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En
este paso trascendente en la vocación al matrimonio, donde
se busca una pareja para ser una sola carne y con ella formar
una familia es de vital importancia que tengamos presente a Dios,
pues Él fue el que instituyó el matrimonio y nos
lo recuerda Jesús en Mateo 19, 4-6 |
"Jesús
respondió: «¿No han leído que el Creador
al principio los hizo hombre y mujer y dijo: El hombre dejará
a su padre y a su madre y se unirá con su mujer, y serán
los dos una sola carne? De manera ya no son dos, sino una sola carne.
Pues bien, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.»"
. Además afirma que Dios es el que los une en matrimonio y que
no pueden separarse por el hombre como sucede en la actualidad con los
divorcios creados por las leyes civiles.
A
esta sola carne a la que se refiere Dios en el matrimonio que esta compuesta
por la fusión de los cuerpos de los esposos; Cristo puso a cada
uno como complemento del otro en donde encuentra su amor y pueden obtener
su salvación: "El hombre es cabeza de la mujer, como Cristo
es cabeza de la Iglesia, cuerpo suyo, del cual es asimismo salvador.
Que la esposa, pues, se someta en todo a su marido, como la Iglesia
se somete a Cristo. Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó
a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella. Y después
de bañarla en el agua a la Palabra para purificarla, la hizo
santa, pues quería darse a sí mismo a una Iglesia radiante,
sin mancha ni arruga ni nada parecido, sino santa e inmaculada. Así
deben también los maridos amar a sus esposas como aman a sus
propios cuerpos: amar a la esposa, es amarse a sí mismo. Nadie
aborrece su cuerpo; al contrario, lo alimenta y lo cuida. Eso es justamente
lo que Cristo hace por la Iglesia, pues nosotros somos parte de su cuerpo.
La Escritura dice: Por eso dejará el hombre a su padre y a su
madre para unirse con su esposa, y los dos no formarán sino un
solo ser. Es éste un misterio muy grande, pues lo refiero a Cristo
y a la Iglesia. En cuanto a ustedes, cada uno ame a su esposa como a
sí mismo, y la mujer, a su vez, respete a su marido" (Efesios
5, 23-33).
También
debemos tomar en cuenta que este respeto y donación mutua entre
los esposos será siempre válida mientras tengamos como
unión de esos cuerpos al amor de Dios, así el hombre será
cabeza de ese cuerpo mientras tenga por cabeza a Cristo "Les alabo
porque me son fieles en todo y conservan las tradiciones tal como yo
se las he transmitido. Pero quiero recordarles que la cabeza de todo
varón es Cristo, y la cabeza de la mujer es el varón.
La cabeza de Cristo es Dios" (1 Corintios 11, 2-3).
Un
Sacramento es un encuentro de fe, del hombre con Dios, en donde le confiere
la gracia a través de signos sensibles en la Iglesia, para cumplir
una misión determinada. Los sacramentos, para recibirse requieren
de la fe, ya que sin ella pierden totalmente su contenido y su valor.
Fueron instituidos por Cristo, que es el mediador entre Dios y los hombres
y a través de Él es como se nos dan las gracias.
El matrimonio es un Sacramento de servicio en donde Dios da su gracia,
es decir su ayuda, para que los casados puedan responder a la vocación
del amor conyugal y sus exigencias. Este amor enfrenta muchas dificultades,
pero como fue Dios el que nos llamó al matrimonio, él
mismo nos dará su gracia sacramental, para salir triunfadores
y continuar en el plan de Dios. Además no se nos debe olvidar
"Todo lo podemos en aquel que nos fortalece, que es Cristo"
(Filipenses 4,13).
Este
llamado de Dios al matrimonio es porque el plan para nosotros es que
formemos una comunidad en donde se comparten las cosas materiales, lo
espiritual, las dichas, las penas, los temores y las esperanzas; por
lo que es una comunidad de vida y de amor en donde los esposos encuentran
a Dios a través de su cónyuge. Este Sacramento se debe
pedir con libertad, en el se decide voluntariamente la unión
indisoluble y permanente de la pareja, el cual estará abierto
a la fecundidad, a la vida y al amor fiel e incondicional.
En
el Código de Derecho Canónico se dice que el matrimonio
es la alianza que el hombre y la mujer hacen entre sí, con los
fines de conseguir el mayor bien para ellos y para la generación
y educación de los hijos. Esta alianza fue elevada por Cristo
a la dignidad de Sacramento en donde las dos cualidades principales
es la unidad (un solo esposo con una sola esposa) y la indisolubilidad
(para siempre, sin divorcio). Este Sacramento se produce cuando las
dos personas declaran públicamente su consentimiento, por medio
del cual el varón y la mujer declaran que se aceptan mutuamente
en alianza irrevocable para constituir el matrimonio. (Canon 1055 al
1057)
El
matrimonio civil es el contrato mediante el cual se unen dos personas
(bautizadas o no bautizadas) según las leyes del estado en donde
se le reconoce públicamente todos los derechos y deberes que
este conlleva. Pero el católico reconoce perfectamente que el
único matrimonio valido ante Dios es el sacramental, aunque la
Iglesia reconoce que la institucionalización civil del matrimonio
es un auténtico valor humano, como compromiso de la pareja que
desea construir una convivencia social justa y pacífica, para
que la sociedad lo reconozca como nueva familia.
El
matrimonio cristiano es el encuentro de dos personas que se aman y que
deciden poner en común todo lo que poseen (espíritu y
cuerpo). En el amor encuentran los esposos la fuerza para luchar cada
día; de esto depende el éxito que desean en el matrimonio.
Con esto deben estar consientes de que ese amor que los une es el mismo
Dios que los puede acompañar en su matrimonio, si dejamos que
actúe en nosotros.
La
unión voluntaria de un hombre y de una mujer es la base del matrimonio,
y el amor es la condición necesaria para que perdure esta unión;
de esta manera nace el amor conyugal, el cual debe ir creciendo y perfeccionandose
cada vez más; así como se cuida una semilla que se arroja
en el surco de la tierra para que crezca, se desarrolle, florezca y
se convierta en espiga madura.
En
una palabra el amor le da todo a los esposos, ya que tienen mediante
él, la alegría de verse casados, la esperanza para el
porvenir, la ilusión para seguir adelante, el optimismo en los
fracasos, las satisfacciones personales y comunes de sentirse una sola
carne, etc. Con todo esto se obtiene la felicidad que es el fin último
de todo ser viviente.
El
amor conyugal es ante todo una experiencia o realidad humana que no
exige ni cultura, ni dinero; pero si madurez que involucra todos los
aspectos de la personalidad (cuerpo, sentimientos y razonamiento), en
donde, el hombre somete todos sus impulsos a la luz de la razón,
al decir someter no quiere decir anular o suprimir, sino gobernar y
sobre todo encauzar, de tal forma que con esto se llega a la libertad
interior y al amor auténtico.
Ahora
reflexiona y comparte con tu pareja: