5. MANEJO DE CRISIS EN EL MATRIMONIO, ECONOMIA Y LAS FAMILIAS DE ORIGEN
"Si nos amamos y Dios está en medio de nosotros no habrá cosa que no podamos arreglar"

 

 

El matrimonio esta formado por una pareja de personas diferentes, en donde cada una de ellas ha vivido su propia historia. Entre ellas hay similitudes y diferencias, en la forma de pensar, de ver, de sentir, de analizar las cosas, etc. Estas afinidades y diferencias pueden dar lugar a acuerdos o desacuerdos, según se logre formar en la pareja actitudes favorables a la complementariedad, o por el contrario, que esto provoque la rivalidad.

Las parejas cristianas unidas en el amor deben saber manejar las crisis y los problemas de relación de una manera positiva, de tal forma que de estas dificultades puedan sacar provecho; enfrentándolas como pruebas que superar y no como problemas que resolver. Esto no quiere decir que las parejas unidas en amor no tengan dificultades, sino que las deben resolver en forma diferente a los demás, pues en lugar de separarse por el problema, sean capaces de solucionar sus diferencias en función del bien común del "nosotros" y se unan para enfrentar la crisis en lugar de dejarse destrozar por ella.

A continuación exponemos algunas reglas de la versión Encuentro de Novios para un buen manejo de crisis:

1. No ponerse apodos denigrantes.
2. No meter a terceros en la pelea.
3. No traer cosas del pasado.
4. Definir el tema y mantenerse en él.
5. No dar golpes bajos (no aprovecharse de los puntos débiles del otro).
6. Mantener el buen humor.
7. No irse a dormir peleados.
8. Tomarse de las manos y mirarse a los ojos.
9. Quienes los han visto pelearse tienen el derecho de verlos reconciliarse.

No es preciso ser rico para casarse, sin embargo, se requiere de un mínimo para poder hacer frente a las necesidades y responsabilidades del matrimonio. Una de las bases de la comunidad familiar es la solidaridad que se expresa entre sus miembros y una de sus principales funciones es la de brindar seguridad económica necesaria para la manutención de sus miembros, además de su desarrollo biológico, psicológico y social. Ningún matrimonio puede alcanzar sus metas sin un buen cuidado del aspecto económico, lo cual significa un adecuado manejo de los recursos que se tienen, que debe ser administrado por los dos.

Si en la vida de pareja se vive en un espíritu de apoyo emocional, social, físico y económico es probable que los ingresos familiares, ya sean pocos o muchos, no serán considerados como lo "tuyo y lo mío", sino como "lo nuestro", es decir aporte común y solidario para solventar las necesidades económicas básicas del hogar. "Todos los creyentes vivían unidos y compartían todo cuanto tenían" (Hechos 2,44). "La multitud de los fieles tenían un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba como suyo lo que poseía, sino que todo lo tenían en común" (Hechos 4,32).

El presupuesto del hogar es la distribución realista con sobriedad o prudencia del dinero disponible, buscando el equilibrio entre los ingresos y los gastos y estableciendo prioridades justas y necesarias. Por lo que nuestros gastos los podemos clasificar en :

· Necesarios.- son gastos indispensables y que aseguran el bienestar integral de la familia como alimento, vestido, servicios públicos, transporte, salud, educación, recreación y vivienda.

· Utiles.- son inversiones que mejoran el nivel de vida, pero se puede prescindir de ellos como son un automóvil, aparatos eléctricos, juguetes, subscripciones a revistas, mejoras de la vivienda, etc.

· Superfluos.- son lujos a los que podemos acceder, siempre y cuando, se hayan cubierto los gastos necesarios y útiles y se deje un porcentaje de los ingresos (10%) para ahorro que tendrá como destino, cubrir los gastos imprevistos. Entre ellos están los viajes, los artículos de lujo o decoración, fiestas, vestidos según la moda, etc.

