2. MATRIMONIO, SACRAMENTO DE AMOR Y CAMINO DE SANTIDAD
"Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre"

 

 

En este paso trascendente en la vocación al matrimonio, donde se busca una pareja para ser una sola carne y con ella formar una familia es de vital importancia que tengamos presente a Dios, pues Él fue el que instituyó el matrimonio y nos lo recuerda Jesús en Mateo 19, 4-6

"Jesús respondió: «¿No han leído que el Creador al principio los hizo hombre y mujer y dijo: El hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá con su mujer, y serán los dos una sola carne? De manera ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.»" . Además afirma que Dios es el que los une en matrimonio y que no pueden separarse por el hombre como sucede en la actualidad con los divorcios creados por las leyes civiles.

A esta sola carne a la que se refiere Dios en el matrimonio que esta compuesta por la fusión de los cuerpos de los esposos; Cristo puso a cada uno como complemento del otro en donde encuentra su amor y pueden obtener su salvación: "El hombre es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia, cuerpo suyo, del cual es asimismo salvador. Que la esposa, pues, se someta en todo a su marido, como la Iglesia se somete a Cristo. Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella. Y después de bañarla en el agua a la Palabra para purificarla, la hizo santa, pues quería darse a sí mismo a una Iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni nada parecido, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus esposas como aman a sus propios cuerpos: amar a la esposa, es amarse a sí mismo. Nadie aborrece su cuerpo; al contrario, lo alimenta y lo cuida. Eso es justamente lo que Cristo hace por la Iglesia, pues nosotros somos parte de su cuerpo. La Escritura dice: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse con su esposa, y los dos no formarán sino un solo ser. Es éste un misterio muy grande, pues lo refiero a Cristo y a la Iglesia. En cuanto a ustedes, cada uno ame a su esposa como a sí mismo, y la mujer, a su vez, respete a su marido" (Efesios 5, 23-33).

También debemos tomar en cuenta que este respeto y donación mutua entre los esposos será siempre válida mientras tengamos como unión de esos cuerpos al amor de Dios, así el hombre será cabeza de ese cuerpo mientras tenga por cabeza a Cristo "Les alabo porque me son fieles en todo y conservan las tradiciones tal como yo se las he transmitido. Pero quiero recordarles que la cabeza de todo varón es Cristo, y la cabeza de la mujer es el varón. La cabeza de Cristo es Dios" (1 Corintios 11, 2-3).

Un Sacramento es un encuentro de fe, del hombre con Dios, en donde le confiere la gracia a través de signos sensibles en la Iglesia, para cumplir una misión determinada. Los sacramentos, para recibirse requieren de la fe, ya que sin ella pierden totalmente su contenido y su valor. Fueron instituidos por Cristo, que es el mediador entre Dios y los hombres y a través de Él es como se nos dan las gracias.

El matrimonio es un Sacramento de servicio en donde Dios da su gracia, es decir su ayuda, para que los casados puedan responder a la vocación del amor conyugal y sus exigencias. Este amor enfrenta muchas dificultades, pero como fue Dios el que nos llamó al matrimonio, él mismo nos dará su gracia sacramental, para salir triunfadores y continuar en el plan de Dios. Además no se nos debe olvidar "Todo lo podemos en aquel que nos fortalece, que es Cristo" (Filipenses 4,13).

Este llamado de Dios al matrimonio es porque el plan para nosotros es que formemos una comunidad en donde se comparten las cosas materiales, lo espiritual, las dichas, las penas, los temores y las esperanzas; por lo que es una comunidad de vida y de amor en donde los esposos encuentran a Dios a través de su cónyuge. Este Sacramento se debe pedir con libertad, en el se decide voluntariamente la unión indisoluble y permanente de la pareja, el cual estará abierto a la fecundidad, a la vida y al amor fiel e incondicional.

