cuando, se hayan cubierto los gastos necesarios y útiles y se
deje un porcentaje de los ingresos (10%) para ahorro que tendrá
como destino, cubrir los gastos imprevistos. Entre ellos están
los viajes, los artículos de lujo o decoración, fiestas,
vestidos según la moda, etc.
El
matrimonio significa dejar el hogar en donde nos desarrollamos, para
formar otro nuevo hogar. Es el inicio de una nueva vida, donde se deja
atrás aquello que tuvo que ver con nuestra infancia. La relación
con los padres y hermanos cambia en forma radical, pues ya no se es
tan dependiente de esta familia como se era antes del matrimonio. La
relación que se debe formar es más adulta y madura, pues
se cambian los papeles; la hija, ahora es ya la esposa y el hijo, ahora
es el esposo con diferentes metas y responsabilidades en el nuevo hogar.
Este
nuevo modelo de relación con las familias de origen significa
llegar a sentirse pleno sin los padres y a la vez, poder entrar y salir
de nuestra familia de origen libremente, sin sentirse culpable de que
se abandona a los padres. Esta nueva libertad emocional no se consigue
fácilmente, pues tiene un proceso paulatino en la medida que
se van jerarquizando los afectos en el matrimonio. En donde la primera
responsabilidad es ahora con el cónyuge y no con los padres.
La
separación de la familia de origen es un proceso psicológico,
no un mero cambio de casa. No es dejar la familia con una huella de
tristeza o de idealizarla. Separarse de ellos es poder mirarlos como
personas, como seres humanos que viven su propia realidad sin calificarlos
de ídolos o tiranos y sin sentir la necesidad de imitarlos.
Los
padres si están maduros para esta separación, deben saber
tomar su papel como suegros y tener conciencia que los nuevos esposos
tienen que hacer sus nuevas reglas en su hogar, así como ellos
las hicieron algún día. Y que necesitan tomar sus decisiones
con sus responsabilidades propias, aunque se equivoquen, pues tienen
que aprender a luchar como pareja para poder enfrentar las pruebas que
se les presenten. También es necesario que los recién
casados tengan el apoyo incondicional de sus padres, pues un consejo
oportuno y la ayuda reflexiva desde otro punto de vista les hace mucho
bien.
Las
familias de origen tienen una serie de cualidades y defectos que podemos
ver con facilidad cuando ya no estamos dentro de ellas. Esto, la pareja
debe dialogarlo y tomar todas las cosas buenas que tiene cada una de
sus familias de origen y tratar de no caer en malos hábitos que
ya percibieron. En esta forma los cónyuges tienen una base para
formar sus propias reglas en su nueva familia; pero es importante, que
cuando la pareja dialogue en este tema, se acuerde que sus suegros son
los padres de la persona que más quiere y por lo tanto merecen
su debido lugar y respeto, para no ofender a los seres queridos de su
cónyuge.
Reflexiona
y comparte con tu pareja:
- ¿Cuáles
son las similitudes y diferencias con mi pareja y por qué?
- ¿Cómo
me gustaría que manejáramos los problemas en mi matrimonio?
- ¿Quién
es el que maneja la economía del hogar y por qué?
- ¿Qué lugar
van a tener nuestras familias de origen en nuestro matrimonio y
por qué?
- ¿Sabes en qué
gasta tu pareja el dinero?
- ¿Sé si
mi pareja tiene deudas?
- ¿Ya estamos de
acuerdo en cómo llevar nuestro presupuesto?
- ¿Ya decidimos
cuales gastos son necesarios y cuales no?
- ¿Sabes cuánto
gana tu pareja?
- ¿Sabes cómo
lo gana?
- ¿Si trabajamos
los dos uniremos nuestro dinero?
- ¿Es necesario
gastar mucho en la boda aunque nos endeudemos?
- ¿Ya hablamos
de los peligros de vivir en la casa de nuestros papás?
- ¿Después
de algún pleito nos reconciliamos fácilmente?
- ¿Mi pareja acepta
cambiar de opinión si se equivoca?
- ¿Debo tener buenas
relaciones con la familia de mi pareja?
- ¿Se qué
hacer cuando me siento incomodo(a) en la familia de mi pareja?
- ¿Ya sabemos qué
hacer cuando tengamos problemas con nuestras familia?
- Cuando me enojo ¿digo
o hago cosas que ofenden?
- ¿Sé pedir
perdón cuando me equivoco u ofendo a mi pareja?
- ¿Puedo decir
que conozco totalmente a mi pareja?