El matrimonio significa dejar el hogar en donde nos desarrollamos, para formar otro nuevo hogar. Es el inicio de una nueva vida, donde se deja atrás aquello que tuvo que ver con nuestra infancia. La relación con los padres y hermanos cambia en forma radical, pues ya no se es tan dependiente de esta familia como se era antes del matrimonio. La relación que se debe formar es más adulta y madura, pues se cambian los papeles; la hija, ahora es ya la esposa y el hijo, ahora es el esposo con diferentes metas y responsabilidades en el nuevo hogar.

Este nuevo modelo de relación con las familias de origen significa llegar a sentirse pleno sin los padres y a la vez, poder entrar y salir de nuestra familia de origen libremente, sin sentirse culpable de que se abandona a los padres. Esta nueva libertad emocional no se consigue fácilmente, pues tiene un proceso paulatino en la medida que se van jerarquizando los afectos en el matrimonio. En donde la primera responsabilidad es ahora con el cónyuge y no con los padres.

La separación de la familia de origen es un proceso psicológico, no un mero cambio de casa. No es dejar la familia con una huella de tristeza o de idealizarla. Separarse de ellos es poder mirarlos como personas, como seres humanos que viven su propia realidad sin calificarlos de ídolos o tiranos y sin sentir la necesidad de imitarlos.

Los padres si están maduros para esta separación, deben saber tomar su papel como suegros y tener conciencia que los nuevos esposos tienen que hacer sus nuevas reglas en su hogar, así como ellos las hicieron algún día. Y que necesitan tomar sus decisiones con sus responsabilidades propias, aunque se equivoquen, pues tienen que aprender a luchar como pareja para poder enfrentar las pruebas que se les presenten. También es necesario que los recién casados tengan el apoyo incondicional de sus padres, pues un consejo oportuno y la ayuda reflexiva desde otro punto de vista les hace mucho bien.

Las familias de origen tienen una serie de cualidades y defectos que podemos ver con facilidad cuando ya no estamos dentro de ellas. Esto, la pareja debe dialogarlo y tomar todas las cosas buenas que tiene cada una de sus familias de origen y tratar de no caer en malos hábitos que ya percibieron. En esta forma los cónyuges tienen una base para formar sus propias reglas en su nueva familia; pero es importante, que cuando la pareja dialogue en este tema, se acuerde que sus suegros son los padres de la persona que más quiere y por lo tanto merecen su debido lugar y respeto, para no ofender a los seres queridos de su cónyuge.

 

Reflexiona y comparte con tu pareja:

  • ¿Cuáles son las similitudes y diferencias con mi pareja y por qué?
  • ¿Cómo me gustaría que manejáramos los problemas en mi matrimonio?
  • ¿Quién es el que maneja la economía del hogar y por qué?
  • ¿Qué lugar van a tener nuestras familias de origen en nuestro matrimonio y por qué?
  • ¿Sabes en qué gasta tu pareja el dinero?
  • ¿Sé si mi pareja tiene deudas?
  • ¿Ya estamos de acuerdo en cómo llevar nuestro presupuesto?
  • ¿Ya decidimos cuales gastos son necesarios y cuales no?
  • ¿Sabes cuánto gana tu pareja?
  • ¿Sabes cómo lo gana?
  • ¿Si trabajamos los dos uniremos nuestro dinero?
  • ¿Es necesario gastar mucho en la boda aunque nos endeudemos?
  • ¿Ya hablamos de los peligros de vivir en la casa de nuestros papás?
  • ¿Después de algún pleito nos reconciliamos fácilmente?
  • ¿Mi pareja acepta cambiar de opinión si se equivoca?
  • ¿Debo tener buenas relaciones con la familia de mi pareja?
  • ¿Se qué hacer cuando me siento incomodo(a) en la familia de mi pareja?
  • ¿Ya sabemos qué hacer cuando tengamos problemas con nuestras familia?
  • Cuando me enojo ¿digo o hago cosas que ofenden?
  • ¿Sé pedir perdón cuando me equivoco u ofendo a mi pareja?
  • ¿Puedo decir que conozco totalmente a mi pareja?