En el Código de Derecho Canónico se dice que el matrimonio es la alianza que el hombre y la mujer hacen entre sí, con los fines de conseguir el mayor bien para ellos y para la generación y educación de los hijos. Esta alianza fue elevada por Cristo a la dignidad de Sacramento en donde las dos cualidades principales es la unidad (un solo esposo con una sola esposa) y la indisolubilidad (para siempre, sin divorcio). Este Sacramento se produce cuando las dos personas declaran públicamente su consentimiento, por medio del cual el varón y la mujer declaran que se aceptan mutuamente en alianza irrevocable para constituir el matrimonio. (Canon 1055 al 1057)

El matrimonio civil es el contrato mediante el cual se unen dos personas (bautizadas o no bautizadas) según las leyes del estado en donde se le reconoce públicamente todos los derechos y deberes que este conlleva. Pero el católico reconoce perfectamente que el único matrimonio valido ante Dios es el sacramental, aunque la Iglesia reconoce que la institucionalización civil del matrimonio es un auténtico valor humano, como compromiso de la pareja que desea construir una convivencia social justa y pacífica, para que la sociedad lo reconozca como nueva familia.

El matrimonio cristiano es el encuentro de dos personas que se aman y que deciden poner en común todo lo que poseen (espíritu y cuerpo). En el amor encuentran los esposos la fuerza para luchar cada día; de esto depende el éxito que desean en el matrimonio. Con esto deben estar consientes de que ese amor que los une es el mismo Dios que los puede acompañar en su matrimonio, si dejamos que actúe en nosotros.

La unión voluntaria de un hombre y de una mujer es la base del matrimonio, y el amor es la condición necesaria para que perdure esta unión; de esta manera nace el amor conyugal, el cual debe ir creciendo y perfeccionandose cada vez más; así como se cuida una semilla que se arroja en el surco de la tierra para que crezca, se desarrolle, florezca y se convierta en espiga madura.

En una palabra el amor le da todo a los esposos, ya que tienen mediante él, la alegría de verse casados, la esperanza para el porvenir, la ilusión para seguir adelante, el optimismo en los fracasos, las satisfacciones personales y comunes de sentirse una sola carne, etc. Con todo esto se obtiene la felicidad que es el fin último de todo ser viviente.

El amor conyugal es ante todo una experiencia o realidad humana que no exige ni cultura, ni dinero; pero si madurez que involucra todos los aspectos de la personalidad (cuerpo, sentimientos y razonamiento), en donde, el hombre somete todos sus impulsos a la luz de la razón, al decir someter no quiere decir anular o suprimir, sino gobernar y sobre todo encauzar, de tal forma que con esto se llega a la libertad interior y al amor auténtico.

Ahora reflexiona y comparte con tu pareja:

  • Como cabeza de la familia, ¿qué funciones debe tener el hombre?
  • Como cuerpo de la familia, ¿qué funciones debe tener la mujer?
  • ¿Cómo puede ser el matrimonio camino de santidad?
  • ¿Cómo puede mi matrimonio ser una verdadera comunidad de vida y amor?
  • ¿Las películas y las novelas me han ayudado a madurar en el amor?
  • ¿El amor y el acto sexual es la misma cosa?
  • ¿Ya estoy bien preparado(a) para contraer matrimonio?
  • ¿Ya pensé como conservar y aumentar el amor en mi matrimonio?
  • ¿Ya pensé en los defectos que tendré que tolerar siempre de mi pareja?
  • ¿Estoy consciente que al casarme veré otros defectos en mi pareja?
  • ¿Estamos de acuerdo que el divorcio no soluciona ningún problema
  • ¿Estamos de acuerdo en que el matrimonio es para toda la vida?
  • ¿Viviremos de tal forma que la gente admirará nuestro amor?
  • ¿Sé qué gracias sacramentales me dará Dios en mi matrimonio?
  • ¿Me caso para siempre, sin condiciones?
  • ¿Estoy dispuesto(a) a alimentar diariamente el amor que nos unió?
  • ¿Sé que tengo vocación para el matrimonio?